Simon Dubnow

Historiador y político

Simon Dubnow nació en 1810 en Riga, en el Imperio Ruso, y falleció en 1941, víctima de la Shoá. Es uno de los grandes historiadores judíos clásicos. Para que se den una idea, si apuran a alguien que sepa del tema y le piden que mencione tres historiadores judíos, es muy probable que diga: Heinrich Graetz, Simon Dubnow y Salo Baron. Si no, también es posible que mencione a Leopold Zunz o a Ben-Zion Dinur. Más adelante compararemos a Dubnow con estas personas y veremos en qué se diferencia y en qué se parece a ellos para entender cuál es el origen de su enfoque y en dónde radica su originalidad.

Dubnow sería influenciado por una educación judía tradicional, en el jeider y la yeshivá, unida a una educación secular relativamente completa para su contexto; más tarde, se sentiría atraído a la Wissenschaft des Judentums (Ciencia del Judaísmo), que era un movimiento intelectual que proponía utilizar las herramientas de la ciencia moderna para estudiar el legado histórico, cultural, religioso, filosófico, científico, político y literario del pueblo judío, y por la inmensa obra de Heinrich Graetz, el historiador judío más importante del siglo XIX y el primero en escribir una historia sistemática del judaísmo, utilizando las herramientas de la historiografía moderna. También sería muy cercano a Ajad Haam: varias de sus ideas las desarrolló a partir de la obra de su amigo o directamente junto a Ajad Haam.

La Ciencia del Judaísmo y Dubnow

Dubnow es un judío con mentalidad moderna: para él, la historia es fuente de valores. Considera que, a partir de un examen objetivo de la historia judía, podemos extraer enseñanzas válidas para nuestro accionar actual. Esta “historización” del judaísmo es una de las características del pensamiento judío moderno (vean el final de la entrada, donde explico un poco la tesis de Baruj Kurzweil sobre el tema) y hunde sus raíces en la Ciencia del Judaísmo, que pretendía utilizar las herramientas de la ciencia moderna para extraer constantes en la historia judía y así volver significativo al judaísmo para una generación que sentía que el judaísmo tradicional ya no era suficiente para satisfacer sus demandas.

Leopold Zunz fue el fundador de la Ciencia del Judaísmo, con sus estudios clásicos sobre literatura judía, los sermones rabínicos y el Sidur. Todos los estudios judíos académicos se derivan, de manera directa o indirecta, de su obra. Ya hablamos algo de la Ciencia del Judaísmo y de sus limitaciones en el artículo de Gershom Scholem. Si les parece interesante el tema, recomiendo profundizar con este excelente artículo de Diego Edelberg. Lo importante hoy es que se ponía el foco en la ciencia y en la historia como fuentes de valores. Otro detalle nada menor es que la Ciencia del Judaísmo surge en Alemania: Dubnow tiene que “traducir” estas ideas a un contexto muy distinto, como lo era el Imperio Ruso Zarista. El resultado es un tipo de investigación histórica muy diferente al de la Ciencia del Judaísmo original.

Historia judía e historiografía

¿Conocen a Hegel? Hablamos de él en el artículo de Moses Hess. No me quiero repetir ni aburrirlos con un choclazo sobre Hegel, porque la verdad que no da: es un filósofo súper complejo, críptico y oscuro. La posta, lo que tienen que saber, es que Hegel piensa que la historia es el Espíritu revelándose a sí mismo. Dicho en criollo, que si estudiamos la historia, entendemos todo. El temita es que para eso hay que tener un programa de investigación: ¿cómo, con qué herramientas y para qué estudiamos historia? ¿En qué parte de la historia nos enfocamos? ¿Hacemos una historia intelectual de las ideas, una historia económica y social, una historia de los grandes hombres, una historia de la cultura, una historia de las batallas militares, una historia de los grandes imperios, una historia de los oprimidos y marginados? Ahí está el debate: con qué anteojos vemos a la historia.

Heinrich Graetz, el gran historiador judío del siglo XIX, sistematizó toda la historia judía y escribió una obra monumental donde narraba de manera espectacular y detallada lo que a su juicio era la esencia de la historia judía: el pueblo judío como un fenómeno histórico único, con una misión religiosa y espiritual propia y particular. Para Graetz, el judaísmo era una religión y sus valores eran los más elevados y profundos. Dubnow rechaza este enfoque: para él, el judaísmo es una entidad nacional y, como tal, su historia es un fenómeno secular, despojado de toda áurea de santidad. Noten la diferencia: para Graetz, el judaísmo es una religión; para Dubnow, una nación. Por otra parte, Graetz, bien alemán, despreciaba la Cabalá y al jasidismo, enfatizando que el judaísmo era, por esencia, racionalista; Dubnow, nacido en una familia jasídica y criado en el shtetl, escribió la primera historia sistemática y bien documentada del movimiento jasídico, enfatizando su carácter popular y revolucionario, al menos en sus inicios. Para Graetz, el judaísmo de su época alcanza su plenitud en Alemania; Dubnow focaliza sus investigaciones académicas en Polonia, Lituania y el Imperio Ruso. El objetivo de Graetz es alcanzar la igualdad cívica y obtener derechos civiles para todos los judíos; el de Dubnow, alcanzar la autonomía cultural judía en un Estado plurinacional.

El otro gran historiador judío, ya en el siglo XX, es Salo Baron. Otra vez, hay una diferencia en el enfoque básico: Baron pretende hacer una historia económica y social; para Dubnow, la historia del judaísmo es principalmente una historia de las ideas y, en menor medida, política (porque busca justificar su idea de autonomía en los distintos períodos de autonomía judía a lo largo de la historia, principalmente el Kahal y el Concilio de las Cuatro Tierras). Salo Baron escribió un demoledor ensayo contra el enfoque de Heinrich Graetz, llamándolo “historia lacrimógena” porque se focalizaba en las persecuciones antisemitas en vez de los períodos de convivencia pacífica. Todo esto no es fortuito: Salo Baron nació en Polonia (en ese momento, parte del Imperio Austro-Húngaro) pero vivió casi toda su vida y desarrolló su carrera en Estados Unidos.

Finalmente, otro historiador relevante y que me parece interesante tener en cuenta, aunque quizás no sea tan importante como los otros, es Ben-Zion Dinur, el historiador sionista por excelencia. Para Ben-Zion Dinur, toda la historia judía luego de la destrucción del Beit Hamikdash es un largo periplo de nómades que desean volver a la Tierra de Israel. Ben-Zion Dinur estaba especialmente interesado en demostrar que hubo judíos viviendo en la Tierra de Israel a lo largo de toda la historia: creía que eso reforzaba los derechos del pueblo judío a la Tierra de Israel. Para él, el sionismo era la culminación de la Modernidad judía y buscó demostrar que las raíces del sionismo eran muy anteriores a Herzl, rastreando las primeras inmigraciones organizadas a la Tierra de Israel. Por supuesto, según este enfoque, el centro de la historia judía es Israel; la Diáspora no es más que un accidente desafortunado o, a lo sumo, un paso hacia el restablecimiento de la antigua gloria. Dubnow estaría absolutamente en desacuerdo con este enfoque: para él, el judaísmo europeo alcanzó el mayor grado de desarrollo histórico y es en Europa, principalmente Rusia y los países eslavos, donde está el futuro del pueblo judío.

¿Hace falta que aclare que Simon Dubnow se equivocó? Es evidente que nadie en su sano juicio diría hoy que el futuro del judaísmo está en Rusia o Polonia. ¿Qué pasó? Básicamente, cuatro cosas:

  • La Shoá y la destrucción de la judería europea.
  • El estalinismo en la Unión Soviética y las persecuciones a los judíos soviéticos.
  • El éxito del sionismo y la fundación del Estado de Israel.
  • La inmigración a América y la creación de comunidades judías exitosas en Estados Unidos y, en menor medida, Argentina, México, Panamá, entre otros países.

¿Pudo haber previsto Dubnow estos eventos? Es difícil saberlo. Un historiador tiene que saber proyectarse a futuro: de hecho, Dubnow intentó hacerlo, dando un diagnóstico de la situación de los judíos en el mundo y proponiendo una solución. Esta solución fracasó rotundamente. Por otra parte, exigirle a un historiador que adivine el futuro puede ser exagerado: es un historiador, no un futurólogo. Lo más probable es que si Dubnow hubiese sobrevivido a la Shoá, su visión hubiera cambiado: no creo que sea demasiado arriesgado decir que seguramente se hubiese hecho sionista. Pero eso, obviamente, es hacer historia contrafáctica y admito que no tiene mucho sentido más que como reflexión dominguera.

El centro espiritual: Dubnow y Ajad Haam

Simon Dubnow era muy buen amigo de Ajad Haam y compartía su ideal del Centro espiritual o cultural como fundamento del análisis del desarrollo histórico del pueblo judío y como solución a sus problemas. Tanto para Dubnow como para Ajad Haam el mundo judío se divide en Centro y Periferia: el centro irradia su influencia hacia la periferia, que es estimulada por la misma. Esta relación de subordinación de la periferia al centro era entendida por los dos como una cuestión cultural, y no tanto económica, política o religiosa: en su diagnóstico, lo más relevante era la cultura (también llamada “espíritu”). Ya lo explicamos cuando introdujimos el sionismo cultural o espiritual: para Ajad Haam, el objetivo era salvar al judaísmo, entendido como un conjunto de valores colectivos, y no solo al pueblo judío como entidad física y material. Dubnow está de acuerdo con Ajad Haam en el diagnóstico pero no en la solución: si para Ajad Haam hay que crear un centro cultural o espiritual en Israel, para Simon Dubnow el centro puede estar en cualquier lugar de la Diáspora.

Así, podemos decir que Dubnow, al igual que Ajad Haam, ve al judaísmo como una entidad nacional, que mantiene su legado espiritual o cultural propio a través de la influencia de distintos “Centros civilizatorios” a lo largo de la historia. Los dos buscan crear una educación judía moderna, dinámica y rejuvenecedora e inspiran a jóvenes que comparten su ideario. Paralelamente, Dubnow y Ajad Haam tienen más o menos la misma edad y son liberales: luchan por los derechos civiles y políticos del pueblo judío en los países europeos pero no son revolucionarios marxistas, comunistas ni socialistas. Los dos son judíos criados en familias jasídicas, que salen del shtetl y adquieren una cultura general profunda pero que siguen manteniendo una fuerte conexión emocional con la tradición: cuando escuchan a algunos de sus seguidores más radicales, se horrorizan por su intransigencia. Podemos decir que no son revolucionarios sino evolucionistas: creen en un cambio gradual y mayormente pacífico. Para los dos, el objetivo debe ser la emancipación del pueblo judío; pero Ajad Haam considera que esto solo puede lograrse con una elite judía asentada en la Tierra de Israel, mientras que Dubnow considera que esta elite puede estar en cualquier país del mundo en el cual los judíos tengan derechos civiles y políticos, principalmente los derechos nacionales.

Pero esperen un segundo, ¿dije “derechos nacionales”? ¡Entonces Simon Dubnow es sionista! Después de todo, para él, el pueblo judío es una nación. Sí…y no. Para Dubnow, el pueblo judío es una nación, pero no considera que la unidad geográfica en la Tierra de Israel sea condición necesaria para que la nación judía sea considerada como tal. Dicho de otra manera, Dubnow dice que existe una nación judía, pero que ésta no tiene por qué tener una relación especial con la Tierra de Israel. Esta dualidad de Dubnow se expresó en su práctica política: apoyó iniciativas educativas sionistas, particularmente del sionismo espiritual o cultural, pero no se definía a sí mismo como sionista y consideraba que los judíos debían concentrar sus esfuerzos en lograr la ansiada emancipación y obtener representación política en el Imperio Ruso o la Unión Soviética, y no en la construcción de un Estado-nación judío en la Tierra de Israel.

La autonomía: Simon Dubnow y Max Nordau

Autonomía. ¿Les suena? Habíamos hablado de algo similar en el artículo de Max Nordau, cuando explicamos el “Plan Uganda”. Más allá del uso de la misma palabra, no hay que confundir uno con el otro: Nordau enfatiza la salvación física del pueblo judío, diciendo que éste está a merced de los antisemitas, los pogromos, la discriminación y las persecuciones; Dubnow enfatiza la salvación espiritual del pueblo judío, considerando que el desafío es poder ordenar los propios asuntos de manera independiente. Por otro lado, el plan Uganda se basaba en el patronazgo de un poder colonial, el Imperio Británico, y en la inmigración masiva de judíos a Uganda para salvarlos del antisemitismo europeo; Dubnow pensaba que una inmigración masiva era imposible y, por ende, procuraba mejorar la vida de los judíos en los países europeos en los que se residían, luchando por sus derechos civiles y políticos. La autonomía de Nordau significaba autonomía política, en un territorio soberano, con una legislación y una organización política propia; la autonomía de Dubnow significaba autonomía cultural, dentro de un Estado plurinacional. Para Nordau, a cada nación le corresponde un Estado, y la nación judía no es la excepción; para Dubnow, un Estado puede ser plurinacional e incluir muchas naciones en su seno. Dicho de otra manera, si para Nordau la nación es un ente esencialmente político, para Dubnow es un ente esencialmente cultural.

Autonomía en el contexto de un Estado plurinacional: Dubnow y el Bund

La autonomía, según Dubnow, consistía en tres cosas: comunidad, idioma y educación propia nacional. Todo el resto era negociable. Los judíos debían hablar su propio idioma, enviar a sus hijos a escuelas judías y vivir en comunidad. Luego, podían participar de la vida económica, social y política del Estado plurinacional en el que vivían como ciudadanos del mismo, con nacionalidad judía. Esto se parece al Bund, ¿no? (¿Se acuerdan de Vladimir Medem?) Sí, se parecen: hay muchos puntos de contacto, empezando por parentescos familiares (Henryk Ehrlich, uno de los líderes más destacados del Bund, era yerno de Dubnow). Pero no son lo mismo: el Bund era socialista, marxista y revolucionario; Dubnow no. Por otra parte, el Bund se declaraba neutral en asuntos de nacionalidad, mientras que Dubnow era un firme defensor de la continuidad judía. También podemos agregar que la propuesta política del Bund era ver al judaísmo como una identidad basada en el sentimiento, mientras que Dubnow enfatizaba la importancia de la autonomía y el desarrollo de una cultura propia en un territorio dado.

Todas estas diferencias se expresaban en dos plataformas partidarias distintas: el Bund era socialista y revolucionario, aceptaba la lucha de clases como evidente, fue un firme defensor de la Revolución Rusa (aunque una parte importante del partido se opuso a los bolcheviques) y su base de votantes eran los obreros urbanos; el Folkspartei (el partido fundado en 1905 por Simon Dubnow e Israel Efrojkin) era liberal, apoyaba la democracia representativa y su base de votantes era la clase media judía. Digamos que el Folkspartei era más burgués (y lo digo sin el menor tono de ironía). Para el bundista promedio, Dubnow debía ser un hombre muy culto pero medio careta y con poco compromiso social. Para Dubnow, el bundista promedio era demasiado rebelde y zarpado.

El judío entre el judaísmo y la sociedad mayoritaria: Simon Dubnow y Louis Brandeis

La constante del judío diásporico de la Modernidad comprometido con su judaísmo es sentirse asaltado por las dudas: ¿cómo conciliar mis deberes como ciudadano con mis deberes como judío? Escribe Dubnow:

Como ciudadano de mi país participo de su vida política y cívica; pero, como miembro de la nación judía, tengo, además, mis propias necesidades nacionales. En esta esfera, debo ser independiente en el mismo grado que cualquier otra minoría nacional: ser autónomo. Tengo derecho a hablar mi idioma y usarlo en todas las instituciones sociales y como lengua de instrucción en mis escuelas, ordenar mi vida interna en mis comunidades y crear instituciones que sirvan a los propósitos nacionales: participar de actividades comunes con mis compatriotas no solo en este país sino en todos los países del mundo y participar en todas las organizaciones que sirvan para conseguir derechos para la nación judía y defenderla en todo lugar.

Esta tensión la vimos en otro contexto cuando hablamos de Louis Brandeis. Podemos preguntarnos: ¿vale la pena obtener un permiso legal para la nación judía? ¿Es necesario que esté institucionalizada? ¿No sería mejor, tal como ocurre en la actualidad, que la identidad judía sea independiente del Estado argentino o estadounidense? La propuesta de Dubnow es atractiva pero también muestra sus limitaciones a las claras cuando vemos la historia de los judíos soviéticas: de minoría nacional protegida por el Estado pasaron a ser perseguidos y acusados de traidores. En definitiva, la autonomía cultural de Dubnow no soluciona el problema de fondo: la dependencia con respecto al poder político.

¿Autonomía en serio?

Quizás el problema fundamental del pensamiento de Dubnow es que parece anacrónico en muchos aspectos. Pero yendo algo más allá, creo que se puede hacer una crítica más sustanciosa y polémica: la autonomía que exige Dubnow, de índole cultural, es radicalmente distinta a la autonomía que tuvo el pueblo judío a lo largo de su historia tanto en los países musulmanes como en los cristianos. La autonomía incluía elementos culturales, desde ya, pero tenía su fundamento en la autonomía religiosa en el sentido amplio del término: para un judío medieval, era más importante tener un Beit Din autónomo donde dirimir los asuntos internos de la comunidad que tener un representante en el Parlamento. Dubnow no es ingenuo: es muy consciente de esto. El problema es que no presenta un programa definido, donde diga: “necesitamos esta institución que se encargue de tal y tal cosa y esta otra que haga esto y aquello”. Al contrario, se queda en los slogans. No quiero que me malinterpreten: no quiero insinuar con esto que Dubnow no se daba cuenta del problema. Digo que es difícil encarar un objetivo tan ambicioso sin un programa claro.  O sea, decir que queremos “autonomía cultural” es casi una obviedad si queremos mantenernos como judíos; detallar cómo y bajo qué parámetros lograrlo es lo difícil.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s