Un balance de fin de año

Veamos qué onda…

Aprovechando el fin de año, voy a hacer un jeshbon nefesh de este blog. Veamos lo bueno, lo malo y lo regular; los sí, los no y también los no sé. En resumen, un balance de este año.

A vuelo de pájaro

Escribí veintidós artículos en un año. El promedio vendría a ser más o menos un artículo cada catorce días, lo que me parece un promedio bastante razonable (me había puesto un objetivo inicial de un artículo cada diez días pero hay veces que eso se me súper complica). Un poco para ir mostrando lo que iba leyendo, otro poco para abrir el juego a otras miradas y otros poco para rellenar el blog en esos días entre artículo y artículo, se me ocurrió lo de los Links de la semana. ¿Sirve? ¿Les gusta? ¿Nadie los lee? No tengo claro si seguir con eso o no.

Este no es un blog súper famoso: no tiene miles de lectores ni un millón de comentarios. Tampoco me puse como objetivo que lo sea. Me conformo con que los lectores (habituales u ocasionales, lo mismo da) se puedan llevar algo que los enriquezca. Sí me llamó la atención la cantidad de comentarios: cero, desde que empezó este blog (hace ya un año y medio). Número que se aleja bastante de la cantidad de visitas e incluso de los e-mails que recibo de lectores inquietos, con dudas, recriminaciones, críticas o agradecimientos. No sé, quizás sea porque la era de los blogs ya pasó: ya no estamos en el 2010 ni en el 2011 y los blogs son tan prehistóricos como los fotologs. La verdad, no me cambia demasiado: creé un blog porque me resultaba fácil, no porque me parezca más o menos copado que otros formatos. Supongo que una explicación para el tema de los comentarios es que las discusiones hoy pasan por Twitter y Facebook y mucho se reduce a imágenes de Instagram: no me interesa mucho entrar en esos pantanos. Cada tanto chusmeo alguna cosita en Twitter y tengo una cuenta personal de Facebook que uso para cositas de la facultad, pero no mucho más. No me da la cabeza para crearme cuentas por toda red social que se pone de moda, y menos para el blog. Así como está, bien rústico, sin adornos, bien artesanal, me gusta: básico y directo a los bifes, a escribir sin red. No estoy acá para ganar millones ni para hacerme famoso así que todo bien. Sí me hubiese gustado – no voy a negarlo- ver un poquito más de participación y algo más de intercambio de ideas. Así que los invito a comentar o a mandarme un e-mail (meredhakadosh@gmail.com) así puedo conocerlos un poco: me gustaría que me cuenten cómo llegaron hasta acá, qué los moviliza, qué no, qué critican y en qué coinciden.

Datos interesantes (o no)

La mayor cantidad de visitas viene de Argentina, seguida muy de cerca por España. Algo más lejos, peleando cabeza a cabeza, aparecen México y Colombia. Con la mitad de visitas, asoman Chile, Venezuela y Estados Unidos. El resto de los países latinos, Brasil incluido, asoman por ahí. El dato de color son las visitas de Francia, República Checa y los Países Bajos, con un puñado de visitas cada uno (unas 30 o 40, dependiendo del caso).

No tengo mucha idea de cómo llegan los lectores al blog porque la mayoría de las búsquedas me aparecen como desconocidas, aunque obviamente muchísimos llegan por Google. También alguno que otro llegó por el link de judiosyjudaismo.com (¡gracias Diego!) o algún otro lugar que vaya a uno a saber de dónde salió.

El artículo más visto, por lejos, es el de Ajad Haam. (ni idea por qué, quizás porque es el primero del blog). Después les siguen los de presentación (Quién soy, Sobre el blog, Derecha e Izquierda, Religiosos y seculares, esas cosas). Más abajo, Herzl, Buber, Gordon, Jabotinsky, Trumpeldor, Scholem, Rab Kook padre e hijo, Beguin, Hess, Leibowitz, Brandeis y Syrkin. Digamos que los otros tienen visitas casi despreciables, una lástima si me preguntan porque hay algunos que me encantó escribir y me parece que dan una vuelta de tuerca a ciertas ideas establecidas.

¿Qué aprendiste de este blog en el 2016?

Quizás el descubrimiento más interesante que hice este año con respecto al pensamiento judío al ponerme a escribir este blog fue darme cuenta cómo el proyecto de la filosofía judía moderna es un proyecto judeo-alemán: creo que era Franz Rosenzweig el que decía que toda la filosofía judía era apologética, y llevando esa lógica más a fondo cada día estoy más convencido de que la filosofía judía es alemana, y que los años claves son los de la República de Weimar. ¡Sin desmerecer para nada a los que vivieron en otras geografías u otros tiempos, eh! Habría que distinguir entre pensamiento judío y filosofía judía para evitar confusiones y aclarar que una no es mejor que la otra, sino que son diferentes.

Otra cosa que aprendí es a abrirme al texto: me pasó más de una vez de leer a alguien esperando que diga algo y termina diciendo lo contrario. O apareciendo con una salida que no esperaba. Y eso está buenísimo: te hace replantearte un montón de cosas sobre esa persona. Ojo, no siempre pasa. A veces uno llega a la conclusión de que todo era como lo esperaba, y eso no sé si es bueno o malo, pero sí es aburrido.

Proyectos para el 2017

El objetivo básico es seguir escribiendo cosas interesantes y a un tiempo regular. Cosa que no me resulta fácil; pero voy a hacer el esfuerzo. Pongamos un objetivo con números: superar la cantidad de artículos de este año. Mínimo, veintitrés, entonces. Dentro de un año vemos, ¿no?

El tema es no repetirse, y en esa búsqueda estoy. En los últimos meses decidí empezar a traer al blog a gente que no es sionista: mostrar otros caminos de la Modernidad judía me parece fundamental. La idea de los protosionistas también partió de esa misma necesidad de abrir un poco el juego: como dije en su momento, hay que andar con cuidado con esas categorías conceptuales y entenderlas como lo que son (tipos ideales), y no como reflejos de la verdad histórica empírica. Creo que de los clásicos sionistas no me quedan muchos: sí, faltan Pinsker y alguno más; hace un montón dije que tenía que escribir sobre Rab Soloveitchik y todavía no lo hice, y así podemos tirar varios ejemplos, pero –como diría el Bambino Veira- la base está. Hoy me parece más copado ir a los márgenes y encontrar a ESE tipo que no parece que tenga nada para decirnos a nosotros y encontrar, de repente, que tiene ideas estimulantes que andar haciendo un trabajo de arqueología histórica de los “grandes próceres”.

Alguna vez me preguntaron: ¿por qué escribís sobre Juancito, que se murió hace sesenta años? ¿Ese autor no es un hereje total? ¿Cómo podés hablar tan bien de Pedrito, que dijo esto o aquello? Mi respuesta corta es que no estoy acá en versión moralizante. Me parece que está bueno mostrarle al judío promedio que hay un montón de caminos dentro del judaísmo. No pienso que todos sean igual de válidos ni que todos estén bien, pero sí me parece importante mostrar que existen o existieron y, en todo caso, marcar por qué y en dónde fallaron. Me parece que cerrar el espectro es achicar el judaísmo y, así, dejar afuera a mucha gente. Hay límites, pero esos límites los tienen que poner las instituciones, no yo en un blog. Si Herzl, Borojov o Medem se equivocaron, bienvenido sea: mostremos en qué se equivocaron, digámoslo en voz alta y a los gritos si es necesario; pero no neguemos lo que fueron ni lo que hicieron. Me encantó escribir el artículo sobre Spinoza (me parece que es de los más originales que escribí) pero no creo en esa idea medio lugar común de que para ser un buen judío moderno hay que leerlo ni en que haya que rehabilitarlo como filósofo judío: fue lo que fue, pensó lo que pensó, dijo lo que dijo, hizo lo que hizo, y hay que aceptarlo tal cual, sin volteretas. No quiero pasar de la historia a la hagiografía. Tampoco apunto a hacer el trabajo exhaustivo de un historiador académico sino mostrar algunas puntas: al que le interese, que tire y profundice. Pienso en mi rol como el de un facilitador del acceso a obras algo lejanas para traer las ideas relevantes para nosotros. El pasado por sí mismo no me importa: quiero ver qué nos sirve hoy a nosotros.

Obviamente, hay un montón de libros que me gustaría leer, cursos que me gustaría tomar, viajes que me gustaría hacer y charlas que me gustaría tener. Desde ese punto de vista, también espero poder concretar algún proyecto más académico que este blog para profundizar en el sionismo en un futuro lejano. Ni idea qué pasará.

Y no se me ocurre mucho más, la verdad. Les deseo un muy feliz año, lleno de éxitos en sus vidas.

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