Emmanuel Lévinas (parte 9)

Religión como ética

Toda tradición es susceptible a múltiples lecturas; toda lectura es, en algún punto, selectiva. Decidimos enfocarnos en tal o cual aspecto que nos parece relevante y ponemos entre paréntesis tal otro aspecto que pensamos irrelevante o, peor, directamente negativo. En base a esto, ¿podemos plantear que una lectura es correcta y otra incorrecta o todo se reduce a la mirada del lector que decide, en función de sus propios valores, cómo filtrar al texto?
Vayamos un paso más atrás: ¿la religión (cualquier religión) es necesariamente moral? ¿Cuál sería la distinción entre “buena religión” y “mala religión” (si es que tal distinción tiene algún sentido)? ¿Cuál sería el signo de la “religión”? Lévinas dice:

Proponemos llamar religión a la ligadura que se establece entre el Mismo y el Otro, sin constituir una totalidad.

De nuevo lo mismo: lo Mismo y lo Otro, irreductibles, sin formar nunca una unidad total, siempre separado. Lo Mismo y el Otro forman una relación pero no se difuman en la relación: siguen teniendo un peso propio. La relación no los “come” ni desaparecen bajo un todo que los abarca. El concepto de la religión como relación surge de la etimología latina de la propia: según algunos, “religión” proviene de “religare” (“atar”, “ligar”). En otras palabras, la religión es una ligazón, una relación. ¿Entre qué? Dice Lévinas: entre lo Otro y lo Mismo. La pregunta es: ¿esto significa entre Yo y otra persona? ¿O significa entre Yo y D-s? ¿O significa entre lo que es como yo y lo que es distinto a mí? Creo que la respuesta es: las tres a la vez. Esa es una clave en el pensamiento de Lévinas: la relación ética es relación con el Otro, y el Otro es tanto la otra persona, como D-s, como el distinto. En el fondo del rostro del Otro, está D-s; en el oprimido, está D-s; toda relación con D-s (toda religión) es ética. Una relación con D-s que no sea una relación con lo Otro (es decir, que se acerque a D-s como un mero objeto, intentando entablar una relación utilitarista) no es religión sino idolatría. Noten que la idolatría no es un error intelectual sino ético: entablar una relación que quiebre con la alteridad del Otro, intentando apropiarlo para mis propios fines en vez de respetar su singularidad. Fíjense: la propia relación de ligazón implica una separación, una distancia. Si así no fuese, la ligazón se transformaría en totalidad y desaparecería la diferencia entre lo Mismo y lo Otro: dejaría de haber una relación ética.
La religión, entonces, según Lévinas, consiste en una relación ética: no se trata de conocer a D-s sino de hablar con Él. Es ir al encuentro del Otro, y recibirlo al Otro en mi vida: es estar dispuesto a ponerse en jaque por la mirada de un Otro que me avergüenza, llama y limita a la vez. Es una relación de afecto y de deseo mutuo: de encuentro ético.
Comparen este enfoque con el “Caballero de la fe” de Kierkegaard, que se somete dócilmente a los dictados de D-s, sin importar la moralidad o inmoralidad de lo que exija D-s. Para Kierkegaard, el ideal de la fe es la persona absolutamente entregada a D-s, dispuesta a sacrificar incluso sus propios impulsos morales en pos de seguir la Voluntad Divina. Para Lévinas, un D-s que ordena hacer algo inmoral no es D-s: no hay allí ningún ideal religioso sino una perversión del sentido último de la religión, que no es más que la relación ética que mantiene la especificidad de cada una de las partes de la relación.

Desarmar a Heidegger

Habíamos dicho que Lévinas agarra a Heidegger, le da un giro judío, y, con ese giro, lo desarma. Creo que de eso se trata la filosofía judía: tomar las herramientas filosóficas de una época, utilizarlas para explicar al judaísmo y, simultáneamente, meter judaísmo en la filosofía, poniendo patas así arriba a la filosofía de moda. En otras palabras, la característica de un buen filosófo judío es explicar al judaísmo a la luz de la filosofía y a la filosofía a la luz del judaísmo. Pienso en Maimónides y su relación con Aristóteles, por ejemplo: indudablemente Maimónides está influenciado por Aristóteles y explica varias categorías fundamentales del judaísmo mediante conceptos aristotélicos pero, simultáneamente, marca los límites del aristotelismo y lo hace justamente mediante la confrontación de la filosofía aristotélica con el judaísmo. Así, Maimónides reviste de aristotelismo al judaísmo, pero también al aristotelismo de judaísmo.
Algo muy similar ocurre con Lévinas y Heidegger: Lévinas se basa en Heidegger pero, al meter al judaísmo en la ecuación, Heidegger se desarma a tal punto que la filosofía de Lévinas es una negación total de Heidegger. Y sin embargo, es imposible entender a Lévinas sin haber leído a Heidegger. Esa es la paradoja del filósofo judío: profundamente inmerso en un contexto filosófico determinado, pero igualmente destructor de ese mismo contexto. Dependiente, pero no determinado, podríamos decir.

La diferencia fundamental entre Lévinas y Heidegger (que Lévinas nunca se va a cansar de destacar) es la primacía de la ética por sobre la ontología. O, en términos más específicos, la primacía del Otro por sobre el Yo. Bajado a tierra: para Heidegger, el hombre ideal es aquel que piensa profunda e introspectivamente, transformándose en un conducto del Ser, un hombre sumergido en su tiempo y en el mundo; para Lévinas, el hombre ideal es aquel que sale al encuentro del Otro y se preocupa por darle un abrigo, un plato de comida y una cama para dormir.
Heidegger subordina al Ser a los entes: para él, el Ser siempre está condicionado por las cosas porque se nos aparece encarnado en cosas particulares. Más fácil: para Heidegger, el Ser no es abstracto y nebuloso porque siempre que pensamos en el Ser, pensamos nosotros, que somos personas concretas, que vivimos en este mundo. Lévinas remarca: hermoso, Heidegger, pero hay un problema. Si tu única relación con el Ser es el pensamiento -o sea, el conocimiento- ya de antemano estás condicionando al Ser a lo que entra en tu estrecha mente. No, dice Lévinas, hay algo que se me escapa y me excede: no puedo pensar al Ser así nomás. Y ahí entra el Otro como eso que no puedo aprehender ni captar del todo: el Otro como particular, como individualidad irreproducible.
Así, si para Heidegger la autenticidad es ser uno mismo, no depender de otros, no imitar conductas ni dejarse llevar por el dominio de los entes (en otras palabras: que el Otro no me controle), para Lévinas la verdadera relación ética es entregarse al Otro, ser para el Otro, mostrarse vulnerable y abierto al Otro, ser rehén del Otro.
Heidegger había dicho: el hombre es un “Ser para la muerte”. Si hay algo que todos sabemos, es que nos vamos a morir. La muerte es la posibilidad de la imposibilidad: es la posibilidad de que ya no haya nada, de no ser. Vivir de manera auténtica es reconocer que en algún momento ya no vamos a ser porque vamos a morir: posibilidad de la imposibilidad, la posibilidad de que ya ni seamos posibles potenciales porque ya no podamos decidir más. En contraste, Lévinas acepta que el hombre es un ser para la muerte pero dice: hay una forma de superar la muerte, de ponerse por encima del mundo natural, de lo temporal y lo óntico, y es la acción ética. Saber que me voy a morir, sí, pero dejar una huella que me exceda.

Basta por hoy. Corto, pero por lo menos volví a publicar.

Nos vemos cuando nos veamos.

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Rab Joseph Dov Soloveitchik (parte 18)

Una alternativa religiosa no mesiánica

A pesar de que generalmente se presenta (con justa razón) a Rab Soloveitchik como una alternativa no mesiánica al sionismo de Rab Kook, creo que tenemos que hacer dos o tres aclaraciones importantes para no malinterpretar la filosofía de Rab Soloveitchik: en primer lugar, la falta de menciones explícitas al Mashiaj (Mesías), la Redención y la Salvación no implica necesariamente la negación de estos elementos sino más bien su subordinación a otros más relevantes; en segundo lugar, la ausencia de mesianismo no tiene por qué ir de la mano de una visión no religiosa o antirreligiosa; en tercer lugar, existe una tensión entre mesianismo y pragmatismo -esto es obvio para cualquier observador- pero eso no implica que el mesianismo esté, por la fuerza, reñido con las posibilidades prácticas y las situaciones concretas.

Empecemos con el primer punto. La visión mesiánica es una parte importante (quizás incluso esencial) del judaísmo. Uno de los trece principios de fe del Rambam (Maimónides) es la creencia en la futura llegada del Mashiaj (Mesías): si bien algunas autoridades discuten la importancia relativa de esta creencia, poniendo en duda si es un principio fundamental de la fe o no, nadie duda de que es una parte importante del judaísmo. La creencia en el Mashiaj, entonces, no es un simple accesorio sino que forma parte integral de la forma de vida judía tradicional. Ahora bien, hay que distinguir entre la visión mesiánica (“Va a llegar la Redención”) y el mesianismo (“Tenemos que actuar para acelerar la Redención porque ya está cerca”). La primera es legítima y necesaria; la segunda, bastante más compleja y peligrosa. Acá me parece que hay un punto importante: la casi total ausencia de menciones explícitas a la Redención y el Mesías en las obras sionistas de Rab Soloveitchik no anulan su visión mesiánica pero sí lo muestran como alguien consciente de los peligros asociados con un mesianismo activo y militante.

Vayamos al segundo punto: la falta de connotaciones mesiánicas no implica un punto de vista secular o no religioso. Uno de los grandes logros del sionismo secular fue distinguir entre la restauración de la soberanía política nacional del pueblo judío y la visión mesiánica, dejando bien en claro que el objetivo del movimiento sionista era estrictamente político o, a lo sumo, cultural y social. Max Nordau fue uno de los primeros en establecer de manera clara y contundente que el sionismo nada tenía que ver con la Redención Mesiánica. Pero también se puede ser sionista religioso sin no relacionar al sionismo con el Mesías. Se puede apoyar al Estado de Israel por cuestiones pragmáticas, económicas, sociales, culturales e incluso religiosas sin necesidad de hacer hincapié en el mesianismo. Esta era la postura de Moshe Unna, por ejemplo, quien veía al Estado de Israel como un desafío para la renovación de la vida judía mediante la actualización y puesta en práctica de una Halajá nacional y un Estado regido por leyes basadas en el acervo religioso-cultural judío.

En tercer lugar, el divorcio entre mesianismo y pragmatismo es un lugar común en el discurso de los detractores del sionismo religioso basado en las enseñanzas de Rab Kook. Sin embargo, no hay una relación lineal entre mesianismo y falta de pragmatismo: así como el idealismo no implica necesariamente una mirada poco realista ni disociada de las necesidades prácticas, el mesianismo no tiene por qué estar reñido con el pragmatismo.

Algunos intérpretes argumentan que el no mesianismo de Rab Soloveitchik le permite evitar las posiciones extremistas de algunos seguidores de Rab Kook. Por otro lado, algunos críticos dicen que, al no considerar las implicancias revolucionarias del sionismo y el Estado de Israel, Rab Soloveitchik termina siendo una fuerza conservadora y reaccionaria, cuya influencia impide la consolidación de cambios necesarios en el judaísmo para hacer frente a la estatalidad y la restauración de la soberanía política nacional judía. Según esta lectura, Rab Soloveitchik no fue lo suficientemente audaz y no comprendió los desafíos inherentes al sionismo.

¿Mesianismo oculto?

A pesar de lo que dijimos arriba, podemos hacer otra lectura: hay mesianismo en las obras sionistas de Rab Soloveitchik, pero este mesianismo se esconde bajo un manto de alusiones, guiños y doble sentidos. Si bien reconozco que este tipo de lectura puede resultar especulativa, creo que hay razones de peso para afirmar que, sin llegar al mesianismo explícito de la obra de Rab Kook, hay una serie de cuestiones que muestran que claramente Rab Soloveitchik vio la Mano de D-s en la creación del moderno Estado de Israel, le dio un significado especial a este evento (sobre estas dos cuestiones no hay ningún tipo de duda) y que es posible también que le haya dado una interpretación mesiánica (esta cuestión es especulativa y obviamente debatible).

El primer punto a tener en cuenta es la elección del título de su ensayo sionista más famoso: “Kol Dodi Dofek” significa literalmente “La voz de mi amado clama”, pero también es un versículo clave en Shir HaShirim (Cantar de los Cantares). Utilizar un texto que se ha interpretado tradicionalmente como una metáfora de la relación amorosa entre D-s y el pueblo judío como punto de partida para hablar de sionismo no es para nada inocente. Todo lo contrario, es un llamado a poner a D-s en el centro de nuestro compromiso sionista.

Pero hay más. El antisionismo de tinte religiosa utiliza como una de sus principales fuentes un pasaje talmúdico conocido popularmente como Los tres pactos. No voy a entrar en detalles porque debería dedicarle muchas líneas y sería irse por las ramas (hay libros enteros dedicados al tema), pero hay algo muy interesante: este pasaje es una exégesis de fragmentos de Shir HaShirim. Así, la elección de Shir HaShirim como puntapié inicial para presentar su visión sionista se transforma en una polémica sutil contra las lecturas antisionistas del mismo texto.

!Rab Soloveitchik toma un texto utilizado muchas veces por los antisionistas y lo presenta como la base de su postura sionista! Y lo mejor es que no se lo saca de la galera sino que utiliza como fuente al clásico libro de filosofía judía, el Kuzari, de Rab Yehuda Halevi para redoblar la apuesta: así como en la época de Ezra y Nejemia la aristocracia, la clase alta y la mayoría del pueblo decidió quedarse con su vida acomodada en Babilonia en vez de retornar a Israel para reconstruir el Beit Hamikdash y retomar la soberanía nacional, así también hoy los judíos (incluso los religiosos, incluso los idealistas, incluso los líderes) prefieren quedarse en Estados Unidos, Argentina o Italia en vez de aceptar el desafío de vivir en Israel y construir un país propio.

En otras palabras, cualquier persona versada en la literatura judía clásica al leer Kol Dodi Dofek siente un eco mesiánico. Así, podemos decir que, aunque no explícito, hay un cierto aire mesiánico en el sionismo de Rab Soloveitchik. El mensaje es claro: “Escuchá la voz del Amado”. Escuchá la voz de D-s que te llama.

Resumen del año 2017

A vuelo de pájaro

Llega fin de año. Tiempo de reflexión, de hacer balance, de pasar en familia, brindar y pedir por un año nuevo mejor. ¿O no? La verdad es que, como judíos, tenemos nuestro propio calendario: seguimos el calendario gregoriano en nuestras relaciones con los gentiles por una cuestión obvia de simplicidad pero deberíamos regir nuestras vidas con nuestros propios tiempos. En otras palabras, 31 de diciembre no debería ser un día importante para los judíos. Sin embargo, siempre es buena idea hacer jeshbon nefesh: reflexionar sobre lo que hemos hecho -en qué nos hemos equivocado y en qué hemos acertado- y planificar a futuro. Con la excusa de fin de año, entonces, hablemos de lo bueno y malo este año en el blog: de los sí, los no y los no sé.

Este año escribí un total de cuarenta y un artículos. A fines del año pasado me había puesto como objetivo superar la marca de ese año: tenía que escribir por lo menos veintitrés. Claro que hay trampa: antes cada artículo estaba dedicado a una persona distinta y era mucho más largo. A modo de ejemplo, el año pasado hablamos de veintidós referentes del sionismo y el pensamiento judío; este año, solo de cinco. Hubo algún bache (especialmente en marzo y abril) pero creo que este año fui bastante regular y escribí con una frecuencia más que digna: la excusa de “los artículos más cortos se leen más rápido” me sirvió para poder publicar con más constancia. Esto de los artículos cortos tiene su ventaja: podemos profundizar más en la vida y obra de cada persona. La desventaja es obvia: ahora para saber qué pensaba Nathan Birnbaum se tienen que leer diez artículos distintos en vez de uno solo.

Les soy sincero: me gusta este formato. Me ayuda a escribir más tranquilo, a planificar con más calma y a no estar corriendo para publicar una entrada de ocho millones de párrafos. Lo más probable es que el año que viene lo mantenga.

Tuvimos cuatro artículos sobre Franz Rosenzweig (el primero, en realidad, a fines del año pasado), cuatro sobre Rab Ovadia Yosef, diez sobre Nathan Birnbaum y quince sobre Rab Soloveitchik (y todavía nos falta…). Como pueden ver, a medida que iba acomodándome al nuevo formato, fui explorando profundizar más, separar mejor las unidades temáticas y los títulos y dar más espacio a cada persona.  Tener más lugar para explayarme me gusta.

En febrero se fueron los “links de la semana”. Y se fueron para no volver, me parece. Servían como una excusa para mostrar algunas fuentes y para actualizar al menos una vez por semana. Pero creo que no aportaban casi nada y me obligaban a cargar con el peso de buscar qué poner ahí: no sé si eran muy útiles.

Otra cosa interesante es que abrí bastante el juego: no solo sionismo sino también ver más aristas de las distintas personas que desfilan por el blog. Obviamente que siempre la idea es volver y cerrar con el sionismo pero está bueno tocar otras temáticas o hablar de manera más indirecta. Este año me parece que el blog tuvo un tono bastante más personal: está bueno porque, después de todo, este espacio es mío. Como decía el año pasado, nunca me tracé el objetivo de tener millones de lectores ni firmar autógrafos sino simplemente escribir sobre lo que me gusta y mostrarle a otros la profundidad y diversidad del pensamiento judío y sionista.

Este tono personal se tradujo en una característica que puede ser buena o mala, dependiendo del punto de vista. Lo malo es que todavía no hablamos de algunos clásicos, como Leon Pinsker. Lo bueno es que pude explayarme sobre algunas figuras fascinantes pero malinterpretadas o desconocidas. Así, tuvimos a: Franz Rosenzweig, uno de los filósofos judíos más importantes del siglo XX pero que, por su profundidad y dificultad, muchas veces es interpretado de una forma que a mí mucho no me cierra; Rab Ovadia Yosef, el rabino sefaradí más influyente del siglo XX del cual exploramos fundamentalmente su faceta política, intentando relacionarla con su visión religiosa; Moses Mendelssohn, quizás el judío moderno más famoso de todos, al que tristemente se lo ha tergiversado y deformado, y a quien intentamos traer a la vida, despejando varios mitos por el camino; Nathan Birnbaum, un hombre olvidado por la historia pero que fue un líder vanguardista en su época, sumamente interesante y complejo, que nos sirvió para tocar un montón de ideas que rondaban a principios del siglo XX en el pueblo judío y mostrar su relevancia para nuestros días; y Rab Soloveitchik, el rabino de la ortodoxia moderna más importante del siglo pasado, filósofo genial y un Talmid Jajam de primera línea, una influencia fundamental en mi vida, lamentablemente poco conocido en Argentina, de quien seguimos explorando las distintas aristas de su pensamiento sionista.

Este año me llegaron buenos comentarios, especialmente por mail. Los invito a todos a que comenten (en el blog mismo o por e-mail, como prefieran). También agregué la página de “Donaciones”: pueden usar MercadoPago o Paypal. Si quieren, donen; si no, no. Es un detalle, no hago esto por plata. Lo puse para ver qué onda pero no quiero que nadie se sienta presionado: estoy pensando seriamente en sacarlo porque, siendo honesto, no sé qué pensaría yo de alguien que pide plata por internet…

También limpié y cambié un poco la página “Links”: saqué los links desactualizados, agregué algunos otros…Nada demasiado importante.

Las visitas aumentaron bastante: despacito, el blog está despegando. Me encanta eso. Igual, como expliqué el año pasado, estoy muy contento de no tener redes sociales: como no busco miles de fans ni millones de seguidores, no está dentro de mis planes abrirme cuentas en cada red social que se ponga de moda.

Lo último que tengo para contarles que pasó este año es mi participación en Limud. Estuvo bueno: más allá de la impecable organización, lo que más me gustó fue llevar el blog al “mundo real”. Creo que la charla salió bien, aunque eso habría que preguntárselo a los que participaron y me escucharon, y no a mí. Fue una linda experiencia y me gustaría repetirlo.

¿Qué aprendiste este año en el blog?

Este año aprendí a abrirme al Otro. Ver las cosas con amor y con misericordia, en vez de tener una mirada crítica e irónica. Eso me parece que está relacionado con el nombre de este blog: “Mered HaKadosh” significa reconstruir nuestra relación con D-s, a partir de una rebelión surgida del amor. Cambiar para mejor. Revolución de amor, en vez de furia. Destruir para construir. Una de las claves de este blog es no esconder ni negar: acá no hago propaganda. Abrirse significa mostrar también los aspectos negativos: no tapar lo malo sino mostrarlo y hacerse cargo. El pueblo judío tiene sus cosas buenas y sus cosas malas (como todo pueblo, como toda persona): mostremos lo bueno, reconozcamos lo malo y aprendamos a partir de eso para crecer y elevarnos. Hace poco me puse a leer un librito de hace más de 60 años sobre el kibutz hadati: me emocioné. Sentí que el nombre de este blog (raro y difícil de recordar como es) calzaba perfecto: hay que encontrar a D-s en todos nuestros caminos y conectarnos con la Tierra de Israel, con el pueblo de Israel y con la Torá de Israel.

El blog también me sirve para mantener un ritmo de estudio: me obliga a mantener una cierta disciplina. Tener que buscar información, leer, pensar, escribir, publicar, etc me ayuda a tener una rutina y así mantener un ritmo determinado. Eso está buenísimo.

Básicamente, este año me di cuenta que disfruto hacer esto: escribir, enseñar, pensar, debatir, no quedarse en el más de lo mismo. Abrir nuevas perspectivas. Mostrar que el judaísmo -y, por extensión, el sionismo- es amplio y que tiene mucho para decirle al mundo hoy. No pensar al Estado de Israel como algo dado, impuesto por la vida, sino como un proyecto que hacemos entre todos y que exige esfuerzo y sacrificio. Fundamentalmente, pienso en este blog como parte de mi Avodat Hashem, mi rendir culto a D-s, mi forma personal de conocer, conectarme y servir a D-s.

Proyectos para el año que viene

Empecemos por lo obvio: quiero seguir escribiendo. Quiero que sigamos pensando juntos. Me gustaría escribir sobre algún clásico y también traer al español a algún otro ilustre desconocido. La idea es seguir abriendo puertas.

Sigo en busca de una voz propia. Me gustaría que el blog sea más personal: sin perder la rigurosidad, quiero estar más suelto y escribir de manera menos solemne. Este año descubrí la importancia de ser uno mismo y quiero trasladarlo al blog.

Algo que me encantaría es sacar el blog a la calle: llevar todo lo que hablamos en este blog al mundo real. Armar grupos de estudio, cosas así. Es una idea y habrá que ver si prende pero sería un golazo de media cancha si funciona.

Otra cosa que ya empecé a hacer: en reemplazo de los “links de la semana”, estoy recopilando una lista de fuentes y bibliografía. La idea es armar una lista de libros, páginas web, revistas, blogs, papers, etc sobre temas generales (como judaísmo, sionismo, historia judía, el conflicto de Medio Oriente) y específicos (las distintas personalidades que hemos visto en Mered HaKadosh). No quiero que sea una cosa exhaustiva y completa sino algo selectivo: elegir lo más relevante para darles una mano a los lectores. Esto lo hago porque una de las preguntas más usuales que me hacen es: “Me interesa x, ¿sabés dónde puedo buscar más información?”. Quiero que haya tanto bibliografía introductoria como cosas más especializadas pero tampoco que sea interminable. Es un proyecto ya empezado pero a medio hacer: me va a llevar un tiempo porque quiero que salga lo mejor posible.

Esto sigue, aunque no sé cuándo voy a volver a publicar. Viajo a Israel en los próximos días y no vuelvo hasta dentro de un par de meses. No sé si voy a tener tiempo ni internet ni ganas. Mi idea es seguir publicando con regularidad pero no me quiero comprometer tampoco.

Nos vemos cuando nos veamos.

Gracias por el aguante.

Día Limud 2017 (Buenos Aires)

Dentro de menos de un mes (el 4 de junio), voy a estar participando con una charla en el Día LimudBA.

¿Qué es Limud?

Es un espacio judío de aprendizaje plural, abierto y horizontal: cualquiera puede presentar una propuesta para una actividad y el comité organizador elige entre ellas. Este año hubo más de 150 propuestas y tengo el privilegio de que la mía haya sido elegida entre las “ganadoras”.

Limud fue creado en Gran Bretaña y se trasladó a un montón de países a lo largo del mundo: ¡miren la cantidad de eventos Limud este mes!

Hay actividades, charlas y debates para todos los gustos: hay religión, filosofía, política, historia, sociología, espiritualidad, arte, cultura y gastronomía. Hay judíos ortodoxos, conservadores y reformistas; religiosos y seculares; académicos y del llano; sionistas y antisionistas; sionistas que discuten sobre lo que es el sionismo; religiosos que discuten sobre lo que es la religión; economistas, politólogos, artistas, empresarios, estudiantes, cocineros, ingenieros y folkloristas; idishistas que discuten sobre el ídish; racionalistas y místicos; místicos que discuten a Maimónides y racionalistas que discuten la cabalá; artistas que hablan de otros artistas, artistas que hablan de filosofía, filósofos que hablan de artistas y artistas y filósofos que los escuchan; hay de todo, o casi todo. Están Tzvi Grunblatt (líder de Jabad Lubavitch Argentina) y Felipe Yafe (líder del movimiento conservador), y todos los que están en el medio y los que están en los bordes. Estoy yo, y espero que estés vos.

Como muestra, un detalle con todas las actividades del día: 65 actividades para todo público. Empieza a las 9:30 hs y termina a las 18 hs.

¿De qué se va a tratar mi charla?

El título es: “Sionismo a contramano: Rosenzweig, Breuer y Leibowitz”. La descripción dice: “El sionismo se nos presenta como un conjunto cerrado y homogéneo. ¿Qué pasa si nos movemos a los márgenes? En la Alemania de la República de Weimar, el pensamiento político y religioso implosionó con una fuerza pocas veces vista. ¿Cómo afectó esta movida cultural al pensamiento judío y sionista?”.

La idea es hablar de estos tres grandes pensadores (Franz Rosenzweig, Isaac Breuer y Yeshayahu Leibowitz) para discutir qué es el sionismo y qué es la filosofía judía moderna. Relacionando el contexto histórico de la República de Weimar con la obra de estos tres grandes, me gustaría echar luz a algunos aspectos de su filosofía y así intentar dar respuesta a algunos de los interrogantes que nos plantean el judaísmo y el sionismo en la actualidad.

Si se anotan antes del 20 de mayo, tienen una bonificación en el precio de la entrada. La entrada es gratuita para gente de 0 a 25 años, $150 para jóvenes de 26 a 30 años, $200 para adultos de 31 a 60 y $100 para jubilados. También pueden comprar el almuerzo (kosher, aunque no sé bajo qué supervisión) por $120. Les recomiendo anotarse como Fan Limud y donar una suma fija todos los meses o participar como voluntario para que el evento siga siendo tan maravilloso como hasta ahora.

Así que los espero a todos el 4 de junio en Tarbut (Av. Cramer 3420), aula 104, de 13:15 a 14 hs.

PD: ya sé, ya sé, hace mucho que debería haber publicado el artículo que prometí sobre Mendelssohn. Estas semanas estuve muy ocupado con exámenes en la facultad. Esta semana, o la siguiente a más tardar, me pongo a escribir.

Todavía estoy vivo

Solamente escribo esto para que sepan que todavía estoy vivo: el próximo artículo ya está en mi cabeza pero tengo que encontrar el tiempo para escribirlo. Para eso, tengo que leer mucho y hacer varias preguntas a gente que sabe más que yo: el próximo pensador que vamos a tratar es Moses Mendelssohn. Es una de las figuras más polémicas y maltratadas en la historia del pueblo judío. Como es una figura central de la Modernidad judía, quiero intentar ser lo más claro y correcto posible. Va a ser largo y probablemente lo divida en varias partes, como vengo haciendo últimamente.

Mientras tanto, actualicé la lista de links, expandiéndola bastante.

Nos vemos cuando nos veamos.

Un balance de fin de año

Veamos qué onda…

Aprovechando el fin de año, voy a hacer un jeshbon nefesh de este blog. Veamos lo bueno, lo malo y lo regular; los sí, los no y también los no sé. En resumen, un balance de este año.

A vuelo de pájaro

Escribí veintidós artículos en un año. El promedio vendría a ser más o menos un artículo cada catorce días, lo que me parece un promedio bastante razonable (me había puesto un objetivo inicial de un artículo cada diez días pero hay veces que eso se me súper complica). Un poco para ir mostrando lo que iba leyendo, otro poco para abrir el juego a otras miradas y otros poco para rellenar el blog en esos días entre artículo y artículo, se me ocurrió lo de los Links de la semana. ¿Sirve? ¿Les gusta? ¿Nadie los lee? No tengo claro si seguir con eso o no.

Este no es un blog súper famoso: no tiene miles de lectores ni un millón de comentarios. Tampoco me puse como objetivo que lo sea. Me conformo con que los lectores (habituales u ocasionales, lo mismo da) se puedan llevar algo que los enriquezca. Sí me llamó la atención la cantidad de comentarios: cero, desde que empezó este blog (hace ya un año y medio). Número que se aleja bastante de la cantidad de visitas e incluso de los e-mails que recibo de lectores inquietos, con dudas, recriminaciones, críticas o agradecimientos. No sé, quizás sea porque la era de los blogs ya pasó: ya no estamos en el 2010 ni en el 2011 y los blogs son tan prehistóricos como los fotologs. La verdad, no me cambia demasiado: creé un blog porque me resultaba fácil, no porque me parezca más o menos copado que otros formatos. Supongo que una explicación para el tema de los comentarios es que las discusiones hoy pasan por Twitter y Facebook y mucho se reduce a imágenes de Instagram: no me interesa mucho entrar en esos pantanos. Cada tanto chusmeo alguna cosita en Twitter y tengo una cuenta personal de Facebook que uso para cositas de la facultad, pero no mucho más. No me da la cabeza para crearme cuentas por toda red social que se pone de moda, y menos para el blog. Así como está, bien rústico, sin adornos, bien artesanal, me gusta: básico y directo a los bifes, a escribir sin red. No estoy acá para ganar millones ni para hacerme famoso así que todo bien. Sí me hubiese gustado – no voy a negarlo- ver un poquito más de participación y algo más de intercambio de ideas. Así que los invito a comentar o a mandarme un e-mail (meredhakadosh@gmail.com) así puedo conocerlos un poco: me gustaría que me cuenten cómo llegaron hasta acá, qué los moviliza, qué no, qué critican y en qué coinciden.

Datos interesantes (o no)

La mayor cantidad de visitas viene de Argentina, seguida muy de cerca por España. Algo más lejos, peleando cabeza a cabeza, aparecen México y Colombia. Con la mitad de visitas, asoman Chile, Venezuela y Estados Unidos. El resto de los países latinos, Brasil incluido, asoman por ahí. El dato de color son las visitas de Francia, República Checa y los Países Bajos, con un puñado de visitas cada uno (unas 30 o 40, dependiendo del caso).

No tengo mucha idea de cómo llegan los lectores al blog porque la mayoría de las búsquedas me aparecen como desconocidas, aunque obviamente muchísimos llegan por Google. También alguno que otro llegó por el link de judiosyjudaismo.com (¡gracias Diego!) o algún otro lugar que vaya a uno a saber de dónde salió.

El artículo más visto, por lejos, es el de Ajad Haam. (ni idea por qué, quizás porque es el primero del blog). Después les siguen los de presentación (Quién soy, Sobre el blog, Derecha e Izquierda, Religiosos y seculares, esas cosas). Más abajo, Herzl, Buber, Gordon, Jabotinsky, Trumpeldor, Scholem, Rab Kook padre e hijo, Beguin, Hess, Leibowitz, Brandeis y Syrkin. Digamos que los otros tienen visitas casi despreciables, una lástima si me preguntan porque hay algunos que me encantó escribir y me parece que dan una vuelta de tuerca a ciertas ideas establecidas.

¿Qué aprendiste de este blog en el 2016?

Quizás el descubrimiento más interesante que hice este año con respecto al pensamiento judío al ponerme a escribir este blog fue darme cuenta cómo el proyecto de la filosofía judía moderna es un proyecto judeo-alemán: creo que era Franz Rosenzweig el que decía que toda la filosofía judía era apologética, y llevando esa lógica más a fondo cada día estoy más convencido de que la filosofía judía es alemana, y que los años claves son los de la República de Weimar. ¡Sin desmerecer para nada a los que vivieron en otras geografías u otros tiempos, eh! Habría que distinguir entre pensamiento judío y filosofía judía para evitar confusiones y aclarar que una no es mejor que la otra, sino que son diferentes.

Otra cosa que aprendí es a abrirme al texto: me pasó más de una vez de leer a alguien esperando que diga algo y termina diciendo lo contrario. O apareciendo con una salida que no esperaba. Y eso está buenísimo: te hace replantearte un montón de cosas sobre esa persona. Ojo, no siempre pasa. A veces uno llega a la conclusión de que todo era como lo esperaba, y eso no sé si es bueno o malo, pero sí es aburrido.

Proyectos para el 2017

El objetivo básico es seguir escribiendo cosas interesantes y a un tiempo regular. Cosa que no me resulta fácil; pero voy a hacer el esfuerzo. Pongamos un objetivo con números: superar la cantidad de artículos de este año. Mínimo, veintitrés, entonces. Dentro de un año vemos, ¿no?

El tema es no repetirse, y en esa búsqueda estoy. En los últimos meses decidí empezar a traer al blog a gente que no es sionista: mostrar otros caminos de la Modernidad judía me parece fundamental. La idea de los protosionistas también partió de esa misma necesidad de abrir un poco el juego: como dije en su momento, hay que andar con cuidado con esas categorías conceptuales y entenderlas como lo que son (tipos ideales), y no como reflejos de la verdad histórica empírica. Creo que de los clásicos sionistas no me quedan muchos: sí, faltan Pinsker y alguno más; hace un montón dije que tenía que escribir sobre Rab Soloveitchik y todavía no lo hice, y así podemos tirar varios ejemplos, pero –como diría el Bambino Veira- la base está. Hoy me parece más copado ir a los márgenes y encontrar a ESE tipo que no parece que tenga nada para decirnos a nosotros y encontrar, de repente, que tiene ideas estimulantes que andar haciendo un trabajo de arqueología histórica de los “grandes próceres”.

Alguna vez me preguntaron: ¿por qué escribís sobre Juancito, que se murió hace sesenta años? ¿Ese autor no es un hereje total? ¿Cómo podés hablar tan bien de Pedrito, que dijo esto o aquello? Mi respuesta corta es que no estoy acá en versión moralizante. Me parece que está bueno mostrarle al judío promedio que hay un montón de caminos dentro del judaísmo. No pienso que todos sean igual de válidos ni que todos estén bien, pero sí me parece importante mostrar que existen o existieron y, en todo caso, marcar por qué y en dónde fallaron. Me parece que cerrar el espectro es achicar el judaísmo y, así, dejar afuera a mucha gente. Hay límites, pero esos límites los tienen que poner las instituciones, no yo en un blog. Si Herzl, Borojov o Medem se equivocaron, bienvenido sea: mostremos en qué se equivocaron, digámoslo en voz alta y a los gritos si es necesario; pero no neguemos lo que fueron ni lo que hicieron. Me encantó escribir el artículo sobre Spinoza (me parece que es de los más originales que escribí) pero no creo en esa idea medio lugar común de que para ser un buen judío moderno hay que leerlo ni en que haya que rehabilitarlo como filósofo judío: fue lo que fue, pensó lo que pensó, dijo lo que dijo, hizo lo que hizo, y hay que aceptarlo tal cual, sin volteretas. No quiero pasar de la historia a la hagiografía. Tampoco apunto a hacer el trabajo exhaustivo de un historiador académico sino mostrar algunas puntas: al que le interese, que tire y profundice. Pienso en mi rol como el de un facilitador del acceso a obras algo lejanas para traer las ideas relevantes para nosotros. El pasado por sí mismo no me importa: quiero ver qué nos sirve hoy a nosotros.

Obviamente, hay un montón de libros que me gustaría leer, cursos que me gustaría tomar, viajes que me gustaría hacer y charlas que me gustaría tener. Desde ese punto de vista, también espero poder concretar algún proyecto más académico que este blog para profundizar en el sionismo en un futuro lejano. Ni idea qué pasará.

Y no se me ocurre mucho más, la verdad. Les deseo un muy feliz año, lleno de éxitos en sus vidas.