Uri Zvi Greenberg (parte 1)

Poeta verdadero, profeta falso

Hoy  vamos a empezar con una nueva personalidad en la historia del pensamiento sionista: Uri Zvi Greenberg. Nacido en Galicia, en el Imperio Austro-Húngaro (actual Ucrania) en 1896 y fallecido en Israel en 1981, es uno de los poetas más importantes de la literatura hebrea del siglo XX. Polémico por la estridencia de sus ideas políticas y la contundencia de su poesía, divide aguas entre los críticos literarios y los analistas políticos.

Greenberg nació en el seno de una familia jasídica, descendiente de rabinos, y se crió en el shtetl, el pueblito tradicional que servía de marco de contención para los judíos de Europa del Este. Niño precoz y rebelde, en su adolescencia rompió con la tradición, dedicándose a la poesía y criticando sin piedad la religiosidad de sus ancestros. Algunos alegan que, en sus últimos años, Greenberg retornó a la tradición religiosa judía, aunque eso (como veremos más adelante) es discutible: todo depende de cómo entendamos la palabra “tradición”.

Uri Zvi Greenberg estuvo en el frente de batalla en la Primera Guerra Mundial, luchando por Austría, y esta experiencia marcó profundamente su cosmovisión y su poesía. Entre 1920 y 1923, vivió en Varsovia y Berlín, dos de los centros culturales más importantes de la época, en donde absorbió la influencia de las vanguardias artísticas. Por esos años, publicó Albatros, una revista de poesía en yiddish, que, en solo cuatro números, se transformó en una de las más importantes de la época. Allí, Greenberg desplegó toda su maestría artística e introdujo el expresionismo al arte judío, escribiendo algunas de sus poesías más memorables y dando un impulso modernista al yiddish y a la literatura judía en general.

A fines de 1923, Uri Zvi abandonó Europa y se fue a vivir a Israel.  Para él, esta emigración no significaba solamente un desplazamiento geográfico sino, fundamentalmente, dejar atrás dos mil años de existencia diaspórica. En un primer momento, Greenberg era cercano al ala socialista del sionismo pero, a partir de 1929, luego de los disturbios árabes en la Tierra de Israel, dio un giro y se transformó en una de las voces más radicales del revisionismo sionista: fue vocero del movimiento revisionista, fundó Brit HaBirionim (una organización política radical y de corta duración), entró a la primera Kneset como representante de Jerut (la alianza política liderada por Menajem Beguin, que aglutinó a la mayoría de la derecha sionista) y fue uno de los miembros más destacados del movimiento por el Monte del Templo.

Dentro de Israel, hay una polémica muy fuerte en torno a la figura de Uri Zvi Greenberg: nadie puede discutir los méritos literarios de su obra, pero su legado político es más que polémico. Mientras que para la mayoría sus ideas políticas son extremistas y peligrosas, para una minoría militante son fuente de inspiración. Hay una frase que marca la reacción de buena parte de la sociedad israelí: “poeta verdadero y falso profeta”. Algunos otros dirían que esa distinción entre poesía verdadero y profecía falsa es mentira, y que toda poesía verdadero es profecía verdadera.  Sea como sea, más adelante veremos los detalles de esta polémica.

¿Por qué leer a Uri Zvi Greenberg? La obra de Greenberg expresa, en un lenguaje poético, ideas profundamente desafiantes, que nos invitan a repensar un montón de cuestiones sobre el sionismo, la tradición judía, el mesianismo, la sociedad occidental, el cristianismo, la judeofobia, el rol de la literatura y el arte en la sociedad, la relación entre arte y política, la función de las vanguardias, la violencia y el Estado y la Shoá, entre otros temas.

Antes de cerrar esta introducción, una aclaración: en esta serie de artículos sobre Uri Zvi Greenberg voy a hacer algunos cambios en el formato que utilizo normalmente en este blog para hacerlos más claros y amenos. Siempre voy a empezar con algún poema o escrito de Greenberg, en el idioma original (yiddish o hebreo), junto a una traducción propia y, luego, utilizando como disparador al poema, iremos abriendo la cancha, explorando los distintos temas y relacionándolos con su visión sionista.

Hasta acá por hoy.

Nos vemos cuando nos veamos.

Leon Pinsker (parte 10)

 

Una nación en construcción

Miremos una cita de Leon Pinsker:

Hemos de demostrar que el infortunio de los judíos se funda ante todo en no sienten la necesidad de alcanzar la independencia nacional; que es menester despertarles y avivarles dicha necesidad si no quieren quedar para siempre expuestos a una existencia ignominiosa. En una palabra: que han de llegar a ser una nación.

Además de lo que ya hemos hablado sobre el orgullo nacional judío, la crítica al Galut, la búsqueda de independencia nacional y la exhortación a una nueva perspectiva de análisis sobre la situación del pueblo judío, acá hay un punto novedoso e interesante: para Pinsker, el pueblo judío no era una nación sino un colectivo humano que estaba en condiciones de formar una nación. Dicho de otra manera, Pinsker inaugura un modo de pensar sobre el pueblo judío en el cual enfatiza el aspecto nacional pero sin cerrar las posibilidades a futuro por lo que ya está dado en el pasado y el presente: todavía no somos una nación, pero si actuamos de tal o cual manera y hacemos tal o cual cosa nos transformaremos en una nación. Desde este punto de vista, Pinsker nos incita a pensar al judaísmo como un proyecto que hacemos entre todos día a día, como algo que es moldeable por nuestra voluntad y nuestras acciones, y no como un ente cerrado, homogéneo, ya determinado desde arriba y sin posibilidades de ser modificado. Esto es importante para nosotros, en la actualidad: nos incita a pensar en el judaísmo e Israel como proyectos abiertos al futuro, no como imposiciones. Desde esta visión, el pueblo judío es una nación en construcción.

Evidentemente, para Pinsker ser una nación implicaba ser un pueblo “normal” en el sentido occidental y moderno del término. Para él, seguramente la existencia misma del Estado de Israel significaría que Israel entra al concierto de las naciones, tiene relaciones de igualdad con otros colectivos nacionales y, por lo tanto, se transforma en nación: por la mera organización política de acuerdo al orden internacional y su aceptación en pie de igualdad por otros conglomerados nacionales, la nación judía se erige como tal. Sin embargo, podemos darle un giro actual a la idea de “la nación en construcción” entendiéndola en el sentido que expliqué en el párrafo anterior: el Estado de Israel como un modelo para armar y un marco para un desarrollo de la nación en formas novedosas. La nación judía como un proyecto, conformado por todos nosotros, y como una puerta hacia nuevas posibilidades. Este enfoque implica hacernos responsables: ya no aceptar la realidad como dada sino intentar transformarla.

Me parece que esta forma de encarar al sionismo (un proyecto a futuro antes que una serie de dogmas o instrucciones escritas en piedra) puede servirnos para entender al Estado de Israel como un espacio de desarrollo de potencialidades, un lugar en donde podemos concretizar nuestras propias utopías, en vez de un espacio ya dado y cerrado. En otras palabras, un espacio propio en vez de ajeno. Esto puede ser un buen punto de inicio a la hora de debatir con el post-sionismo: según esta perspectiva, el sionismo es un ideal infinito, que nunca termina de concretizarse, porque siempre surgen nuevos desafíos.

Pinsker, Herzl, Ajad Haam y Birnbaum: el sionismo como paraguas

Para poder pensar en perspectiva a Leon Pinsker, podemos compararlo  con otras figuras que hemos visto en este blog: Theodor Herzl, Ajad Haam y Nathan Birnbaum.

Empecemos con la comparación con Ajad Haam: la diferencia fundamental es que Pinsker piensa desde una perspectiva netamente política, mientras que Ajad Haam tiene una perspectiva fundamentalmente cultural. Para Pinsker, la nacionalidad se definía por la soberanía territorial; para Ajad Haam, por la literatura. Acá entra en juego otro elemento, fundamental a la hora de pensar al sionismo y que no aparece en Pinsker: la idea de un espacio o una esfera pública judía. Es decir, la idea de que la “calle también puede ser judía”: contra el slogan de la Haskalá (“sé un judío en tu casa y un hombre en la calle”), nosotros, los sionistas, podemos decir “sé un judío en tu casa y un judío en la calle”.  Desde esta perspectiva, la idea de una cultura sionista o de una cultura judía pública cobra relevancia: la resignificación de elementos de la tradición judía en un nuevo contexto, el de la esfera pública, nacional. Veremos en próximas entradas, con otras personalidades del pensamiento sionista, la importancia que cobró la literatura y el arte en general como modos de configuración de esta nueva forma de pensar al judaísmo como una cosa pública.  No creo que este tipo de cuestiones culturales hayan preocupado especialmente a Pinsker pero sí creo que podemos, retomando lo que decíamos un par de párrafos antes, tomar la idea de una “nación en construcción” y aplicarla a nuestro contexto. La idea de un potencial a explorar, de un judaísmo abierto al futuro y de una nación que hacemos entre todos, día a día, me parece interesante para abrir nuevas perspectivas.

Por otra parte, la comparación con Herzl es bastante jugosa: como ya hemos visto, durante muchos años predominó una lectura que está siendo puesta en duda (creo que con pruebas bastante contundentes) según la cual Pinsker no es más que un reflejo o un antecedente de Herzl. Sin embargo, hay diferencias importantes entre ellos: Pinsker no era un asimilado que volvió judío por medio de la judeofobia ni un desentendido del judaísmo, no era alemán, no hablaba de un Estado judío sino de un Hogar Nacional judío y no pensaba que la Diáspora iba a desaparecer sino que, mediante la Autoemancipación, el pueblo judío lograría igualdad con el resto de las naciones del mundo y obtendría el reconocimiento internacional, logrando así la Emancipación. Todo esto marca diferencias importantes con la forma de encarar al sionismo de Herzl.

Lo interesante es que, a pesar de todas las diferencias, todos se unen en considerar al pueblo judío como una nación y, por lo tanto, en buscar una solución nacional a los problemas que aquejan al pueblo judío. Todos eran Maskilim (con mayor o menor apego al pueblo judío y a sus tradiciones) que se transformaron en sionistas al apoyar la empresa de colonización de la Tierra de Israel. Acá me toca aclarar algo que parece obvio pero tendemos a no prestarle atención: el sionismo no fue un desarrollo natural o espontáneo sino una de las muchas alternativas disponibles en un momento histórico determinado. Fíjense que, a partir de supuestos distintos y de plataformas teóricas muy diferentes, y aún llegando a conclusiones divergentes y utilizando tácticas diferenciadas, todos se unen bajo el paraguas del sionismo. Ir a las fuentes y a los orígenes nos muestra que, bajo el paraguas del sionismo, podemos encontrar diversidad. Tenemos que abrir el juego: volver hacia los orígenes y permitirnos el disenso, el debate y la discusión.

Actualidad de Pinsker

¿Cuál es la actualidad de Pinsker? Hemos hablado de la idea de la “nación en construcción”, que me parece interesante. Está relacionada con el slogan que podemos ver hoy que toma el Estado de Israel: “El sionismo es un ideal infinito”. Esta frase de Herzl abreva de una fuente en común con la de Pinsker y me parece potente como forma de entender al sionismo como un proyectarse al futuro, en vez de un movimiento ya pasado, que cumplió su función en la historia. En otras palabras, estamos en construcción, en camino hacia…

Por otro lado, ideas que nos parecen tan obvias como el derecho de autodeterminación del pueblo judío, la soberanía política sobre la Tierra de Israel o la autonomía de la nación judía para decidir su propio destino aparecen por primera vez en la obra de Leon Pinsker. Por primera vez, bajo un lenguaje moderno y secular, se presenta un proyecto para que los judíos definamos como una nación nuestro porvenir, en vez de depender de los caprichos de otros. Esto, que nos parece tan obvio, en la época de Pinsker no era para nada obvio. La influencia de Pinsker, sus seguidores y los que siguieron sus pasos fue tan profunda que quien pone en duda alguna de estas cuestiones es percibido (con toda la razón del mundo) como un judeófobo.

En el aspecto negativo, podemos decir que, a setenta años de la creación del Estado de Israel, Pinsker se equivocó en algo: la soberanía territorial de la nación judía no acabó con la judeofobia. Todo lo contrario: hoy la judeofobia se expresa principalmente como antisionismo, deslegitimizando la esencia nacional del pueblo judío. Dicho de otra manera, y de manera paradójica, la propia existencia de Estado de Israel es hoy el blanco hacia el cual los judeófobos dirigen sus dardos: la constante demonización del Estado de Israel, las críticas a su mismo derecho a existir y el conflicto incesante con buena parte del mundo árabe musulmán refutan los postulados básicos de la teoría de Pinsker. La Autoemancipación no “normalizó” al pueblo judío.

Y hasta acá llegamos con Pinsker.

En la próxima, arrancamos con una nueva figura, un escritor y poeta con ideas revolucionarias y provocadoras que dieron y dan que hablar.

Nos vemos cuando nos veamos.

Leon Pinsker (parte 9)

Un Hogar Nacional

De manera más que llamativa, Pinsker no estaba demasiado interesado en la Tierra de Israel: para él, daba lo mismo colonizar Israel o cualquier otro territorio despoblado. Lo esencial era formar una sociedad judía independiente, no su emplazamiento geográfico.

Esta indiferencia por la Tierra de Israel no era para nada accidental: su análisis no era religioso ni espiritual. Su llamado a la unidad nacional provenía de un análisis materialista, anclado en los problemas sociales, económicos y políticos, no en ideas abstractas. Para Pinsker, sionismo significaba soberanía territorial y política para los judíos: el retorno a la Tierra de Israel no era esencial. Por supuesto, esto choca de manera frontal con muchos de los sionistas posteriores. De hecho, el mismo Pinsker fue evolucionando y modificando su pensamiento, cuando vio que el retorno a la Tierra de Israel era demasiado importante para muchos judíos y que difícilmente otro territorio lograría unificar los esfuerzos de las masas judías. Sin embargo, aun cuando al final de sus días Pinsker apoyó decididamente la colonización de la Tierra de Israel, en  contraposición a otros territorios, esto no debería entenderse como un rechazo principista de otras opciones sino como una muestra de pragmatismo político: si los judíos no quieren otro territorio, entonces no vale la pena direccionar nuestros esfuerzos hacia otros territorios. En pocas palabras, Pinsker estaba interesado en lograr soberanía territorial política, no en revitalizar la Tierra de Israel.

Elyahu Stern, en un libro muy interesante y polémico, nos invita a repensar la trayectoria intelectual del judaísmo ruso. Para él, las categorías claves del pensamiento judío ruso son “tierra, trabajo y cuerpos” (si saben inglés, les recomiendo que lean la entrevista de Alan Brill a Elyahu Stern y la respuesta de Joshua Shanes). Desde esta perspectiva, podemos entender a Leon Pinsker como un pensador materialista, interesado en mejorar las condiciones socio-económicas de los judíos, preservar sus cuerpos de la judeofobia y darles un espacio geográfico propio para el desarrollo de sus potencialidades políticas. No estamos hablando de concepciones religiosas, de derechos Divinos basados en el Tanaj ni de cuestiones metafísicas: hablamos de algo bien físico y tangible.

Otro punto que me parece importante aclarar: Leon Pinsker nunca habló de un Estado judío. Hasta donde yo sé, el primero en destacar de manera clara y terminante la importancia de un Estado judío, en contraposición a otras formas de organización política, fue Jabotinsky. El mismo Herzl, cuando escribió su famoso libro El Estado judío, no cerró las puertas a otras formas: para él, lo principal era que los judíos tengan soberanía, sin importar si esta se expresaba mediante un Estado, una Federación, una Confederación o cualquier otro tipo de organización política. Para Pinsker, la esencia de la solución a los problemas de los judíos era obtener un territorio continuo propio, fuera de Europa, para organizar una economía y sociedad propia, en donde ellos impongan las reglas, y así lograr el reconocimiento de la comunidad internacional. En sus propias palabras:

El milenio en el que la “Internacional” desaparezca y las naciones se fusionen en la humanidad aún yace en una lejanía imperceptible. Hasta entonces, las aspiraciones y los ideales de los pueblos han de limitarse a procurar un modus vivendi soportable.

Esta cita me parece importante porque muestra que, contra lo que plantean algunos, Pinsker no piensa que nuestro régimen político internacional sea “ideal” o “natural” sino sencillamente el real, existente. Contra la naturalización del Estado-nación, Pinsker es muy claro: estaría buenísimo que toda la humanidad se una y desaparezcan las naciones pero mientras tanto debemos organizarnos de acuerdo con el régimen internacional en vez de dejarnos pisotear, a la espera de tiempos mejores.

La colonización de la Tierra de Israel

La colonización de la Tierra de Israel fue difícil y mucho más complicada de lo que pensamos. Además de las dificultades materiales y la falta de medios, las pésimas condiciones de vida en la Tierra de Israel y los problemas de intentar sacar frutos de un desierto, Israel quedaba relativamente lejos de los centros sionistas: viajar de Rusia a la Tierra de Israel era toda una odisea. Enviar dinero era un trámite largo y costoso. Encima, los primeros judíos que llegaron a la Tierra de Israel no eran expertos en agricultura: tuvieron que aprender haciendo, cometiendo errores en el camino. Durante los primeros años, dependían financieramente de la bonanza de los judíos europeos. Paradójicamente, esta situación era precisamente lo que querían solucionar los sionistas: la dependencia externa. Los antisionistas aducían que los esfuerzos eran absurdos y desproporcionados con respecto a los resultados obtenidos y afirmaban que era más constructivo dedicarse a mejorar las condiciones materiales de los judíos en Europa o emigrar a América; dentro del propio movimiento sionista, el mayor crítico a la obra colonizadora fue Ajad Haam, quien pensaba que había que replantearse seriamente las prioridades, poniendo el acento en la educación y la cultura antes que en la colonización y el trabajo.

Si somos pesimistas, podemos considerar que los esfuerzos de Leon Pinsker y sus seguidores fueron un fracaso: solamente una ínfima minoría emigró a la Tierra de Israel, allí se enfrentaron a innumerables dificultades y terminaron siendo fuertemente dependientes de la ayuda y beneficencia de los judíos del Galut. Sin embargo, si vemos la película completa y ampliamos nuestra mirada, podemos pensar a Jovevei Tzion como un primer paso, que terminó llevando a la Organización Sionista y los Congresos Sionistas de Herzl y, finalmente, al Estado de Israel. En otras palabras, la foto de 1880 o 1890 nos muestra una comunidad judía en la Tierra de Israel vulnerable, enferma, mal alimentada, dependiente del exterior y pobre; pero si pensamos a largo plazo, estos sufridos y sacrificados pioneros dieron el puntapié inicial para todo lo que vino después.

Hasta acá por hoy. La próxima, cerramos con Leon Pinsker. Veremos alguna idea más para redondear y veremos su relevancia actual.

Nos vemos cuando nos veamos.