Yonatan Ratosh

Un poeta político

Yonatan Ratosh nació en 1908 en Varsovia, Polonia, aunque su familia emigró a la Tierra de Israel cuando él era un niño. Fue criado en una escuela sionista secular y su lengua materna era el hebreo. Su nombre original era Uriel Halperin y usó muchos otros pseudónimos (A. L. Haran, Uriel Selah, A. Paran, Mar Sasson), aunque el más famoso es Yonatan Ratosh. Fue militante del Brit HaBirionim y del Leji y, más tarde, daría forma al canaanismo, una ideología que pretendía erigirse como alternativa al sionismo. Fue también un famoso poeta israelí, muy innovador y vanguardista, y traductor de autores como Albert Camus o George Bernard Shaw. Falleció en 1981.

El origen revisionista

Ratosh empezó de muy joven su militancia política en el sionismo revisionista, más específicamente en el ala más radical, Brit HaBirionim. Esta organización estaba liderada por Abba Ajimeir y, aunque se inspiraba en Jabotinsky, era mucho más extremista que el fundador del revisionismo. La divergencia entre Ajimeir y Jabotinsky sería tal que Jabotinsky terminaría por desautorizarlo y acusar a Brit HaBirionim de desviarse de su ideario político y moral. Brit HaBirionim era abiertamente fascista y ultranacionalista y acusaba al oficialismo (tanto dentro del sionismo revisionista como del sionismo socialista) de no estar a la altura de las circunstancias, no levantar los verdaderos estandartes del sionismo y desoír los reclamos de la juventud. A nivel práctico, la gran innovación de Brit HaBirionim fue tomar una actitud antiimperialista, usando la violencia contra las autoridades británicas. Esta actitud sería recogida años más tarde por el Leji y, en menor medida, el Irgún. A nivel ideológico, los miembros de Brit HaBirionim descreían de los partidos políticos, el liberalismo, el socialismo y el comunismo, lo que los alejaba del establishment de la época. A nivel político, proponían dar prioridad a la creación de un Estado judío, mediante la expulsión de los mandatarios británicos, a quienes consideraban usurpadores coloniales, por encima de la inmigración judía a la Tierra de Israel. Para que quede más claro: mientras que Jabotinsky o Ben Gurión priorizaban la llegada de una masa crítica de judíos a la Tierra de Israel como condición para el establecimiento de un Estado judío, Abba Ajimeir argumentaba que la creación de un Estado judío desencadenaría la inmigración masiva de judíos hacia éste. En definitiva, se trataba de tomar una iniciativa militar y dejar de lado la diplomacia. Brit HaBirionim terminaría por desaparecer debido a su falta de penetración popular, su ostracismo en la arena política y su radicalización excesiva.

Más tarde, Ratosh se uniría al Leji, una agrupación paramilitar escindida del Irgún y heredera en muchos aspectos de Brit HaBirionim. Ya hablamos del Leji en los artículos de Israel Eldad y Natan Ielin-Mor así no me voy a explayar demasiado. Digamos solamente que Leji tenía una línea dura frente al Mandato Británico, al que consideraba ilegítimo, y se opuso por todos los medios posibles, incluidos la violencia, las armas y el terrorismo, al colonialismo inglés. El Leji tenía una línea autoritaria, mesiánica y fascista y, paralelamente, otra antiimperialista y anticolonialista. De allí surgirían la mayoría de las alternativas al sionismo clásico, de tinte socialista y humanista. Una de esas alternativas sería justamente la ideología creada por Yonatan Ratosh, el canaanismo.

Entonces, podemos decir con seguridad lo siguiente: en una primera instancia, Ratosh se consideraba a sí mismo sionista y formaba parte de organizaciones muy radicales, que lucharon denodadamente contra el colonialismo británico. Estas organizaciones tenían su origen en el sionismo revisionista de Jabotinsky, aunque habían llevado sus postulados hacia límites insospechados. La tensión entre Jabotinsky y la juventud radicalizada sería tal que Leji terminaría por romper con el revisionismo. El Leji se veía a sí mismo como un movimiento más allá de las barreras partidarias tradicionales de izquierda y derecha y esta particularidad también nos ayuda a entender el desarrollo de sus líneas internas a lo largo del tiempo.

El origen revisionista de Ratosh es muy importante porque el revisionismo hablaba de los “hebreos”, no de los “judíos”. En un primer momento, la palabra “hebreo” hacía referencia a un judío libre, sin las ataduras mentales del Galut, que vivía en su propia tierra y en su propio Estado. O sea, la diferencia entre “hebreo” y “judío” era la diferencia entre la existencia estatal y el Exilio. Ya vimos cómo Hilel Kook llevaría esta distinción hacia otros rumbos. Ratosh (que influenció a Hilel Kook) haría de esta distinción un credo de fe básico, completamente fundamental en su pensamiento político. Ratosh se decepcionaría profundamente de Jabotinsky, a quien terminaría acusando de ser un viejo ignorante de la geopolítica mundial, y del movimiento revisionista, al que vería como un aparato partidario de burgueses anticuados que se apoyaban en la militancia de una juventud ciega. Todo esto lo llevaría a criticar duramente al sionismo como ideología: su distanciamiento del sionismo se fundamentaría en la distinción entre hebreos y judíos.

La “juventud hebrea”

Yonatan Ratosh se consideraba a sí mismo vocero de la juventud hebrea (es decir: la primera generación de ascendencia judía nacida en la Tierra de Israel y criada bajo los moldes del sionismo). Esta nueva generación se había criado con el hebreo como lengua materna, había tenido una educación genuinamente sionista y sentía a la Tierra de Israel como su propio hogar, sin dobles lealtades: no había sufrido el antisemitismo ni la inmigración; no había sido criada bajo la tradición religiosa; no había sufrido el choque entre la sociedad judía y la gentil; no sentía el sentimiento de inferioridad del judío diaspórico. En definitiva, la juventud hebrea era el resultado del sionismo: una vanguardia juvenil fresca y vivaz, abierta a la cultura, militante, anticolonialista por naturaleza, abiertamente hostil a los británicos, rebelde y activa.

(Resultaría interesante comparar el mito de la “juventud hebrea” de Ratosh con el del típico “Sabra”. Lo vamos a dejar para otra ocasión para que este artículo no resulte interminable…)

En un primer momento, dijimos que el objetivo de Ratosh no era romper con el sionismo sino llevar al mismo hacia un nuevo límite: que la juventud se transforme en líder y que deje atrás las viejas formas, renovando al sionismo desde adentro. Sin embargo, en 1938 Ratosh, desilusionado con Jabotinsky, el revisionismo y el sionismo en general, viajaría a Francia para proseguir sus estudios y conocería a Adia Gur Horon, un historiador del antiguo Israel que también provenía del sionismo revisionista y que proveería las bases para una modificación radical de las ideas de Ratosh, que finalizaría con la formación de la ideología canaanita.

Las bases históricas del canaanismo

Adia Gur Horon argumentaba que, en la Antigüedad, el pueblo hebreo era un continuo cultural y político que se extendía a lo largo de toda  ארץ הפרת (“Eretz HaPerat”, Tierra del Eufrates), desde la frontera egipcia hasta el río Tigris. El pueblo hebreo incluía los Bnei Israel, cananeos, edomitas, fenicios, sumerios y otros pueblos semitas. Según esta interpretación histórica, el antiguo pueblo hebreo no era monoteísta y los Bnei Israel compartían las creencias religiosas politeístas de sus vecinos. El judaísmo solo surgiría como respuesta al Exilio babilónico y se formaría como tal en la época del Segundo Templo: el monoteísmo sería una innovación de esa época tardía. El propio Tanaj no era un libro nacional sino un documento escrito por un remanente monoteísta, una élite de escribas que había reinterpretado toda la historia desde un punto de vista monoteísta y, bajo una visión particular, había inventado un pasado judío glorioso que nunca había existido.

Dicho de otra manera, según Gur Horon, la arqueología, la literatura comparada y el registro histórico muestran que, en la Antigüedad, existía una sola civilización a lo largo de toda la Medialuna Fértil. Pero, ¿el Tanaj no es acaso una prueba rotunda de que el pueblo judío era el único monoteísta de toda la Antigüedad y que todo el tiempo había guerras con los países vecinos? La respuesta de Gur Horon es notable: el Tanaj fue escrito por un remanente, que sí era monoteísta, y que fue el que fundó al pueblo judío. Pero la mayoría del pueblo hebreo antiguo era politeísta. La prueba está en el mismo Tanaj: cada reproche y sermón de los profetas por la iniquidad y la impiedad del pueblo es una demostración clara, al juicio de Gur Horon, de que éste era politeísta y compartía las creencias de los pueblos circundantes. Así, el Tanaj no es más que una invención literaria de un grupo de iniciados monoteístas que, caída la gran civilización politeísta de la Antigüedad, tomó el control del remanente y lo transformó en monoteísta. Esto quiere decir que no hubo un Estado judío en la Antigüedad sino un Estado politeísta, hebreo. Vean que Gur Horon distingue claramente entre “hebreo” y “judío”, al igual que hacían todos los sionistas revisionistas de la época. Sin embargo, mientras que para los revisionistas la distinción era solamente una forma de marcar la diferencia entre un judío en una época estatal y otro en una época diaspórica, para Gur Horon se trataba de dos conceptos fundamentalmente distintos: el hebreo era miembro de una civilización semita, politeísta; el judío era un invento del remanente en exilio, que se había hecho monoteísta.

Gur Horon hablaba de dos eras bien diferenciadas: la época del Primer Beit HaMikdash había sido la “era hebrea”, mientras que la época del Segundo Beit HaMikdash había sido la “era judía”. La civilización hebrea había sido mucho más extensa que el remanente judío: era un continuo político, cultural y religioso muchísimo más grande de lo que uno supondría leyendo las fuentes judías. Para Gur Horon –y para los canaanitas en general- esto suponía revalorizar las fuentes históricas no judías: así, se focalizarían en redescubrir la literatura y el arte de las civilizaciones semitas.

El judaísmo es diaspórico

Si todo esto es cierto, si el antiguo Israel no era monoteísta y el judaísmo solo surge como consecuencia del Exilio, entonces la conclusión es lapidaria: el judaísmo es, por definición, diaspórico. No existe un “judaísmo estatal”: judío y hebreo son cosas fundamentalmente diferentes.

Yonatan Ratosh cuenta cómo se dio cuenta de la diferencia fundamental entre los hebreos y los judíos durante su estancia en Europa:

Fue mi primer contacto con la Diáspora, y me forzó a reevaluar mi propio mundo hebreo.

¿Cómo?

No hay hebreo que no sea hijo de la Tierra de Ever, la Tierra de los Hebreos. Y quien no es nativo de esta tierra, la Tierra de los Hebreos, no puede transformarse en hebreo: no es ni fue un hebreo. Y quien venga de la dispersión judía, sus tiempos y lugares, es, desde el comienzo al final de los días, un judío, no un hebreo, y no puede ser sino un judío, bueno o malo, orgullosa o lastimosamente, pero siempre un judío. Y un judío y un hebreo nunca pueden ser lo mismo. Quien es hebreo no puede ser judío, y quien es judío no puede ser hebreo.

¿Qué nos está diciendo Yonatan Ratosh? Empecemos por lo obvio: judío y hebreo son cosas distintas. Más todavía: son cosas contradictorias. O sos judío o sos hebreo, pero no las dos cosas juntas. Ya vemos una diferencia fundamental entre Hilel Kook (que también hacía esta distinción entre judíos y hebreos) y Ratosh: para el primero, se puede ser judío y hebreo (aunque no es necesario ser las dos cosas); para el segundo, la combinación es imposible.

¿De dónde surge esta diferencia entre Ratosh e Hilel Kook? Para Ratosh, el judaísmo es una religión. Como tal, es universalista. Por su parte, el ser hebreo es un nacionalismo y, como tal, es particularista. Hasta acá, nada demasiado diferente a Hilel Kook. Sin embargo, Ratosh afirma que el hebreo no surge del judío: por el contrario, el hebreo antecede históricamente al judío. El judaísmo es un remanente de la antigua civilización hebrea, y un remanente al que Ratosh no tiene en demasiada estima. El hebreo debe cortar sus lazos con el pueblo judío y el judaísmo: hay que romper con la historia judía. El pueblo hebreo renacido en la Tierra de Israel no es una continuación del pueblo judío histórico sino del pueblo hebreo de la Antigüedad, aquella civilización que abarcaba a todo el mundo semita. En la base de la argumentación de Hilel Kook, está el liberalismo clásico; en la de Yonatan Ratosh, la arqueología y el mito.

El canaanismo

Y acá está el corte: en este punto, Ratosh se separa irremediablemente del sionismo y da forma al canaanismo. Si el sionismo habla del “nuevo judío”, y el hebreo, desde la óptica sionista, no es más que un judío reformado, el canaanismo de Ratosh llama a cortar toda relación con el judaísmo. Para Ratosh, el “nuevo judío” que creó el sionismo ya no es judío: es hebreo, y es una continuación directa de la grandiosa civilización semita antigua. Este parricidio de la juventud hebrea, por el cual rechaza toda su herencia cultural judía y se intenta recrear una herencia propia, relacionada con el espacio geográfico en donde vive, es notable.

Israel no es ni debe ser un Estado judío sino un Estado hebreo. El canaanismo proponía una absoluta desconexión entre este futuro Estado hebreo/el Estado de Israel y el judaísmo. El canaanismo se definía como antisionista precisamente porque el sionismo afirma ser una continuación orgánica y natural del judaísmo. Decían los canaanita: no, el Estado de Israel no debe tener nada que ver con el judaísmo ni con el pueblo judío. Estamos creando otra cosa, superior, acorde a los tiempos que vivimos. El judaísmo es una religión; como tal, es universal y, por ende, no puede engredar un movimiento nacionalista. El nacionalismo es lo opuesto a la religión: el sionismo es romántico y utópico al proponerse como equivalente o continuador al judaísmo. Así, el “hebreo” (en términos actuales, podríamos decir el “israelí”) no es un “judío nuevo” sino algo enteramente diferente. El judío debe desaparecer para dar lugar al hebreo porque el pueblo judío ya no tiene las fuerzas necesarias para sobrevivir: es un ente medieval y ya no tiene razón de ser.

Para el canaanismo, el Estado de Israel no viene a solucionar la cuestión judía sino a revivir a la nación hebrea dormida. La cuestión judía solo la pueden resolver los judíos. Como dijimos antes, para el canaanismo el Estado de Israel debe desconectarse del pueblo judío. Entonces, ¿cuál es la razón de ser del Estado de Israel? Ser un hogar: la tierra de la nación hebrea, no de la nación judía.

El objetivo del canaanismo es el siguiente:

La cuna de la civilización humana volverá a su antigua gloria, a la tierra clásica de los hebreos como Babilonia y Asiria, del canaanita y del amorita.

Contra el judaísmo

Ya vimos que Yonatan Ratosh veía al judaísmo como un ente diaspórico y universalista: era una religión anacrónica que nada tenía que ver con su pertenencia a la nación hebrea. En una anécdota muy reveladora, cuenta que se le acercó un judío religioso en Shabat y le dijo que apague el cigarrillo porque está prohibido fumar en Shabat. Ratosh, muy tranquilo, le contestó: “no soy judío, soy hebreo”. Fíjense: no le dijo que no era religioso, que era un judío secular o que no le importaban los preceptos tradicionales. ¡Le dijo que no era judío sino hebreo! Este quiebre radical aleja a Ratosh de la amplia mayoría de los israelíes, para quienes su pertenencia al Estado de Israel representa su judaísmo. Contra la visión dominante, Ratosh argumenta lo siguiente:

Este enemigo (el judaísmo) nos va a devorar vorazmente (…) si no lo eliminamos, estamos perdidos. Este país no puede ser hebreo y judío, y si no pisoteamos esta cultura enferma de inmigrantes y peregrinos, la lepra nos va a infectar a todos.

Pero si cortamos de raíz nuestra relación con la historia judía, entonces tenemos que buscar una narrativa histórica alternativa, y esa narrativa es justamente la de Horon Gur. Para que quede claro: para Ratosh, el hebreo no es un “judío” ni un “israelita” ni “de fe mosaica” sino el individuo que revitaliza la antigua nación hebrea. Como ven, Ratosh intenta establecer una relación entre cultura y territorio, divorciando a la cultura hebrea del judaísmo, mediante una argumentación histórica. Se trata de proponer una nueva visión de la historia: como en el caso de Gershom Scholem, estamos frente a alguien muy consciente del poder de la historia como cohesionadora de la sociedad. Por supuesto, la forma en que Ratosh y Sholem usan la historia y las conclusiones a las que llegan no podrían ser más opuestas pero los dos están usando a la historia como fuente de valores para el presente.

Círculo de intelectuales

El canaanismo buscaba extender su ámbito de influencia a la política, el arte plástico, la literatura, la religión y la cultura en general pero nunca llegó a tener más de cuarenta o cincuenta miembros. Era un movimiento increíblemente pequeño pero tuvo una influencia enorme en el pensamiento y la praxis de los intelectuales israelíes (aunque no en la opinión pública ni en la política). Muchos intelectuales veían al canaanismo como una alternativa real al sionismo y a la cultura judía en Israel y, por lo tanto, como un peligro a tener en cuenta y al que había que atacar con uñas y garras.

Los canaanitas eran un grupito de familiares y amigos y escribían en revistas culturales como Alef y Shem en donde debatían sus ideas. Los miembros más importantes del grupo, aparte del propio Ratosh y de Gur Horon, eran Uzi Ornan, Amos Kenan, Biniamin Tamuz, Aharon Amir, Boaz Evron, Uri Avneri e Itzjak Danziger. Todas son personalidades destacadas en el contexto de la inteligentzia intelectual israelí y están muy comprometidos a nivel político.

Como intelectuales y artistas que eran, buscaban reflejar su ideario en su arte y en sus investigaciones académicas. El ejemplo más conocido es el Nimrod de Danziger. De esta manera, revalorizaron el arte plástico semita de la Antigüedad. Más o menos lo mismo es aplicable a la literatura. Los canaanitas se oponían con fervor a la “literatura judía”: querían una “literatura hebrea” y utilizaban giros lingüísticos de lenguas extintas. Muchos canaanitas tenían un gusto nietzscheano por lo orgiástico y lo desenfrenado. No solo eso: en su afán de despegarse del judaísmo, algunos canaanitas propusieron la romanización del idioma hebreo, con el fin de dejar de usar al alfabeto hebreo.

Me quiero detener en esto porque encontramos una tensión muy fuerte: por un lado, el canaanismo se presenta como un movimiento que pretende revivir la antigua cultura hebrea; por el otro, está formado por un grupo de intelectuales, muy influidos por las vanguardias artísticas y la ciencia moderna. Retomaremos más adelante esta tensión cuando veamos las interpretaciones que hicieron distintos críticos del canaanismo.

En el fondo, los canaanitas no eran más que un grupo de intelectuales sofisticados que se sentían alienados de la cultura israelí y que buscaron una alternativa a la cultura dominante.

Los palestinos y el panarabismo

Este es un punto que desata grandes discusiones: ¿cuál era la posición del canaanismo con respecto a los palestinos? Digo esto porque, en principio, los canaanitas tenían una posición muy clara y definida con respecto al tema pero, con el paso del tiempo, muchos de los miembros originales del grupo cambiarían sus ideas. Partamos desde lo básico: dijimos que el canaanismo se proponía revivir la antigua cultura hebrea. Explicamos que, para Ratosh, esto significaba una civilización que incluía a todos los pueblos semitas. También dijimos que Ratosh venía del Leji y concebía su ideología como anticolonialista y antiimperialista.

Con estos elementos en mente, podemos decir que Ratosh considera que el pueblo palestino es un invento: no existe como tal. Es una fantasía. Lo mismo argumenta con respecto al pueblo judío. Son creaciones ficticias modernas, construcciones sin asidero histórico ni territorial. En realidad, el conflicto israelí-palestino parte de un malentendido fundamental: ni los judíos ni los palestinos son pueblos. En realidad, tanto los palestinos como los judíos que viven en la Tierra de Canaán son hebreos: los une la historia. Sí, leyeron bien: hay una fraternidad profunda que surge del registro arqueológico, que muestra que los palestinos y los judíos tienen un origen en común, el pueblo hebreo, y es eso lo que debería importar en la actualidad.

Por otro lado, Yonatan Ratosh fue un oponente feroz del panarabismo: así como no existe el pueblo judío, tampoco existe un pueblo árabe. El Islam es un ente medieval, anacrónico y oscurantista. No hay una cultura árabe en común ni un territorio en el que viva la nación árabe. Por lo tanto, ésta no existe y es un invento de la propaganda política. Miren esta cita:

Obviamente, existe un “mundo arabizado”. Es una región en la que viven poblaciones de diversos orígenes, que adhieren a distintas formas de Islam y que hablan distintos dialectos del árabe, bajo condiciones económicas, demográficas y geográficas muy diferentes. (…) Se puede hacer un cierto paralelo entre “arabizado” y eslavo o latino: es algo amorfo, no político, nada en realidad. Pero éste no es un paralelo correcto para la actualidad. El mejor paralelo, el más cercano a la realidad, quizás sea el del “mundo arabizado” con respecto a la Europa medieval.

Vean que Ratosh presenta al canaanismo como alternativa a los tres grandes movimientos de Israel y Palestina: el sionismo (que da sostén ideológico al Estado de Israel), el nacionalismo árabe (que da sostén a la OLP) y el panarabismo (que da sostén a Hamas).

Si el panarabismo y el nacionalismo palestino son formas de opresión y colonialismo, entonces la solución es la creación de un Estado nacional hebreo. De nuevo: hebreo, no judío ni palestino ni árabe. La denominada “solución de dos Estados” es una fantasía: estaría dividiendo a la nación hebrea en dos. La solución al conflicto es la ocupación. Más fuerte todavía: ¡lo que comúnmente se llama “ocupación” es la liberación de la nación hebrea oprimida por el Islam y los falsos nacionalismos árabes! Ustedes se preguntarán: ¿acaso los judíos y los palestinos no se odian mutuamente? Ratosh piensa que no porque no existen judíos y palestinos sino hebreos. ¡Y son todos hebreos! Es más, justamente la existencia de un Estado que ocupe toda la antigua Tierra de Canaán difuminará tanto al judaísmo como al Islam: al mezclarse unos con otros, desaparecerán de una vez por todas estas barreras religiosas anacrónicas.

La estrategia política que proponía Ratosh era formar alianzas con las minorías de los países árabes, como los drusos y kurdos, para así poder hacer frente al panarabismo, que se presentaba como un desafío serio a su proyecto de unidad nacional hebrea (tal como él entendía a esta nación). Esto está relacionado con la explicación que da Ratosh al conflicto árabe-israelí: si los árabes odian a los hebreos, no es porque son judíos sino porque rompen la uniformidad del “mundo arabizado”. Dicho de otra manera, el problema no es el judaísmo sino ser una minoría, y la manera de oponerse a esto es justamente formando una alianza con otras minorías nacionales oprimidas por el panarabismo.

Una alternativa al sionismo

El canaanismo se presentó a sí mismo como una alternativa al sionismo. Muchos de sus mayores críticos lo tomaron como el mayor peligro para el proyecto sionista desde el punto de vista intelectual. Por eso, a pesar de no tener el apoyo de la opinión pública ni de tener tracción política, el canaanismo se discutió con fervor en el terreno intelectual. Si el sionismo presenta una narrativa en la cual el pueblo judío surge con la salida de Egipto, se consolida con la entrega de la Torá y se afianza con la entrada a la Tierra de Israel, sufriendo un largo exilio que finaliza con el retorno a la Tierra añorada, el canaanismo se presenta como una contranarrativa, que desenfatiza la importancia del pueblo judío, al que ve como una creación diaspórica, y que se focaliza en la civilización semita como un todo. Si los judíos siempre nos hemos enorgullecido de traer al mundo el monoteísmo, los canaanitas desprecian al monoteísmo y se declaran ateos y, en algunos casos, proponen volver al politeísmo y a una vida basada en el mito antiguo, desenfrenado, bárbaro y orgiástico. Si el sionismo presenta al Estado de Israel como la continuación histórica del pueblo judío, el canaanismo lo ve como un quiebre radical y terminante con el mismo. Si el sionismo se ve a sí mismo como el retorno del pueblo judío a la historia, el canaanismo se ve a sí mismo como la restauración de la antigua civilización cananea/semita/hebrea. Si el sionismo ve al Tanaj como su bien más preciado y como la fuente de su historia, el canaanismo lo considera uno más de los tantos documentos que representan su historia, junto a la literatura ugarítica y cananea. Si el sionismo considera que su misión es salvar al pueblo judío (ya sea física o espiritualmente), el canaanismo argumenta que hay que desconectar al pueblo que vive en la Tierra de Israel del judaísmo. Si el sionismo intenta mantener viva la llama del pueblo judío, el canaanismo quiere apagarla de una vez por todas.

Ratosh llega al punto de argumentar que el Estado de Israel no es legítimo: al declararse como Estado judío, niega la existencia de la nación hebrea y la oprime irremediablemente. Hablar de “Estado judío”, según Ratosh, es tan ridículo como hablar de “Estado de marineros” o “Estado budista”.

Canaanismo y sionismo religioso

Algunos autores intentan trazar un paralelo entre el canaanismo de Ratosh y el sionismo religioso de Rab Z. Y. Kook. Unos pocos han llegado a argumentar que, en el fondo, Ratosh y Rab Kook hijo son dos caras de la misma moneda: representan dos formas de canaanismo. Según esta visión, los dos son desafíos al sionismo que terminan por separarse del tronco de la ideología sionista básica, creando un paradigma alternativo, que propone un serio desafío al ethos del Estado de Israel. Para estos autores, tanto Ratosh como Rab Z. Y. Kook anteponen el componente territorial a cualquier otro objetivo político o valor, creando así una ideología que pregona la conquista de toda la Tierra de Israel/Canaán como fuente de nacionalidad y creatividad cultural.

Este paralelismo no es del todo incorrecto. Tanto el canaanismo como el sionismo religioso mesiánico de Rab Z. Y. Kook tuvieron su apogeo luego de la Guerra de los Seis Días, con la euforia israelí por los territorios históricos recuperados. Sin embargo, no creo que haya que llevar las cosas tan lejos: lo cierto es que Rab Z. Y. Kook era un judío observante, que priorizaba el cumplimiento de las Mitzvot y que nunca buscó romper con el judaísmo ni con el pueblo judío sino que, por el contrario, llamó a volver a las fuentes y a un proceso de תשובה (“Teshuvá”, arrepentimiento, retorno) nacional.

Mientras que Rab Z. Y. Kook se regocijaba con cada avance territorial porque esto significaba un paso hacia la Redención, para los canaanitas era desesperante que las guerras ganadas por el Estado de Israel eran percibidas como guerras del pueblo judío y no como guerras del pueblo hebreo. No podían concebirlo: para un canaanita, cada avance del judaísmo era un retroceso del pueblo hebreo. Así, eran capaces de criticar terriblemente a Jabad porque, acercando a los judíos al judaísmo, los alejaban del pueblo hebreo. Esta dialéctica, si así se la quiere llamar, implica un grito al cielo contra toda forma de judaísmo organizado: para el canaanismo, había que señalar claramente la diferencia entre un hebreo y un judío. Dicho de otra manera, para Rab Z. Y. Kook, ser un patriota israelí y un judío comprometido son la misma cosa; para Ratosh, ser un hebreo implica romper con el judaísmo. Para Rab Z. Y. Kook, las guerras de Israel son guerras santas, que tienen una raíz religiosa; para Ratosh, son guerras de liberación nacional del pueblo hebreo.

Canaanismo, post-sionismo y neo-sionismo

Hablamos del post-sionismo en los artículos sobre Ielin-Mor e Hilel Kook y sobre el neo-sionismo en el de Israel Eldad. Vimos que estas dos ideologías no tenían su origen en el sionismo laborista ni en el sionismo religioso como normalmente se piensa sino en el Leji. Les comentaba al principio de este artículo que del Leji surgirían las grandes corrientes que se opondrían al sionismo oficial. La primera es el post-sionismo; la segunda, el neo-sionismo; la tercera, el canaanismo.

Yonatan Ratosh sería un canaanita hasta su muerte y siempre argumentaría que tanto el Estado de Israel como el nacionalismo palestino eran ilegítimos. Sin embargo, otros miembros del círculo canaanita, como Amos Kenan, Boaz Evron y Uri Avneri, llegarían a la conclusión de que una solución de un solo Estado es imposible y se transformarían en las voces más importantes a favor de una solución de dos Estados y los derechos nacionales palestinos. Es muy importante esta transición de la creencia en la existencia de una nación hebrea y, por lo tanto, la ilegitimidad tanto del sionismo (o sea, el nacionalismo judío) y el Estado de Israel como del nacionalismo palestino y la OLP a la aceptación de la OLP como interlocutor válido y representante de la nación palestina y al Estado de Israel como la plataforma de acción política para este cambio. Es decir, los canaanitas pasaron de criticar la existencia misma de Israel y Palestina a aceptar a los dos, aun cuando critiquen duramente sus políticas.

Algunos argumentan que el canaanismo es una de las fuentes del post-sionismo. Algo de razón hay en esto. Sin embargo, también hay que aclarar una diferencia fundamental: el post-sionismo parte de que el sionismo fue algo bueno y legítimo pero que ya cumplió su objetivo y su ciclo histórico, por lo que hay que superarlo; por el contrario, el canaanismo rechaza darle legitimidad al sionismo y lo ve como un movimiento que usurpa los derechos nacionales del pueblo hebreo. Para que vean la diferencia práctica entre el post-sionismo y el canaanismo, pongamos un escenario: la educación. Para un post-sionista, el Estado de Israel tiene que garantizar la igualdad y los derechos de las minorías nacionales, por lo que en las escuelas en las que estudian niños árabes debería enseñarse árabe. Para un canaanita, esto es inconcebible: el idioma de la nación hebrea es el hebreo, y las escuelas tienen que enseñar ese idioma. ¡No existe ninguna minoría nacional en la Tierra de Israel porque todos son hebreos! Para un canaanita no hay árabes ni judíos ni palestinos ni musulmanes: hay hebreos y punto.

¿Qué es el canaanismo? Las discusiones de los intelectuales

Los intelectuales discuten muy seriamente sobre los orígenes ideológicos del canaanismo: para Gershom Scholem, el canaanismo es una vuelta al mito antiguo y una reacción dialéctica a la religión. Según esta postura, Gush Emunim y el movimiento canaanita son dos caras de una misma moneda: dos ejes de una balanza que se contraponen. Para Yaakov Shavit, el canaanismo es un intento de formar una conciencia nacional-territorial mediante imágenes del pasado rescatadas por la arqueología. Para Israel Kolat, el origen del canaanismo puede rastrearse a la izquierda israelí, mientras que Yaakov Shavit argumenta que el canaanismo tiene sus orígenes en la ultraderecha. Algunos, como ya vimos, ven al canaanismo como un precursor del post-sionismo. Unos pocos intentan demostrar que el antisionismo radical de tipos como Gilad Atzmon tiene su origen en el canaanismo.

Yaakov Shalit muestra cómo el canaanismo hunde sus raíces en el París de 1938: la importancia de la poesía y el mito, la literatura comparada como fuente de conocimiento histórico y la revalorización de los bárbaros son todos signos de la influencia de Levi-Strauss y el estructuralismo francés.

También hay discusión entre los académicos sobre el lugar del mito y la naturaleza en el canaanismo. Algunos argumentan que el canaanismo busca volver a una forma de vida primitiva, bárbara, mítica y pagana, mientras que otros argumentan que no hacen más que un uso retórico de tropos poéticos y literarios, pero, que en realidad, no son antimodernistas ni buscan romper las cadenas de civilización ni volver a la naturaleza. Se trata, entonces, de un mecanismo retórico, que busca inspiración en fuentes alternativas (los mitos semitas) más que un llamado literal a una vuelta al pasado.

La crítica más lapidaria al canaanismo la articuló Baruj Kurzweil, un crítico literario israelí nacido en Alemania muy influido por Rab Isaac Breuer y Franz Rosenzweig. Según Kurzweil, el canaanismo es la consecuencia de la secularización a la que fue sometida el judaísmo en los últimos doscientos años. El canaanismo no surge en un vacío sino que es la consecuencia del sistema educativo israelí, viciado por la subjetivización del judaísmo. En primer lugar, para Kurzweil, el judaísmo es un fenómeno ahistórico: la Ciencia del Judaísmo, al intentar aplicar la metodología de la historia científica al judaísmo, lo falseó en su propia esencia. Segundo, el sionismo es un movimiento nacional secular, nacido bajo el calor de los nacionalismos europeos, mientras que el judaísmo es, por esencia, religioso y trascendente. Tercero, la literatura de Mija Yosef Berdichevsky, Zalman Shneur y Shaul Tchernijovsky, con sus odas al paganismo y al judío concreto por encima de la abstracción del judaísmo tradicional, trastocaron el judaísmo tradicional. Cuarto, el canaanismo es una forma floja de pensar, absolutamente superficial: los canaanitas se juntaban en los café y debatían durante horas, y esto para Kurzweil era una banalización del pensamiento, que debía hacerse frente al libro abierto, meditando y analizando detenidamente en silencio, no a los gritos y discutiendo en un bar. Quinto, Kurzweil ve al mito mesiánico como un peligro que niega las decisiones humanas: dentro del mito mesiánico, incluye todo tipo de sistema que intente encasillar al ser humano en una totalidad mayor, como la “episteme”, la “estructura” o el “arché”.

Kurzweil suma todos estos factores (secularización,  historización del judaísmo, las odas al paganismo, la forma de pensar superficial, el mito mesiánico) y argumenta que son precursores del canaanismo: la secularización da pie a un quiebre radical como el del canaanismo, que rechaza toda forma de religión como anticuada y anacrónica; la historización da lugar a una reconsideración del registro arqueológico y la (re)construcción de una nación hebrea, en contraposición al judaísmo como ente ahistórico; los “jóvenes nietzscheanos” (Berdichevsky, Tchernijovsky, etc) prefiguran la vuelta al mito semita del canaanismo; la superficialidad marca el ritmo del pensamiento del canaanita promedio; el mito mesiánico les permite tomar la “estructura” de Levi-Strauss como base para sus fantasiosas ideas. Los canaanitas, al ver al Tanaj como mito, lo corrompen: el Tanaj, para Kurzweil es precisamente la erradicación del mito mediante el llamado a servir a D-s sin reservas.

Kurzweil argumentó que el canaanismo era un peligro mortal para el proyecto de un pensamiento judío serio y tenía que ser refutado con la mayor vehemencia. En pocas palabras, el canaanismo quería reemplazar al logos (el pensamiento racional, sistemático y ordenado) por el mythos (el pensamiento superficial, vago, sugestivo, incoherente y desordenado).

En definitiva, Kurzweil intentó demostrar que el canaanismo, por más que levante la voz y declame lo contrario, no es más que un hijo del sionismo.

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Natan Ielin-Mor

Político y periodista

Natan Ielin-Mor nació en el Imperio Ruso (hoy Bielorrusia) en 1913 y falleció en Israel en 1980. Fue uno de los tres comandantes del Leji luego del asesinato de Abraham Stern (los otros dos fueron Israel Eldad e Itzjak Shamir) y, luego de la creación del Estado de Israel, lideró la lista partidaria רשימת הלוחמים (“Reshimat HaLojamim”, Lista de los luchadores), heredera del Leji, y fue su único representante en la primera Kneset (parlamento israelí). Luego, sería uno de los principales baluartes del movimiento cananeo y sería promotor de la creación de un Estado palestino. En paralelo a su actividad como político, escribiría en distintos periódicos, tanto en hebreo como en idish.

Leji

Ya hablamos del Leji cuando hablamos de Menajem Beguin y de Israel Eldad. Les recuerdo rápidamente lo esencial. En la época del Mandato Británico, había tres grupos paramilitares que luchaban por el fin de la colonización inglesa y la creación de un Estado judío en la Tierra de Israel: la Haganá (ligada al sionismo socialista), el Irgún (ligado al sionismo revisionista) y Leji (también ligado al revisionismo, pero con una postura más dura). ¿Hasta acá estamos? Bien. Avancemos.

El Leji fue fundado como una escisión del Irgún en 1940. Su líder y comandante era Abraham Stern. El motivo de esta separación no es del todo claro, aunque los historiadores dan dos motivos fundamentales (y obviamente discuten entre sí para definir cuál es el más importante):

  • La animosidad entre Stern y David Raziel. Al parecer, Stern detestaba a Raziel y se llevaban a las patadas. Esta animosidad personal provocaba conflictos frecuentes en la toma de decisiones.
  • Diferencias en la concepción política entre Stern y Raziel.

La mayoría de los historiadores dice que el punto 1) fue lo que determinó la ruptura y que el punto 2) fue algo así como la excusa bonita. O sea, el planteo es el siguiente: Stern y Raziel se llevaban horriblemente mal y se pelearon. Stern se fue, formó su propio grupito y, para justificarse, se sacó de la galera que su visión del mundo, la política y el panorama mundial era diferente de la de Raziel y que había que tomar una táctica político-militar diferente de la del Irgún. Si es así, estaríamos frente a un caso de irresponsabilidad casi infantil tanto de Stern como de Raziel. Dejando de lado eso, es evidente que, sin importar qué vino antes (si el odio mutuo o las diferentes concepciones políticas), las diferencias existen y son innegables.

El punto 1)…Bueno, no hay que menospreciarlo porque ciertamente es importante pero, desde un punto de vista ideológico, es bastante mundano, si se quiere. Puede ser que haya sido un factor –y uno muy importante- pero no tiene mucha gracia desglosarlo en este artículo. Después de todo, esto no es un guión de telenovela…

El punto 2) sí que es interesante. Tanto Stern como Raziel habían surgido del revisionismo sionista y eran de la misma generación. Originalmente, eran militantes del Irgún. Sus visiones políticas no parecían alejarse demasiado de la media dentro de ese grupo: hay que expulsar a los británicos de la Tierra de Israel, y para lograr ese objetivo hay que formar cuadros paramilitares. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, se planteó un conflicto del que ya hemos hablado en este blog: de un lado de la contienda, estaba la Alemania Nazi; del otro, Gran Bretaña. Dicho de otra manera: de un lado, un gobierno antisemita que planea exterminar a todo el pueblo judío; del otro, un poder colonial en la Tierra de Israel. ¿A quién apoyar? ¿O acaso es mejor ser neutrales? La Haganá decidió no atacar al poder colonial británico hasta que termine la guerra para evitar debilitar a Gran Bretaña en su lucha contra la Alemania Nazi; el Irgún decidió ignorar la situación internacional y seguir luchando contra el colonialismo británico; el Leji intentó acercarse a la Italia fascista y, en menor medida, a la Alemania Nazi.

Sí, leyeron bien.

“Ah, ¿viste? ¡Yo te dije que el sionismo era colonialista, nazi y supremacista!”

No, ignorante antisionista. Primero, el Leji era un grupo absolutamente minoritario. Segundo, su acercamiento a la Alemania Nazi no fue por cercanía ideológica sino por conveniencia táctica: según ellos, era cuestión de oponerse al colonialismo británico. Tercero, los lideres del Leji no sabían lo que verdaderamente estaba pasando en Europa y sospechaban que los Nazis simplemente querían expulsar a los judíos europeos: no se imaginaban que estaban siendo exterminados. Cuarto, tanto la Italia fascista como la Alemania Nazi ignoraron los intentos de acercamiento del Leji.

Como ya explicamos cuando hablamos de Israel Eldad, el Leji consideraba que había que hacer una guerra total contra el Imperio Británico, y eso incluía hacer uso de todo tipo de tácticas, incluido el terrorismo. Los miembros del Leji se veían a sí mismos como la vanguardia del pueblo judío y como los únicos capaces de soportar las penurias materiales, psicológicas y espirituales de llevar adelante una guerra de liberación nacional de tamaño calibre.

El Leji muchas veces es descrito como un grupo paramilitar terrorista de ultraderecha desquiciada y ultranacionalista…Y es cierto. Sin embargo, falta la otra pata de su ideología: el antiimperialismo.

Esto no es menor sino todo lo contrario: es fundamental.

Y nos va permitir entender a Natan Ielin-Mor.

Antiimperialismo

¿Qué es el antiimperialismo? Bueno, el nombre lo dice todo, ¿no? Una ideología que se opone al imperialismo. Principalmente en los países tercermundistas hay diversos movimientos antiimperialistas que denuncian la sujeción política, económica, militar y cultural con respecto a una o varias potencias. No hace falta ser un genio para entender a qué hace referencia el antiimperialismo en el contexto de la Tierra de Israel en la época del Mandato Británico: al rechazo de la sujeción al colonialismo inglés. Bien, ¿no?

El Leji, entonces, tenía un componente antiimperialista: rechazaba de plano cualquier presencia británica en la Tierra de Israel. Es más, sus líderes creían que el nacionalismo árabe/palestino no era sui generis sino que era provocado adrede por los británicos. Yendo más allá, varios estaban convencidos de que los árabes se calmarían una vez que se vayan los ingleses: pensaban que era el hecho mismo de estar colonizados por una gran potencia como Gran Bretaña lo que causaba todos los conflictos con los árabes.

Ielin-Mor y Eldad

Muy bien. Hasta ahora lo que hemos hecho es descomponer en dos elementos la ideología básica del Leji: ultranacionalismo y antiimperialismo. Esto, aunque quizás sea demasiado esquemático, nos va a permitir entender qué es lo que pasa con Ielin-Mor.

Nuestro punto de partida va a ser distinguir entre Israel Eldad y Natan Ielin-Mor, dos de los tres comandantes en jefe del Leji luego del asesinato de Abraham Stern. Siendo muy esquemáticos y probablemente excesivamente simplistas, podemos decir que Israel Eldad era más nacionalista que antiimperialista, mientras que Natan Ielin-Mor era más antiimperialista que nacionalista. Ojo, los dos eran las dos cosas, y no es que podamos separar al Leji en dos grupos bien definidos y decir: “Estos son antiimperialistas y aquellos, nacionalistas”. Lo que sí podemos hacer es ver cuál de estos dos valores primaba por encima del otro.

Un ejemplo que ilustra la diferencia entre Ielin-Mor y Eldad: cómo solucionar el conflicto judeo-árabe/palestino-israelí. En el artículo de Eldad explicamos cómo este negaba la existencia misma de una nación palestina y decía que Israel tenía que conquistar toda la Tierra de Israel bíblica, de ser necesario por la fuerza y a costa de la bonanza económica del país y de ser rechazado por la comunidad internacional. Para Eldad no hay conflicto palestino-israelí porque Israel y Palestina no son equivalentes (una es una nación, la otra no) sino que estamos frente a un conflicto entre civilizaciones: la judía contra la árabe. La solución es una guerra total, a todo o nada, que lleve el conflicto hasta las últimas consecuencias. Eldad subyuga todo al nacionalismo: no le importa nada más que la conquista de la Tierra de Israel. Ielin-Mor, por el contrario, fue uno de los primeros políticos israelíes en reconocer la existencia de una nación palestina y en llamar a la cooperación mutua y al establecimiento de un Estado palestino junto al Estado de Israel.

Quiero que entiendan que Ielin-Mor y Eldad eran amigos y fueron compañeros de ruta: los dos eran líderes del Leji. Más aún, los dos habían sido condenados a prisión por terrorismo por el asesinato de Folke Bernadotte (serían liberados a los pocos meses por una amnistía negociada entre los cabecillas del Leji y Ben-Gurión). O sea estamos frente a dos personas que eran percibidas como extremistas –y con razón-. Sin embargo, ya desde el vamos, podemos percibir diferencias de enfoque entre uno y otro.

El “giro a la izquierda”

Cuando Ielin-Mor fue elegido como representante de  רשימת הלוחמים (“Reshimat HaLojamim”, Lista de los luchadores) en la primera Kneset, sorprendió a muchos con su enfoque: llamó a acercarse a la Unión Soviética y a que Israel se transforme en un Estado socialista. ¡Reshimat HaLojamim supuesto representante de la ultraderecha, estaba llamando a la creación de un socialismo nacional! ¿Qué estaba pasando?

En primer lugar, no hay que confundir el “socialismo nacional” de Ielin-Mor con el de Borojov (que era marxista) o el de Syrkin (que era un socialista utópico) ni ninguno de sus sucesores. El “socialismo nacional” de Ielin-Mor surge del antiimperialismo. Ni más ni menos. Ielin-Mor pensaba que la única forma consistente de oponerse al imperialismo era apoyar a la Unión Soviética, que era la única potencia capaz de hacer frente a la Inglaterra imperialista y su sucesor, Estados Unidos. Más allá de estar de acuerdo o no, quiero que entiendan que el punto de partida de Ielin-Mor es el antiimperialismo, y el socialismo surge como una consecuencia de este, y no al revés.

Un tiempo después, Ielin-Mor, otrora luchador incansable por la unicidad de la Tierra de Israel y el establecimiento de un Estado judío en la toda la Tierra de Israel, líder del campo de la ultraderecha…¡Empezó a exigir que se lleven a cabo conversaciones de paz con el fin de llegar al establecimiento de un Estado palestino! Otra vez: ¿qué estaba pasando?

Muchos presentan estos cambios (acercamiento a la Unión Soviética, apoyo a un socialismo nacional, aceptación del derecho árabe a parte de la Tierra de Israel, llamamiento a conversaciones de paz, intento de creación de un Estado palestino, llamado a la cooperación con los palestinos, jordanos y otras naciones árabes) como un giro radical: según esta visión, Ielin-Mor dio un “giro a la izquierda” de 180 grados. Yo no estoy de acuerdo. Creo que todo esto estaba presente de antemano en la ideología de Ielin-Mor y solo hubo que esperar a que las condiciones históricas le mostraran el camino. Nuevamente, para Ielin-Mor, su militancia en Leji era una forma de antiimperialismo más que de nacionalismo. Contra la presentación usual, Leji no era una banda de ultranacionalistas fanáticos: había en su seno también muchos que se unieron al grupo atraídos por su antiimperialismo. De hecho, si se fijan, van a ver que muchos de los primeros líderes y precursores de lo que se llama “El campo de la paz” en Israel fueron ex militantes del Leji: Uri Avneri, Boaz Evron, Uzi Ornan, Maxim Ghilan…¿Por qué? ¿Se arrepintieron de su extremismo y se fueron para el otro extremo? Bueno, esa es una forma de ver las cosas. Otra forma –creo que más adecuada- es captar que, dentro de la ideología del Leji, se conjugan factores que pueden llevar a una postura marcadamente de “izquierda”, apoyando la creación de un Estado palestino.

(Nota aparte: ¿ven por qué digo que hablar de “Izquierda” y “Derecha” es inexacto y lleva a confusiones? El grupo supuestamente más de derecha es de donde surgen los grupos más izquierdistas del Israel actual).

El antiimperialismo, que está presente en la ideología del Leji, llevado a sus consecuencias lógicas es claro: si Palestina es una nación, entonces Israel está oprimiendo a esa nación y es necesario que Israel dé lugar a la creación de un Estado palestino para terminar con ese atropello.

Canaanismo

El canaanismo es un movimiento ideológico que surgió en la década de 1940 aproximadamente como una facción dentro sionismo revisionista y que se nutrió principalmente de ex militantes del Leji. El movimiento fue fundado por Yonatan Ratosh y, de manera muy sucinta (ya le dedicaré una entrada completa al tema), proponía lo siguiente: que el Estado de Israel no sea un Estado judío sino hebreo. Dicho de otra manera, que Israel no debía ser la continuación histórica del pueblo judío sino del pueblo hebreo. Según Ratosh, el pueblo hebreo era el pueblo de la antigüedad del que nos habla la Torá y abarcaba a varios de los vecinos de lo que comúnmente denominamos judíos. Llamaba a unir a todos los pueblos supuestamente descendientes de estos antiguos hebreos, entre los que incluía prácticamente a todos los pueblos que habitan la Media Luna Fértil. El resultado político de esto sería la creación de una gran confederación que abarque a la mayoría de los países de Medio Oriente, unidos por ese lazo milenario de ser descendientes de esta antigua civilización. No me quiero extender demasiado pero creo que captaron la idea, ¿no?

Bueno, resulta que Ielin-Mor fue muy influenciado por estas ideas y apoyó al canaanismo.

Los canaaneos también fueron uno de los grupos más vociferantes contra la relación entre religión y Estado y llamaron a la total separación entre el Estado de Israel y la religión judía. Un ejemplo claro: en Israel, solo existe el matrimonio religioso. No existe matrimonio civil. Esto, en su momento, fue una concesión de Ben-Gurión a los ortodoxos como forma de evitar conflictos mayores. Más todavía, el matrimonio tiene que pasar por una burocracia religiosa oficial: en el caso de los judíos, que son la mayoría, tienen que ser casados por un rabino aprobado por el rabinato, que depende del Estado. Dicho en términos occidentales y cristianos, hay una estrecha relación entre Iglesia y Estado: el rabinato oficial es financiado por el Estado, y este delega al mismo cuestiones como el matrimonio. Los canaaneos, seculares a rabiar, criticaban duramente esta alianza entre la religión y el Estado.

(Otra nota aparte: ya veremos en algún otro artículo que varios religiosos también critican esta alianza. No es prerrogativa exclusiva de ateos y seculares).

Ielin-Mor e Hilel Kook

Si se acuerdan de lo que escribimos sobre Hilel Kook, quizás estén tentados a pensar que Ielin-Mor es una copia de Hilel Kook. La respuesta es que sí, se parecen en algunas cosas (principalmente en sus conclusiones) pero que no, no son iguales ni uno es una copia del otro. La diferencia clave entre Hilel Kook y Ielin-Mor es el enfoque general de su pensamiento: mientras que en la base de las ideas de Hilel Kook está el liberalismo, moldeado según la cultura política estadounidense, en la base de las ideas de Ielin-Mor está el antiimperialismo. Hasta donde yo sé, Ielin-Mor no era liberal y probablemente debía percibir a Estados Unidos como un poder colonial; por el contrario, Hilel Kook admiraba a Estados Unidos y quería que Israel calque su sistema político.

Sin embargo, sí es verdad que, si sumamos a Ielin-Mor y a Hilel Kook, tenemos una buena idea de dónde surge el post-sionismo. O sea, de sus raíces ideológicas. En este sentido, podemos decir que Ielin-Mor e Hilel Kook son complementarios: juntos nos dan una visión relativamente completa de las bases ideológicas del post-sionismo. Podríamos verlos como los dos grandes precursores de este movimiento.

Es paradójico: el post-sionismo, asociado con la izquierda y el laborismo, tiene a sus primeros precursores en dos personas que vienen precisamente del “otro lado”, de la derecha, del Leji y el Irgún. Esto nos muestra lo importante de andar con cuidado cuando hablamos de ideologías políticas y no abusar de términos simplistas como “Izquierda” y “Derecha”.

El germen del post-sionismo

En base a todo lo dicho, no creo exagerar si digo que el Leji es el germen del post-sionismo. Irónicamente, también es el germen del neo-sionismo (ya hablamos de esto en el artículo sobre Israel Eldad).

El Leji, en su totalidad, también puede ser visto como el precursor de la desobediencia civil. Una vez más, esto aplica tanto en un sentido como en el otro: de un lado, los colonos que se niegan a abandonar asentamientos, aunque tengan enfrente a las Fuerzas de Defensa Israelíes instándolos a dejar su hogar porque así lo decidió  el Estado (como en el caso de la retirada de Gaza en 2005); del otro, los israelíes que se niegan a servir en los asentamientos por considerarlos un enclave colonialista israelí y un avance contra los derechos nacionales palestinos. Vean que son dos caras de una misma moneda: lo que subyace en los dos casos es el rechazo a la autoridad estatal. La desobediencia civil justamente tiene como origen poner límites al Estado: ¡hasta acá llega su autoridad, don Estado!

Como ven, la influencia de Ielin-Mor no es directa. No conozco a nadie que diga: sí, yo reivindico el legado de Natan Ielin-Mor y él es mi referente político. Su influencia es importante en los movimientos de protesta sociales, en el post-sionismo y en organizaciones por la paz como Shalom Ajshav, Gush Shalom o Betzelem pero esta influencia no es directa sino que es oblicua.

Hilel Kook

Un sionista peculiar

Hilel Kook nació en 1915 en Rusia (hoy, Lituania) y falleció en  Israel en 2001. Vivió un tiempo muy corto en Polonia y muchos años en Estados Unidos (ya volveremos sobre el tema y veremos exactamente por qué). Hilel es sobrino de Rab Abraham Isaac Kook y primo de Rab Zvi Yehuda Kook. Sin embargo, su filosofía y militancia política están en las antípodas del pensamiento de su tío y de su primo. Educado de manera tradicional (es más, estudió en Mercaz HaRav, la yeshivá que fundó Rab A. I. Kook), en su juventud decidió rechazar el cumplimiento de Torá y Mitzvot. Cursó Estudios Judaicos en la Universidad Hebrea y allí se unió a un círculo de estudiantes del movimiento revisionista, que luego fundarían el Irgún. En 1937 viajó a Polonia, enviado por el Irgún para recaudar fondos para la causa. Allí conocería personalmente a Zeev Jabotinsky. En 1940, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, viajó a Estados Unidos, una vez más como enviado del movimiento (aunque esta vez de manera clandestina). Allí empezó a usar un seudónimo: Peter Bergson. Al día de hoy, en Estados Unidos es muchísimo más conocido por ese seudónimo que por su nombre real.  ¿Cuáles son los motivos de Hilel Kook para ponerse un apodo? Lo veremos más adelante en este artículo. Sigamos con esta brevísima biografía. En Estados Unidos, fundaría varias organizaciones relacionadas con el movimiento revisionista y con el Irgún pero que, con el paso del tiempo, adquirirían total independencia. A su vez, enterado de la Shoá, Hilel Kook haría campañas, marchas y lobby político para intentar salvar a la judería europea. Esto traería enormes polémicas. Poco antes de la fundación del Estado de Israel, volvería a la Tierra de Israel y formaría parte de la primera Kneset. Desencantado, se retiraría de la política y volvería a Estados Unidos. En 1968, retornaría una vez más a Israel y viviría allí hasta su muerte.

Como siempre digo, este blog habla de sionismo. Los detalles biográficos son importantes a ese efecto, no como datos anecdóticos. Eso quiere decir que no van a encontrar un detalle pormenorizado de la vida de Hilel Kook sino lo más relevante para entender su pensamiento político, específicamente su visión del sionismo. En este caso, van a encontrar que me voy a dedicar a su militancia en la época de la Shoá para salvar a la judería europea. Esto no lo hago solamente porque esté bueno hablar del tema sino porque su actitud está íntimamente relacionada con su sionismo.

Antes de empezar de una buena vez, una aclaración: voy a romper una de mis reglas de oro. Apenas empecé este blog escribí que:

Y otro detalle que creo que es relevante aclarar: siempre voy a intentar basarme en fuentes originales. O sea, si escribo sobre Herzl, por ejemplo, es porque leí todo lo que pude de Herzl, no solo cosas sobre Herzl. Y así con todos los políticos, autores, pensadores y activistas que vean en este blog.

Bueno, el pez por la boca muere. Por lo que yo sé, Hilel Kook no escribió ningún libro. Pude encontrar alguna que otra entrevista por internet. Sin embargo, el grueso de este artículo no proviene de lo que dijo Hilel Kook sino sobre lo que otros dijeron de él. Sí, hay citas, sí, encontré reportajes, sí, rebuscando aparece alguna nota escrita por él pero lo cierto es que el hecho de que Hilel Kook se haya retirado de la política en 1950 aproximadamente hace bastante complicada la compilación de fuentes. Para colmo, la amplia mayoría habla de su militancia para salvar a los judíos de la Shoá y ni siquiera toca (o lo hace de manera muy colateral) el tema del sionismo. Las dos fuentes principales que usé (no, no son las únicas ni por casualidad pero las otras son artículos o capítulos sueltos de libros que hablan de otros temas) son estos dos libros:

“The Bergson Boys” And the Origins of Contemporary Zionist Militancy”, de Judith Tydor Baumel

Liberal Nationalism for Israel: Towards an Israeli National Identity, de Joseph Agassi

Ahora sí, al tema…

La militancia durante la Shoá

Dijimos arriba que Hilel Kook empezó a militar políticamente en el revisionismo en la Tierra de Israel (en ese momento colonizada por el Imperio Británico). Era uno de los líderes del Irgún y, en calidad de tal, fue enviado a Polonia y luego a Estados Unidos para recaudar fondos y apoyo político para la causa. En Polonia conoció a Zeev Jabotinsky y a su hijo, Ari. Ari Jabotinsky se transformaría en uno de los amigos más cercanos de Hilel Kook. Esto es interesante como anécdota pero también cobra una dimensión política: Jabotinsky hijo formaría parte del círculo político de Hilel Kook y sería uno de sus apoyos más fuertes. Esto, sumado al hecho de haber conocido a Zeev Jabotinsky y haber estado con él prácticamente hasta su muerte, le permitía a Hilel Kook argumentar que sus posturas políticas hubiesen sido compartidas por Jabotinsky padre. Esto es discutible y no se puede zanjar el tema así nomás. Lo importante es que Hilel Kook siempre estuvo convencido de que nunca quebró con la tradición revisionista. En todo caso, fueron sus adversarios políticos dentro del movimiento los que malinterpretaron las enseñanzas de Jabotinsky.

Hilel Kook entró a Estados Unidos con un nombre falso: Peter Bergson. Durante su estadía en ese país, sería conocida por ese nombre. Al día de hoy ,los estadounidenses lo conocen más por ese seudónimo que por su nombre real. Y para colmo, lo conocen muchísimo más por su militancia durante la Shoá que por su visión del sionismo. Y eso los que lo conocen, porque Hilel Kook es una persona bastante poco conocida por el público. Ya veremos por qué…

Pero volvamos. No me quiero ir por las ramas ni adelantarme. ¿Por qué Hilel Kook usaba un seudónimo, Peter Bergson? Los historiadores y académicos señalan varias causas posibles:

  • Hilel Kook era un militante bastante conocido del sionismo revisionismo y era parte fundamental del Irgún. El gobierno británico perseguía a los miembros del Irgún por considerarlos rebeldes, subversivos y terroristas. Estados Unidos era y sigue siendo aliado de Gran Bretaña. Si Hilel Kook hubiese entrado a Estados Unidos con su nombre real, hubiera sido arrestado en el acto y probablemente deportado a Inglaterra.
  • Hilel Kook no quería que la gente confunda sus ideas con las de su tío, Rab Abraham Isaac Kook, y su primo, Rab Zvi Yehuda Kook. Para evitar malentendidos, usaba un seudónimo que lo distinguía claramente de estos familiares suyos.
  • Algunos pocos señalan que la distinción entre Hilel Kook y Peter Bergson es análoga a la distinción que encontramos en su pensamiento entre judíos y hebreos. Más adelante hablaremos de este tema en profundidad. En lo personal, esta hipótesis me parece bastante poco probable y tirada de los pelos.

Ya asentado en Estados Unidos, Hilel Kook fundaría cuatro organizaciones: American Comitee for Jewish Palestine (“Comité Americano para la Palestina Judía”), Comitee for The Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité para el Ejército Judío para los Judíos Palestinos y sin Estado”), Emergency Comitee for Rescue of the Jewish People of Europe (“Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío de Europa”) y Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). Estas organizaciones están relacionadas pero no son idénticas: no perseguían los mismos objetivos ni en ellas militaban las mismas personas. Algunas eran más ideológicas, otras más prácticas. Es muy importante remarcar que estas organizaciones no son una masa uniforme: no son todo lo mismo.  Como se podrán imaginar por los mismos nombres, tres de ellas están dedicadas al sionismo y una, al salvataje de los judíos europeos de las garras de los Nazis. Por ahora, enfoquémonos en esta última…

El Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío en Europa es una organización creada para lo que su propio nombre indica: salvar a los judíos europeos de la Shoá. Hilel Kook fue el primer judío en Estados Unidos que se organizó y militó activamente con el objetivo de rescatar a la judería europea. Apenas se enteró de la Shoá, puso manos a la obra. ¿Cuál era la solución que proponía Hilel Kook? Que los judíos europeos emigren a Estados Unidos y/o a la Tierra de Israel (en ese momento, aclaremos una vez más, bajo control británico).

Hasta acá todo bien, ¿no? Un hombre con ideales con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero con dotes de liderazgo indiscutibles y una visión clara. Un hombre al que todos deberían admirar, independientemente de compartir o no algunas, todas o ninguna de sus ideas, por haber sido el primero en la mayor comunidad judía no europea (Estados Unidos) en llamar la atención sobre la Shoá y movilizarse para salvar aunque sea a una parte de los judíos europeos.

Y sin embargo, no. La figura de Hilel Kook es MUY polémica. Hablar de Hilel Kook en relación con la Shoá es remover una herida gigante en la historia moderna del pueblo judío. Están los que lo aman y están los que lo odian: no hay punto medio. ¿Por qué? Y…básicamente, por la forma. O sea, la manera en la que militó Hilel Kook para salvar a los judíos europeos es polémica: están los que dicen que hizo lo que había que hacer y están los que lo critican duramente por ser un inconsciente y un aventurero que puso en peligro a la judería estadounidense. Un grupo afirma que Hilel Kook fue un vanguardista, que salvó a la mayor cantidad de judíos europeos posibles, y si no salvó más es por culpa de sus enemigos políticos, que lo boicotearon; el otro grupo acusa a Hilel Kook de haber desperdiciado tiempo y energía de manera equivocada y de haber hecho un montón de cosas sin ningún resultado real, lo que lo muestra como un líder pésimo. ¿Quién tiene razón? Probablemente la verdad esté en un punto medio: ni Hilel Kook fue el líder horrible que nos quieren mostrar sus adversarios ni la carmelita descalza que nos presentan sus admiradores.

¿Qué es lo que hizo Hilel Kook que causa tantas pasiones y tanto amor/odio? Hilel Kook se propuso salvar a la judería europea. Y para hacerlo, utilizó una táctica: propaganda masiva. Así de sencillo. Publicó cartas abiertas en los periódicos más importantes de Estados Unidos, organizó marchas (la más famosa es la llamada “Marcha de los rabinos” de 1943: más de cuatrocientos rabinos, la amplia mayoría de ellos ortodoxos, marcharon hasta la Casa Blanca y exigieron reunirse con Roosevelt, en ese momento presidente de los Estados Unidos), escribió obras de teatro (¡incluyendo una en la que actuó Marlon Brando!), reclutó artistas y escritores famosos de la época,movió contactos, realizó grandes demostraciones públicas. En pocas palabras, intentó ganarse a la opinión pública y presionó al gobierno estadounidense para que salve a los judíos europeos. Y precisamente ahí está el punto en el que se dividen sus admiradores y sus críticos…

¿Cuáles son las principales críticas que recibió (y recibe) Hilel Kook?

  • Agita el antisemitismo en Estados Unidos: con la ostentación de grandes manifestaciones y la publicación de cartas abiertas en los periódicos de tirada nacional, Hilel Kook provoca que los estadounidenses vean con recelo a los judíos, como si fuesen un grupo aparte.
  • El hecho de que haga todo esto a la luz del día, abiertamente, puede provocar que los judíos sean vistos como antipatriotas.
  • Hilel Kook no fue elegido por un órgano representativo del pueblo judío: es él y su grupito de amigos, no tiene el aval de un organismo oficial por detrás. O sea, no es un líder oficial del pueblo judío.
  • Su actividad es inútil y un desperdicio de energía: en vez de presionar al gobierno estadounidense, debería intentar salvar a los judíos europeos sin el intermedio del gobierno de EEUU.
  • La distinción que hace entre hebreos y judíos es falsa, y la utiliza solamente para lograr el apoyo de personas que están preocupadas por el futuro de la judería europea pero que no son sionistas.
  • Hilel Kook no logró salvar ni a un judío de la Shoá.

A estas objeciones, los seguidores de Hilel Kook responden:

  • Las tácticas de Hilel Kook son acordes a los tiempos que se vivían: había que agotar todos los medios posibles para salvar a los judíos europeos.
  • En la práctica, durante la Segunda Guerra Mundial, había cotas que limitaban el ingreso de judíos a Estados Unidos. En vista de esta situación, poco importa cómo sean percibidos los judíos: lo esencial es salvar a los judíos europeos, en peligro de extinción física.
  • Hilel Kook es el líder de varias organizaciones. ¿Qué importa si fueron fundadas por él o son preexistentes? Lo importante es su utilidad y su representatividad.
  • El gobierno de los Estados Unidos tiene mucha mayor capacidad que un grupo de individuos, por muy poderosos que sean estos, para salvar a los judíos europeos.
  • La distinción entre hebreos y judíos es fundamental en el pensamiento de Hilel Kook. Si no entendemos esta distinción, no entendemos nada de lo que dice Kook.
  • Gracias a la intervención de Hilel Kook y su grupo (Bergson Group, “El grupo de Bergson”; recuerden que Hilel Kook usaba el seudónimo Peter Bergson), se estableció el War Refugee Board (Junta para los Refugiados de Guerra). De esta manera, se salvó a entre cien mil y doscientos mil judíos y otras minorías amenazadas por los Nazis.

¿Quién tiene la razón? Como decía antes, probablemente la verdad esté en un punto medio. No cabe ninguna duda que la actividad de Hilel Kook no fue tan inútil como declaman sus detractores…pero también es obvio que el War Refugee Board fue instaurado por presiones que exceden a Hilel Kook. Pudo haber sido un factor coadyuvante e incluso importante y primario pero no el único.

Algunos también destacan el rol que jugó el Grupo de Bergson en el despertar político de los judíos estadounidenses. Si bien es verdad que los judíos de Estados Unidos se volvieron mucho más activos en términos políticos en la época de la Segunda Guerra Mundial (y ni que hablar en la Posguerra) con respecto a los años anteriores, me parece que rastrear este despertar solamente a Hilel Kook es una exageración sin fundamento. Me parece que es mucho más lógico hablar de que los cambios en la geopolítica mundial, la llegada de nuevos inmigrantes judíos políticamente comprometidos a Estados Unidos y una relativa seguridad en la situación judía en los Estados Unidos son factores mucho más concretos y comprobables que la presencia de Hilel Kook. Sí me parece lógico decir que el Grupo de Bergson se enmarca dentro de este contexto de toma de conciencia política de la comunidad judía estadounidense y que es una instancia más de un proceso más extenso y abarcativo.

El propio Hilel Kook no tiene pelos en la lengua y es muy (pero MUY, en serio) crítico de la inacción de los judíos, principalmente de sus líderes, durante la Shoá:

Los judíos reclaman: “¿por qué fueron asesinados seis millones de judíos y los gentiles callaron la boca?” Más bien deberíamos decir: “¡¿por qué nosotros no hicimos nada?!”

Polémico el señor, ¿no? Pero no se queda ahí:

Es muy importante que reconozcamos que todavía no dimensionamos la falta de reacción. ¡Sabían que los judíos estaban siendo asesinados! Pero no eran conscientes. Los judíos, especialmente los líderes judíos, que no cambiaron su rutina ni sus planes, ni en el área pública ni en el área privada, ni en ideales, ni en sionismo ni en sus ideas políticas, tienen que hacer mea culpa para así poder estar en paz consigo mismos y acusar al resto del mundo de la inacción de los dos lados. Si no hacemos esto, entonces nos chocamos contra la realidad: los judíos fueron asesinados por nada.

¿Por qué las palabras de Hilel Kook son tan duras? Ok, no tuvo tantos seguidores como le hubiese gustado. Ok, los líderes judíos le dieron la espalda. Ok, lo criticaron. Ok, minimizaron su figura. Pero…¿es para tanto?

La respuesta es: sí. Al menos si nos ponemos en el lugar de Hilel Kook. Lo cierto es que, dejando de lado las ideas políticas particulares y quedándonos con los hechos concretos, hay bastantes elementos para decir que algunos líderes judíos estadounidenses sabían de lo que estaba pasando y del genocidio sistemático de los judíos europeos…y decidieron no anunciarlo públicamente para no alarmar a la población. Hilel Kook tuvo el carisma suficiente para oponerse a semejante política y lanzarse a una aventura incierta, como lo era concientizar a la población sobre lo que verdaderamente estaba pasando y, a la vez, exigir al gobierno estadounidense que se haga cargo del problema y ayude a solucionarlo. Ahora bien, ¿era necesario tanto hincapié en la necesidad de que el gobierno estadounidense sea el que cargue la mayor responsabilidad? ¿No podrían haber salvado a los judíos europeos los particulares, sin intervención del Estado? Hilel Kook nos dice que eso es muy difícil y da dos motivos:

  • La capacidad de movilización del gobierno estadounidense es infinitamente mayor que la de cualquier particular, por más dinero y contactos que tenga. O sea, hay una cuestión de logística evidente: es más sencillo que sea Estados Unidos el que libere un campo de concentración a que lo haga un Schindler.
  • El gobierno estadounidense tiene la capacidad de presionar a Gran Bretaña. ¿Para qué? Si ya leyeron varios artículos en este blog, se imaginarán para qué. Sí, exacto, para que libere la inmigración a la Tierra de Israel. Recordemos: en ese momento, la Tierra de Israel estaba bajo Mandato Británico y la inmigración judía estaba controlada y regulada. En las condiciones de la Segunda Guerra Mundial, con la Shoá de por medio, esta situación era una locura, solamente entendible desde el punto de vista de mantener el poder colonial británico sobre el territorio de la Tierra de Israel pero absolutamente inmoral dadas las circunstancias en las que se encontraba la judería europea.

Como pueden ver, Hilel Kook piensa que hay dos destinos posibles para los judíos europeos: Estados Unidos o Israel. ¿Por qué? Dejémoslo para más adelante. Para entender eso, hay que entrar en la distinción entre hebreos y judíos y el tema da para mucho.

Ya para cerrar el tema de la Shoá, un comentario interesante. Hilel Kook se negaba rotundamente a llamar al genocidio de los judíos por parte de los Nazis “Holocausto”. Decía que esa era una palabra griega y que tenía una connotación religiosa, de sacrificio ritual, totalmente alejada de lo que había ocurrido. Prefería llamarlo directamente “Exterminio masivo”.

El batallón ausente

Dijimos que Hilel Kook se había instalado en Estados Unidos como enviado del Irgún. ¿Su objetivo? Lograr apoyo político, social y financiero para la causa y el movimiento. Para ello, fundó el Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). El comité era denominado amistosamente “El batallón ausente” por los militantes del Irgún: lo veían como parte integrante del movimiento, como un batallón que, en vez de estar en el campo de batalla, se dedicaba a la propaganda. Originalmente era el representante del Irgún en Estados Unidos. Sin embargo, con el paso del tiempo, el comité se independizaría y actuaría de manera cada vez más autónoma. Esto provocaría cortocircuitos y polémicas entre Beguin (el comandante del Irgún) y Kook (el líder del comité).

Esta independencia que les decía arriba la podemos ver en las posturas originales que fue tomando Hilel Kook (y, con él, el Hebrew Comitee for National Liberation): la distinción entre hebreos y judíos (sí, ya sé, ya la mencioné veinte veces a lo largo de este artículo; no nos apuremos, más abajo le voy a dedicar una buena cantidad de párrafos al tema), el llamado a un gobierno de transición en exilio, el intento de conformar un ejército judío y el contacto con Weizman quizás sean los más trascendentes.

Un ejército judío

Empecemos con el tema del ejército judío. Si recuerdan los artículos sobre Zeev Jabotinsky y Yosef Trumpeldor, seguro que se acuerdan de la Legión Judía. ¿Qué era? Eran batallones de judíos dentro del ejército británico. Estos batallones se formaron durante la Primera Guerra Mundial. La idea era sencilla: apoyar a los británicos para que estos expulsen a los otomanos de la Tierra de Israel y luego exigir que la Tierra de Israel sea devuelta al pueblo judío. Ya hablamos del significado histórico de la Legión Judía, de sus logros y de sus fracasos. No voy a entrar de nuevo en el tema. Lo importante es la idea: formar unidades de judíos dentro de un ejército nacional ajeno. Esta idea fue reflotada durante la Segunda Guerra Mundial pero la situación era bastante más compleja: si nos guiamos por el interés de expulsar a los británicos de la Tierra de Israel, habría que apoyar al bando contrario, a los Nazis, cosa totalmente inaceptable y ridícula (¡judíos apoyando en una guerra a los más grandes antisemitas de la historia!). Pero, a la vez, la opción contraria también es horrible: apoyar a los colonizadores de la Tierra de Israel (los británicos) para que no ganen los Nazis. O sea, dos opciones: o apoyamos a los Nazis o apoyamos a los que colonizan la Tierra de Israel. Las dos opciones, como ven, son malas. Sí, puestos a elegir, creo que todos nos inclinaríamos por apoyar a los británicos…¡pero eso implica darles carta blanca para que hagan lo que quieran en la Tierra de Israel! Esta disyuntiva era una de las grandes líneas divisorias entre la Haganá, el Irgún y el Leji. Hilel Kook tomaría una posición independiente.

¿Cuál es esa posición? Descartar de plano la idea de una Legión Judía. No necesitamos ser pequeñas unidades dentro de un ejército que nos es ajeno sino crear un ejército propio e independiente, un ejército judío. Con ese objetivo en mente, Hilel Kook fundó el Comitee for the Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité Para el Ejército Judio para los Judíos Palestinos y sin Estado). Una vez más, el nombre ya nos da la pauta de esa distinción de la que hablábamos entre judíos y hebreos (no se preocupen, ya vamos a llegar, todo a su tiempo).

¿Fue exitoso el plan de Hilel Kook? Y…su objetivo era bastante ambicioso: un ejército de doscientos mil judíos. Él calculaba que solo había unos cien mil capaces de formar parte de este ejército en la Tierra de Israel así que había que reclutar judíos de todas partes del mundo. Y en base a esto, llamaba a los judíos a establecerse en la Tierra de Israel. Por eso, apoyó y organizó la inmigración ilegal a la Tierra de Israel durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, compró armas y fue uno de los que organizó el viaje del Altalena, un barco lleno de armas que llegó a Israel en junio de 1948, poco después de la declaración de independencia del Estado de Israel. No voy a entrar en el tema (es largo y da para un artículo aparte) pero, para no dejarlos en la nada: Ben-Gurión interpretó que las armas del Altalena eran una violación de su autoridad como líder del naciente Estado de Israel, hubo una batalla en la costa y hundieron el barco de un cañonazo. ¿Resultado final? El Irgún, que hasta ese momento había mantenido su independencia como grupo paramilitar, se unió definitivamente a las Fuerzas de Defensa de Israel (el ejército oficial del nuevo Estado) y varios de los líderes del Irgún fueron arrestados, entre ellos Hilel Kook, que estuvo dos meses en la cárcel.

Weizman y Kook

Sigamos con las ideas originales de Hilel Kook. Habíamos hablado de su contacto con Jaim Weizman. Este último era uno de los líderes sionistas más reconocidos a nivel mundial. Vivía en Inglaterra y mantenía contacto con los líderes británicos. ¿Qué tiene entonces de original el contacto de Kook con Weizman? En resumidas cuentas, que Hilel Kook muestra su amplitud de miras. La amplia mayoría de los sionistas en la Tierra de Israel veían a Weizman como un lord inglés poco eficaz, un hombre muy capaz pero cuyas acciones políticas no llevaban a ningún lado. Weizman era un firme defensor del enfoque diplomático: creía que había que priorizar la diplomacia por sobre la inmigración o el asentamiento real y concreto en la Tierra de Israel. Estaba totalmente en contra de las actividades paramilitares en la Tierra de Israel contra los ingleses e intentó que los británicos acepten la creación del Estado de Israel por motu proprio. Esto era visto por la amplia mayoría de los judíos de la Tierra de Israel como una especie de derrotismo, un sionismo ingenuo: los británicos nunca se irían de la Tierra de Israel porque son buenos sino porque serían expulsados. Weizman era el símbolo de un sionismo remanido y poco práctico, que era mucho palabrerío pero llegaba a pocos resultados concretos. ¡Y viene Hilel Kook y dice que Weizman tiene que ser parte fundamental del nuevo Estado!

¿Qué está pasando? Y…que Hilel Kook no come vidrio. Sabe que Weizman es un hombre capaz, es consciente de sus contactos y entiende que es necesario formar una red de diplomacia que apoye al naciente Estado de Israel. Nadie mejor que Weizman, un científico y político reconocido en el mundo entero, para esa labor. Obviamente, esta movida política de Hilel Kook sería criticada por sus oponentes.

Gobierno de transición en el exilio

La tercera idea original de Hilel Kook es una que intentó llevar a la práctica y que fracasó estrepitosamente: crear un gobierno de transición en el exilio. O más precisamente, que el Hebrew Comitee for National Liberation se transforme en el gobierno en exilio de la nación hebrea de la Tierra de Israel. Este gobierno en exilio tiene que ser de transición. Es decir, tiene que ser el germen del cual surgirá el futuro gobierno del futuro Estado de Israel. Es evidente que Kook se basa en el ejemplo de otras naciones, principalmente europeas, cuyos líderes tuvieron que exiliarse durante la Segunda Guerra Mundial y que formaron gobiernos en el exilio para no dejar acéfala la conducción del país ni dar lugar a que sus adversarios ni enemigos tomen el poder.

¿Cuáles deberían ser las tareas de este hipotético gobierno en exilio?

  • Movilizar a la opinión pública para que apoye al futuro Estado de Israel.
  • Apoyar la rebelión armada de los grupos paramilitares hebreos (principalmente el Irgún) en la Tierra de Israel contra el Imperio Británico.
  • Rescatar a los judíos europeos de la Shoá.

La verdad sea dicha: este plan nunca se llevó a cabo. O mejor dicho, no tuvo éxito. Ni Hilel Kook ni nadie de su grupo fueron reconocidos como representantes de la nación hebrea ni como un gobierno en exilio ni nada que se le parezca.

Hebreos y judíos

Llegamos al núcleo del pensamiento de Hilel Kook. Si entienden los próximos párrafos, entienden prácticamente todo el pensamiento político de Hilel Kook. Si no, están en el horno: no van a comprender qué cuernos está queriendo decirnos. Para facilitarles el tema, voy a intentar ser lo más claro posible y me voy a explayar bastante. Voy a repetir más de una vez las ideas.

La base del pensamiento político de Hilel Kook es la distinción entre hebreos y judíos. ¿Qué significa? Que hay hebreos y que hay judíos. O mejor dicho, que un hebreo puede ser judío y un judío puede ser hebreo pero no necesariamente tiene que ser así: se puede ser hebreo pero no judío y se puede ser judío pero no hebreo.

Un trabalenguas, ¿no? Ya lo explico. Vamos por partes…

El Estado moderno occidental parte de un supuesto: que la nacionalidad es una cosa y que la religión es otra. ¿Un ejemplo? La Argentina es un país católico apostólico romano. Sin embargo, un argentino puede no ser católico: puede ser judío, musulmán, protestante, evangelista, budista, ateo, agnóstico o lo que sea. Y viceversa: que alguien sea católico no quiere decir que sea argentino (puede ser italiano, estadounidense, chileno, japonés, etc). La religión no está relacionada con la nacionalidad: van por carriles separados. Y esto es así porque la religión es un asunto privado, en el cual el Estado no tiene nada que ver. Digamos que el Estado es (o debería ser) neutro en el tema religioso.

¿Se entendió?

De nuevo: la nacionalidad no es la religión. Yo soy judío por religión y argentino por nacionalidad. No son dos atributos contradictorios sino complementarios. Si es así, arguye Hilel Kook, lo mismo es aplicable al judaísmo: hay una nación hebrea (nosotros podríamos decir: israelí) y una religión judía. Pueden coincidir (como muchas veces coincide que un argentino sea además católico) pero no necesariamente debe ser así: puede haber hebreos (=israelíes) musulmanes o cristianos y judíos estadounidenses o argentinos.

Antes de avanzar, hagamos un parate y expliquemos de dónde vienen las palabras “hebreo” y “judío”. Un poco de historia no viene mal, ¿no?

-A lo largo de casi todo el תנ”ך (“Tanaj”, Biblia Hebrea), la palabra עברי (“Hebreo”) se refiere al pueblo de Israel. Si prestan atención, verán que el término יהודי (“Judío”) no significa lo mismo que para nosotros: יהודי (“Judío”), en el contexto de la mayoría de los libros del תנ”ך, significa “proveniente de la tribu de יהודה (“Judá”)”. O sea, יהודי (“Judío”) no significa ni un pueblo ni una nación ni una religión sino una tribu, que forma parte de la nación hebrea. Otra palabra que designa a los hebreos es בני ישראל (“Hijos de Israel”).

-La primera vez que aparece el término יהודי (“Judío”) en el sentido de “perteneciente al pueblo judío” es en el libro de Ester: cuando se nos presenta a Mordejai (Mardoqueo), se nos dice que אִישׁ יְהוּדִי הָיָה בְּשׁוּשַׁן הַבִּירָה, וּשְׁמוֹ מָרְדֳּכַי בֶּן יָאִיר בֶּן שִׁמְעִי בֶּן קִישׁ אִישׁ יְמִינִי (“Había un hombre judío en Shushán la capital, y su nombre era Mordejai hijo de Shimi hijo de Kish, un hombre recto”) . Acá podemos ver cómo cambia el significado de la palabra יהודי (“Judío”): ya no hace referencia a una tribu sino a todo el pueblo. Si prestan atención, notarán que toda la historia de Ester transcurre…sí, adivinaron, en Persia. O sea, en el Exilio. Dicho de otra manera, la primera vez que se utiliza la palabra יהודי (“Judío”) para hacer referencia a todo un pueblo (o si lo prefieren, la primera vez que aparece el concepto de “pueblo judío” en oposición a “hebreos” o “Hijos de Israel”) es cuando los judíos son exiliados. De aquí podemos deducir que la palabra “judío” está asociada con el Exilio y la palabra “hebreo”, con la independencia política.

-Pero las cosas no son tan simples. El Targum Onquelos (la traducción más importante de la Torá al arameo), por ejemplo, traduce la palabra עִבְרִים (“Hebreos”) como יהוּדָאֵי (“Judíos”). O sea, ya en siglo 2 D.C, en la Antigüedad, los términos “hebreo” y “judío” su utilizan como si fuesen equivalentes.

– En base a esto, en el siglo XX, varios militantes del sionismo revisionista abocaron por el uso de la palabra “hebreo” en vez de la palabra “judío”: ahora que nuestro objetivo es la independencia política, aducían, ya no debemos ser más judíos, debemos ser hebreos. Era una forma de mostrar que el judío debía cambiar sus valores y volver a una existencia estatal.

Hasta acá estamos, ¿no?

Bueno, Hilel Kook toma el argumento revisionista y le da un giro particular: la distinción entre judío y hebreo no como una escala temporal (“Antes éramos judíos pero ahora que tenemos un Estado somos hebreos”) sino como una diferencia conceptual. A ver, ¿cómo lo explico?

Piénselo así: para Hilel Kook, el sionismo surge como una respuesta a la Modernidad occidental. No es un desarrollo interno del judaísmo sino una reacción a la falla de la Emancipación. ¿Qué falla? Sencillo: que los judíos europeos no fueron integrados a la sociedad europea. Son discriminados, acusados de apátridas, segregados en ghettos y considerados ciudadanos de segunda. Pero esta falla de la Emancipación no es universal: en América (Estados Unidos, Argentina, Canadá, Chile, México, Brasil, etc), los judíos no son discriminados. No digo que no puede haber un antisemitismo latente sino que no tiene un uso político: puede ser que alguno me grite “Judío de mierda, andate a tu país” cuando camino por la calle pero no deja de ser un insulto aislado. Yo, como judío argentino, tengo los mismos derechos y deberes que un ciudadano argentino cristiano, musulmán, hindú o budista. Dicho de otra manera, la situación de los judíos europeos es diferente de la de los judíos americanos. A partir de esto, Hilel Kook nos dice que hay dos dimensiones diferentes: una es del ser hebreo y otra del ser judío. La primera es nacional, la segunda es religiosa. Piénselo con distintos ejemplos:

  • Un judío argentino: es de religión judía y de nacionalidad argentina. ¿Por qué? Porque sigue la religión judía pero tiene la ciudadanía argentina.
  • Un judío que vive en Israel: es de religión judía y de nacionalidad hebrea (=israelí). Sigue la religión judía y tiene la ciudadanía hebrea (=israelí).
  • Un judío que vive en Alemania en la época de la Segunda Guerra Mundial: es de religión judía…¡pero no es alemán! No es alemán porque el Estado alemán no le da la ciudadanía alemana. Y encima, el pueblo alemán lo rechaza, segrega y desprecia (por no decir: lo asesina). O sea, esta persona de religión judía no puede ser alemana por más que quiera: es, indefectiblemente, hebrea. Es decir, no forma parte de la nación alemana sino de la nación hebrea. ¿Por qué? Porque no tiene nada que hacer en Alemania: se tiene que ir a la Tierra de Israel y formar parte de la nación asentada en ese territorio, la nación hebrea.
  • Un musulmán que vive en Israel: es de religión musulmana pero de nacionalidad hebrea (=israelí).

¿Notan que Hilel Kook distingue claramente entre dos dimensiones, la nacional y la religiosa? Bueno, la pregunta es: ¿esta distinción es real o es imaginaria? Dicho de otra manera, ¿realmente podemos separar entre el ser judío y el ser hebreo (=israelí) tan tajantemente? Mejor dicho, ¿esta división es real o artificial? Y asumiendo que sea real, ¿cuándo surge? ¿O siempre existió esta distinción y nunca nos habíamos dado cuenta?

Para Hilel Kook, esta distinción es un producto de la Modernidad occidental. Hasta el surgimiento de los Estados nacionales modernos, ser hebreo y ser judío era una misma cosa: el judaísmo englobaba elementos nacionales y religiosos. Con el advenimiento de la Emancipación, esto cambió. ¿Por qué? Porque cambió la forma de organización política de Occidente. Antes los Estados no eran nacionales: no existían los Estados-nación. Los Estados se formaban por las dinastías monarquías: si el rey de España se casaba con la reina de Francia, entonces Italia y Francia pasaban a ser un mismo Estado. Y si tenían tres hijos, podían decidir dividir este Estado en tres partes o darle todo al hijo mayor, etc. La cuestión es que los límites estatales no se relacionaban con los límites nacionales: eran cosas separadas. Uno de los aportes fundamentales del Iluminismo es la idea de que los Estados no surgen de sus gobernantes sino viceversa: los gobernantes surgen del Estado. O sea, para nosotros, un Estado no se forma o se desarma porque lo diga el presidente sino por la voluntad popular: cada nación tiene derecho a un Estado. Ése es el problema del judío europeo moderno: vive en un Estado que no es suyo. Pero, ¿qué pasa si se siente cómodo en un Estado, es bien recibido, tiene derechos y obligaciones como cualquier otro ciudadano y no es discriminado (como, de hecho, ocurre en América)? ¡Entonces ese Estado es suyo! ¿Se entiende la distinción?

A partir de esta situación, Hilel Kook dice lo siguiente:

Los judíos deben decidir qué son.

¿En qué sentido? Citemos a Joseph Agassi:

Hay que separar entre dos grupos ya existentes: la nación israelí, que adquirió libertad política y su expresión política en el Estado de Israel, y la fe judía, que es la fe mayoritaria en esa nación, pero que también la comparten personas que pertenecen a otras naciones.

Es importante destacar que la visión de Hilel Kook no es igual que la del canaanismo, más allá de la similitud semántica. No voy a ponerme a detallar el tema porque quiero dedicarle un artículo especial al canaanismo. Lo único que quiero aclarar es que el marco filosófico-político es muy diferente: en la base del pensamiento de Hilel Kook está la distinción de la filosofía política occidental moderna entre religión y nación y una postura liberal, mientras que el canaanismo tiene una base argumental anclada en la arqueología y ciertos resabios de pensamiento mítico. Por otro lado, Hilel Kook nunca llamó a que el Estado de Israel corte todo lazo con el judaísmo, como sí lo hicieron los cananeos, sino que su idea era distinguir entre los judíos que viven en Israel, por quienes el Estado de Israel tiene que preocuparse, y los que no, con quienes no debe tener relación. O sea, no es que Israel no pueda tener relación con los judíos pero esa relación no tiene que ser porque ellos sean judíos sino porque son hebreos (=israelíes). Recuerden: una persona puede ser hebrea (=israelí) y judía, aunque no es necesario que sea las dos cosas juntas.

La normalidad

Si me siguieron hasta acá, entonces ya saben que esta distinción entre hebreos (=israelíes) y judíos se funda en el liberalismo político occidental moderno. Para Hilel Kook, esto significa que Israel tiene que ser un Estado normal, igual que cualquier otro Estado occidental.

Y las preguntas obvias son: ¿quién dijo que eso es ser “normal”? ¿Quién determina la “normalidad”? ¿Por qué ser “normal” significa seguir el molde occidental? ¿Por qué es más “normal” un Estado-nación que un Estado plurinacional (como la ya extinta Unión Soviética o la actual China)? ¿Quién dijo que es tan sencillo distinguir entre la nacionalidad y la fe? ¿Es correcto el supuesto de que nación y religión no tienen nada que ver una con la otra?

Más específico: ¿es posible distinguir realmente entre el judío y el hebreo (=israelí)? Ok, asumamos que los judíos vivimos muy bien y sin problemas en la Argentina. ¿Quién dijo que esta situación va a ser eterna? Si llega al poder un gobierno antisemita, ¿Israel no debería recibirme con los brazos abiertos? O más, ¿no es artificial la división judío-hebreo? El judaísmo tiene elementos nacionales y religiosos, ¿acaso es legítimo cortarlo en dos y decir: “Esto es judío, esto es hebreo”? Si la amplia mayoría de los judíos que viven en la Diáspora en la actualidad basan su judaísmo no en prácticas religiosas sino en su apoyo y sentimiento de unidad con el Estado de Israel, sin que ello implique que quieran irse a vivir allá, ¿quién soy yo (o Hilel Kook) para decirles que no, que eso no es judaísmo? A un nivel más profundo, ¿no es una forma de asimilación el hecho de dar como válido el supuesto occidental de la distinción entre fe y nación?

Para que lo vean claro, pueden pensar a Hilel Kook en oposición a Rab A. I. Kook y Rab Z. Y . Kook. Para los últimos dos, la especificidad del Estado de Israel es fundamental: tiene que ser un Estado judío, tiene que estar abierto a los judíos de todo el pueblo, tiene que estar regido por la הלכה (“Halajá”, Ley judía),tiene que ser אור לגויים (“Luz para las naciones”). El hecho de que sea diferente a otros Estados no es una falla ni un error: es una bendición, es lo que tiene que ser. Para Hilel Kook, no: Israel tiene que ser un Estado normal, como cualquier otro, con una Constitución, regido por el derecho y no tiene ninguna misión especial.

Miren esta cita de Hilel Kook. Si no lo entienden con esto, no sé qué más decirles:

Israel es un ghetto judío con un ejército moderno.

La Constitución

Hilel Kook fue parte de la primera Kneset. Era del partido político Jerut, el mismo de Menajem Beguin. Era el representante de una línea interna opuesto al liderazgo de Beguin…Y perdió esa lucha política. La perdió de tal modo, y se sintió tan decepcionado por lo que pasó en la primera Kneset que decidió retirarse de la política y volverse a Estados Unidos. Según él, había que dejar que pase el temporal y esperar a la siguiente generación, que sería más lúcida. Se equivocó: Hilel Kook nunca volvería a la política. ¿Qué fue lo que pasó?

Originalmente, se convocó a la primera Kneset con el objetivo de dictar y dar sanción a una Constitución para el recién instaurado Estado de Israel. Sin embargo, no hubo quórum y, al día de hoy, Israel no tiene una Constitución. Tiene leyes fundamentales y un extenso código legislativo. Hay también tribunales de justicia seculares, que dependen del Estado. Pero no una Constitución. ¿Por qué? La respuesta usual es que los religiosos, principalmente los Jaredim, decían que la תורה (“Torá”) debía ser la Constitución del nuevo Estado. Ben-Gurión no quería confrontar con ellos y, en pos de la unidad nacional, postergó la sanción de una Constitución. Hilel Kook piensa que eso es mentira y que, en realidad, nunca hubo intención de sancionar una Constitución. Para él, desde el principio, por esa idea de la especificidad judía y del carácter judío del Estado de Israel (errónea, desde su punto de vista), no hubo voluntad política de tener una Constitución nacional. En sus palabras:

Por culpa de Ben-Gurión y Beguin, Israel es la única teocracia en el mundo que fue fundada por seculares.

Duro el hombre, ¿no Y polémico, por supuesto.

Para Hilel Kook, lo que había que fundar no era un Estado judío sino una República Hebrea de Palestina. “República” por la forma de organización política, “Hebrea” porque es de la nación hebrea (que no es lo mismo que el pueblo judío; la nación hebrea incluye judíos pero también musulmanes, cristianos, ateos, etc) y “Palestina” por el territorio geográfico en el que está emplazada. Una aclaración antes que salten los pro-Palestina ignorantes: “Palestina” SIEMPRE hizo referencia a un lugar geográfico y no a un pueblo. Esto cambió solamente a partir de la Guerra de Yom Kipur aproximadamente. Antes los árabes que vivían en Palestina eran eso: árabes. La nación palestina es un invento muy reciente. Ojo, con esto no digo que no tengan derechos nacionales ni nada por el estilo: que una nación sea joven no empequeñece ni agranda sus reclamos. Pero las cosas como son: no como vidrio (¡ni ustedes permitan que les hagan comer vidrio!).

Como se imaginarán, el modelo que tiene en mente Hilel Kook es el estadounidense: una nación en la que conviven personas de origen diverso y religiones varias. Todos (o la amplia mayoría de) los habitantes de Estados Unidos son patriotas y se sienten totalmente estadounidenses, sin desmedro de su religión. Aparte es un país que ama su Constitución (no, no digo que siempre la cumplan, sino que tienen un respeto visceral por ella). Israel tiene que ser, como Estados Unidos, una república democrática secular.

Un Estado, dos Estados, tres Estados

Hilel Kook originalmente sostenía que lo que él llamaba “República Hebrea de Palestina” tenía que ocupar toda la Tierra de Israel. ¿Qué pasa con los árabes que viven en esas tierras? Nada, son personas de religión musulmana y nacionalidad hebrea, que se integrarán sin problemas al nuevo Estado. ¿Y si son mayoría y se elige un presidente musulmán? No pasa nada, tendremos un presidente musulmán. Si el hombre es de nacionalidad hebrea, ¿qué importa si es musulmán, judío, cristiano o ateo?

Pero no, las cosas no son tan sencillas. E Hilel Kook era extremista y medio cabeza dura pero no tonto. Vio claramente que muchos árabes musulmanes no tenían ningún interés en formar parte de la nación hebrea: eran palestinos y tenían derecho a formar parte de la nación palestina. Así, cuando se anunció el plan de partición de la Tierra de Israel por parte de la ONU, Hilel Kook fue claro:

Si hacemos fracasar ahora el plan de partición, estaremos dañando el interés nacional.

Pero hay un problema más: existe un Estado jordano. ¿Existen los jordanos? O sea, ¿hay una nación jordana? Quizás, en realidad, jordanos y palestinos son lo mismo. O quizás no, quizás son diferentes. O quizás…Cito a Hilel Kook:

Hay un pueblo palestino. No veo razón alguna para seguir negando su existencia. Al mismo tiempo, Israel afirma que hay un pueblo jordano, pero no lo hay. En realidad, hay un Estado jordano y un pueblo palestino.

¿Entendieron algo? Explico: para Hilel Kook, está la nación hebrea (formada por judíos, musulmanes, etc). A su vez, hay una nación palestina (formada por aquellos árabes que viven en la Tierra de Israel pero que no se identifican como hebreos). El problema es que existe un Estado jordano pero ese Estado es espurio: no representa a ningún pueblo. Para Kook, Jordania no es más que un invento anacrónico de la dinastía hachemita.

¿Cuál es la solución?

Para llegar a una solución, solo puede haber dos entidades. No hay lugar en el territorio de Palestina para tres Estados. ¿Qué es más fácil: eliminar a Israel, destruir a todos los palestinos o cambiar el nombre de Jordania?

Por si son medio lerdos y no entienden las indirectas, la solución para Hilel Kook es obvia: cambiar el nombre de Jordania. Que se pase a llamar “República Palestina” o algo por el estilo y punto. Así, vamos a tener dos Estados nacionales:

  • Israel: Estado de la nación hebrea (=israelí).
  • Palestina: Estado de la nación palestina.

Por supuesto, Jordania va a desaparecer como tal porque no representa a una nación sino a una dinastía. Como no es un Estado-nación, no tiene razón de ser.

La pregunta que surge es: ¿esto verdaderamente soluciona el conflicto? Volviendo a lo que habíamos dicho antes, ¿es posible aplicar las categorías de la política europea occidental (“Estado-nación”) a una realidad tan diferente como la de Medio Oriente? A mí me parece que Hilel Kook acá no está haciendo más que jugar con las palabras: lo suyo es un hermoso juego semántico sin sentido real. ¿En serio los musulmanes que viven en Israel se contentarían? Creo que no, creo que muchos de ellos quisieran erigir un Estado musulmán, no vivir en uno secular. Y un problema fundamental: ¡Hilel Kook ignora que sean árabes! Para él hay palestinos y hebreos (=israelíes), judíos y musulmanes…¡pero no árabes! ¿Acaso que sean árabes no está relacionado con nada de esto? De nuevo: para mí, Hilel Kook está aplicando categorías conceptuales que funcionan muy bien en una parte del mundo en lugares donde no funcionan. Y el motivo es obvio: está queriendo universalizar premisas que no son universales. Es mentira que toda nación tenga un Estado y que todo Estado se corresponda con una nación. Quizás en un mundo de fantasía, ideal, sí sea así (y yo no sé si ése sea mi ideal pero eso es otro tema…) pero en la realidad cruda las cosas no son o blanco o negro: hay grises.

Post-sionismo

Esta parte final del artículo me encanta. ¿Saben por qué? Porque disipa tres malentendidos fundamentales:

  • Que el post-sionismo surge en la época de los Acuerdos de Oslo.
  • Que el post-sionismo es antisionismo con otro nombre.
  • Que el post-sionismo surge de la izquierda.

Hasta donde yo sé, el primero en utilizar el término “Post-sionismo” fue Hilel Kook. ¿Dónde? En un artículo en el Internacional Herald Tribune. ¿Cuándo? ¡En 1945! Sí, leyeron bien: ¡1945! ¿Estoy loco? Acá tienen la fuente: Struggle and Survival in Palestine/Israel (página 157).

Así que…

  • El post-sionismo no surge ni a palos en la época de los Acuerdos de Oslo. Surge cincuenta años antes, en 1945.
  • El post-sionismo no es antisionismo: nos puede gustar más o menos pero hay una diferencia fundamental entre uno y otro. Mientras que el antisionismo critica al sionismo de base y niega la existencia de elementos nacionales en el judaísmo, diciendo que la propia existencia del Estado de Israel es un error, el post-sionismo parte de reconocer los logros del sionismo: es verdad que hay elementos nacionales en el judaísmo, es un avance la existencia del Estado de Israel pero hay que profundizar la democracia, y eso solo se puede hacer dejando atrás al sionismo. Noten la diferencia: el antisionismo dice que el sionismo está mal de raíz; el post-sionismo reconoce al sionismo y su legitimidad pero dice que, para corregir sus deficiencias, hay que superarlo. (Aclaración: si alguien dijese que, en la práctica, post-sionistas y antisionistas terminan haciendo cosas parecidas, podría aceptarlo –aunque no lo comparto-. No quiero negar eso, lo que quiero resaltar es la diferencia conceptual básica entre una y otra idea: decir que un post-sionista es un judío que se odia a sí mismo o un judío antisemita es una estupidez grande como una casa).
  • El post-sionismo no surge de la izquierda. Al revés, ¡surge de “la derecha”! ¡Surge del revisionismo! No es solo Hilel Kook: también es Uri Avnery, Uzzi Ornan, Amos Kenan, Natan Yellin-Mor, Maxim Ghilan y varios más.

El hombre que fracasó

El gran problema de Hilel Kook es básico: fracasó. No importa si estamos de acuerdo o no, no importa si tiene razón o no, no importa si nos gusta o no. Su militancia para salvar a los judíos europeos de la Shoá, aunque loable, no cumplió sus propios objetivos. Sí, es verdad, sus admiradores dirán que lo boicoteó el establishment y que, aun así, salvó a cien mil o doscientos personas. Ok, lo tomo. ¡Pero no pudo salvar a los otros seis millones y medio! Su militancia dentro del revisionismo también terminó en fracaso: se retiró. Beguin le ganó la pulseada por el control del partido Jerut, que aglutinaba al Irgún, al Comité Hebreo para la Liberación Nacional y al antiguo partido revisionista, entre otras organizaciones revisionistas. Su intento de sancionar una Constitución para Israel terminó flotando en la nada. Su llamado a crear un gobierno en exilio, también. Hasta el Altalena fue hundido. A pesar de su importancia histórica, hoy en día es muy poco conocido y prácticamente ignorado.

No quiero decir con esto que Hilel Kook tenía razón o no. La razón no está dada por ser exitoso. Eso es obvio. Lo que digo es que Kook fracasó. Simplemente eso. Y ojo, eso no disminuye ni sus convicciones ni su esfuerzo ni sus ideales ni su militancia. Tampoco niega su inteligencia ni perspicacia. Pero sí explica por qué es tan poco conocido: no es que hay una conspiración para tapar su nombre. Es que terminó por fracasar. Nunca se asimiló al mainstream. Por eso hoy la mayoría de la gente no tiene ni idea de quién es.

Y justamente por eso es que escribo este artículo. Hilel Kook es una pieza fundamental para entender al Irgún y al revisionismo en general. Además, es muy interesante porque su figura atraviesa muchas problemáticas que encontramos en el sionismo: el nacionalismo y la religión, la especificidad de Israel, la relación entre Israel y sus vecinos, el post-sionismo, el problema constitucional en Israel, la democracia y la secularidad en Israel y muchos otros temas más.

¿Es actual? Totalmente. ¿Tiene razón? Eso ya está en cada uno. Lo que no me cabe la menor duda es que es interesantísimo y punzante. Solo por eso –porque nos hace ver las cosas desde otro lugar- vale la pena.