Rab Joseph Dov Soloveitchik (parte 20)

Del antisionismo al sionismo

Rab Soloveitchik provenía de una dinastía rabinica muy famosa, conocida por sus ideas antisionistas. Al día de hoy, hay yeshivot muy importantes fundadas y/o dirigidas por rabinos de apellido Soloveitchik o por sus parientes. La cantidad de talmidei jajamim y estudiosos de la Torá que surgieron de esta familia es francamente impresionante. Los Soloveitchik está dividida en dos grandes ramas: una ultraortodoxa y antisionista, asociada con la Eda Hajaredi; la otra, ortodoxa moderna y sionista, asociada con Mizraji.

Cuando Rab Soloveitchik se hizo sionista, rompió con la tradición familiar. Fue una decisión difícil y dolorosa, que debe haberle generado más de un problema. Los dos motivos que él destaca son: primero, el establecimiento del Estado de Israel demostró que D-s está con el pueblo judío; segundo, el Estado de Israel es un marco para desarrollar aquellas partes de la Torá que abarcan los aspectos de la vida comunitaria y nacional, en vez de circunscribirse solamente al ámbito individual y familiar. Dicho de otra manera, el Estado de Israel es, simultáneamente, un regalo y un desafío.

En sus propias palabras:

Si ahora, contra mi tradición familiar, me identifico con Mizraji, es solamente porque tengo la sensación de que la Divina Providencia tomó partido por Yosef contra sus hermanos; que Él utilizó a los judíos seculares como instrumentos para llevar a cabo Sus grandes planes con respecto a la Tierra de Israel. También considero que de no ser por Mizraji no habría lugar para la Torá en Israel.

Construí un altar sobre el que sacrifiqué noches en vela, dudas y cavilaciones. Sin embargo, el establecimiento del Estado de Israel, el Holocausto Hitleriano, y los logros de Mizraji en la Tierra de Israel me convencieron que el camino de nuestro movimiento es el correcto.

Quiero hacer notar que el apoyo a Mizraji (o sea, al sionismo religioso) significó una decisión muy importante y difícil en la vida de Rab Soloveitchik: implicó aceptar que las ideas de sus padres y de él mismo durante su infancia y adolescencia habían estado equivocadas. Significó replantearse no sólo su posición sobre el sionismo sino también sobre las relaciones entre religiosos y seculares, la idea de un Estado judío, la emigración en masa a la Tierra de Israel, las responsabilidades compartidas por todos los judíos y los deberes derivados de la existencia de un Estado judío. Este es un gesto de humildad enorme: cuando la historia le demostró que sus posturas estaban equivocadas, Rab Soloveitchik tuvo la fuerza de carácter para cambiar el rumbo de su pensamiento y transformarse así en una de las figuras más importantes del sionismo religioso.

También quiero destacar que Rab Soloveitchik dice explícitamente que, de no ser por Mizraji, no habría Torá en el Estado de Israel moderno. En otras palabras, está diciendo que la táctica del sionismo religioso (cooperación y diálogo con todos los judíos, sean estos religiosos o seculares, creyentes en D-s, la Torá y las Mitzvot o ateos, anticlericales y antirreligiosos) fue exitosa, mientras que la táctica de Agudat Israel (separatismo con respecto al resto del pueblo judío, crítica constante y sin descanso a todo aquel que no comparta sus ideas, incluso judíos ortodoxos no jaredim, y una actitud defensiva y cerrada frente al exterior) fracasó. Esto podemos verlo en nuestros días: en general, los partidos políticos jaredim en Israel se preocupan solamente por defender sus intereses, desatendiendo las necesidades del resto de la población, mientras que los partidos sionistas religiosos tienden a tener una visión más global y general, intentando dar soluciones para toda la población. Esto se expresa de manera muy clara en ciertos temas que dividen fuertemente a la sociedad israelí y que generan rencores y enojos entre distintos sectores de la población. El ejemplo más conocido es el servicio militar: mientras que la amplia mayoría de los sionistas religiosos realiza el servicio militar (deber que es considerado una Mitzvá), los jaredim en su gran mayoría no lo realizan, dedicando ese tiempo a estudiar en una yeshivá. Los sionistas religiosos consideran que el servicio militar es una obligación que incumbe a todo judío y que es parte del desarrollo y el crecimiento personal de cualquier persona, mientras que los jaredim piensan que el ejército es un espacio en donde se enseñan valores contrarios a la Torá, en una atmósfera que conduce a la pérdida de fe. Independientemente de mis propias ideas (es obvio que pienso que los sionistas religiosos tienen razón y que los jaredim están terriblemente equivocados en este punto), hay acá un elemento central que creo que muestra claramente la diferencia ideológica entre el sionismo religioso y la ultraortodoxia: los primeros consideran que hacer el servicio militar es una obligación tanto cívica como religiosa, que incumbe a todo judío que vive en la Tierra de Israel, y que es una experiencia que hace madurar a la persona; los segundos prefieren alejarse lo máximo posible de todo ambiente que pueda poner en peligro su bienestar espiritual y que los desafíe a enfrentarse a algo por fuera de su mundo cerrado. Lamentablemente, la actitud de los jaredim genera mucho odio en buena parte de la población israelí, que ve con malos ojos esta actitud separatista. El hecho de que muchos jaredim no hagan el servicio militar ni trabajen sino que se dediquen exclusivamente al estudio de Torá provoca que sean considerados como “vagos”. Pienso que toda esta situación es un Jilul Hashem muy grande y que habría que buscar alguna forma de acercar posiciones entre los jaredim y el resto de los judíos que viven en Israel. Rab Soloveitchik, al decir que Mizraji fue el que mantuvo la llama la Torá en Israel, está afirmando que la actitud correcta es la del sionismo religioso, y no la confrontación, el radicalismo, el separatismo, el sectarismo ni el ensimismamiento.

¿Por qué Rab Soloveitchik no hizo Aliá?

Uno de los grandes interrogantes en la vida de Rab Soloveitchik es: si era tan sionista, ¿por qué no hizo Aliá? Si estaba tan convencido de que los judíos debían vivir en la Tierra de Israel, ¿por qué él mismo no cumplió con ese deber?

La respuesta es sencilla: Rab Soloveitchik no piensa que todos los judíos deban vivir en Israel. Piensa que todos los judíos deben aportar a la construcción de una sociedad justa en la Tierra de Israel, pero eso no significa que todos deban emigrar:

Es ridículo decirle a un joven, que está haciendo un buen trabajo acá en Estados Unidos, o que se está preparando para hacerlo, que tiene que irse a Israel. “Buen trabajo” significa expandir la Torá o llevar una vida ejemplar que influencia para bien a otras personas: hay muchas maneras de educar. No me resigno con respecto a los judíos estadounidenses. Si siento que en mi ciudad o en mi pueblo voy a lograr muchas cosas, mientras que en Israel no voy a lograr nada, entonces mi lugar está acá, no allá.

Creo que Rab Soloveitchik es muy claro: la decisión de vivir en un lugar u otro depende de en dónde la persona va a poder aportar más al mundo. Se trata de una decisión personal e individual: cada uno de nosotros debe hacer un análisis lo más honesto posible para saber dónde y cómo va a poder aportar más al mundo y enseñar más Torá. Fíjense que el criterio no es en dónde uno se siente más cómodo ni dónde están su familia o amigos sino dónde va a poder aportar más.

Creo que es posible relacionar esto con una idea que vimos anteriormente: según Rab Soloveitchik, el pueblo judío recibió la Tierra de Israel como herencia en cuanto pueblo, pero no podemos decir lo mismo de cada judío en cuanto individuo. Esto significa que, si bien el lugar del pueblo judío es la Tierra de Israel, cada judío debe plantearse a sí mismo dónde es su lugar en el mundo.

Respondida la pregunta sobre por qué Rab Soloveitchik no emigró a Israel, podemos enfocarnos en otra pregunta relacionada: le ofrecieron muchas veces el cargo de Gran Rabino en Israel y siempre rechazó el cargo. ¿Por qué?

Uno de los motivos por los cuales no acepté el cargo de Gran Rabino de Israel (me lo ofrecieron varias veces) fue porque tenía miedo de ser un funcionario del Estado. Un rabinato ligado al Estado no puede ser totalmente libre (…) El mero hecho de que de tanto en tanto los problemas halájicos sean discutidos como asuntos políticos en las reuniones de gabinete es una infracción sobre la soberanía del rabinato.

Tenemos una vez más la idea de una misión personal: todos debemos hacer un autoanálisis y reflexionar sobre cuál es nuestro lugar en el mundo. Rab Soloveitchik lo pensó, y llegó a la conclusión que su lugar en el mundo era Estados Unidos, no Israel.

Por otro lado, Rab Soloveitchik se muestra aquí como alguien muy cauteloso en cuanto a la relación entre Estado y Rabinato y expresa sus miedos por la mezcla entre política y religión. Es obvio que Rab Soloveitchik considera que la labor de un rabino no debe estar asociada con el poder sino con la educación.

El estilo de Rab Soloveitchik

En contraste a muchos líderes rabínicos actuales, Rab Soloveitchik remarca muchas veces que sus ideas teológicas son subjetivas: no existen laboratorios para investigar de manera objetiva cuál opinión teológica es verdadera. No considera que sus visiones sean normativas sino simplemente sus ideas personales. Contra la soberbia de ciertos líderes, dice explícitamente que las personas que dicen “Este filósofo judío tiene razón y este otro está equivocado” están tomando una vía errónea: no hay un método científico para determinar quién tiene raźon en el ámbito de la filosofía judía.

Todo el objetivo del proyecto de Rab Soloveitchik de reconstrucción filosófica a partir de las fuentes de la Halajá implica construir un mundo de experiencias religiosas e imperativos morales a partir de leyes normativas. En otras palabras, significa darle un sentido a las normas religiosas judías: mostrarle al judío moderno que la Halajá no es un ente cosificado, paralizado y anacrónico sino un ente vivo, profundo y creativo que puede y debe ser la base de una vida con sentido. Se trata de utilizar lo mejor del pensamiento moderno para mostrar la relevancia actual de la Torá.

Rab Soloveitchik desde Israel y Estados Unidos

Para los judíos estadounidenses, principalmente para los ortodoxos modernos, Rab Soloveitchik es una figura bisagra: es, sin lugar a dudas, el rabino más importante de la ortodoxia moderna y uno de los pensadores más conocidos y estudiados en el área de la filosofía judía. Sus libros, tanto de Halajá como de filosofía y ética, son leídos con voracidad por judíos de distintas corrientes. A pesar de que pasaron más de veinte años desde su fallecimiento, sigue siendo la figura más influyente de la ortodoxia moderna. Su posición entre los ortodoxos modernos es similar a la de Rab Kook entre los sionistas religiosos: es una figura central, y las discusiones del tipo “¿qué hubiera dicho Rab Soloveitchik si estuviera vivo?” son moneda corriente.

En contrapartida, en Israel, Rab Soloveitchik es una figura bastante menos influyente. No me malinterpreten: es conocido, pero su influencia no es tan fuerte ni invasiva. Se lo estudia, pero no es una figura pivotal.

En términos del sionismo, Rab Soloveitchik presenta una visión profunda y multifacética: para los judíos diaspóricos, es una fuente para un sionismo comprometido, que destaca la importancia del Estado de Israel, pero que no significa necesariamente la emigración hacia Israel ni la extinción de la Diáspora; para los judíos israelíes, representa una alternativa para un sionismo igual de comprometido pero menos radical y revolucionario que el de Rab Kook y sus seguidores. En este sentido, hay que tener mucho cuidado: de manera quizás inconsciente, muchas veces los judíos israelíes leen a Rab Soloveitchik asumiendo las premisas de Rab Kook, mientras que los judíos estadounidenses leen a Rab Kook bajo el prisma de Rab Soloveitchik. Con esto quiero decir, por ejemplo, que un judío israelí, acostumbrado a leer a Rab Kook, se siente inclinado a enfatizar aquellos pasajes de la obra de Rab Soloveitchik en los que aparentemente hay alusiones mesiánicas. Así, creo que un buen ejercicio para reflexionar sobre las diferencias entre el judaísmo israelí y el de la Diáspora puede ser comparar a los académicos israelíes y estadounidenses en su aproximación a Rab Soloveitchik: en qué hacen énfasis, qué destacan, qué no mencionan, qué critican y qué discuten.

Las lecturas actuales de Rab Soloveitchik

Por si no quedó claro, voy a repetirlo nuevamente: Rab Soloveitchik es uno de los rabinos más importantes del siglo XX. No cabe ninguna duda de que fue uno de los más grandes (sino el más grande) de su generación.

A través de su lectura, uno se encuentra con un judaísmo que escapa al cliché y al más de lo mismo. A diferencia de otros pensadores judíos contemporáneos, Rab Soloveitchik no es apologético: hace frente a los problemas del pensamiemto moderno, se hace cargo de sus limitaciones y sabe aceptar que puede estar equivocado.

Sin embargo, no todo es color rosa: algunos consideran que no está dispuesto a poner en tela de juicio la tradición judía y que, por lo tanto, no es lo suficientemente “moderno”. Según esta lectura, Rab Soloveitchik fue una figura relativamente reaccionaria, que impidió el desarrollo de nuevas formas halájicas. También algunos piensan que su visión de la Halajá como un sistema lógico, modelado a la manera de la matemática, no hace justicia a la pluralidad de voces que presentan las fuentes judías. Según esta postura, el enfoque “científico” de Rab Soloveitchik con respecto a la Halajá deja de lado los aspectos más subjetivos del proceso halájico, que debería ser visto como un “arte”.

Tanto desde la izquierda como de la derecha (en términos religiosos, no políticos) ha surgido una especie de revisionismo que pretende demostrar que Rab Soloveitchik apoyaría hoy ideas distintas a las que tradicionalmente se lo asoció. Por el lado más abierto y de izquierda de la ortodoxia, Rab David Hartman presenta una lectura en la que el pluralismo, la apertura al Otro, las instuiciones morales y la sensibilidad moderna predominan; por el lado más cerrado y de derecha de la ortodoxia, el rabino Moshe Meiselman hace una lectura terriblemente deshonesta (criticada duramente por muchos alumnos de Rab Soloveitchik) en la que Rab Soloveitchik es presentado como un jaredí que pensaba que los sabios del Talmud sabían ciencia moderna y que nunca se equivocaron en absolutamente nada.

Como pueden ver, hay un montón de lecturas posibles de Rab Soloveitchik (aunque no todas válidas). Sea como sea, pienso que esto es normal si consideramos que Rab Soloveitchik es un rabino central en la historia judía del siglo XX.

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Rab Joseph Dov Soloveitchik (parte 19)

Entre el pragmatismo y el idealismo

Vimos que podíamos hacer una lectura mesiánica de Rab Soloveitchik. Independientemente de esto, es claro que hay una motivación religiosa para apoyar al Estado de Israel:

“El precepto de conquistar y colonizar la Tierra de Israel (construir, cultivar y establecerse uno mismo en la Tierra) es un aspecto de las responsabilidades creativas del hombre.

Pienso que podemos relacionar esto con lo que estuvimos hablando en artículos anteriores sobre Adam 1 y Adam 2: la construcción de un país se corresponde con las características de Adam 1 (activo, social, materialista, utilitario, práctico, social, pragmático, político, dominante, poderoso, majestuoso, glorioso, imponente). Para Rab Soloveitchik, tomar la responsabilidad de mejorar las condiciones socio-económicas y políticas es una de las obligaciones que D-s le encomendó al ser humano: no vinimos a este mundo para encerrarnos dentro de las cuatro paredes y vivir una vida de meditación y especulación metafísica sino para trabajar en pos del arreglo y la corrección de la humanidad. Nuestro deber es esforzarnos no sólo por el estudio teórico sino también por la aplicación práctica de lo que estudiamos. Estamos acá para hacer de este mundo un lugar mejor.

Siendo así, la existencia del Estado de Israel es una plataforma para trabajar concretamente en las áreas de la politica, la economía y la sociedad y crear un país modelo, ejemplo para las naciones del mundo.

Cuando nos dedicamos a mejorar y construir el mundo, haciendo uso de nuestras capacidades creativas, nos transformamos en socios de D-s en la creación: el mundo fue creado perfectible. Por así decirlo, el mundo está “a medio hacer” y depende de cada uno de nosotros terminar la obra Divina.

Esta mirada es pragmática porque se enfoca en lo concreto: en la soberanía política, en los problemas cotidianos, en la construcción diaria del Estado y la sociedad. Por otro lado, también es idealista: nos desafía a trabajae para mejorar el mundo y así unirnos a D-s en la difícil tarea de crear el mundo.

Creo que es importante remarcar que el pragmatismo y el idealismo son dos pilares del pensamiento sionista de Rab Soloveitchik porque muchas veces se lo presenta como alguien que tiene una mirada 100% pragmática, despojada de destellos idealistas. Es cierto que Rab Soloveitchik tiene una visión más “bajada a tierra” que la de Rab Kook. De hecho, se inclinaba por no recitar Halel (plegaria de agradecimiento que se dice en los días festivos) en Iom HaAtzmaut o Iom Ierushalaim. Por otro lado, creo que una frase como la siguiente refuta todo intento de entender al sionismo de Rab Soloveitchik en términos 100% pragmáticos:

Me inclino a pensar que las Naciones Unidas fueron creadas por la Providencia Divina con el propósito de cumplir esta misión (crear el Estado de Israel). Me parece que se puede señalar ningún otro logro concreto de la ONU

Hace algún tiempo leí una frase que quizás captura algo de todo esto: Rab Soloveitchik fue un gran líder sionista pero no un pensador sionista, porque lo eterno le gana a lo temporal. Dicho en otras palabras, si bien Rab Soloveitchik fue un sionista convencido, no fue un “pensador sionista”: no consideraba que el Estado de Israel sea una revolución en el seno del pueblo judío que exigiese un cambio radical en nuestro modo de vida. Fue más bien un líder religioso que, además, era sionista.

Este modelo de sionismo religioso pragmático es el que, de hecho, predominó hasta la década de 1970 en Israel y el que sigue predominando hasta el día de hoy en Estados Unidos. Es un tipo de sionismo religioso moderado, poco dispuesto a los cambios abruptos y a los grandes discursos, más conciliador y menos provocativo que -digamos- Gush Emunim.

Creo que las propias palabras de Rab Soloveitchik son más claras que todas mis explicaciones:

¿Qué contribuimos que sea nuevo a la Mitzvá de asentarse en la Tierra de Israel? Primero, fueron los primeros en explicar que el establecimiento del Estado tiene importancia halájica porque por intermedio del Estado tenemos la posibilidad de cumplir la Mitzvá de poseer la Tierra y asentarnos en ella. O sea, esta Mitzvá se cumple no solamente construyendo económicamente al país sino también a través de nuestra soberanía. La existencia del Estado de Israel y el hecho mismo de que sean los judíos y no los ingleses quienes determinan la aliá (inmigración); que los judíos y no los árabes sean los líderes políticos del país; y que un gobierno, una policía y un ejército judíos existen, es la mejor puesta en práctica posible de la Mitzvá de asentarse en la Tierra de Israel.

Kneset Israel como ente metafísico

En algunas ocasiones, se dice que Rab Soloveitchik representa una variante “a la americana” de Rab Kook. Así, es más pragmático e individualista, más materialista y práctico. Creo que es una lectura mal encaminada: puede ser que algunos lectores norteamericanos hayan entendido eso, pero claramente no es hacia donde apunta Rab Soloveitchik. Ya hemos hablado bastante del pragmatismo y hemos puesto en duda si verdaderamente es tan tajante la diferencia. Hablemos ahora del individualismo.

La verdad es que no logro entender por qué alguien pensaría que Rab Soloveitchik era más o menos individualista que Rab Kook. A pesar de que tienen un estilo distinto, los dos enfatizan la importancia tanto del individuo como del pueblo, tanto de la persona como la comunidad, lo particular y lo general. En relación a lo comunitario, ya hablamos que para Rab Soloveitchik no se trata sólo de unirse en pos de la concreción de ciertos objetivos comunes sino de un tipo de unión mucho más profunda, basada en la actualización práctica de valores morales y espirituales. Así habla Rab Soloveitchik:

“La comunidad en el judaísmo no es funcional-utilitaria sino ontológica. La comunidad no es simplemente una asamblea de personas que actúa en conjunto por su beneficio mutuo sino un ente metafísico, un individuo: podemos decir, un todo viviente. En particular, el judaísmo ha enfatizado la integridad y la unidad de Kneset Israel, la comunidad judía. No es un conglomerado. Es una entidad autónoma, dotada de vida propia. Por ejemplo: decimos que tenemos derecho a la Tierra de Israel porque D-s nos la dio como regalo. ¿A quién se la dio? Ni a un individuo, ni a un conjunto formado por millones de personas. Se la dio a Kneset Israel, una comunidad que es una unidad independiente, una persona jurídica metafísica diferenciada. No me prometió la Tierra a mí, a vos o a ellos. Abraham no recibió la Tierra en cuanto individuo sino en cuanto padre de la nación.

En otras palabras, hay un concepto muy claro del valor del pueblo y de lo comunitario en la obra de Rab Soloveitchik, y está explícitamente relacionado con su concepción del sionismo y el moderno Estado de Israel.

The realsm of his attitude was

Rab Soloveitchik y Rab Kook

El estilo de Rab Soloveitchik es muy diferente al de Rab Kook: aunque tengan algunas ideas en común, la forma de expresarlas es muy distinta. Rab Kook inspira emoción, dramatismo y espiritualidad; Rab Soloveitchik es más reflexivo, filosófico y sistemático. Rab Kook es esencialista y teleológico: ve a la historia como un proceso en el que se va desarrollando progresivamente el mundo hasta llegar al ideal mesiánico; Rab Soloveitchik es más prudente: aunque habla de la Mano de D-s en la historia, se cuida mucho de explicar las causas finales de los acontecimientos. Rab Kook piensa en términos de la esencia de las cosas, destacando su núcleo espiritual; Rab Soloveitchik tiene una visión más instrumentalista y pragmática. El mensaje de Rab Kook es apasionado e inspirador; el de Rab Soloveitchik, más razonado y flexible. En términos de filosofía occidental moderna, pueden pensar (con ciertas reservas) a Rab Kook como un hegeliano y a Rab Soloveitchik como un post-kantiano.

Como consecuencia de todo lo que hemos dicho, hay una diferencia significativa entre el enfoque de Rab Kook y Rab Soloveitchik con respecto al sionismo: el lugar de la crítica a la diáspora. Sabemos que uno de los componentes fundamentales del sionismo clásico (tanto de izquierda como de derecha, socialista o revisionista) fue la crítica al Galut (Diáspora): la idea de que el pueblo judío en exilio es una enfermedad, un mal a corregir por medio de la acción política. El ideal sionista, desde esta concepción, no es sólo la restauración política del pueblo judío sino también su regeneración moral, cultural y/o espiritual. En otras palabras, el judaísmo en el Galut está incompleto: es superficial, insípido y un reflejo vago de lo que debería ser. Rab Kook recoge esta critica, la acepta y la toma como punto de partida: para él, los sionistas religiosos deben reaccionar a los cambios revolucionarios en el seno del pueblo judío haciendo una revolución más profunda, nacida de la Torá en vez de Marx, Tolstoi o Garibaldi. Para Rab Kook, la rebelión de gran parte de pueblo judío contra la tradición judía y el modo de vida regido por la Torá y las Mitzvot es un paso necesario (aunque doloroso) para la Redención Mesiánica. Por el contrario, Rab Soloveitchik considera que la crítica del sionismo clásico al Galut es inválida y, debido a su enfoque no teleológico, no considera que debamos tomarla en serio. Para Rab Soloveitchik, el judaísmo diaspórico no está enfermo ni adolece de una enfermedad mortal: se puede ser un perfecto judío en Estados Unidos, Argentina o Senegal.

La expresión concreta de esta diferencia es la siguiente: ya explicamos que Rab Kook pensaba que el sionismo es un indicador claro de que estamos en la época del comienzo de la Redención. También vimos cómo esta idea podía llevar al desastre: el mesianismo es peligroso. A Rab Soloveitchik le gustaba contar una historia: un día, en la época de la Primera Guerra Mundial, una persona le dijo a su abuelo, Rab Jaim Soloveitchik, que el podría sobrellevar todo el dolor, la angustia y el sufrimiento si estuviera seguro de que todo eso es el comienzo de la Redención; Rab Jaim se enojó y le dijo que ningún bien ulterior a futuro justifica los enormes sufrimientos presentes.

Nos vemos cuando nos veamos con más de Rab Soloveitchik. Prometo que no falta mucho para terminar con él y que seguiremos con otras personalidades del sionismo y el pueblo judío.