Religiosos y seculares

La última vez, cuando escribí explicando  por qué intento evitar las palabras “Derecha” e “Izquierda”, prometí que iba a explayarme sobre si el judaísmo es una religión o no y el porqué de mi rechazo a hablar de “religiosos” y “seculares”. Como soy hombre de palabra (bah, más o menos), acá tienen mi explicación.

Voy a resumir todo en una frase: la “religión” es un concepto occidental y cristiano que no es aplicable a otras civilizaciones.

Si se conforman con ese resumen, no hace falta que sigamos leyendo. Si no, adelante.

¿De qué hablamos cuando hablamos de religión? Ya sé que parece una perogrullada pero la pregunta no es tan tonta como parece: damos por sentadas muchas cosas que no necesariamente son así. Nuestro inconsciente asume que algunos conceptos son obvios y universales pero no tiene por qué ser de esa manera.

Cuando digo “religión”, muchos de ustedes piensan en dogmas, en una Iglesia, en jerarquías eclesiásticas y en laicos y religiosos. Piensan en eso instintivamente y es lógico que así sea porque viven en una sociedad occidental y cristiana. Sin embargo, cuando hablamos de judaísmo, esta concepción no encaja: un templo judío no tiene prácticamente nada que ver con una Iglesia, no hay paralelo a papas, arzobispos u obispos en el judaísmo, los dogmas no son algo demasiado relevante ni la base del judaísmo, los rabinos no son curas y no existen laicos en el sentido católico del término. Podría empezar a detallar todos estos puntos y varios más pero la idea es clara: el judaísmo no es al judío lo que el cristianismo al cristiano.

Piénsenlo con otro ejemplo: el Islam y la modernidad. Muchas veces escuchamos hablar de cómo el cristianismo se adaptó a la modernidad (la Reforma, la Contrarreforma, el Concilio Vaticano 2, etc) y cómo el Islam es premoderno, anacrónico, antidemocrático, etc. Muchos argumentan que esto se ve patente en el funcionamiento del sistema político occidental vs el sistema político de los países árabes de Medio Oriente. En los primeros, hay democracia (con todo lo que ella conlleva), mientras que en los segundos, no. ¿La causa? Que Occidente pasó por un proceso de secularización que confinó a la religión a algo privado: las creencias que profeso son mías y de nadie más y son –o deberían ser- totalmente irrelevantes con respecto a mis actitudes públicas. Si bien esta narrativa tiene algo de verdad, obvia al menos dos puntos fundamentales:

  • Es imposible escindir las creencias privadas (religiosas, por ejemplo) de lo público. Estados Unidos es el caso más paradigmático: vean a Marco Rubio o a Ted Cruz y sus opiniones políticas y después hablamos.
  • La secularización no necesariamente es un atributo de la modernidad.

El punto 1)…Bueno, podría hablar mucho del tema pero quiero ir al grano y no sé cuánto tiene que ver con el tema de hoy. Alcanza con decir que está comprobado por varios politólogos que en un país teóricamente tan de avanzada y del Primer Mundo como Estados Unidos la religión está ocupando un lugar cada vez más preponderante en el debate público.

Detengámonos en el punto 2). Sí es verdad que la modernidad occidental surge a partir de y/o desarrolla un proceso fenomenal de secularización. Sin embargo, esto es un atributo de la modernidad occidental, no de la modernidad en su totalidad (y sí, no toda “modernidad” es occidental; China tiene su propia modernidad, Medio Oriente otra, y así podríamos seguir).

Incluso si ignoramos el párrafo de arriba (que no me parece menor, pero entiendo que puede ser polémico), podríamos plantearlo de otra manera: el catolicismo no es un todo abarcativo, a diferencia del Islam o del judaísmo. En el Islam, está la Sharia; en el judaísmo, la Halajá; en el catolicismo, hay…nada. El judaísmo –y así también el Islam- tienen ley. Mejor dicho, son ley. El catolicismo, no. El catolicismo –y, con él, todo el arco del cristianismo- tiene dogmas, es dogma. Mucho ojo, no estoy diciendo que en el judaísmo o en el Islam no haya dogmas ni que en el cristianismo no haya ningún tipo de ley. Lo que estoy diciendo es que en la base del cristianismo hay dogma, mientras que en la base del judaísmo del judaísmo y del Islam hay ley. Ahora bien, el hecho de que el cristianismo no sea “ley” sino “dogma” hace que su prioridad esté en el control del pensamiento: en lo que pensamos, no en lo que hacemos. Por lo tanto, la política no está –nunca estuvo- dentro de sus prioridades. No me malinterpreten: no estoy negando su importancia para nuestra cultura occidental y cristiana ni su papel en las intrigas palaciegas medievales ni el lugar que ocupó y ocupa el Vaticano en la política internacional. Lo único que digo es que la política, atrayente como le pueda resultar a muchos cristianos, no es relevante desde el punto de vista doctrinario. En cambio, el Islam es ley: la política juega, desde el principio, un rol fundamental. No podemos escindir el Islam de la política, como sí podemos hacerlo con el cristianismo, porque entonces no estaríamos frente al Islam tal y como lo conocemos. Los musulmanes no van a circunscribir su religión al ámbito privado simple y sencillamente porque eso es incompatible con su religión. ¿Cuál es mejor? Eso ya es tema de otro debate. Lo que importa es que son sistemas totalmente diferentes.

Ahora, al judaísmo. Si seguimos la línea de pensamiento del párrafo anterior, podemos decir lo siguiente: el judaísmo es ley, e idealmente debería funcionar más como el Islam que como el cristianismo. Sin embargo, la existencia del pueblo judío en los últimos casi dos mil años, desde la derrota de la revuelta judía contra el Imperio romano y la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el año 70 D.C. hasta la creación del Estado de Israel en 1948, se caracterizó por la falta de un marco estatal que dé lugar a un desarrollo del judaísmo en lo público. Dicho de otra manera, a falta de alternativas, la Halajá se desarrolló como un sistema de leyes personales, a lo sumo comunitarias o corporativas, pero no a los fines de hacer funcionar y administrar un Estado. Prácticamente cualquier código de Halajá (el Mishné Torá de Maimónides es una de las pocas excepciones) comienza presuponiendo la existencia diaspórica. Vale decir: la falta de poder estatal. Se asume que el pueblo judío vive en marcos estatales que lo exceden y que no son manejados por este: la ley del Estado no depende de la Halajá. La existencia del Estado de Israel permite modificar esta situación, dando lugar al desarrollo de una Halajá no solo compatible con un Estado moderno sino una que gobierne al mismo. Hasta ahora, esto no ha ocurrido pero quiero que noten la paradoja: la modernidad, que supuestamente estaba marcada por la secularización, dio pie a que el judaísmo sea desarrolle justamente como una cosa pública, y no solo personal.

Aclaración para Nuevos Ateos: no, que la religión sea asunto público no quiere decir que haya que ser oscurantistas, matar al que profesa otra religión, quemar lugares de culto, ejecutar homosexuales, estar en contra de la democracia, etc. ISIS es una aberración, pero no porque intente que la religión tenga peso en el ámbito público. Es una aberración porque es inmoral imponer una religión (y encima una versión desquiciada y grotesca de la religión). Imponer no es lo mismo que darle su peso relativo.

Pero bueno, volvamos al tema. Les decía que el concepto occidental y cristiano de la religión no aplica al judaísmo (ni al Islam, ni al budismo, ni al hinduismo pero bueno…). El caso de los “religiosos” y “seculares” es clarísimo. Me cito a mí mismo:

Veamos dos ejemplos: las palabras דתי y חילוני muchas veces son traducidas como “religioso” y “laico” respectivamente. Es una traducción errónea: en el judaísmo, no hay religiosos y laicos en el sentido occidental y cristiano del término porque no hay división entre clero y laicos. Los rabinos no están consagrados a D-s y los laicos son pobres pecadores simple y sencillamente porque no existe tal concepto. Más aún: דתי y חילוני no son categorías religiosas sino sociológicas. Ser דתי no implica ser rabino -de hecho, la mayoría de los דתיים no lo son-. Otros traducen דתי como “ortodoxo” y חילוני como “reformista”. Otra vez estamos frente a una mala traducción: las denominaciones (ortodoxo, conservador y reformista) son un fenómeno que surge en el seno del pueblo judío en la Alemania del siglo XIX y se termina de asentar en Estados Unidos y, de allí, se exporta a otros países; pero es un fenómeno marcadamente local que hace referencia a barreras ideológicas, sociales y religiosas dentro de esas comunidades. En Israel, la gran mayoría de los judíos no se identifica con ninguno de estos tres movimientos: el porcentaje de conservadores y reformistas es ínfimo y la vasta mayoría de los דתיים no se identifica con el vocablo ortodoxo (incluso diría que dentro de la categoría de דתי entran varios sectores que, en Estados Unidos, no serían considerados parte de la ortodoxia). Otros optan por traducir דתי como “tradicionalista” pero la palabra tradicionalista, al menos en la Argentina, está asociada con el movimiento conservador, que en nada se parece al דתי. Quizás una traducción aceptable de חילוני sea “secular” pero esto también puede dar lugar a confusiones: en la amplia mayoría de los casos, un judío secular en Israel sigue considerándose a sí mismo judío, mientras que la secularidad en la Diáspora está asociada, en mayor o menor medida, con la asimilación. En definitiva, vean cómo dos simples palabras de uso cotidiana ( דתי y חילוני) me llevaron todo un párrafo gigantesco para ser explicadas y todavía no llegamos a una traducción aceptable.

También hemos hablado de los conceptos de “Santo” y “Profano” en el contexto del pensamiento de Rab Abraham Isaac Kook y vimos cómo las categorías occidentales y cristianas podían hacernos errar el rumbo y entender horriblemente mal a Rab Kook.

¿Todo esto quiere decir que el judaísmo no es una religión? Exactamente ese es mi punto. Sin embargo, la verdad sea dicha: el judaísmo sí es definido como una religión por muchos judíos. De hecho, tanto el reformismo, el conservadurismo como la ortodoxia parten del supuesto de que el judaísmo es una religión de acuerdo al molde occidental. No tengo nada en contra de esto, siempre y cuando aceptemos que son intentos de redefinir al judaísmo para hacerlo encajar en el mundo occidental. Estos tres movimientos de los que hablaba arriba surgen en Alemania a mediados del siglo XIX como intentos de afrontar la modernidad occidental y luego se trasladan de allí a otras partes de la judería occidental, principalmente Estados Unidos.

Ahora bien, ¿esta división entre ortodoxos, conservadores y reformistas es universal? No. Es una característica del judaísmo diaspórico de los últimos doscientos años, y ni siquiera de toda la Diáspora. La idea de las denominaciones es básica en el contexto del judaísmo estadounidense pero es absurda y motivo de burlas para los judíos de origen árabe, por ejemplo. En Argentina misma, el reformismo es prácticamente insignificante, el conservadurismo tiende a ser menos conservador que en Estados Unidos y más un movimiento global de las denominaciones liberales y lo que vendría a ser la ortodoxia pocas veces se autodenomina con ese nombre.

A partir de todo esto, ustedes se estarán preguntando: ¿y qué es el judaísmo entonces? ¿Acaso es una nacionalidad? Y…tampoco. Al menos no en el sentido occidental y cristiano del término.

Pero sí, tiene elementos nacionales. Y sí, tiene elementos religiosos también. Pero eso no quiere decir que es una nacionalidad o una religión. De nuevo: no apliquemos categorías occidentales a algo que no es occidental (no, muchachos, el judaísmo, más allá de su fenomenal adaptación a la modernidad occidental, no es occidental en esencia, y todos estos intentos de hacerlo encajar en un lugar que no es el suyo, de quererlo hacerlo formar parte de una civilización que le es ajena –no por incompatible sino por diferente sencillamente- van a llevar al más rotundo fracaso; y que no se me malinterprete: la civilización occidental es admirable en varios aspectos).

Se los voy a poner de la siguiente manera: soy sionista porque soy judío. No al revés. Mi sionismo es consecuencia de mi judaísmo: el judaísmo es el sustantivo y el sionismo, el adjetivo. Judío sionista. Pero si vamos más a fondo, esto también es falso: no soy un judío sionista. Soy judío, punto. Mi sionismo es una consecuencia directa de mi judaísmo porque no concibo ser judío sin ser sionista: rechazo esa distinción arbitraria entre nacionalidad y religión.

El sionismo es el nacionalismo judío. Para mí, el judaísmo implica, necesariamente, actividad sionista (vale decir: nacionalista judía). Esto significa apoyar al Estado de Israel. Ojo, no apoyar al gobierno de turno sino al Estado. Ya escribí alguna vez sobre esto: se puede ser crítico de la línea que va de Herzl a nuestros días (¿hay una sola línea? No lo creo), y no por eso se es más o menos sionista.

Lo resumo en una frase por si todavía no entienden mi punto: el pueblo judío tiene que aspirar a crear su propia civilización y no contestarse con las migajas de Occidente.