Rab Isaac Breuer

El último ortodoxo alemán

Rab Isaac Breuer nació en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro, fue criado en Frankfurt y falleció en 1946 en Israel. Rabino, abogado, filósofo, escritor, novelista y político, es uno de los representantes más importante de la ortodoxia alemana, y quizás el último de ellos (ya volveremos sobre esto más adelante). Isaac Breuer nos va a permitir introducir el tema de la ortodoxia y el sionismo: él mismo fue un ferviente antisionista pero no uno típico, y su propuesta política y religiosa es muy original y nos va a va servir para entender la complejidad del tema.

La ortodoxia alemana

Varias veces en este blog comenté que la idea de las denominaciones (ortodoxia, reformismo, conservadurismo) es una invención moderna, que surge en Alemania a mediados del siglo XIX y que, de allí, se exporta hacia otros países, principalmente Estados Unidos. Y digo esto y lo repito porque es importante tenerlo en cuenta: las denominaciones, corrientes o como quieran llamarlas no son algo inevitable ni universal sino que surgen y se desarrollan en un contexto histórico determinado. Por eso, ustedes ya sabrán que siempre remarco que hay que tener cuidado y no igualar “tradición” con “ortodoxia” o “persona que cumple Mitzvot” con “ortodoxo”. Por eso, más de una vez escribí que a tal o cual autor podían pensarlo como “ortodoxo” para no complicarse demasiado pero que, en realidad, esa era una etiqueta errónea: decir, por ejemplo, que Rab Kook era ortodoxo tiene más o menos la misma rigurosidad histórica que plantear que Sarmiento era neoliberal.

En el caso de Isaac Breuer, todo esto no aplica: era ortodoxo. Pero ojo, ortodoxo en el sentido que le di recién: el sentido histórico de “denominación del judaísmo que surge a mediados del siglo XIX en Alemania”. Si cuando piensan en un ortodoxo, se imaginan a un tipo de mente cerrada, un ignorante o un hombre que sigue la “opinión correcta”, entonces sáquense ese prejuicio de la cabeza: Isaac Breuer puede ser muchas cosas pero no tiene mente cerrada ni es un ignorante ni sigue las opiniones establecidas.

Hagamos un repaso histórico. El fundador de la ortodoxia alemana (algunos la llaman neo-ortodoxia) fue Rab Shimshon Rafael Hirsch (1808-1888). La ortodoxia fue una reacción al reformismo, que había sido fundado por Abraham Geiger y que proponía justamente “reformar” al judaísmo para hacer compatible con la Modernidad occidental, tomando como modelo la reforma cristiana de Lutero. El reformismo era muy radical: se oponía a la Halajá, proponía abolir el Shabat y otras fiestas judías, estaba en contra de la idea nacional judía y modificó casi de raíz al Sidur (libro de oraciones). Rab Hirsch se plantó contra todo esto y organizó y fundó la ortodoxia. Contra lo que muchos piensan, la ortodoxia no era fanática ni cerrada: Rab Hirsch era un firme defensor de la integración a la sociedad moderna y la salida del ghetto, estaba a favor de los estudios seculares y fue un luchador por los derechos civiles. Lo que era innegociable para Rab Hirsch –y esto lo distanciaba de los reformistas hasta el punto del no retorno- era la Halajá y la Torá: para Rab Hirsch, integrarse no implicaba asimilarse ni modificar la Torá ni mucho menos rechazar a la Halajá como la codificadora de la forma de vida judía. Así, Rab Hirsch fundó el movimiento de “Torá Im Derej Eretz”, que podemos traducir como “Torá y civilización” o “Torá y cultura”. Más allá de la traducción puntual (ya volveremos sobre el tema más adelante), la idea básica es combinar el estudio y la práctica de la Torá con el involucramiento en la sociedad moderna, tomando lo mejor de ella.

La polémica entre reformistas y ortodoxos era muy grande y los dos bandos se criticaban y buscaban la forma de sacar ventaja. En este contexto, Rab Hirsch planteó una política de separatismo con respecto al reformismo. Es decir, la idea de que la ortodoxia tenía que ser independiente del reformismo y que, para ello, tenía que presentarse como un ente separado: no somos todos judíos sino que somos judíos ortodoxos o judíos reformistas. Este es un concepto que mantiene gran parte de la ortodoxia en la actualidad: la ortodoxia es la posta y el resto está simplemente equivocado y, por lo tanto, no hay lugar para la negociación o el debate. Ahora bien, hay una pregunta que surge: ¿esta política de separatismo es principista o es una táctica? Dicho de otra manera, ¿Rab Hirsch cree que, por principio, la ortodoxia tiene que separarse totalmente de los reformistas y otros grupos heterodoxos o fue una cuestión de estrategia política del momento? Esto no es menor: si es una cuestión de principios, entonces Rab Hirsch básicamente estaría planteando que la ortodoxia tiene que ser una religión aparte del reformismo porque son, de hecho, religiones diferentes (así como luteranos y católicos son religiones diferentes, aunque compartan ciertas características); si es una cuestión de estrategia política, entonces no es que Rab Hirsch piense que el reformismo sea otra religión sino que simplemente ve que le está ganando la pulseada y, por lo tanto, tiene que buscar una manera de mantener cierto poder para que la ortodoxia pueda recuperarse (aclaración: no estoy diciendo que Rab Hirsch piense que el reformismo sea legítimo porque resulta claro que no, solamente planteo que una cosa es intentar dividir de una vez y para siempre a los ortodoxos de los heterodoxos y otra muy distinta, proponer una división temporal hasta que pase el temporal). Esta última postura es muy razonable si tenemos en cuenta que, en el contexto de la Alemania del siglo XIX, las religiones necesitaban un permiso del Imperio para funcionar: los sacerdotes (en nuestro caso, rabinos, sean ortodoxos o reformistas) debían estar validados por el Estado. Así, cuando Rab Hirsch toma esta postura separatista lo que intenta es evitar que el reformismo se inmiscuya en los ámbitos ortodoxos y que imponga su visión del judaísmo, totalmente desacertada y herética a juicio de Rab Hirsch.

Para resumir, hemos planteado dos temas básicos del pensamiento de Rab Hirsch, que serán retomados por Rab Isaac Breuer: por un lado, la idea de Torá Im Derej Eretz, que definimos como un intento de conjugar Modernidad con el cumplimiento estricto de la Torá y las Mitzvot; por el otro, el separatismo de la ortodoxia con respecto a la heterodoxia.

La filosofía judeo-alemana

En el artículo sobre Martin Buber escribí una breve introducción al pensamiento judeo-alemán y mencioné a algunos de sus representantes más conocidos. El objetivo era mostrarlos cómo la filosofía judía en Alemania fue increíblemente productiva: la mayoría de los grandes pensadores judíos del siglo XIX y XX vivieron en algún momento de sus vidas en Alemania. La obra de Rab Isaac Breuer está muy anclada a ese contexto: usa mucho a Kant y a Schopenhauer, tiene cosas de Marx y Hegel…Esto no es una cuestión marginal sino que es fundamental para entender a Isaac Breuer: el contexto alemán está presente.

Normalmente, la historia de la filosofía judía se divide en tres: la filosofía judeo-griega, la judeo-árabe y la moderna. Stefan Goltzberg en su artículo Tres momentos de la filosofía judía (el artículo original está en francés, aunque también lo pueden encontrar en inglés) propone una nueva periodización: el momento árabe, el alemán y el analítico. No voy a entrar en detalles porque ya me iría por las ramas pero quiero citar dos párrafos del artículo para entender mejor el “momento alemán”:

El título “momento alemán” precisa una explicación, porque incluye al menos dos géneros literarios diferentes: la filosofía judía alemana tradicional y la ciencia del judaísmo. La última se basa en el uso de nociones históricas y filológicas aplicadas al material constitutivo de la literatura judía. Generalmente, el método crítico no estaba dirigido a la elucidación de los problemas conceptuales talmúdicos (enfoque conceptual) sino a comprender el desarrollo histórico, la transmisión de textos, la evolución del léxico (enfoque crítico)…

Stefan Goltzberg plantea dos formas de filosofía judía en el momento alemán. Podemos representar estas dos formas de filosofía judía en las figuras de Moses Hess, hegeliano e historicista, e Isaac Breuer, kantiano y racionalista. Quizás se acuerden que dijimos que Hess criticaba a la ortodoxia y decía que se había quedado atrasada en un pensamiento anacrónico, ahistórico y racionalista: Isaac Breuer probablemente sea el último representante de esta forma de pensar. Lo interesante es que Breuer no niega los cargos: sí, mi pensamiento es ahistórico, dice, y orgulloso de serlo, porque el judaísmo no es histórico (cuidado, eso no quiere decir que Breuer no sepa de historia: todo lo contrario, era muy versado sobre el tema). Retomaremos el tema más adelante pero para que vean la diferencia bien clara: para Hess, el judaísmo es un proceso histórico, susceptible de ser analizado bajo las mismas premisas y con el mismo método con el que es analizado cualquier otro fenómeno histórico; para Breuer, el judaísmo es un fenómeno por encima de la historia, que la sobrepasa por más que se desarrolla en la misma y, por lo tanto, no está constreñido a las leyes de la historia. Para Breuer, aplicar el pensamiento hegeliano o la dialéctica materialista o cualquier otro método de investigación histórica al estudio del judaísmo es un error conceptual: no nos va a llevar a ningún lado. Si para Hess Hegel era un nuevo paradigma que había dejado atrás a Kant, para Isaac Breuer la cuestión es bien diferente:

Todo judío verdadero que haya estudiado seria y honestamente la Crítica de la razón pura deberá responder Amén desde lo más profundo de su corazón.

Si cuando les dije que Isaac Breuer era ortodoxo, se imaginaron a una persona que sabe mucho de Torá pero nada de ciencia, filosofía o literatura, entonces les recomiendo que cambien el chip: Isaac Breuer era una persona muy culta y preparado, y también muy religiosa.

No solo eso: Isaac Breuer traspasa los límites de la ortodoxia. Digo esto porque muchas veces pasa que un autor es conocido dentro del ámbito de la ortodoxia pero ninguneado o simplemente desconocido en el ámbito más amplio de la filosofía judía o la filosofía a secas. No es el caso de Isaac Breuer: es citado en más de un artículo académico. O sea, más allá de estar de acuerdo o no, nadie discute que fue un pensador fenomenal. Lo que intenta hacer Isaac Breuer es proveer una plataforma teórica filosófica que justifique la práctica judía tradicional: todo su objetivo es mostrar que la idea de que la Torá es eterna y que representa la voluntad de D-s no es irracional ni está divorciada de los avances científicos y filosóficos de la Modernidad. Esto hace que algunos lo acusen de ser un apologeta, un hombre que solo busca justificar la tradición pero que no está dispuesto a ponerla en discusión y que, al poner límites a la reflexión filosófica, no puede ser considerado un verdadero filósofo. Esta objeción es real: Isaac Breuer pone un límite y resulta claro que su objetivo básico es justificar una vida de Torá y Mitzvot. Sin embargo, no creo que eso disminuya su valor como filósofo porque él es consciente de esto y lo dice explícitamente. Más todavía, el propio filosofar –ya lo veremos- lo llevará a romper con algunas premisas tradicionales. Dicho de otra manera, una cosa es filosofar para defender la tradición, y sí estoy de acuerdo con que eso es incompatible con ser un verdadero filósofo; otra, partir de determinados principios (en este, caso la Torá y las Mitzvot) y filosofar desde ese lugar, lo cual no tiene nada de malo siempre y cuando uno sea consciente desde dónde está hablando.

La ortodoxia frente al sionismo: antisionistas, no sionistas y sionistas

Una última introducción antes de hablar de Isaac Breuer propiamente dicho. Si siguen este blog desde hace un tiempo, ya sabrán que no toda ortodoxia es antisionista y que el planteo de ciertos sectores con respecto al tema es totalmente tendencioso. En realidad, a grandes rasgos, podemos dividir a la ortodoxia en su actitud con respecto al sionismo en tres vertientes: los sionistas, los no sionistas y los antisionistas.

El primer grupo –los sionistas- está conformado por los datim leumim -religiosos nacionalistas- (en sus distintas vertientes) en Israel y por gran parte de la ortodoxia moderna en la Diáspora (principalmente, Estados Unidos). Este grupo tiene a sus principales ideólogos en personalidades como Rab Abraham Isaac Kook, Rab Zvi Yehuda Kook, Rab Yehuda Amital y Rab Joseph Soloveitchik, entre otros, y sus raíces en Rab Itzjak Yaakov Reines, Rab Hirsch Kalischer y Rab Yehuda Alkalai. Lo que cohesiona a este grupo es, básicamente, que apoya al Estado de Israel y lo considera un avance histórico para el pueblo judío. Para este grupo, el sionismo es un movimiento positivo y el Estado de Israel representa, de una u otra manera, la voluntad de D-s, lo que presenta nuevos desafíos y exige nuevas posiciones. En síntesis, el sionismo representa el comienzo del fin del Exilio y el comienzo de la Redención.

El segundo grupo –los no sionistas- está conformado por jaredim moderados y algún que otro ortodoxo moderno. Tiene un enfoque pragmático con respecto al sionismo: no lo ve como algo herético pero tampoco como una expresión de la voluntad Divina. Es un grupo menos ideologizado y no parece estar demasiado interesado en el sionismo en sí mismo. Los ortodoxos no sionistas que viven en Israel votan en las elecciones, tienen representantes en la Kneset y buscan defender sus intereses en el mismo: puede decirse que siguen operando bajo la premisa de vivir en el Exilio, sin importar si viven en Israel o en la Diáspora. Para ellos, el sionismo no es ninguna revolución y la existencia del Estado de Israel no exige un cambio en su judaísmo ni en el pueblo judío. En todo caso, critican el carácter secular del Estado de Israel pero, normalmente, no proponen un programa político claro para modificar esta situación y su mayor interés es obtener beneficios para el sector político, social y religioso que representan antes que cambiar el rumbo del Estado. Algunos representantes de este grupo son Rab Ovadia Yosef, el Jazon Ish, Rab Moshe Feinstein y Rab Jaim Shmuelevitz.

El tercer grupo –los antisionistas- es muy estridente pero también minoritario: está conformado básicamente por los jasidim de Satmer y la Edá HaCharedit. Se opone terminantemente a la existencia misma del Estado de Israel, al que acusa de hereje y de ser obra del satán: considera que los judíos solamente podrán emigrar en masa a la Tierra de Israel y fundar un Estado allí luego de la llegada del Mashiaj, que será un suceso milagroso y sobrenatural. Hay una facción mucho más radical, los Neturei Karta, que milita activamente en contra del Estado de Israel de todas las formas posible, llegando al extremo de reunirse con Ahmanideyad en 2006 en una conferencia de negadores de la Shoá: este grupo fue excomulgado y no representa bajo ningún punto de vista a la ortodoxia. De hecho, este grupo radical no tiene más de unas centenas de miembros. Pero aclaro esto porque no hay que confundir la postura de los antisionistas “moderados” con la de los Neturei Karta: los primeros se oponen al Estado de Israel pero también a que los judíos se involucren en política, por lo que rechazan militar en contra de Israel; los segundos son furiosos militantes antisionistas, que utilizan todos los medios posibles para difamar al sionismo. El representante más destacado de la postura antisionista es Rab Yoel Teitelbaum.

¿Cuál es la diferencia práctica entre el grupo no sionista y el antisionista? Imaginemos un caso hipotético: supongamos que el Estado de Israel se transforma en un Estado teocrático, regido por la Halajá y cuyos habitantes cumplen íntegramente todas las leyes de la Torá. Para el grupo no sionista, este Estado sería un Estado ideal, que cumple los requisitos necesarios para ser considerado el principio de la Redención: pasarían a apoyarlo sin fisuras. Los antisionistas, por el contrario, seguirían oponiéndose a este Estado: ellos no critican la secularidad del Estado (que es, en definitiva, a lo que se oponen los no sionistas) sino la existencia misma de un Estado judío y la emigración masiva de judíos a la Tierra de Israel. ¿Se entiende la diferencia? Los no sionistas critican que el Estado de Israel sea secular; los antisionistas critican al Estado de Israel por existir, sin importar su orientación política o religiosa.

¿Y la diferencia entre no sionistas y sionistas? Que los sionistas aceptan al Estado de Israel actual, secular y democrático, como un cambio significativo y un avance en sí mismo, mientras que los no sionistas no ven valor alguno en un Estado de Israel secular. Incluso los ortodoxos sionistas que luchan por modificar la orientación política y religiosa del Estado y buscan que sea uno religioso, regido por la Halajá, aceptan que la existencia del Estado de Israel actual, con todos sus defectos, es revolucionaria en sí misma; por el contrario, los ortodoxos no sionistas no ven revolución alguna ni necesidad de cambios y la única función que encuentran en el Estado de Israel es del tipo utilitario, pero no ideológica o principista.

¿Cuál es el lugar de Rab Isaac Breuer en todo esto? La cuestión es compleja y todo este artículo va a ser intento de desentrañar el asunto. Podemos empezar con esta frase de Isaac Breuer:

¿Acaso no ha llegado el momento de que los grandes sabios de Israel nos digan si el Mandato es la obra del demonio o de D-s? Si es obra del demonio, alejémonos lo máximo posible. Pero si es la obra de D-s, entonces el pueblo de Israel no tiene labor más importante ni más grande que la siguiente: construir el hogar nacional para nuestro Rey (=D-s). O nos vamos lo más lejos posible o le damos nuestra devoción total y absoluta. No hay otra opción.

Entonces, ¿Isaac Breuer es sionista, no sionista o antisionista? De esta cita, podemos sacar algo limpio: no es no sionista. Para él, la cuestión es fundamental: se es sionista o antisionista pero no se puede ser indiferente.

La fusión entre Rab Hirsch y Kant

Cuentan que Isaac Breuer tenía en su escritorio dos retratos: el de su abuelo materno, Rab Shimshon Rafael Hirsch, fundador de la ortodoxia alemana y del movimiento de Torá Im Derej Eretz, y el de Immanuel Kant, el filósofo moderno más importante. Esta anécdota es muy significativa porque muestra a las dos personas que más influyeron en el pensamiento de Isaac Breuer. Se puede decir que Rab Hirsch es la pata judía de su pensamiento, mientras que Kant es su pata universal. Es más, ¡Isaac Breuer llega a argumentar que Kant alcanzó el mayor nivel posible de conocimiento y que sus (pocos) errores se debieron a que no era judío! Dicho de otra manera, si Kant se equivocó en algo, no fue su culpa: simplemente no era judío, por lo que no tenía forma de acceder a ciertos conocimientos. El elogio de Isaac Breuer es notable: en criollo, está diciendo que Kant fue un grosso.

Ya explicamos más arriba los dos temas principales del pensamiento de Rab Hirsch que serían retomados por Rab Isaac Breuer: la búsqueda de conjugar judaísmo y Modernidad; y el separatismo.

Por otro lado, Isaac Breuer toma de Kant dos cuestiones básicas: una, de la Crítica de la razón pura; la otra, de la Crítica de la razón práctica. La primera es la idea de ley moral (aunque con un giro particular); la segunda es la distinción entre fenómeno y noúmeno.

Empecemos con la ley moral: Kant considera que la persona debe seguir la Ley racional, sin importar sus sentimientos, ideas o pensamientos; que debe ser fiel a esa ley sin importar las circunstancias; que esa ley no es cambiante ni depende de la sociedad; y que, en definitiva, el hombre debe subyugarse a esa ley. Ahora, reemplacemos “Ley racional” por “Halajá” y encontramos, de manera sorprendente pero clara, al ideal del judaísmo tradicional. Siguiendo con esta misma línea de pensamiento, dice Isaac Breuer:

“No vayan detrás de su corazón y de sus ojos” (líneas del cuarto párrafo del Shema) puede traducirse a lenguaje kantiano como “No sigan los consejos de su experiencia interior y exterior”.

No todos están de acuerdo con esta interpretación de Rab Isaac Breuer: para Yeshayahu Leibowitz, precisamente esa misma frase es la negación del principio kantiano. “No vayan detrás de su corazón y de sus ojos” quiere decir, en su visión, “No sigan los dictados de su conciencia ni de su razón”. Es decir, que ni la razón ni la conciencia pueden ser fuentes de la Halajá porque ésta es divina, no humana, y esto es lo que distingue al judaísmo de cualquier otra cultura o religión. En contraste, Leibowitz sí acepta lo que dice Kant con respecto a la moral en el sentido de que todo acto debe hacerse por su propia e intrínseca moralidad y no por factores externos. Lo interesante es que Leibowitz no niega el valor de un acto hecho por fines ulteriores sino que niega su validez moral, lo cual no es exactamente lo mismo. Pero lo que nos importa a nosotros de todo esto es que, a pesar de interpretar de manera contraria la misma frase de Kant, los dos concuerdan en la idea básica: la Halajá no está sujeta a la historia ni a los deseos humanos. Como dato aparte, siguiendo con el debate entre estos dos gigantes filosóficos de la ortodoxia, Yeshayahu Leibowitz cuenta una conversación que tuvo con Isaac Breuer:

Le dije: Dr. Breuer, no nos engañemos, usted sabe tan bien como yo que los dos (que nos consideramos judíos creyentes, cuya intención es asumir el yugo del Cielo y de la Torá y las Mitzvot) no nos basamos en fuentes judías sino en el ateo y antisemita Kant. ¡No podría ser de otra manera! Breuer concedió que le sería imposible discutir problemas filosóficos sin hacer referencia a Kant.

La segunda cuestión de la que hablábamos –la distinción entre fenómeno y noúmeno- es básica en el pensamiento de Breuer.  ¿Qué es el fenómeno y el noúmeno, según Kant? Es un intento de delimitar qué es lo que cognoscible (pasible de ser conocido) y lo que no: para Kant, hay cosas que podemos conocer mediante los sentidos y otras que simplemente escapan a nuestra capacidad como seres humanos. Así, Kant distingue entre la cosa-en-sí (el noúmeno), que es la realidad en sí misma, y la apariencia o manifestación de la cosa-en sí (el fenómeno). O sea, Kant intenta superar la dicotomía realismo-idealismo: lo que propone es que una cosa es lo que es algo y otra, lo que podemos conocer de ese algo. Un ejemplo: tenemos una mesa. Yo veo la mesa, la palpo y la huelo: puedo decir que es de madera, que tiene cuatro patas, que es dura y áspera, etc. Sin embargo, quizás tenga una serie de características que, por mis propias limitaciones como ser humano, no puedo conocer: la propia estructura de mi mente determina cómo y qué puedo percibir de la mesa. El noúmeno, la cosa-en-sí, entonces, es una intuición intelectual suprasensible, algo que está por encima de mis sentidos o mi percepción sensible. El objetivo de su fenomenal obra Crítica de la razón pura justamente es marcar los límites de la percepción humana y delimitar claramente la diferencia entre el fenómeno y el noúmeno.

Esta distinción puede ser utilizado para explicar la paradoja entre determinismo y libre albedrío. Veamos…Tenemos dos maneras de ver las cosas: una presupone el libre albedrío y la otra, la causalidad. El primero es el “ojo interno”; el segundo, el “ojo externo”. En términos cabalísticos, el primero se corresponde al mundo de la  “Yetzirá” (“Formación”); el segundo, al mundo de la “Asiá” (“Acción”). En términos kantianos, el primero es el noúmeno; el segundo, el fenómeno. Estos dos enfoques no son contradictorios sino que se complementan ya que cada uno se aplica en distintas áreas: el primero aplica cuando hablamos del conocimiento de la propia existencia, del presente, del libre albedrío, lo justo y lo injusto y que la vida tiene un sentido; el segundo, cuando pretendemos analizar las cosas mediante la lógica y la razón, mesurando y midiendo. Y esto ocurre por la propia naturaleza de estos dos enfoques: el primero busca y anhela lo infinito, es imaginación pura desenfrenada; el segundo es rígido, busca lo finito y lo mesurable.

Pero, más importante para el pensamiento de Isaac Breuer, esta distinción entre fenómeno y noúmeno permite argumentar que hay cosas que no son susceptibles de ser analizadas por la razón o los sentidos: esas cosas son la Torá, la Halajá y el judaísmo. La Torá no es un fenómeno sino un noúmeno. Ése es el error básico de la crítica bíblica, según Isaac Breuer: presupone que la Torá es un fenómeno, un ente susceptible de ser analizado por medio del método científico. Sin embargo, esto no es así: la Torá, como expresión de la voluntad Divina, es un noúmeno: es una cosa-en-sí, algo que escapa a nuestros sentidos o a nuestra razón.

Judaismo ahistórico

En base a esta misma idea de la Torá como noúmeno, Rab Isaac Breuer argumenta que el judaísmo no es un fenómeno histórico: todo lo contrario, es algo ahistórico, eterno, por fuera de la historia. Esto, obviamente, es un dardo a prácticamente todo el pensamiento judío moderno, que presupone que el judaísmo es un fenómeno histórico y que debe ser analizado bajo esa óptima. El judaísmo no cambia con el paso del tiempo: es un ente eterno.

Ojo, no es que el judaísmo no transcurra en la historia. Después de todo, somos seres humanos, y los seres humanos vivimos en el tiempo. Lo importante es que no podemos cambiar al judaísmo con la excusa de que vivimos en otra época y que esta o aquella ley es irrelevante o me parece incorrecta desde mi sensibilidad moral moderna.

Así, ¿qué es el judaísmo?

La base del judaísmo es el monoteísmo más estricto. El judaísmo percibe la unicidad de D-s no solo cuantitativamente sino también –y esto es lo principal- cualitativamente. Los profetas dijeron innumerables veces que solo D-s es la única realidad y que fuera de él todos los otros seres son meramente condicionales.

Retomemos la comparación que hicimos más arriba con Moses Hess: para Hess, el judaísmo es un proceso histórico, cambiante y variable; para Isaac Breuer, el judaísmo es una serie de principios eternos. Para Hess, hegeliano de la primera hora, el judaísmo es un fenómeno: hay que analizarlo históricamente. Para Breuer, el judaísmo es un noúmeno: todo análisis histórico sería una falsificación de la verdadera esencia del judaísmo. En sus palabras:

Así como el fenómeno existente lado a lado del espacio natural es gobernado por la ley divina de la naturaleza (=la cosa-en-sí), la humanidad que existe lado a lado de la historia es gobernada por la ley divina. El destino de la humanidad es doblegarse libremente a la ley revelada de D-s y regular sus relaciones de acuerdo a esa ley. La humanidad está enferma por la autonomía usurpada de las naciones y la soberanía rebelde de los Estados. El problema de la historia es, para el judaísmo, un problema de ley (…) Para el judaísmo, la idea de la ley es absolutamente trascendental. La ley no es hecha por la nación, sino que la ley hace a la nación…

El antisionismo de Rab Isaac Breuer

Isaac Breuer se declaraba antisionista. Decía:

Entre el nacionalismo absoluto del sionismo y el pueblo judío histórico cuya idea de la historia ha preservado la conexión con la Tierra de Israel, porque se preservó a sí mismo como portador de la idea, no puede haber entendimiento ni compromiso. Entre el sionismo y el pueblo judío se yergue la historia judía.

¿Qué está diciendo Breuer? Citemos otros fragmentos del mismo ensayo, Sobre la esencia del judaísmo:

El sionismo no niega la religión. ¿No es acaso la religión la parte y parcela espiritual de todo pueblo normal? Dejemos que la religión tome su lugar, dentro la nación judía, como cualquier nación civilizada. (…) Para el sionismo, la nación es el creador de la religión…

Con instinto infalible, el sionismo descubre aquel punto que ha dado al pueblo judío su lugar excepcional entre las naciones y que ha provocado que evolucione de manera distinta a los pueblos “normales”: su relación con la ley divinamente revelada y, junto a ella, su idea histórica. Porque esta es la idea que ve en el camino de las naciones soberanas un camino erróneo; que ve su propio camino entre las naciones como un camino de arrepentimiento; y para el que estos dos caminos finalmente se unirán en un portal, por el cual el rey de las naciones (=D-s), en un futuro, hará su entrada. Sin embargo, una nación que se ha convertido al sionismo, siguiendo el ejemplo del nacionalismo moderno, parece indigno de la emancipación si primero no se libera a sí misma de los grilletes de la ley, si no libera su voluntad y aprende a concentrarse en la autopreservación como un fin en sí mismo. Dándole a la “religión” un lugar como uno de los tantos valores de la civilización dentro de la vida nacional, separando la nación como tal de la religión como un precedente necesario para cualquier cultura nacional, y reconociendo a la nación como ente supremo, el sionismo ya no puede reconocer la ley de D-s, la religión nacional. La nación, como cualquier otra nación, pasa a tener una religión: el nacionalismo absoluto.

Para Isaac Breuer, el peligro del sionismo es letal: quiere reemplazar la ley de D-s, la Halajá, por el nacionalismo. Para Breuer, el judaísmo es ley: la Halajá y el judaísmo son una y la misma cosa. No hay judaísmo sin Halajá. Y más todavía, la Halajá es el valor supremo: todo está supeditado al cumplimiento de la Halajá, la ley judía. Si el reformismo quería religión sin nación, el sionismo quiere nación sin religión. El peligro del sionismo no es el nacionalismo sino el nacionalismo absoluto. Vale decir, que pone como valor supremo a la nación, y no a la Halajá. El problema no es la idea nacional (veremos un poco más adelante que Isaac Breuer considera que el judaísmo es una nación) sino sacar a la Halajá del centro de la vida judía. Y esto es muy fuerte porque, para Breuer, no hay diferencia entre sionismo religioso y secular: ¡incluso los sionistas religiosos están poniendo por encima de la Halajá a la nación! La religión, en vez de reinar, pasa a ser una institución más del Estado, una parte más, entre tantas otras, como la cultura, la tradición o el sentimentalismo, de la identidad judía. El peligro, según Breuer, entonces, es el fascismo: que la nación sea el valor supremo. Si prestaron atención, habrán visto que Breuer habla del sionismo en términos muy nietzscheanos (“voluntad”, “liberación de las cadenas de la ley”): se puede decir que, para Breuer, el sionismo no está demasiado lejos del nacionalsocialismo.

¿Esta evaluación es correcta? La verdad, no. Y no solo eso: es muy extremista y encima no hace justicia al sionismo. En realidad, se podría caracterizar a determinadas corrientes del sionismo de la manera en que lo hace Isaac Breuer pero pintar a todo el espectro sionista de esa manera es, cuanto menos, demasiado radical. Si me permiten, siempre tuve la impresión que Breuer estaba atascado en un antisionismo que heredó de la tradición de la ortodoxia alemana y que no pudo superar, a pesar de que sus ideas, en realidad, no están demasiado alejadas del sionismo religioso.

Rab Hirsch y Rab Kook sobre el sionismo

Ya hemos hablado de Rab Shimshon Rafael Hirsch en este mismo artículo y sobre Rab Abraham Itzjak Kook en un artículo aparte: son dos de las más importantes personalidades de la historia del pueblo judío y su influencia es vasta e indiscutible. Podemos encontrar varios puntos en común entre los dos y es por ello que muchos consideran que estas dos personas son las más importantes para entender al judaísmo ortodoxo en la Modernidad. Hay algo que los diferencia: su actitud hacia el sionismo. Mientras que Rab Kook es sionista -y, de hecho, al hablar de sionismo religioso hoy no se puede dejar de mencionarlo-, Rab Hirsch no lo es.

Para Rab Kook, el sionismo en sí mismo no tiene valor: en cuanto movimiento de liberación política, no es más relevante que cualquier otro. El sionismo cobra sentido e importancia capital cuando es insertado dentro de un plano mayor: la historia, entendida como digitada por y manifestación de D-s. D-s está atrayendo a los judíos alejados al sionismo para que, por intermedio de él, lleguen al judaísmo. Todo es parte del plan Divino: el fin último del sionismo no es más que la llegada del Mesías. La liberación política es solo un paso para el retorno a la Torá y la ulterior Redención. Para Rab Kook, el significado de la famosa sentencia “luz entre las naciones” es: el pueblo judío se debe reunir en la Tierra de Israel, formar una comunidad organizada en torno a la Torá y mostrarle al resto del mundo lo bueno y bello de nuestro modo de vida, esparciendo la paz, la justicia y la bondad.

Rab Hirsch, en cambio, no apoya al sionismo en ningún momento. Para él, los judíos deben emanciparse en los países que viven pero no ve motivo alguno para erradicarse en la Tierra de Israel y formar allí una comunidad organizada. No ve el problema: los judíos pueden vivir bien en sus respectivos países de origen. Para él, la expresión “luz entre las naciones” se refiere a que los judíos deben vivir entre la sociedad gentil, en marcos en los cuales son minoría, para así mostrar el modo de vida judía y educar al resto de las naciones hacia la bondad, la justicia y la rectitud.

En resumen: para Rab Kook, la “luz entre las naciones” es la comunidad organizada, mientras que para Rab Hirsch es el individuo particular. De esta manera, toman actitudes bien diferenciadas.

Creo que se puede intentar rastrear esta diferencia al ambiente en el que vivieron: Rab Kook nació en la actual Letonia (en ese momento, Rusia); Rab Hirsch, en Alemania. O sea, los separa la geografía; y esto no es menor. En la Rusia zarista había antisemitismo y una cultura intolerante y cerrada: los judíos vivían en ghettos, aislados del exterior. No había grandes oportunidades de ascenso social ni se esperaban muestras de afecto de parte de los gobernantes o la población local. En cambio, en Alemania se estaba en la vanguardia cultural, económica y política y no había un antisemitismo marcado ni sistemático: los judíos vivían bien, tenían derechos civiles y oportunidades de ascenso social y los ghettos prácticamente ya no existían.

Otra manera de entenderlo son las fechas: en el año 1865 nace Rab Kook; en 1808, Rab Hirsch. O sea, los separa el tiempo. Cuando Rab Hirsch vivía, no existía un movimiento sionista organizado: Herzl ni siquiera había escrito su más famoso libro, “El Estado judío”. No existía en el horizonte mental la idea de un sionismo popular y con verdadera fuerza: a lo sumo, algún que otro idealista se iba a vivir a la Tierra de Israel, más por nostalgia o sentimiento religioso que por otra cosa. En la época de Rab Kook las cosas eran bien diferentes: el movimiento sionista ya estaba organizado y era grande, influyente y populoso: nadie dudaba que podía cambiar y que estaba cambiando la historia judía, para bien o para mal. Vivir en la Tierra de Israel ya no era una idea utópica, propia de soñadores, sino una realidad vivida por miles de personas: hasta se podía vislumbrar la posibilidad un Estado judío en Israel, cosa que hubiese resultado absurda cincuenta o cien años atrás.

Pero Isaac Breuer no está de acuerdo conmigo: para él, el antisionismo de Rab Hirsch no es una cuestión estratégica ni de tiempos o espacios sino una cuestión de principios. Para Breuer, un judío verdadero, un judío que basa su vida en la Torá y las Mitzvot, no puede ser sionista: es una contradicción. Y sin embargo…

¿Sionista contra su voluntad? Rab Kook y Rab Breuer

El problema con todo esto es que Rab Isaac Breuer define al sionismo como se le da la gana. O mejor dicho, define al sionismo de una manera muy peculiar que no es del todo precisa: una persona como Rab Abraham Itzjak Kook, el mayor representante del sionismo religioso, no encaja en la definición del “sionismo” que nos da Breuer. Es más, ¡encaja precisamente en la definición del “judaísmo histórico” de Breuer! O sea, la paradoja estriba en que Breuer pinta al sionismo de una manera, pero eso es solo un tipo de sionismo: su definición es muy estrecha y deja al margen a un montón de otros tipos de sionismos. Para hacer una analogía bastante básica, la definición de “sionismo” de Breuer es más o menos como definir al peronismo como un movimiento izquierdista, que pugna por la revolución socialista y la liberación nacional. Una definición que es correcta para cierto tipo de peronismo (el peronismo de izquierda de los setenta) pero que excluye a otros tipos de peronismos (el de derecha, el sindical, la ortodoxia peronista, el neoperonismo, el verticalismo).

Pero más todavía: si comparamos a Rab Kook con Rab Breuer, descubriremos que son muy parecidos. Los distingue las formas: desde el punto de vista estilístico, Rab Kook es mucho más poético, mientras que Rab Breuer es más filosófico; desde el punto de vista literario, Rab Kook escribe con una jerga más cabalística, mientras que Rab Breuer se apoya mucho más en Kant y la filosofía alemana. Sin embargo, los puntos de convergencia son notables: los dos son hombres muy instruidos tanto en términos de educación judía como en filosofía moderna; los dos se basan en la Cabalá. Más relevante para nosotros, los dos parten de la idea nacional: el judaísmo es una nación. Para Breuer –esto es fundamental- el judaísmo es una nación, más específicamente una religión nacional. Si algo tiene de positivo el sionismo, es destruir de una vez por todas esa idea reformista de que la religión judía tiene que divorciarse de la idea nacional. Pero claro, ya hemos dicho que, para él, el sionismo es terrible porque pretende romper con la religión y quedarse solo con la nación (o, peor aún, transformar a la religión en un componente accesorio de la identidad nacional). Si el judaísmo es una religión nacional y el sionismo es el que impulsa a los judíos a la idea nacional, que había sido dejada de lado, si el sionismo es el motivo por el cual los judíos vuelven a la Tierra de Israel y construyen su propio Estado, entonces el sionismo es la chispa de donde surgirá la Redención. Para Breuer, el sionismo no es otra cosa más que la voluntad de D-s actuando a través de la historia: es el primer paso hacia la llegada del Mashiaj y la Redención final. El objetivo final del sionismo, lo sepan o no los sionistas, es la instauración de un Estado regido por la Halajá, que irradiará paz y justicia a todo el mundo: la Rendención última. ¡Exactamente lo mismo que plantea Rab Kook!

Y, sin embargo, Rab Kook se definía como sionista y apoyaba a Mizraji (el partido político del sionismo religioso), mientras que Rab Breuer se definía como antisionista y rechazaba tajantemente asociarse con el sionismo religioso. ¿Por qué? Isaac Breuer lo presenta como una cuestión principista: se niega a colaborar con los heterodoxos. Esto lo toma de Rab Hirsch. Si volvemos al principio de nuestro artículo, recordarán que hablamos de la idea del separatismo: la ortodoxia tenía que separarse de la heterodoxia para no ver comprometido su rumbo. Esta táctica es subida al pedestal de principio inamovible por parte de Isaac Breuer: no es solo una estrategia política sino un principio básico. Nada de cooperar con los heterodoxos (incluidos los sionistas, claro está).

En definitiva, la diferencia entre Rab Kook y Breuer no radica tanto en una cuestión de fondo sino de forma: Rab Kook intenta acercarse a los sionistas; Breuer, no.

El rol de Agudat Israel

¿Quién es el que tiene que tomar la batuta para direccionar a la nación judía hacia el camino correcto, el camino de la Torá y las Mitzvot, y así llevar al sionismo hacia su objetivo último, la Redención? Para Rab Kook, eran los sionistas religiosos; para Rab Breuer, tienen que ser los jaredim (ultraortodoxos). Agudat Israel, la organización política más importante de los jaredim, tiene que ser el órgano que nutra al pueblo judío de líderes: tiene que ser la vanguardia que guíe a la nación judía. El proyecto político de Isaac Breuer es transformar a Agudat Israel: tiene que dejar de ser vocero de un grupo particular, los jaredim, (como proponen los no sionistas) y pasar a ser el representante verdadero de la nación judía, el pueblo de la Torá. En sus palabras:

El pueblo de la Torá todavía no ha respondido al llamado del Mandato (nota mía: se refiere a la futura creación del Estado de Israel). El pueblo de la Torá está exiliado entre las naciones y es obvio que, en todas las naciones, en cada ciudad y en cada distrito, estos segmentos del pueblo de la Torá tienen distintos deberes que constituyen “las cuestiones que les conciernen” en sus vidas. Pero como un organismo único, el pueblo de la Torá, separado de su tierra por dos mil años, tiene una sola misión en la era del Mandato: construir para su Rey un hogar nacional. Incluso los deberes particulares de cada segmento del pueblo de la Torá deben direccionarse hacia la misión suprema del pueblo como un todo. Esto es, verdaderamente, una revolución histórica: exige un giro absoluto del pueblo de la Torá hacia su tierra (…) Es, por lo tanto, una obligación sagrada para el pueblo de la Torá tomar al Mandato sobre sí y construir el hogar nacional del pueblo de la Torá. (…) Solamente por intermedio de Agudat Israel se puede lograr este giro rotundo. Pero, hasta el día de hoy, Agudat Israel no ha aceptado esta misión. El pueblo de la Torá no tiene otro vehículo de expresión y voluntad más que Agudat Israel. Agudat Israel se ha mantenido en silencio. El pueblo de la Torá, por ende, todavía no ha respondido al llamado del Mandato. Y esto es lo que tiene probarse.

Estamos en un momento revolucionario: si Agudat Israel, como representante de la ortodoxia (=el pueblo de la Torá), no toma la batuta, entonces el movimiento sionista lo hará. Y si pasa eso, entonces el Estado de Israel será secular, sus instituciones no estarán regidas por la Halajá, la mayoría de su población será irreligiosa, el modo de vida israelí será occidental y moderno –y no judío-…¡Que es, de hecho, lo que pasó! El proyecto de Isaac Breuer nunca fue aceptado por Agudat Israel: los jaredim se conformaron y conforman con recibir subsidios para sus instituciones y beneficios para su sector pero nunca presentaron un proyecto político claro que marque el rumbo del Estado. Agudat Israel no se transformó en vanguardia de nada ni intentó luchar ideológicamente contra el sionismo: se contentó con negociar con el poder de turno para sacar su propia tajada.

El legado de Poalei Agudat Israel

Rab Isaac Breuer fundó Poalei Agudat Israel, que era la rama obrera y juvenil de Agudat Israel. Hablamos un poco de esto en el artículo sobre Moshe Una. Poalei Agudat Israel era una entidad separada de Agudat Israel, con sus propios representantes y organismos partidarios, aunque terminaría por fusionarse con Agudat Israel. Poalei Agudat Israel tenía una tendencia más combativa y socialista, aunque, tal como la organización madre, no era sionista. Así, Poalei Agudat Israel fundaría dos kibutzim: Shaalvim y Jafetz Jaim. Lo paradójico es que Rab Breuer era antisionista pero no todos sus seguidores compartían su ideario. Para colmo, y para terminar de completar el cuadro, muchos de sus hijos desecharían los ideales socialistas, pero exacerbarían los sionistas, pasando a formar parte del movimiento Jardal (sionismo religioso ultraortodoxo) y fundando Moshavim en vez de Kibutzim. En resumen: una hermosa paradoja por la cual un movimiento originalmente antisionista trae como consecuencia el surgimiento de un sionismo activo y reluciente. Y esta paradoja es muy significativa porque muestra claramente esa dicotomía de la que hablábamos antes en el pensamiento de Isaac Breuer: el ser antisionista pero proponiendo un programa marcadamente sionista, por más que se le endose otro nombre.

Torá Im Derej Eretz Israel

Dijimos que la filosofía de Rab Hirsch es denominada “Torá Im Derej Eretz”: esto puede ser traducido como “Torá y civilización”. Así, Rab Hirsch nos está diciendo que debemos conjugar una vida de Torá con lo mejor de la civilización occidental. Pero, ¿esto es así? A primera vista, pareciera que sí. Sin embargo, hay que tener algo en cuenta: el concepto de civilización en el contexto alemán. Según Norbert Elias, Kultur sería el equivalente del concepto anglosajón civilization pero con una salvedad: la Kultur es particular de cada nación. En palabras de Norbert Elias, la Kultur se refiere a “hechos intelectuales, artísticos y religiosos y tiene una tendencia a trazar una línea clara entre hechos de ese tipo de un lado y factores políticos, económicos y sociales del otro”. La Kultur es la marca de los intelectuales alemanes en búsqueda de distinguirse del populacho, la burguesía u otros grupos sociales. Todo esto lo digo porque, en el contexto del pensamiento alemán, la civilización es nacional. Y si es así, entonces el “Derej Eretz” también es nacional. Si el judaísmo es una religión, entonces es lógico suponer que tome prestado, por así decirlo, lo mejor de la Kultur alemana. Sin embargo, si el judaísmo es una nación –y ya hemos visto que así lo define Isaac Breuer-, entonces tiene una Kultur propia y sería absurdo que tome prestada una ajena. Alan Brill escribe en una entrada en su blog sobre Isaac Breuer lo siguiente:

Breuer escribe que solo los tontos pueden pensar que aquellos que nos liberaron de cumplir los preceptos divinos pueden encadenarnos al Derej Eretz alemán.  Hirsch no aceptó la cultura alemana a la par de la Torá. Si Torá Im Derech Eretz era Torá y civilización occidental, entonces, como la segunda cayó en la Segunda Guerra Mundial, debería haber una revuelta contra la combinación. El Derej Eretz de Hirsch se revela ahora como Derej Eretz de la Tierra de Israel. Si pensás que los trágicos eventos de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial marcan el colapso del pensamiento de Hirsch, es porque no conocés a Hirsch. Hirsch fue un llamado al retorno a Zión mucho antes que nuestro pueblo esté listo.

Así, la idea de Torá Im Derej Eretz, según Isaac Breuer, no es combinar la cultura alemana o la civilización occidental con la Torá sino marcar el camino hacia una cultura verdaderamente judía: construir un país que sea la base para un Derej Eretz Israel, una cultura judía.

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