Moses Mendelssohn (parte 8)

¿Qué nos dejó Mendelssohn?

Creo que casi todos estamos de acuerdo en que Moses Mendelssohn es el judío moderno más influyente. También probablemente sea el más discutido y criticado. Más allá de sus posturas filosóficas puntuales y del hilo de argumentos que utiliza, que en general nos resultan extraños e incluso anacrónicos, su visión política es tan importante y todo abarcativa que, simplemente, la hemos naturalizado y aceptado como dada. Ideales como la tolerancia, el respeto entre los credos y la libertad religiosa y de expresión son prácticamente un lugar común en nuestros días. Pocas personas en la sociedad occidental los ponen en duda.

Sin embargo, sí es cierto que, frente a conflictos entre ideales, surgen los debates públicos: ¿es más importante la libertad de expresión o el respeto entre religiones? ¿Debemos apoyar las caricaturas de Charlie Hebdo en aras de la libertad de expresión o criticarlas por menospreciar las creencias de un colectivo humano? ¿Debemos apoyar la libertad de culto, aún a costa de la racionalidad, y permitir la proliferación de sectas como la cienciología? ¿Debemos respetar todas las creencias o tenemos el derecho y/o la obligación de criticar aquellas que representan un peligro para la sociedad o la integridad de las personas o que simplemente no nos gustan?  Mendelssohn puede servir de guía para resolver algunos de estos conflictos.

En este artículo, vamos a ver dos casos actuales muy puntuales en los que Moses Mendelssohn puede ayudarnos a encontrar solución a estos dilemas. El primero, un tema candente en Israel y que hemos tratado varias veces en este blog, el Gran Rabinato; el segundo, un tema que se puso sobre la mesa hace poco en la Argentina, la ley de objeción religiosa y las exenciones impositivas a las instituciones religiosas. Para finalizar, vamos a concluir con una reflexión sobre Mendelssohn y su relevancia para nuestra sociedad: más específicamente, cómo puede servirnos de inspiración como modelo de tolerancia y respeto democrático, en el marco de la práctica judía.

Casos actuales: el Gran Rabinato en Israel

No quiero repetirme demasiado (ya hablamos varias veces del rabinato israelí en este blog), pero nunca está demás un resumen: ya en la época del dominio del Imperio Otomano sobre la Tierra de Israel existía el cargo de “Gran Rabino”, cuya función era hacer de nexo entre la comunidad judía y las autoridades otomanas; el cargo se mantuvo durante el Mandato Británico y cobró mayor importancia cuando se dividió en dos (un Gran Rabino Sefaradí y otro Gran Rabino Ashkenazí); con la creación del Estado de Israel, y luego de un tiempo de negociaciones políticas, se mantuvo la existencia del Gran Rabinato y se lo anexó al Estado, como si fuese una institución más del mismo. El objetivo de esta movida política de Ben-Gurión era evitar una escisión de los partidos religiosos, especialmente los jaredim (ultraortodoxos), con respecto al naciente Estado de Israel, unificar al “Antiguo Yishuv” con el “Nuevo Yishuv”, acercar posiciones entre religiosos y seculares y, fundamentalmente, neutralizar a la religión como un factor independiente, subyugándola al poder estatal. En contrapartida, los partidos religiosos se aseguraron beneficios económicos para sus instituciones educativas y el control sobre los matrimonios, divorcios y conversiones, la supervisión de la comida kosher y el manejo de los lugares sagrados o santos. Paralelamente, existen juzgados rabínicos que dictaminan sobre otras cuestiones de derecho civil, cuyas sentencias tienen fuerza de ley. En estos últimos casos existe la opción de dirimir el asunto en un juzgado rabínico o uno civil-secular, opción que no existe en un tema clave como el matrimonio y el divorcio.

La cuestión es que hoy no existe en el Estado de Israel el matrimonio/divorcio civil. Si te casás, tiene que ser mediante una institución religiosa reconocida como tal por el Estado: si sos judío, mediante el Gran Rabinato; si sos musulmán, mediante el Consejo Supremo Musulmán; si sos cristiano, mediante alguna de las Iglesias aceptadas por el Estado (anglicanos, católicos apostólicos romanos, ortodoxos griegos, ortodoxos armenios, apostólicos armenios, etc). ¿Cuál es el problema? Básicamente, los casamientos mixtos o de aquellos que no se identifican con ninguna religión. ¿Qué pasa si dos personas no quieren casarse por ninguna institución religiosa? No pueden. ¿Qué pasa si un judío se quiere casar con una cristiana? No pueden: uno de los dos se tiene que convertir a la religión del otro, solamente se pueden casar por sinagoga o iglesia, no en un juzgado civil. Más complejo todavía: según la Halajá, por ejemplo, un Cohen no puede casarse con una mujer divorciada. ¿Qué hace un Cohen no religioso para formar pareja y casarse con una divorciada?

¿Cómo se solucionan estas cuestiones? En el año 2010, se aprobó una ley por la cual, si dos personas no están afiliadas a ninguna religión, entonces pueden formar una “unión civil”. Además, Israel acepta como válidos los casamientos civiles hechos en el exterior. Es decir, si una pareja se casa en la Argentina por matrimonio civil y después se va a vivir a Israel, su matrimonio es válido según la ley israelí. Hecha la ley, hecha le trampa: los israelíes que no quieren casarse por ceremonia religiosa (ya sea por ser ateos o antirreligiosos, por trabas burocráticas o porque su matrimonio no estaría permitida según la ley religiosa), se casan en otros países. El lugar más recurrente es Chipre.

El argumento más fuerte para mantener el monopolio del Gran Rabinato sobre los matrimonios judíos en el Estado de Israel es mantener un mínimo estándar que unifique los criterios de quién es judío y evitar divisiones al interior del pueblo judío. En contrapartida, los seculares en Israel alegan que se los discrimina porque todos deberían tener derecho a casarse de la manera que lo crean conveniente. En el último tiempo, tanto el movimiento reformista como el conservador unieron fuerzas para intentar quebrar el sistema: aducen que el Estado de Israel es patrimonio de todos los judíos y que, por lo tanto, deberían aceptarse como válidos los matrimonios hechos por todas las denominaciones (ortodoxos, conservadores y reformistas). Es importante aclarar que el Gran Rabinato siempre fue “ortodoxo”: prácticamente no hay conservadores o reformistas en Israel porque, como ya vimos en otro momento en el blog, las denominaciones son un fenómeno diaspórico. En el último tiempo, para colmo el Gran Rabinato endureció sus posturas en varios aspectos porque quienes lo manejan tienden a ser jaredim (ultraortodoxos).

Creo fundamental distinguir entre dos tipos de críticas: las de los movimientos heretodoxos (conservadores y reformistas) y las de los anti-matrimonio religioso.

Las críticas de los movimientos heterodoxos no se dirigen al sistema de matrimonios religiosos en Israel: no proponen instituir el matrimonio civil sino simplemente que el Estado de Israel legitime a las distintas denominaciones, con sus distintos estándares y leyes. En otras palabras, los movimientos heterodoxos no necesariamente están en contra de que no exista matrimonio civil en Israel sino que aducen que se discrimina a los judíos heterodoxos al no permitirles desarrollar sus actividades (entre ellas, casamientos) al amparo del Estado.

Las críticas de los anti-matrimonio religioso son mucho más radicales: argumentan que el Estado de Israel debería permitir el matrimonio civil. En todo caso, cada pareja podrá decidir si se casa por matrimonio civil o religioso. Si mantenemos la situación actual, estamos dejando afuera y discriminando a un montón de personas que quieren casarse pero no pueden: un Cohen con una divorciada o una conversa, homosexuales, matrimonios mixtos, entre otros, son excluidos del sistema por no ser matrimonio halájicamente válidos. Estos críticos afirman que esto es una imposición religiosa, que va en contra de la libertad de culto y que introduce a la religión en el espacio público.

Creo que las críticas de los movimientos heterodoxos son bastante blandas: no considero que sea muy pluralista de su parte exigir un lugar en el Gran Rabinato solo para ganar legitimidad. Si bien entiendo sus argumentos, me parece que lo que ocurriría es que se reproduciría y complicaría todavía más la situación actual, con esa mezcla explosiva entre religión y política. Por el contrario, el segundo tipo de crítica, la de los anti-matrimonio religioso, me parece mucho más coherente y absolutamente consistente con los planteos de Mendelssohn: como la religión es privada y corresponde al ámbito de la conciencia personal, el Estado no puede ni debe imponernos el matrimonio religioso. El espacio público no debe mezclarse con la religión y las leyes estatales no deberían tener nada que ver con las leyes religiosas.

Dicho esto, también hay que considerar que Moses Mendelssohn habla en un contexto muy distinto al del moderno Estado de Israel: él vive en una Alemania antisemita y que se está modernizando, en la cual los judíos son minoría. Puede ser que, de haber visto un país como Israel, con mayoría judía, su posición hubiera cambiado.

Casos actuales: la ley de “libertad religiosa” en Argentina

Vamos a ver, entonces, un segundo caso que creo que es muchísimo más claro y no deja lugar a dudas: el reciente proyecto de ley de “libertad religiosa” en Argentina.

Este proyecto de ley, presentado por el gobierno hace menos de dos meses, propone eliminar el Registro Nacional de Cultos y reemplazarlo por un Registro Nacional de Entidades Religiosas, tipificar el derecho de objeción de conciencia religiosa y modificar las penas por daños a objetos de culto. Supuestamente, la idea es ampliar la libertad religiosa porque toda religión que esté inscripta en el Registro Nacional de Entidades Religiosas recibiría los mismos beneficios fiscales e impositivos que hoy goza en exclusividad la Iglesia Católica en la Argentina. Además, al tipificarse la objeción de conciencia, una persona podrá negarse a servir en el ejército o trabajar en días festivos por motivos religiosos.

¿Qué diría Mendelssohn de esto?

Creo que no tendría mayores problemas con la objeción de conciencia. Aunque la ley da algunos beneficios dudosos (por ejemplo: un profesor podría negarse a enseñar la Teoría de Evolución o el Big Bang en clase de ciencias naturales; un cura o un rabino tendrían más facilidades para acceder a ver a un prisionero que un médico o un psicólogo), creo que la idea general es coherente con el ideario de Mendelssohn: todos tenemos derecho a ejercer nuestra propia religión.

Lo que es un despropósito y sería duramente criticado por Moses Mendelssohn es la parte que habla de crear un Registro Nacional de Entidades Religiosas y darles exenciones impositivas a las instituciones religiosas. Si estaba mal que se le den beneficios a la Iglesia Católica, peor está que se le den beneficios a todas las religiones aceptadas por el Estado. Esta mezcla entre el ámbito público (Estado) y privado (religión) sería denunciada por Mendelssohn como una intromisión. Lo que debería proponer una verdadera ley de libertad religiosa es que todos, sin excepción, podamos ejercer nuestras creencias sin limitaciones (siempre y cuando no perjudiquemos a terceros, evidentemente), no que todos financiemos los gastos de las instituciones religiosas. ¿Por qué debería el Estado utilizar los impuestos que pago para sostener una iglesia, una mezquita o una sinagoga?

La crítica de David Novak: Mendelssohn y el individualismo

Uno de los críticos más actuales de Mendelssohn es David Novak, un filósofo judío estadounidense conservador, que argumenta que la arena pública está conformada por comunidades religiosas, no por individuos. Según Novak, todos nacemos en una comunidad religiosa dada y el ámbito público no es más que la suma de las distintas comunidades religiosas: para él, somos ciudadanos de un Estado en función de un pacto “moral”, que comparten las distintas religiones, la ley natural (o, lo que es lo mismo para Novak, las leyes noájidas). Dicho de otra manera, uno se hace “persona” por pertenecer a una comunidad religiosa, que significa formar parte de un pacto o contrato de deberes morales. Nuestra religión es nuestra figura pública.

Novak argumenta que Mendelssohn confina a la religión al ámbito privado y, por lo tanto, la deja afuera del contrato social. Esto es una tergiversación de la religión: no podemos escindir nuestra persona en dos (privada y pública). Piénselo así: un judío religioso sale a la calle con kipá. Ya está: es judío. Todos saben que es judío. No hay forma de evadirse. No existe dividir entre persona privada y persona pública, eso es un error: nuestra relación con la religión es lógicamente anterior al Estado liberal.

Lo interesante es que Novak utiliza la misma categoría fundamental que Mendelssohn para su filosofía política: el contrato social. Sin embargo, sus conclusiones son opuestas: Mendelssohn apoya un Estado secular y laico; Novak, un Estado pluriconfesional.

El gran agujero en el hilo argumentativo de David Novak es que está dejando afuera a los ateos o a los que simplemente no profesan ninguna religión. Además, pareciera que Novak no es consciente de los peligros del poder religioso: la excomunión, el control de las autoridades religiosas sobre la libre circulación de ideas, bienes y servicios, el separatismo religioso, la persecución a los herejes y opositores. Contra todo esto se para Mendelssohn y por eso distingue claramente entre el Estado y la religión.

En resumen…

Espero que después de todo esto puedan apreciar la relevancia actual de Moses Mendelssohn. En pocas palabras, puede ser un modelo liberal para los judíos del mundo: por un lado, como luchador por los derechos civiles en la diáspora; por el otro, como modelo para un judaísmo tolerante, racional, abierto y tradicional en Israel. Creo que Mendelssohn es un perfecto ejemplo para aquellos que pensamos que la encrucijada a la que se enfrenta un judío que quiere ser honesto consigo mismo y mantener su cultura hoy no es la legitimidad de la ciencia en función de lo que dice la Torá, o de la Torá en función de lo que dice la ciencia, sino cómo mantener un compromiso con la Torá y con principios democráticos como la libertad, la igualdad, la tolerancia, el pluralismo, la diversidad y el respeto al prójimo.

En este sentido, Mendelssohn nos mostró que se puede ser un judío moderno, con amplio conocimiento de la cultura general, codearse con las mentes más brillantes de la época, y, simultáneamente, mantener un compromiso inflexible con el judaísmo tradicional.

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