Rab Ovadia Yosef (2)

El orgullo sefaradí

El judaísmo sefaradí (o mizrají, como prefieran) es milenario. Es un árbol de varias ramas, con múltiples costumbres y tradiciones. Los grandes filósofos medievales eran sefaradim; los comentaristas sefaradim del Talmud son fácilmente reconocibles con respecto a los ashkenazim por su método; la vida judía tomó formas particulares en los países sefaradim, diferentes de las ashkenazim. El sefaradí siempre se sintió orgullo de su legado cultural y religioso. En los casos más extremos, más de un sefaradí ha planteado que el judaísmo sefaradí es el “judaísmo original” o el “judaísmo verdadero”. No quiero entrar en la discusión sefaradí vs ashkenazí, discusión que me parece inútil y contraproducente. Lo que sí es claro que es unos y otros tienen una tradición distintiva y se sienten orgullosos de ella, cuestión completamente natural y aceptable.

Sin embargo, los sefaradim sufrieron golpes durísimos durante los primeros años del Estado de Israel (golpes que, en algunos casos, tienen consecuencias directas que llegan hasta la actualidad): ya hablamos del tema en el artículo sobre Saadia Marciano. En resumen, los judíos sefaradim fueron tratados como ciudadanos de segunda clase y considerados como brutos y bárbaros. Humillados en su condición, muchos se sentían excluidos del sistema político, económico, social y cultural del Estado de Israel. Esta situación se remedió en los últimos años, y hay sefaradim en Israel que tienen poder económico, político y cultural, pero sigue siendo verdad que los sefaradim tienen, en promedio, un nivel socio-económico menor que sus contrapartidas ashkenazim. Uno de los casos más destacados de esta exclusión se dio a nivel religioso: las yeshivot ashkenazim eran mucho más prestigiosas que las sefaradim. Simultáneamente, muchas de las yeshivot ashkenazim no permitían la entrada de sefaradim. Esto provocó enormes problemas de discriminación, que siguen existiendo, aunque mitigados, al día de hoy en la sociedad jaredí. Para lograr el acceso a las mejores yeshivot (ashkenazim, por supuesto), muchos sefaradim se despojaron de su identidad como tales: empezaron a hablar en yiddish, se vistieron como sus compañeros de estudio y absorbieron prácticas y formas de pensar ashkenazim. Un ejemplo clarísimo es la relación entre estudios seculares, trabajo y estudio de Torá: históricamente, los sefaradim combinaron estudio de Torá con trabajo y estudios seculares; según el concepto ashkenazí que se formó a partir de 1800 (como reacción a la Haskalá) y que se profundizó a partir de 1950 (como reacción a la destrucción de amplias capas del pueblo judío, especialmente entre los sectores ultraortodoxos, por la Shoá), el estudio de Torá es lo más importante en la vida y el trabajo y el estudio de tópicos seculares debe minimizarse o, en lo posible, eliminarse por completo. Como consecuencia de este proceso de asimilación del que hablábamos antes de los sefaradim en la cultura ashkenazí, muchos sefaradim terminaron aceptando como propio el concepto ashkenazí de “Solo estudio de Torá”, viendo como inferiores, errados o directamente falsos otros enfoques.

Hasta ahora hemos hablado de los sefaradim “religiosos”. Me gustaría ahora tocar otro tema: los sefaradim “seculares”. Acá hay que plantear otra diferencia importante con respecto a los ashkenazim: mientras que entre los ashkenazim hay una fuerte división entre religiosos y seculares (con la consiguiente distinción entre reformistas, conservadores y ortodoxos; sionistas y antisionistas, etc), entre los sefaradim la división es mucho menos tajante. Hay un continuo entre “religiosos” y “seculares” más que una línea divisoria. En este sentido, el sefaradí “secular” no rechaza la tradición ni la religión, muy probablemente se dirija a un rabino ortodoxo en caso de necesidad (y no a uno reformista o conservador) y considera al “judaísmo ortodoxo” como la forma legítima de judaísmo (aun cuando él mismo no sea ortodoxo). El sefaradí “secular” tiene un fuerte apego emocional con la tradición heredada de sus padres: no hablo solo de la tradición judía sino también de expresiones culturales árabes como la música popular. Con esto no quiero decir que todos los sefaradim hablen árabe: simplemente digo que hay un apego emocional a la cultura árabe (así como los ashkenazim sienten algo similar con la cultura yiddish). Este apego a la tradición hace que los sefaradim tiendan a ser conservadores en política: en Israel, la mayoría de los sefaradim vota a partidos de “derecha”, como el Likud y Habait Hayehudí. El sefaradí, por influencia árabe, tiende a ser más extremo y directo, más duro y menos complaciente. También le gusta exagerar.

Rab Ovadia Yosef era respetado por sefaradim “religiosos” y “seculares” por igual: la figura rabínica, para la mayoría de los sefaradim, es una figura de autoridad y respeto, más allá de ideologías.

Historia política de los sefaradim en Israel

En el artículo sobre Saadia Marciano, escribí sobre la emergencia de los sefaradim como sujetos políticos en el Estado de Israel: la juventud se rebeló frente al establishment y muchos de estos jóvenes rebeldes crearon nuevos partidos políticos y/o se integraron a los ya existentes, con el objetivo de renovar y mejorar el sistema político israelí. La creación del Shas puede ser vista como la culminación de este proceso de empoderamiento de los sectores populares sefaradim o como la cooptación de las masas sefaradim por un partido reaccionario y elitista. Las Panteras Negras es interesante como expresión espontánea de las demandas políticas de los sefaradim, pero no logró captar un apoyo masivo en las urnas: no tradujo su influencia inicial en capital político. Así, las Panteras Negras fueron pasando por distintas alianzas y se fueron fraccionando. Prácticamente se diluyeron. En general, los líderes de las Panteras Negras tendieron a la “izquierda”, aliándose con socialistas, pacifistas y comunistas. Sin embargo, el patrón de voto sefaradí giró hacia otro lado: hacia la “derecha”. La mayoría de los sefaradim votan en la actualidad al Likud, HaBait HaYehudi y, por supuesto, al Shas, el partido fundado por el Rab Ovadia Yosef.

Hagamos un poco de historia para entender la situación. En los años anteriores a la creación del Estado de Israel y en los primeros años de su existencia, los sefaradim formaron una alianza táctica con el sionismo general (cuyo líder era Jaim Weizmann). El sionismo general era moderado y liberal, se definía como centrista y buscaba mediar entre el sionismo socialista y el sionismo revisionista. Hubo varias listas de sefaradim que terminaron uniéndose con el sionismo general. Podemos arriesgar una hipótesis: los sefaradim, al alianzarse con el sionismo general, expresaban su desinterés por el conflicto entre revisionistas y socialistas. Con el paso del tiempo, el sionismo general desapareció como tal: los sectores más derechistas, capitalistas y pro-mercado prevalecieron, se unieron con el partido revisionista y terminaron formando el actual Likud; los más progresistas y socialdemócratas se acercaron al sionismo laborista y formaron alianzas con el Mapai. Estos sefaradim políticamente comprometidos de los que hablábamos y que se acercaron al sionismo general eran de clase media-alta y defendían sus intereses. Generalmente eran descendientes de familias que habían vivido muchas generaciones en la Tierra de Israel o habían llegado de Medio Oriente con sus riquezas: eran comerciantes y propietarios de tierras. Conservadores, no religiosos pero sí tradicionalistas, eran naturalmente cercanos a los partidos liberales. Estos sefaradim no tenían nada que ver con Saadia Marciano: eran mayores, tenían más poder adquisitivo y eran, en resumen, más burgueses.  Aunque se presentaban como defensores de los intereses de los sefaradim, fueron engullidos por el Likud y perdieron su característica de partidos étnicos.

Después de las Panteras Negras, hubo una crisis de representación política entre los sefaradim: el gran ganador fue Aharon Abujatzira, fundador del partido político Tami, que se presentaba como un partido defensor de los sefaradim. Abujatzira había sido miembro del partido sionista religioso pero se separó del mismo. Formó Tami, junto a otros sefaradim de diversos partidos políticos. El partido llegó a ganar tres asientos en la Kneset pero cayó en desgracia cuando Abujatzira fue enjuiciado y condenado por corrupción, fraude y malversación de fondos. Tami no era un partido especialmente religioso (aunque algunos de sus miembros eran sionistas religiosos, esto no era la norma y tenía miembros seculares). Una cosa interesante y que se va a repetir en la historia: Abujatzira fue votado por muchos sefaradím, a pesar de tener fuertes acusaciones de corrupción. Ya vamos a hablar más adelante del tema de la corrupción porque es importante.

El Shas, fundado en 1984 bajo el liderazgo de Rab Ovadia Yosef, combinó las demandas sociales de las Panteras Negras con la representatividad étnica de Tami y una postura religiosa ultraortodoxa. Esta mezcla de intereses étnicos (sefaradim o mizrajim, como gusten) y religiosidad (jaredí o ultraortodoxa) tiene que conciliar los choques entre las facciones más “religiosas” y las más “seculares” de los sefaradim: el partido tiene un liderazgo rabínico y todas sus figuras importantes son hombres que usan sombrero y traje negro (o sea, visten a la manera jaredí). A su vez, tiene una postura mucho más abierta que sus contrapartes ashkenazim, haciendo muchas concesiones que resultan impensadas para los jaredim ashkenazim. El Shas obtiene votos tanto entre jaredim moderados como en sectores no religiosos sefaradim.

Toda la historia política de los sefaradim en Israel, y principalmente el drenaje de votos desde las Panteras Negras hacia el Shas, invita a repensar las categorías “izquierda” y “derecha” y “religioso” y “secular”. Estos dos ejes, tan utilizados en el análisis político, resultan insuficientes para explicar las complejidades de un partido como el Shas.

El Shas: ¿populismo o apertura a las bases?

El Shas es un partido político único en Israel: se define como jaredí pero recibe la mayoría de sus votos de personas no jaredim. Muchos sefaradim tanto Jilonim (“seculares”) como Masoratim (“tradicionalistas”; no confundir con “Masorti”, que es el nombre que utiliza para sí el movimiento conservador) y “Datiim Leumim” (sionistas religiosos) votan al Shas porque lo consideran un partido representativo de sus intereses como grupo étnico. A su vez, muchos jaredim, incluso entre los sefaradim, lo consideran un partido demasiado permisivo y dado a las negociaciones, flexible en exceso y poco apegado a las normas religiosas de la ultraortodoxia. Una crítica muy frecuente entre los sectores jaredim es que el Shas no es verdaderamente jaredí. Irónicamente, al tener muchos votantes no jaredim, el Shas es el partido ultraortodoxo más poderoso y es fundamental para que la población jaredí mantenga sus privilegios (exención del servicio militar obligatorio y subsidios a las yeshivot, por ejemplo). Por otro lado, esta flexibilidad puede ser vista como una virtud (pragmatismo, capacidad de negociación, etc) o como un defecto (ideales difusos, conveniencia política, se venden al mejor postor, etc).

El Shas, originalmente, se fundó como una escisión de Agudat Israel (la organización jaredí más importante a nivel mundial): Rab Ovadia Yosef argumentaba que los sefaradim estaban subrrepresentados en Agudat Israel y que no se escuchaban sus demandas. Algunos líderes rabínicos ashkenazim criticaron esta movida, asegurando que dividía los votos jaredim y que, de esta manera, debilitaba el poder de los partidos políticos jaredim. Los hechos refutaron a estos críticos: el Shas se transformó en una suerte de comodín, que más de una vez definió alianzas de gobierno y políticas de Estado. Al ser más flexibles que sus contrapartes ashkenazim, los candidatos del Shas lograron:

  1. Obtener votos de gente que no hubiese votado nunca en la vida a otros partidos políticos jaredim.
  2. Negociar con éxito con distintos gobiernos, de diverso signo partidario, formando parte de coaliciones de gobierno y/o votando leyes que hubiesen sido rechazadas de plano por otros partidos jaredim.
  3. Ganarse el apoyo de algunos sectores no jaredim, que perciben al Shas como “moderado” en relación a sus contrapartes.

Al fundar el Shas, Rab Ovadia Yosef envió un mensaje contundente: los sefaradim estamos preparados para manejar el poder. Más de uno criticó la irresponsabilidad de esta decisión de Rab Ovadia, acusando a los sefaradim de no estar preparados para posiciones de liderazgo. Una vez más, los hechos demostraron que Rab Ovadia Yosef tenía razón: sí podemos criticarlo como figura política (y, de hecho, hay mucho material para hacerlo), pero no porque haya demostrado su incapacidad para liderar.

El Shas es un partido político que muchos israelíes asocian con la corrupción. Lo cierto es que varias figuras destacadas del partido fueron procesadas por fraude, corrupción o abuso de autoridad. En Israel hay muy poca tolerancia hacia la corrupción. Así, el Shas tiene fama de oportunista y corrupto. Los partidos jaredim (entre ellos, el Shas, evidentemente) tienen una estructura de liderazgo basada en la subordinación a líderes rabínicos: existen “punteros” en distintas yeshivot, que intercambian votos por beneficios. Así, muchos israelíes sospechan de los partidos jaredim, a los que acusan de desviar fondos para su propio beneficio, sin preocuparse por las demandas y necesidades de la sociedad como un todo. A su vez, en el caso particular del Shas, muchos piensan que este “populismo” se extiende hacia sectores no jaredim, que votan al Shas, ilusionados por un partido que se presenta como representante del pueblo llano y como defensor de los intereses sefaradim/mizrajim, pero que, en realidad, solo defiende los del público jaredí. Dicho de otra manera, algunos consideran que los dirigentes del Shas tienen una preocupación real por las masas populares y, en especial, por los sefaradim; por el contrario, otros argumentan que el Shas no es más que una distracción de la elite sefaradí para evitar la revolución étnica y acallar, mediante concesiones menores, las demandas de las masas populares. En el peor de los casos, el Shas puede ser visto como una especie de “Hermandad musulmana” pero de judíos. Con la obvia salvedad del rechazo tajante al terrorismo, evidentemente.

Finalmente, también quisiera dedicar un párrafo a los dichos públicos de Rab Ovadia Yosef. Es común leer en la web, en páginas antisemitas, títulos escandalosos acusando al judaísmo y/o  al sionismo de racismo: se usa como excusa alguna frase de Rab Ovadia Yosef. Empecemos por el principio: más allá de que muchas veces estas frases son presentadas fuera de contexto y se les da una autoridad que no es tal, sí es verdad que Rab Ovadia tenía una lengua filosa y dijo varias cosas que son, por lo menos, polémicas. En general, estas frases datan de los últimos años de su vida. Esto me lleva a plantear otra cuestión: algunos argumentan que, ya avejentado, Rab Ovadia Yosef era manipulado por sus consejeros y que no deberíamos tomar demasiado en serio sus palabras; otros, por el contrario, dicen que en estas frases Rab Ovadia Yosef expone su verdadera cara. Hay una realidad indiscutible: Rab Ovadia Yosef delegó, en sus últimos años, gran parte de sus responsabilidades en su entorno. Al ser un liderazgo rabínico, éste no es elegido de manera democrática (en internas partidarias o algo por el estilo) sino “a dedo”. La respuesta a la pregunta clave (¿hasta dónde llegaba el poder real de Rab Ovadia y hasta dónde lo manipulaban?) es de difícil respuesta. Paradojicamente, el mismo Rab Ovadia Yosef que tiene en su haber esos “dichos racistas” es el que llamó más de una vez a la cooperación con palestinos y árabes. También es uno de los rabinos israelíes más importantes que aceptó, en términos halájicos, ceder tierras a cambio de paz (en el próximo artículo vamos a desarrollar más este tema, que no es tan sencillo como parece). Pienso que la exageración y el pragmatismo pueden ser vistas como una forma de hacer política diferente a la que estamos acostumbrados en la sociedad occidental, y quizás más afín a la sociedad árabe.

En definitiva, el Shas, con su fusión de ultraortodoxia religiosa y apertura a las masas sefaradim y su mezcla de populismo y pragmatismo, clientelismo y capacidad de negociación, y liderazgo rabínico con llegada al pueblo llano, es un fenómeno único en la política israelí. Creo que es un caso sumamente interesante para analizar y desmenuzar y así comprender mejor los vericuetos de la política israelí y del sionismo en particular.

En la próximo entrada seguiremos con Rab Ovadia Yosef y nos detendremos en su enfoque halájico y las implicancias políticas del mismo.

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