Links de la semana (14)

Hoy voy a cambiar un poco la consigna de esta sección. Se cumplen 30 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges, el mejor escritor argentino de la historia (vengan de a uno, cortazarianos) y voy a usar este espacio para citar algunos de los ensayos, poemas y cuentos que tienen una temática judía o, directamente, sionista.

El mejor cuento que leí en mi vida sobre el nazismo es Deutsches Requiem. Por supuesto, no se puede dejar de mencionar El Aleph, que ya desde el título deja traslucir que Borges leyó el Zohar y sobre Cabalá.

La famosa conferencia de Borges, Vindicación de la Cabalá, del libro Siete noches.

Borges fue un firme antifascista y crítico del nazismo desde la primera hora: acusado de ser judío, respondió con el texto corto Yo, judío.

Grandes poemas como El golem, Spinoza o, en menor medida, Cristo en la cruz también tienen al judío como temática.

Y no pueden faltar los dos poemas sionistas de Borges:

Israel

Un hombre encarcelado y hechizado,
un hombre condenado a ser la serpiente
que guarda un oro infame,
un hombre condenado a ser Shylock
un hombre que se inclina sobre la tierra
y que sabe que estuvo en el Paraíso,
un hombre viejo y ciego que ha de romper
las columnas del templo,
un rostro condenado a ser una máscara,
un hombre que a pesar de los nombres
es Spinoza y el Baal Shem y los cabalistas,
un hombre que es el Libro,
una boca que alaba desde el abismo
la justicia del firmamento,
un procurador o un dentista
que dialogó con Dios en una montaña,
un hombre condenado a ser el escarnio,
la abominación, el judío,
un hombre lapidado, incendiado
y ahogado en cámaras letales,
un hombre que se obstina en ser inmortal
y que ahora ha vuelto a su batalla,
a la violenta luz de la victoria,
hermoso como un león al mediodía.

Israel (1969)

Temí que en Israel acecharía
con dulzura insidiosa
la nostalgia que las diásporas seculares
acumularon como un triste tesoro
en las ciudades del infiel, en las juderías,
en los ocasos de la estepa, en los sueños,
la nostalgia de aquellos que te anhelaron,
Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,
¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,
sino esa voluntad de salvar,
entre las inconstantes formas del tiempo,
tu viejo libro mágico, tus liturgias,
tu soledad con Dios?
No así. La más antigua de las naciones
es también la más joven.
No has tentado a los nombres con jardines,
con el oro y su tedio
sino con el rigor, tierra última.
Israel les ha dicho sin palabras:
olvidarás quién eres.
Olvidarás al otro que dejaste.
Olvidarás quién fuiste en las tierras
que te dieron sus tardes y sus mañanas
y a las que no darás tu nostalgia.
Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.
Serás un israelí, serás un soldado.
Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.
Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla.

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