Saadia Marciano

Un luchador por la igualdad

Saadia Marciano nació en 1950 en Oujda, Marruecos, y falleció en 2007 en Israel. Su familia emigró a Israel cuando tenía menos de un año y vivió toda su vida en Jerusalén. Fue criado en Musrara, un barrio de judíos de origen árabe. Fue uno de los líderes de las הפנתרים השחורים ( “Panteras Negras” israelíes), un movimiento que luchó contra la desigualdad social, económica, cultural, religiosa y política en Israel, argumentando que los judíos sefaradim/mizrajim eran discriminados y tratados como ciudadanos de segunda clase. Marciano llegaría a ser miembro de la Kneset entre 1980 y 1981 y luego se dedicaría al voluntariado social, organizando un centro de rehabilitación de drogadicción.

Una nota sobre los Sefaradim/Mizrajim

Quiero dejar asentado un comentario breve sobre la palabra apropiada para referirse a los judíos de origen árabe: se usan dos términos distintos, Sefaradim y Mizrajim, y esto se presta a confusión. Voy a explicar rápidamente qué significa cada uno de estos términos y cuál es el más apropiado.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de judíos de origen árabe? Nos estamos refiriendo a los judíos que vivieron durante generaciones en los países árabes, y que desarrollaron formas culturas específicas, diferentes a las de los judíos europeos. Estos judíos de origen árabe fueron influenciados por el Islam y, de manera más general, la cultura árabe: formaron parte, durante muchas generaciones, del espectro cultural árabe. También cabe aclarar que la diáspora judía en países como Siria o Irak es anterior al Islam: puede remontarse a la época de la destrucción del בית המקדש הראשון (Primer Gran Templo). Piensen en lo siguiente: el Talmud Babli fue escrito en Babilonia (actual Irak), muchos años antes que nazca Mahoma. Piensen en las grandes figuras de la filosofía judía medieval (Maimónides, Saadia Gaon, Yehuda Halevi, Ibn Paquda, etc): todos vivieron en países islámicos. La amplia mayoría de los judíos emigrarían de los países árabes recién a partir del siglo XX: el proceso de emigración sería tan rápido que al día de hoy prácticamente no quedan judíos en los países musulmanes.

Aclarado el término “judío de origen árabe”, debemos explicar qué es un “Sefaradí” y qué, un “Mizrají”. “Sefaradí” significa, literalmente, español; “Mizrají”, oriental. Normalmente, en términos coloquiales, se utiliza la palabra “Sefaradí” para hacer referencia a los judíos de origen árabe, mientras que “Mizrají” casi ni se utiliza. ¿Por qué una palabra que significa “español” (Sefaradí) se usa como equivalente a “judío de origen árabe? Básicamente, porque, a raíz de la Inquisición y la expulsión de los judíos de España, muchos judíos españoles se dirigieron hacia los países árabes (en primer lugar, hacia el norte de África y luego hacia Medio Oriente, principalmente). Sin embargo, esto es solo la mitad de la historia: muchos otros judíos españoles también se dirigieron hacia Italia y, de allí, al resto de la Europa cristiana (Francia, los países eslavos, Rusia, Alemania, etc). Una segunda objeción a usar la palabra “Sefaradí” es que los judíos ya vivían en los países árabes cientos e incluso miles de años antes de la llegada de estos judíos expulsados de España, y ya habían desarrollado una cultura fenomenal, con su sello distintivo. Una tercera objeción es que algunos grupos de judíos de origen árabe no tuvieron ningún tipo de relación con estos expulsados de España. Para que lo vean más claro: decir “Sefaradí” para referirse a un judío de origen árabe tiene más o menos la misma rigurosidad que decir “turco” para referirse a un árabe. Está mal: es un error de concepto. Así, algunos distinguen entre “Sefaradí” y “Sefardí”: el primero se referiría a los judíos de origen árabe, en sentido amplio, mientras que el segundo haría referencia a judíos de origen español. Esta distinción es una solución más o menos elegante pero me parece que confunde innecesariamente.

Por todo esto, me parece que usar la palabra “Mizrají” es mucho más correcto y riguroso. Un ejemplo concreto: en hebreo, una cosa es el Sidur (libro de rezos) Sefaradí (de la tradición española-portuguesa) y otra muy distinta es el Sidur Edut HaMizraj (de la tradición árabe). Sin embargo, “Mizrají” tampoco es una palabra exenta de problemas: es un término muy poco utilizado en castellano y, encima, puede llevar a la confusión porque “Mizrají” también era el nombre de la agrupación política más importante del sionismo religioso (que no tiene nada que ver con los “Mizrajim” en cuanto grupo étnico).

En resumen, en este artículo, cuando use las palabras “Mizrajim” o “Mizrají”, voy a estar haciendo referencia a los judíos de origen árabe (lo que comúnmente se llama “Sefaradim”). Dejo este artículo bajo la etiqueta “Sefaradim” para que el lector sepa rápidamente cuál es el tema pero no voy a usar más esa palabra porque entiendo que es un error por los motivos que ya expuse arriba.

Panteras Negras

Dijimos que Saadia Marciano fue uno de los líderes de las Panteras Negras israelíes. ¿El nombre “Panteras Negras” no les suena de algún lado? Sí, exacto: las Panteras Negras en Estados Unidos. ¿Y qué tiene que ver este grupo de la izquierda más radical, que defendía los derechos de los negros en Estados Unidos y que buscaba modificar la estructura política, económica, social y cultural de Estados Unidos para acabar con lo que percibía como privilegios de los blancos, y que para lograr este objetivo no dudaba en acudir a las armas y en hacer manifestaciones y oponerse a la autoridad política y policial, con Israel? En realidad, nada. Pero mucho a la vez. ¿Los estoy confundiendo? Sí, la primera vez que escuché sobre el tema, yo también estaba confundido. El tema es así: en 1971, empezó una oleada de protestas contra el gobierno por parte de los mizrajim, que consideraban que estaban siendo discriminados. El grupo que aglutinó estas demandas fueron las Panteras Negras israelíes. El nombre era una referencia a las Panteras Negras estadounidenses y los líderes del movimiento querían mandar un mensaje al gobierno: “Somos como las Panteras Negras estadounidenses, somos radicales y estamos dispuestos a todo”. En palabras del propio Saadia Marciano:

Era una forma de asustar a Golda Meir.

La pregunta es: ¿las Panteras Negras israelíes tenían una afinidad real con la ideología de las Panteras Negras estadounidenses? ¿Compartían una base operativa o institucional? ¿Tenían métodos de militancia similares? Antes de responder a estas preguntas, tenemos que explicar cuál era la ideología de las Panteras Negras estadounidenses.

Las Panteras Negras y el movimiento de los derechos civiles: Malcolm X y Martin Luther King

Dijimos que las Panteras Negras estadounidenses eran un grupo de izquierda radical y revolucionario, que defendía los derechos de los afroamericanos: podemos resumir su ideología diciendo que, en la propia base del sistema político, económico, social y cultural de Estados Unidos, se produce una desigualdad entre blancos y negros, y esta desigualdad solo puede ser resuelta mediante una revolución que modifique de raíz al sistema. Las Panteras Negras estadounidenses comenzaron oponiéndose a la saña con que la policía trataba a los afroamericanos y fueron expandiéndose a lo largo y ancho de todo el país. Tuvieron un ascenso a la fama fulgurante y una caída también abrupta: surgida en 1966, la organización se desintegró en 1982. En el medio, movieron los cimientos de la sociedad estadounidense: de repente, el sistema político, económico, social y cultural quedaba en entredicho. La opinión sobre las Panteras Negras se divide en dos grupos: los que dicen que las Panteras Negras marcan un punto de quiebre en la historia de los Estados Unidos y los que disminuyen su importancia, argumentando que no lograron ningún cambio sustancial en el orden político, económico o social.

Para poder entender mejor el enfoque de las Panteras Negras, podemos retrotraernos a una de sus mayores influencias, Malcolm X, y compararlo con Martin Luther King. Tanto uno como otro fueron parte de aquel poderoso e intenso giro en los Estados Unidos: la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Sin embargo, los métodos de lucha, los objetivos y las motivaciones de uno y otro no pueden ser más diferentes.

Ustedes sabrán que, hasta la década de  1950 y 1960, en Estados Unidos estaba institucionalizada la discriminación contra los afroamericanos: en muchos Estados, estaba prohibido el matrimonio interracial; se permitía discriminar a una persona por cuestiones de raza, sexo, religión o nacionalidad; prevalecía la llamada doctrina “Separados pero iguales”, que básicamente dictaba que podían existir servicios diferentes para negros y blancos (por ejemplo: un banco para negros y otro para blancos; una escuela para negros y otra para blancos; un baño para negros y otro para blancos, etc), y que eso no iba en contra de la Constitución. Frente a esta situación, los afroamericanos se organizaron y comenzaron a buscar soluciones: por un lado, el movimiento por los derechos civiles, que representaremos en la figura de Martin Luther King; por el otro, el Black Power, que representaremos en Malcolm X.

Luther King proponía la resistencia no violenta: había que organizar marchas, manifestarse y reclamar pero no tomar las armas. Su objetivo era unir a toda la nación estadounidense y acabar con la discriminación: negros y blancos debían ser iguales ante la ley. Había que modificar las leyes injustas y discriminatorias y reemplazarlas por otras más justas. Por el contrario, Malcolm X decía que había que luchar por todos los medios posibles, incluidas las armas: no se trataba de conciliar a la nación estadounidense sino de acabar con la discriminación de una vez por todas, creando un país afroamericano. Para Malcolm X, el problema no eran las leyes injustas o discriminatorias sino la propia existencia de Estados Unidos: negros y blancos no comparten una sola cultura ni son una misma nación. Los negros deben levantarse en armas y formar su propio país: deben hacer uso de su autodeterminación como pueblo.

¿Ven la diferencia? Para Luther King, el problema tiene solución dentro del sistema; para Malcolm X, hay que quebrarlo y romperlo en mil pedazos.

En la práctica, resulta claro que el camino de Luther King fue mucho más efectivo: cumplió sus objetivos. De hecho, el propio Malcolm X terminaría por unirse al movimiento de los derechos civiles poco antes de ser asesinado. Sin embargo, lo cierto es que Malcolm X sigue siendo una figura atrayente para todos aquellos que se sienten excluidos: propone una solución osada y radical y unos medios igualmente osados y radicales. Justamente las Panteras Negras estadounidenses intentarían seguir el camino trazado por Malcolm X.

Panteras Negras israelíes y estadounidenses

Muy bien. Volvamos a nuestro tema: Saadia Marciano y las Panteras Negras israelíes. Dijimos que las Panteras Negras israelíes se referenciaban en las Panteras Negras estadounidenses: tomaron su nombre de allí. Nos preguntamos también si esta referencia iba más allá del nombre: ¿tenían en común algún espacio institucional, compartían ideología, usaban los mismos medios, tenían una estructura organizativa similar? La respuesta breve a todas estas preguntas es que no. Podríamos decir que las Panteras Negras israelíes se autodenominaron así para que los dirigentes políticos de la época los asocien con su homónimo estadounidense y así ganar su respeto pero…no, no son lo mismo. Eso no quiere decir que no haya una similitud clave: tanto las Panteras Negras israelíes como las estadounidenses criticaban la discriminación. En el caso de Estados Unidos, esta iba dirigida contra los afroamericanos; en el caso de Israel, contra los mizrajim.

Digo que no se parecen por varios motivos. En primer lugar, una organización y otra no tenían nada que ver a nivel institucional. Es más, las Panteras Negras estadounidenses eran antisionistas a rabiar y dudo que hayan querido asociarse con alguna organización israelí. En segundo lugar, las Panteras Negras estadounidenses fueron un grupo que surgió de manera planificada: sus líderes fueron adoctrinando a la población y se fueron preparando para lo que ocurriría. Por el contrario, las Panteras Negras israelíes fueron un grupo que surgió de manera espontánea: las marchas se fueron replicando en todo el país sin planificación previa. En tercer lugar, las Panteras Negras estadounidenses fueron organizadas por líderes con estudios universitarios, que pretendían ser la vanguardia de la población afroamericana; las Panteras Negras israelíes tuvieron como líderes a personas sin preparación académica, que habían sufrido en carne propia las injusticias que criticaban (Saadia Marciano, sin ir más lejos, no terminó la primaria). En cuarto lugar, los medios de lucha eran muy diferentes: las Panteras Negras estadounidenses portaban armas con el fin de mostrar autoridad (aunque, al menos en teoría, no las usaban), mientras que las Panteras Negras israelíes, si bien ocasionaron destrozos y usaron bombas molotov en varias manifestaciones, no consideraban abiertamente que el camino de las armas sea viable. En quinto lugar, el lugar de la ideología: las Panteras Negras estadounidenses, más allá de que su ideología se pudo haber diluido a la par de su notable expansión, surgieron con una ideología muy clara; en cambio, las Panteras Negras israelíes no tenían ideología: reclamaban acabar con la discriminación, exigían derechos y criticaban al establishment pero no formaban una masa homogénea ni eran un grupo ideologizado. Podemos decir que eran un grupo de gente indignada en busca de una ideología que satisfaga sus demandas. Para que lo vean más claro: las Panteras Negras estadounidenses eran una vanguardia intelectual que se dirigió a la masa de afroamericanos; las Panteras Negras israelíes eran la masa mizrají, furiosa contra la situación, que, impotente, sale a las calles a reclamar pero que, en un primer momento, no tiene soluciones para los problemas. Es un reclamo enojado, violento y desorganizado que solo con el tiempo podrá acomodarse y llegar a formalizar un programa político más o menos claro.

Así, podemos decir, resumiendo el tema, que hay una semejanza superficial entre las Panteras Negras israelíes y las estadounidenses: las dos agrupaciones criticaban la discriminación, afirmando que esta estaba institucionalizada y arraigada por culpa de las autoridades políticas. Sin embargo, las diferencias que menciono arriba son demasiado importantes y básicas como para no tenerlas en cuenta.

La desigualdad étnica en Israel

Quizás la novedad más importante que traen las Panteras Negras israelíes es traer a la superficie la desigualdad étnica en Israel dentro de los propios judíos: los ashkenazim ocupan los puestos de poder político, económico, social, cultural y intelectual, mientras que los mizrajim son relegados y tratados como ciudadanos de segunda. Hasta el surgimiento de las Panteras Negras, se había considerado que el conflicto étnico en Israel se limitaba a las diferencias entre judíos y árabes: ahora, los reclamos de los mizrajim mostraban que la discriminación también ocurría dentro de los propios judíos, entre los provenientes de los países europeos y los de los países árabes.

¿El reclamo de las Panteras Negras israelíes tenía asidero en la realidad? La respuesta de la mayoría de los historiadores es que sí. Lo que podemos discutir es si esta discriminación era adrede o fruto de la casualidad, si era planificada desde arriba o inconsciente, si surgía de prejuicios o no, si tenía algún sentido o incluso si era lógica o no. Sabemos que los mizrajim ocupaban (y siguen ocupando) un lugar inferior en la escala socio-económica que los ashkenazim. Por supuesto, estoy hablando de promedios: hay casos aislados de mizrajim multimillonarios o que hayan llegado a las altas cumbres en materia política y también hay muchos ashkenazim pobres, pero, en líneas generales, los estudios muestran que los mizrajim tienden a ser de una clase social inferior a los ashkenazim.

La pregunta que nos debemos hacer ahora es: ¿esta situación es producto de la discriminación o es una consecuencia natural de ciertos condicionamientos sociales, biológicos o culturales? Esta pregunta no tiene una respuesta fácil pero vamos a intentar responderla.

Sabemos que el gobierno dio prioridad a inmigrantes rusos a la hora de asignar viviendas dignas, dejando a los mizrajim en carpas improvisadas: esto es un hecho indiscutible. ¿Por qué? Las Panteras Negras consideraban que esto era consecuencia de un régimen corrupto que privilegiaba a los ciudadanos ashkenazim. Creo que podemos responder a esta pregunta sin caer en teorías conspirativas.

La clave, creo yo, es entender la mentalidad de la época: los ashkenazim, como europeos que eran, veían a los mizrajim, árabes de Medio Oriente, como gente atrasada, bárbara y no civilizada. Por más que a muchas personas sensibles al tercermundismo y al multiculturalismo les duela, lo cierto es que durante años predominó una mentalidad europeocentrista según la cual Europa es la civilización y el modelo de desarrollo económico, social y cultural (es más, creo que sigue predominando esta mentalidad pero no me quiero ir de tema…). Muchos ashkenazim, principalmente los alemanes, llegaron a Israel como la vanguardia económica e intelectual de la época: no exagero si digo que Martin Buber, por poner un ejemplo, era un hombre de fama mundial, reconocido como un genio por todo el mundo. Así, los ashkenazim tenían el poder no solo real (político y económico) sino también el simbólico (intelectual y cultural): la realidad es que las primeras Aliot fueron ashkenazim. Podemos decir, desde un punto de vista cronológico, que los mizrajim llegaron “tarde” al sionismo: recién a partir de 1950 emigraron en masa hacia Israel. Esto no es menor: llegaron a un país que ya tenía un proyecto y un horizonte delimitado.

El otro punto –desde ya relacionado con el anterior- es el nivel socio-económico y cultural de los mizrajim en sus países de origen. Esto es esencial: los mizrajim, contra lo que pensaba la mayoría de los dirigentes de la época, eran gente relativamente instruida y de un nivel socio-económico relativamente bueno. Sin embargo, por las persecuciones en los países árabes, perdieron gran parte de sus riquezas antes de llegar a Israel; y una vez llegados allí, su cultura fue reducida a cenizas por la mirada de una Intelligentsia que la menospreciaba y la miraba desde arriba. El problema era el choque cultural natural producido por el קיבוץ גלויות (“Kibutz Galuiot”, Reunión de las Diásporas): digamos que tenemos a un hombre que viene de Irán y a otro que viene de Rusia. ¿Cómo hacemos para encontrar un punto en común entre estas dos personas? En Israel, chocan de manera irremediable la cultura mizrají (árabe) con la ashkenazí (europea). Los mizrajim, cultos según los parámetros de sus países de origen, no estaban aculturados a la cultura occidental (que eran los que manejaban los ashkenazim): no es que eran ignorantes o incultos sino que su cultura no era la occidental. Eran gente preparada, sí, pero según otros parámetros: su cosmovisión no era occidental ni europea. Como dije antes, llegaron a un país ya creado, con un proyecto de país ya delineado, y tuvieron que adaptarse al molde propuesto, que era un molde occidental. Ésa es la raíz del conflicto.

La recepción de la Modernidad entre los Ashkenazim y los Mizrajim

Un ejemplo muy claro que muestra que los mizrajim no eran incultos sino que manejaban otra cultura es la comparación de la trayectoria de los judíos mizrajim en Israel con respecto a sus pares en Argentina, México, Panamá y Francia (en donde están las principales comunidades mizrajim a nivel mundial): si prestan atención, verán que en todos estos países, salvo en Israel, los judíos mizrajim tienen un nivel socio-económico medio-alto. Son gente que avanzó en la escala social. Sin embargo, la mayoría de ellos no estudia en la universidad (de nuevo: hay excepciones, yo mismo soy mizrají/sefaradí y estudio en la universidad; estoy generalizando), y esto no implica que los mizrajim sean ignorantes. Mientras que para el ashkenazí estudiar en la universidad y ser un profesional es importante para realizarse como persona, para un mizrají esto simplemente no es así. Y no es malo ni bueno: es una cuestión cultural. No es que los mizrajim sean incultos por no ir a la universidad: no les interesa. Ahí es donde hay que marcar la diferencia con lo que ocurría en Israel, y de allí la crítica de las Panteras Negras: mientras que un judío mizrají francés, panameño, mexicano o argentino decide no ir a la universidad, en Israel los mizrajim no podían ir a la universidad porque tenían que salir a trabajar a los diez años para ayudar a mantener la economía familiar. Ahí está el nudo de la cuestión: no es el hecho en sí de ir o no a la universidad sino la posibilidad de hacerlo.

En base a esto, me parece importante entrar en el tema de las Modernidades (sí, en plural). Ya mencioné en varias oportunidades que no creo que haya una “Modernidad” sino varias “Modernidades”: lo que muchas veces llamamos “Modernidad” no es más una variante de las “Modernidades”, que es la Modernidad occidental. China tuvo su Modernidad; los países árabes tuvieron su Modernidad. ¿Podemos decir que estas Modernidades son iguales a la de Europa? Me parece que no, que hay que ampliar el panorama. Así como cuando estudiamos la Edad Media, hablamos de tres mundos (el cristiano europeo, el bizantino y el musulmán), y estos tres mundos son diferentes y no por eso dejan de ser “Edad Media” (de hecho, podríamos decir que son “tres Edades Medias”), así también podemos decir que hay varias Modernidades o varias modalidades de la Modernidad. Todo este choclazo aburrido es para decirles que, contra lo que piensa mucha gente, no creo que los países árabes vivan en la Edad Media: viven en la Modernidad. El problema es que su Modernidad no es la occidental. Si aplicamos esta misma idea al conflicto étnico en Israel, entonces el problema no es que los mizrajim eran atrasados, bárbaros o ignorantes: era que su Modernidad era la árabe, no la europea. De allí el malentendido fundamental entre ashkenazim y mizrajim.

Para que vean cómo los mizrajim y los ashkenazim reaccionaron de manera diferente a la Modernidad, podemos poner un caso. Es algo de lo que hablamos varias veces en este blog. Ustedes saben que, en la Modernidad, el judaísmo se dividió en denominaciones: ortodoxos, conservadores y reformistas. Ya dije varias veces también que esta división surge en Alemania y que de allí se exporta a otros países, principalmente Estados Unidos, y que es bastante extraña para los israelíes. Voy a ir más allá: esta división es una división ashkenazí. Los mizrajim nunca fuimos ortodoxos, conservadores o reformistas: somos judíos y punto. Si se fijan, van a ver que la mayoría de los mizrajim, incluso los que no respetan Shabat ni comen Kasher, se referencian con rabinos y comunidades “ortodoxas” mizrajim. ¿Por qué? ¡Porque los mizrajim no tuvieron que hacer frente al problema del separatismo ni de las denominaciones! Para el mizrají, el judaísmo es el tradicional: ni ortodoxo ni conservador ni reformista. Escarbando más a fondo, podemos decir lo siguiente: uno de los procesos fundamentales de la historia ashkenazí moderna fue la Haskalá (Iluminismo judío). Sin embargo, entre los mizrajim…¡No hubo Haskalá! Simple y sencillamente, no fue necesaria: no hubo caída del ghetto, ni lucha por los derechos civiles. Más todavía, ¡los mizrajim no sufrieron en carne propia la Shoá! Sufrieron otras persecuciones, y nadie las minimiza. Sin embargo, es importante tener en cuenta esto: mientras que, para los ashkenazim, la Shoá es algo personal, que los toca de cerca (después de todo, casi todos tienen algún pariente asesinado en la misma), para los mizrajim la Shoá es algo más distante, más impersonal. Por supuesto, cualquier judío, sea mizrají o ashkenazí, se solidariza con las víctimas de la Shoá (es una cuestión de sensibilidad, ¿no?) pero el mizrají no se lo toma tan a pecho porque no lo vivió. Tan sencillo como eso.

Un ejemplo muy claro de la diferencia entre la Modernidad árabe y la Modernidad occidental (y, por extensión, una diferencia entre mizrajim y ashkenazim) es el lugar de la religión: mientras que la Modernidad occidental se caracteriza por un proceso de secularización mediante el cual la religión queda relegada en el ámbito privado, en la Modernidad árabe este proceso nunca existió: al contrario, la religión siempre tuvo su lugar en el ámbito público. Para un europeo, ser moderno significa dejar atrás la religión, propia de atrasados ignorantes, y dedicarse a la ciencia y a la razón; para un árabe, no hay contradicción entre religión y razón. No estoy tomando bando por un lado o por otro: estoy describiendo. Esto implica que la Modernidad occidental fue, por definición, irreligiosa (aunque no necesariamente antirreligiosa), característica que no podemos adjudicar a la Modernidad árabe. Así, muchos ashkenazim en la Modernidad dejaron de lado la religión, cosa que no ocurrió entre los mizrajim. Al menos no en un principio…

Y aquí tenemos otro punto para analizar a la hora de hablar de las Panteras Negras israelíes: la primera generación de judíos mizrajim que llegó a Israel era profundamente religiosa y tradicional; sus hijos, los que formaron las Panteras Negras, no. Creo que se puede argumentar que la formación de las Panteras Negras fue una forma de canalizar la disolución de los lazos tradicionales de la comunidad religiosa. Más todavía, también se puede decir que las Panteras Negras solo pudieron surgir en la medida que los mizrajim se hicieron más “seculares” y menos “religiosos”: si la primera generación se contuvo de expresar su descontento por las barreras impuestas por la religión tradicional y por sus expectativas mesiánicas-religiosas asociadas al resurgimiento nacional judío, la segunda exigió en las calles, a los gritos, ser escuchada.

¿El sionismo es una creación ashkenazí?

Podemos seguir profundizando la crítica de las Panteras Negras a la sociedad israelí y llegar a un diagnóstico fortísimo: el proyecto político israelí es, por definición, discriminador hacia los mizrajim. El sionismo no es patrimonio de todos los judíos sino la creación de los ashkenazim. Si el objetivo del sionismo es solucionar la cuestión judía (tal como proponían Herzl o Nordau), entonces aplica solo a los judíos europeos: después de todo, los judíos orientales (de los países árabes) no sufrieron ese proceso histórico. No es que los judíos no hayan sido discriminados en los países árabes: no tenían derechos políticos y debían pagar un impuesto especial por el mero hecho de ser judíos; eran vistos como herejes; fueron perseguidos y sufrieron pogroms. Sin embargo, la cuestión judía como tal solo surge en Europa, como consecuencia de la Modernidad occidental: en Oriente, no existió un proceso parecido. Podemos decir que a los judíos de Medio Oriente (o a los de la Europa Medieval o a los del Imperio Seléucida venido en caso) no les molestaba no ser sujetos políticos: más concretamente, deberíamos decir que su representación política era corporativa (normalmente había un representante de la comunidad judía que era quien debía lidiar con las cuestiones políticas frente al poder gubernamental) y estaban bastante conformes con esa situación. Solo como consecuencia de la caída del ghetto y la disolución de la comunidad judía tradicional, sumados a las ideas europeas modernas de sujeto político, derechos y contrato social, surge la problemática de la cuestión judía. Repito para que quede claro: no estoy diciendo que antes de la Modernidad occidental no existiesen serios conflictos en torno a los judíos ni que la discriminación y las persecuciones no estuviesen a la orden del día. Estoy diciendo simplemente que la cuestión judía como tal (o sea, como preocupación política tanto para los judíos como para los no judíos) es un derivado de la Revolución Francesa. Por supuesto, podemos rastrear su origen histórico al Exilio judío: no discuto que la causa lejana de la cuestión judía sea esa. Sí digo que la preocupación se activa cuando surge la oportunidad real de que los judíos sean sujetos habientes de derechos políticos, y esto solo ocurre en Europa a partir de la Revolución Francesa.

Es más, algunos han argumentado que el sionismo es el causante de las mayores persecuciones a los judíos en los países árabes. Según esta visión, los judíos vivían de manera más o menos estable en Medio Oriente hasta que el sionismo y el Estado de Israel provocaron una reacción antisemita en la sociedad musulmana, que terminó con pogroms y persecuciones de vasto alcance. Creo que esta argumentación confunde causas: me parece que el sionismo no es la causa del antisemitismo musulmán sino, en todo caso, su desencadenante. Así como no es correcto plantear que Hitler es la causa del antisemitismo alemán, tampoco creo que sea correcto decir que el sionismo es la causa del antisemitismo musulmán: este antisemitismo, evidentemente, existía desde hacía rato y el sionismo pudo haber sido un factor que lo desencadenó pero de ningún modo el único motivo del mismo.

Siguiendo con nuestra idea del sionismo como creación específicamente ashkenazí, creo que podemos analizar cuáles son los contenidos de los libros básicos de historia judía moderna: la amplia mayoría, habla de la Haskalá y la caída del ghetto, del surgimiento del reformismo, el conservadurismo y la ortodoxia, de la aparición del sionismo y el socialismo judío, de la Shoá y la fundación del Estado de Israel. ¿Dónde están los mizrajim en esta narrativa? ¡No están! De la nada, aparecen en 1950 en Israel. ¿Qué pasó? ¿Los judíos sirios, yemenitas, egipcios, libaneses, iraquíes o iraníes no aportaron absolutamente nada relevante a la historia judía entre 1850 y 1950? ¿No hubo nada digno de ser mencionado en ese período? Se puede argumentar que esto es una muestra del centralismo ashkenazí, que relega a la periferia la historia de los judíos orientales. Así, cuando estudiamos “historia judía” estamos estudiando, en realidad, “historia ashkenazí”.

Si sumamos todos los argumentos que hemos mencionado hasta ahora, llegamos a una conclusión lapidaria: el problema étnico en Israel no es un accidente. Es una consecuencia directa de la propia estructura política, social e incluso ideológica del país.

La solidaridad con el Tercer Mundo: mizrajim y árabes

Algunos pocos autores radicales intentan seguir la argumentación y llegan a plantear que los mizrajim, al ser el grupo étnico víctima del proyecto sionista, debe solidarizarse con el Tercer Mundo. Más todavía, la propia existencia de un grupo étnico tan desfavorecido muestra que Israel no es un país del Primer Mundo sino que debe buscar su pertenencia en el Tercer Mundo. Esta polémica, bien setentista, muestra la búsqueda de Israel de su lugar en el mundo: ¿cuál debe ser el modelo de país al que aspiramos? ¿Cuál es nuestro modelo de desarrollo? Recordemos que Israel, en un primer momento, intentó acercarse a la Unión Soviética. Sin embargo, con el ascenso del antisemitismo en ese país y la institucionalización de un antisionismo militante y la demonización constante de Israel, el pujante Estado de Israel terminó por volcarse hacia Estados Unidos, reforzando cada vez más su alianza con ese país. En la época en la que surgen las Panteras Negras, si atendemos al contexto internacional, veremos que surge la oleada de “Liberación o dependencia” y el tercermundismo: podemos insertar, entonces, a las Panteras Negras israelíes dentro de este contexto global.

Si profundizamos más todavía nuestra argumentación, los mizrajim, al provenir de los países árabes, manejan un código en común con los árabes musulmanes: quizás sean la llave para solucionar el conflicto con los palestinos. Quizás los mizrajim deban ser los que tomen la batuta y busquen un espacio en común con los palestinos: hablan un lenguaje en común, no solo de manera literal (muchos mizrajim hablan árabe, obviamente) sino también en cuanto a la formas. Las Panteras Negras organizaron manifestaciones contra la “Ocupación” y exigieron el fin del conflicto. Así, son un faro para ciertos intelectuales contemporáneos mizrajim de izquierda radical que las ven como precursoras de sus propias ideas.

Contra el establishment

Las Panteras Negras eran un grupo heterogéneo, en un principio muy desorganizado y sin coordinación ni ideología política definida. Así, algunos observadores los veían como una banda de vándalos. Para muchos de sus contemporáneos, principalmente para los políticos de la época, las Panteras Negras israelíes eran jóvenes desarraigados que se dedicaban a protestar porque sí, sin tener bien en claro lo que querían ni cómo obtenerlo. Golda Meir, Primer Ministra en ese momento, dijo una frase muy famosa sobre ellos:

No son agradables.

Lo que quería dar a entender Golda Meir es que no había que darle mayor importancia a las Panteras Negras: no tenían representatividad política ni presentaban reclamos claros y concretos. Eran la horda, la masa enojada y furiosa, pero sin una perspectiva correcta de las cosas.

A. B. Yehoshua cuenta en un artículo de la época que va a visitar una ciudad mizrají. Describe las viviendas estrechas y la pobreza imperante. La gente se reúne en un bar y se pone a discutir de política: acusa a todas las autoridades (políticas, económicas, intelectuales, culturales) de ser ashkenazim. ¡No nos respetan, nos tratan como ganado!, se quejan. En un momento, A. B. Yehoshua les empieza a decir que él es mizrají y que eso no le impidió ser un escritor reconocido. No lo escuchan: ¡le gritan que se calle, que él, como ashkenazí que es, no puede opinar! Este artículo ilustra de manera genial la indignación y la frustración de estos mizrajim que se sentían marginados por el sistema pero también muestra cómo este reclamo todavía no cobraba forma: era demasiado difuso y vago como para tener consistencia política.

La institucionalización de la ira

Las Panteras Negras se aliarían con Shalom Cohen, un periodista y político de la izquierda radical, y se presentarían en las elecciones de 1973 pero no llegarían a ganar ningún asiento en la Kneset. En 1977, Charlie Biton, uno de los líderes de las Panteras Negras, formaría, junto a un grupo de comunistas judíos y árabes, el partido político Jadash y sería miembro de la Kneset entre 1977 y 1992 (en 1990, formaría su propia facción, llamada Panteras Negras). Por su parte, Sadia Marciano formaría Majané Smol LeIsrael (Campamento de izquierda de Israel), también conocido como Shelí (acrónimo de “Shalom LeIsrael”, Paz para Israel) junto a socialistas y políticos radicales como Uri Avneri y sería elegido como miembro de la Kneset, aunque se separaría del partido en 1980 y, a pesar de aliarse con Mordejai Elgraby, no lograría ser reelecto.  Como ven, las Panteras Negras se separaron al poco de empezar su carrera política y terminarían por formar parte de diversas agrupaciones.

Para colmo, muchos de los que se sintieron atraídos por el reclamo de acabar con la desigualdad y la discriminación terminarían volcando su voto hacia partidos de derecha: Tami, Likud y, más tarde, Shas y Kaj.

Para muchos especialistas, una de las claves del triunfo de Beguin fue justamente el apoyo de los mizrajim: Beguin y, por extensión el Likud, se presentaban como una alternativa frente al régimen imperante. Los mizrajim, que veían al Likud como un partido de regeneración, lo votaron en masa. Es paradójico: el reclamo de las Panteras Negras, izquierdistas y anticapitalistas, sería recogido por un candidato burgués y capitalista, que proponía la liberalización de la economía y mano dura frente al terrorismo árabe. Esto muestra lo endeble del apoyo popular de las Panteras Negras: cuando se conformó como partido político, no pudo capitalizar todo el apoyo que había tenido en sus comienzos como grupo revolucionario y marginal. Ya más adelante en el tiempo, el voto mizrají sería una de las causas de la llegada de Meir Kahane a la kneset (terminaría siendo vetado pero eso es otro tema): los que habían apoyado un movimiento en favor de la reconciliación, el fin de la ocupación y se habían opuesto a la discriminación eran los mismos que votaban ahora al más recalcitrante racista en la historia política de Israel. ¿Cómo se explica esta paradoja? Una vez más, debemos concluir que las Panteras Negras no tenían una ideología clara: representaban un reclamo popular producto de la furia y el descontento con el régimen imperante pero no proponían una solución concreta.

Por su parte, Tami fue un partido político que decía defender los intereses de la población mizrají, pero, a diferencia de las Panteras Negras, tenía una tendencia más derechista y sionista religiosa. Tami tendría una duración muy corta y sería eclipsado por la aparición en 1984 de uno de los partidos políticos más interesantes y difíciles de explicar en la historia de Israel: Shas. Este partido, fundado por Rab Ovadia Yosef, es una combinación de ideología jaredí con defensa de los intereses mizrajim y tiene un enorme apoyo popular entre los mizrajim, sean religiosos o no. Ya hablaremos en otro momento de este partido y de Rab Ovadia Yosef, una figura rabínica fascinante que merece un artículo aparte (en realidad, creo que merece un libro aparte), pero quiero que se queden con la idea de que los mismos que apoyaron a las Panteras Negras son los que votan por un partido político religioso. Para que se den una idea de la admiración popular hacia Rab Ovadia Yosef, cuando este falleció fueron…¡800.000 personas a su funeral!

Finalmente, como dato a analizar, quiero traer a la mesa un último tema: la corrupción. Lamentablemente, si hacemos cuentas, veremos que muchos mizrajim que han tenido cargos políticos fueron acusados de corrupción. No todos, por supuesto, no quiero generalizar sin fundamento, pero sí un número llamativo. En base a este dato, creo que es interesante plantearnos si esta presencia de la corrupción es endémica o no; si es consecuencia de un modo de hacer política oriental, diferente al occidental (si es que existe tal cosa); y si podemos explicar la corrupción como consecuencia de ciertas características de la cultura mizrají o si, por el contrario, se trata de un prejuicio arraigado en la sociedad israelí sin asidero fáctico.

La influencia simbólica de las Panteras Negras israelíes

Las Panteras Negras israelíes fueron un grupo muy radical. Fueron también desorganizados y, en cierto modo, caóticos. Es difícil extraer una ideología clara y definida de su accionar o de sus panfletos: lo mejor que podemos hacer es rastrear la trayectoria política posterior de sus líderes y dilucidar los vaivenes políticos de quienes los apoyaron.

Hay una polémica en torno a la interpretación de estos datos: algunos afirman que las Panteras Negras israelíes fueron un grupo de vida corta, que no logró cambiar absolutamente nada y que hizo más ruido que otra cosa; otros dicen que las Panteras Negras israelíes fueron el primer grupo que se plantó frente al establishment e hizo saltar a la superficie todas las frustraciones, los miedos, el descontento y el enojo de los mizrajim en Israel; algunos pocos intentan verlo como un antecedente del post-sionismo; hay quien argumenta que el renacimiento de la cultura mizrají (principalmente, la música) en los últimos años puede retrotraerse a las Panteras Negras, su irrupción en la arena pública y su defensa del orgullo mizrají frente a la soberbia cultural ashkenazí. Como ven, hay múltiples interpretaciones: algunas son más factibles que otras pero todas son dignas de atención.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s