David Ben Gurión

Político de raza

David Ben Gurión nació en Polonia en 1886 y falleció en Israel en 1973. Fue el líder más importante del Estado de Israel en sus primeros quince años de existencia y uno de los principales líderes del sionismo en el período preestatal. Es considerado, con justa razón, como un prócer de Israel y uno de sus padres fundadores. Tuvo una educación judía tradicional, y, ya a los 18 años, decidió emigrar a Varsovia para ser maestro de hebreo y ser militante de Poalei Tzion. A los veinte años emigró a la Tierra de Israel. Se mantuvo económicamente como funcionario del partido y dando clases privadas. Estuvo un tiempo en Constantinopla, donde estudió Leyes. Empezó a escalar políticamente en el sionismo socialista, en ese momento mayoritario, hasta llegar a ser secretario general de la Histadrut (organización que aglutina a todos los sindicatos israelíes; a partir de la década de 1920 y en los primeros veinte o treinta años del Estado, tuvo un rol fundamental en la política y la economía israelí), parte del comité ejecutivo de la Agencia Judía (en ese momento, la organización proto-estatal más importante, de donde surgirían muchas de las instituciones que formarían al Estado de Israel y muchos de los cuadros políticos más relevantes de los primeros años del Estado) y Primer ministro de Israel entre 1948 y 1963 (con un breve intervalo de poco más de un año en el medio; entre 1955 y 1963, además, fue ministro de defensa). Paralelamente, fue fundador de Mapai (el partido sionista socialista más importante de Israel), de Rafi (una escisión del Mapai) y de Reshimá Mamlajtit (partido con un tinte más nacionalista que los anteriores y que no duró demasiado).

Sionismo y socialismo

En Ben Gurión, se presenta el conflicto del que ya hemos hablado tantas otras veces cuando tratamos el tema del sionismo y el socialismo: ¿cómo compatibilizar el socialismo –que es, en esencia, internacionalista- con el sionismo –que es el nacionalismo judío-? Vimos distintas soluciones: decir que la contradicción es falsa, aceptarla pero no darle demasiada importancia, mostrar al sionismo como un paso hacia el socialismo (o sea, a los nacionalismos populares como un paso necesario hacia un verdadero socialismo), argumentar que el socialismo y el nacionalismo aplican a ámbitos distintos (uno, a la clase; el otro, a la nación). También vimos que había socialistas marxistas y utópicos (no marxistas). Una frase del propio Ben Gurión nos ayuda a ubicarlo en el espectro político:

El movimiento obrero palestino (=de la Tierra de Israel) judío no aceptó la teoría marxista, preconizada también por Borojov, según la cual el objetivo de clase obrera es crear, en tanto el del proletariado es liberar (…) Los jalutzim (pioneros) de las primeras décadas de este siglo arribaron a la conclusión de que en este país el trabajador debe ser no solo un asalariado que lucha por mejorar sus condiciones de trabajo y abolir las clases, sino que él mismo debe colonizar y construir empresas en la ciudad y en la aldea.

Recordemos rápidamente que Borojov había argumentado que el sionismo popular tenía que dedicarse a crear un país judío, industrializado, para que esto lleve a la creación de una sociedad socialista: para él, la industria es un paso necesario para que surjan las clases sociales correspondientes al capitalismo (burguesía y proletariado), que, enfrascadas en una lucha de clases, desencadenarán la inevitable caída del capitalismo y la instauración del socialismo. Noten que, para Borojov, el judío en cuanto judío tiene que luchar por la nación judía y la creación de un Estado judío; pero, en cuanto obrero, hacer la revolución socialista. Y por eso Ben Gurión critica a Borojov: para él, esa cosa de “primero capitalismo, después socialismo” es cualquiera (dicho mal y pronto). Ben Gurión considera que el mismo que construye el país es el que tiene que luchar por mejorar la vida del trabajador: socialismo y sionismo son un mismo continuo.

Sin embargo, resulta claro que no siempre podemos ser nacionalistas y, al mismo tiempo, socialistas. Digamos un caso muy general: un país cierra las importaciones para proteger su economía; esto provoca la caída de la industria de otro país que producía para exportar al primer país. ¿Nos solidarizamos con nuestro país o con los trabajadores del otro? Ya sé que es un caso muy general, es solo para que se entienda la idea. El punto es que muchos argumentan que Ben Gurión, en realidad, pone por encima de todo al nacionalismo, y no al socialismo.

La expulsión/huida de los árabes: ¿voluntaria o forzada?

El caso más importante de contradicción entre los valores socialistas y democráticos y los del nacionalismo es el de la expulsión/huida de los árabes durante la Guerra de Independencia: según algunos autores, fue premeditada y forzada; según otros, voluntaria y espontánea. Cuando estalla la Guerra de Independencia de Israel, muchos árabes (no todos) se van de Israel hacia países árabes: son los famosos “refugiados palestinos”, que exigen el derecho al retorno. No voy a entrar en el tema de si ese derecho debería aplicar o no al día de la fecha. Lo importante en el artículo de hoy es: ¿los árabes se fueron voluntariamente o por la fuerza? Algunos historiadores argumentan que los árabes se fueron por voluntad propia porque pensaban que la guerra la iban a ganar los árabes (y así iban a volver triunfantes a sus hogares) y para evitar ser víctimas de la guerra: ellos eran civiles. Otros dicen que fue todo orquestado por parte de las autoridades israelíes: Ben Gurión había armado un plan para expulsar por la fuerza a los árabes del flamante Estado de Israel. ¿Por qué? ¿Ben Gurión era un mal tipo o un racista que odiaba a los árabes? La amplia mayoría de los historiadores serios, incluso los que apoyan la idea de que la expulsión fue por la fuerza y digitada desde la arriba, están de acuerdo con que no, Ben Gurión no era racista. Entonces, ¿por qué habría de expulsar a los árabes de Israel? Hay varios motivos:

  • Demográfico: la presencia de una cantidad tan grande de árabes en territorio israelí pone en peligro la mayoría judía en Israel. Esto –ya lo veremos más adelante- es vital para el proyecto sionista, al menos según lo entiende Ben Gurión.
  • Político: los árabes pueden ser agentes desestabilizadores de la democracia israelí porque apoyan a fuerzas extranjeras. Si son minoría, pueden ser contenidos porque, en un régimen democrático, gobierna la mayoría.
  • Militar: los árabes son una quinta columna. Esto, en momentos de una guerra de independencia, es crítico. Por supuesto, uno podría preguntarse: si el problema es este, es algo temporal y, una vez finalizada la Guerra de Independencia, debería habérsele dado a los árabes la posibilidad de volver a sus hogares. La respuesta es más que obvia: el contexto de guerra continúa, e Israel no puede darse el lujo de tener una quinta columna dentro de su territorio.
  • Cultural: la presencia árabe conlleva una cultura…bueno, árabe. Si Israel quiere modernizarse (y por “Modernización”, aquí estamos hablando de una modernidad occidental), debe buscar modelos culturales bien lejanos a los árabes, y más cercanos a Europa y América.

También hay autores que argumentan que, si armó la expulsión de manera deliberada, Ben Gurión le pifió feo: no llevó la expulsión hasta las últimas consecuencias.¡Si vas a expulsarlos, expulsá a todos, no solamente a una parte! O sea, todo muy lindo, pero todos estos problemas siguen existiendo en la actual Israel justamente porque siguen viviendo allí árabes.

Por su lado, los que argumentan que no hubo tal plan de expulsión y que los árabes se fueron voluntariamente señalan que:

  • Si hubiese estado armado desde arriba, por las autoridades judías, se hubiese expulsado a todos los árabes, no solo a algunos. Esto lo acabamos de decir arriba.
  • Los líderes árabes llamaron a irse de Israel para evitar víctimas civiles árabes y despejar el camino.
  • Los árabes estaban convencidos de que iban a ganar la guerra y tenían pensado volver, triunfantes.

Sea como sea, el caso de la expulsión/huida de los árabes nos permite entrar al tema del sionismo y los valores democráticos y socialistas.

Kibutz Galuiot

קיבוץ גלויות (“Kibutz Galuiot”) es un concepto fundamental en el sionismo de Ben Gurión. ¿Qué es? Reunión de diásporas. O sea, que los judíos vuelvan en masa a la Tierra de Israel. Para Ben Gurión, esto es un paso necesario para que el sionismo cumpla su objetivo fundamental: el renacimiento político, cultural y espiritual del pueblo judío en la Tierra de Israel, en el marco de un Estado independiente.

Para Ben Gurión, sionismo significa emigrar a Israel. Los sionistas del tipo de Louis Brandeis, que están muy cómodos viviendo en sus países de origen y para los cuales su sionismo se limita a apoyar política y financieramente al Estado de Israel, le producen alergia: no los puede ni ver. Para él, los sionistas que viven fuera de Israel son personas que no quieren afrontar el desafío de la hora. Además, es muy crítico de los sionistas no israelíes que pretenden dictar a los judíos de la Tierra de Israel qué deben hacer o dejar de hacer: para Ben Gurión, los que tienen que tomar las decisiones son los judíos israelíes, y el resto de la judería mundial tiene que acompañarlos sin chistar. En sus palabras:

Debemos enfrentar una amarga pregunta: ¿de dónde tomaremos judíos para el Estado de Israel? Esta no es una simple pregunta, sino una exigencia, exigencia dirigida a los sionistas residentes en los países libres, en la medida que el sionismo no es una mera impostación verbal, sino una visión histórica revolucionaria, cuyo objetivo final es la concentración de las diásporas.

¿Para qué los judíos sionistas deben emigrar a Israel?

  • Para resolver el problema demográfico del que hablamos arriba: equilibrar la balanza para que haya más judíos que árabes en Israel, y así lograr que Israel sea efectivamente un Estado judío, no solo en los papeles sino también en la práctica.
  • Para que Israel sea el centro de la vida judía: si la mayoría de los judíos viven fuera de Israel, entonces el centro del pueblo judío difícilmente esté en Israel. Esto incluye tanto la vida política como la cultural y espiritual.

Ben Gurión también enfatizaría la importancia del Tanaj por sobre el Talmud. Esta es una postura bastante típica en muchos sionistas de la época: el Tanaj representa al pueblo judío con un Estado propio, mientras que el Talmud representa al pueblo judío en exilio. En este sentido, para Ben Gurión, el Tanaj es un libro de historia, desde ya, pero también es la fuente principal de su judaísmo y una inspiración fundamental en su visión del mundo. Gracias al impulso de Ben Gurión, se creó el חידון התנ”ך (“Jidón HaTanaj”), un concurso internacional de Tanaj que se realiza en Israel, que hasta el día de hoy sigue siendo muy conocido e importante.

Por otro lado, el tema de Kibutz Galuiot alcanza ribetes casi mesiánicos en el pensamiento de Ben Gurión, y más si tenemos en cuenta que este concepto aparece en el pensamiento judío tradicional ligado intrínsecamente con la llegada del Mesías.

Miren las palabras de Ben Gurión:

Aliá (inmigración a Israel) precede a todo (…) En la inmigración hay seguridad, en la inmigración hay renacimiento, en la inmigración hay concentración de las diásporas, y no hay nada sin ella (…) El movimiento sionista será puesto a prueba a partir de ahora en la acción y en su capacidad de poner en práctica sus ideales, en una escala adecuada a las necesidades actuales. Pero, en esta sociedad, el lugar principal y decisivo está reservado al Estado de Israel. En él se encarna la visión, y solo en el marco estatal es posible la acción.

Y esto nos lleva al tema del Estado en el pensamiento de Ben Gurión…

Mamlajtiut

Ben Gurión está convencido de que la gran revolución que trae el sionismo en el judaísmo es la idea de un Estado judío. Ben Gurión entiende esto literalmente: un Estado es un Estado. ממלכתיות (“Mamlajtiut”) significa –ya lo vimos cuando hablamos de Rab Zvi Yehuda Kook– “estatalidad”: la existencia misma de un Estado judío provoca un cambio de pensamiento y de acción. El gran desafío no es solamente fundar un Estado: también es mantenerlo, hacerlo crecer y que gane importancia. ¡No confundan el concepto de Rab Kook hijo con el de Ben Gurión, eh! Más allá de que la palabra es la misma, su significado es muy diferente.

Por esta idea de la primacía estatal, Ben Gurión afirmaría con firmeza que el poder ejecutivo de Israel tenía que ser el primer ministro y que organizaciones como la Organización Sionista Mundial o la Agencia Judía no tienen ningún poder. Pueden ser órganos de filantropía, pero no deben tener poder político real. Y lo mismo con respecto al poder legislativo y el judicial: tenían que ser brazos del Estado, y no partir de órganos preexistentes o que excedan al Estado.

Para que lo vean claro: Ben Gurión se opuso de manera terminante a la existencia de organizaciones paramilitares, como el Leji o el Irgún, o de grupos especiales dentro del ejército regular israelí, como el Palmaj (que era una unidad de élite dentro de la Haganá). ¿Por qué? Porque, para él, el ejército es una institución del Estado: el monopolio de la fuerza lo tiene el Estado. No puede haber grupos paramilitares vanguardistas, que no están subyugados al poder estatal, porque eso va en contra del interés general y atenta contra la existencia misma del Estado. El caso Altalena, del que ya hemos hablado con Hilel Kook, es paradigmático: llegaba un barco lleno de armas, que podía equilibrar la balanza del poder interno hacia el Irgún, por lo que Ben Gurión ordenó (¿ordenó? Hay discusión entre los historiadores: algunos dicen que fue adrede, otros que fue un error) disparar contra el barco, para destruir las armas y evitar que estas lleguen a manos del Irgún. De nuevo: el monopolio de la fuerza lo tiene el Estado. Hasta los más críticos de Ben Gurión reconocen que esta tarea era muy complicada y que solamente Ben Gurión podría haberla logrado con tanto éxito.

Otro ejemplo de esta primacía del Estado por sobre los intereses partidarios, religiosos, clasistas o de cualquier otro tipo es el acuerdo que hizo con los ortodoxos: se comprometió a que las instituciones estatales no trabajen en Shabat, a que en los comedores oficiales se respeta el Kashrut y admitió que haya dos tipos de educación estatal: una secular y otra religiosa. Además, cedió el control de los matrimonios y divorcios al rabinato (en Israel no hay matrimonio civil)…A la vez que se aseguró que el rabinato sea una institución estatal, financiada y mantenida por el Estado. Esto último es, a mi juicio, lo más importante: les dio el control a los ortodoxos sobre los matrimonios y los divorcios, es cierto, pero esto fue un compromiso para evitar que estos se rebelen contra el Estado e hizo una jugada política magistral para tenerlos atados de manos y pies: hizo que el rabinato esté supeditado al Estado. Dicho de otra manera, lo que logró con esto Ben Gurión no solo fue integrar a los religiosos al Estado sino, fundamentalmente, hacer que la religión dependa del Estado, y así obligarla a estar por debajo del Estado. Un genio político, admitámoslo, estemos de acuerdo o no con su accionar.

Las indemnizaciones alemanas por la Shoá

En 1952, Israel firmó un acuerdo con Alemania: Israel recibió indemnizaciones por 450 millones de marcos como reparación por los daños causados por Alemania durante la Shoá. Este acuerdo estuvo lleno de polémicas. A saber:

  • ¿Por qué el Estado de Israel recibe las indemnizaciones?
  • ¿Cómo Israel va a financiarse con dinero de los nazis?
  • ¿Aceptar el dinero de Alemania no es dejarles limpiar sus culpas de manera sencilla?

Menajem Beguin fue un opositor feroz al acuerdo y organizó marchas contra el gobierno y contra el proyecto de ley: lo consideraba una aberración moral. Para él, era una forma de vender las vidas humanas muertas por un fajo de billetes y recibir dinero de los alemanes, que para él eran nazis despreciables, era una falta de respeto a la memoria de las víctimas, una agachada de cabeza y una afrenta moral. Encima, era una vergüenza absoluta que Israel acepte ese dinero porque daba a entender que era débil y que necesitaba el dinero de sus enemigos.

Por su lado, Ben Gurión argumentaba que Israel necesitaba el dinero para recomponer su economía e impulsar el crecimiento del país. Además, -esto es fundamental-, según Ben Gurión, el hecho de que se le pague las indemnizaciones al Estado de Israel, y no a las víctimas o a sus familiares (que, en la amplia mayoría de los casos, no habían sobrevivido), era una forma de reconocimiento internacional: Alemania aceptaba que el representante legítimo del pueblo judío a nivel internacional era el Estado de Israel. Vean el punto porque es importante y está relacionado con el tema de la estatalidad: más allá de la necesidad económica, que las indemnizaciones vayan a las arcas del Estado de Israel implica un reconocimiento de que éste es el heredero de los judíos asesinados porque es su representante legal y legítimo.

¿Genio político o traidor?

Ben Gurión fue una figura determinante en la política israelí. Es absolutamente esencial para entender el rumbo político, económico, social y cultural del país. No se lo puede desconocer: se lo puede amar u odiar pero no ser indiferente.

Y ahí está el punto: ¿Ben Gurión fue un genio político o un traidor? ¿Un pragmático o un hipócrita? Las aguas están divididas: están los que lo acusan de haber sido un traidor al socialismo y están los que dicen que fue un socialista convencido toda la vida, mientras que algunos llegan a argumentar que nunca fue un socialista verdadero y que era solo una fachada que escondía su hambre de poder político; están los que dicen que traicionó a su partido y que se abrió por la suya y los que dicen que el partido lo traicionó a él; están los que consideran que su crítica a los sionistas diaspóricos es exagerada o equivocada, los que admiran su coraje para decir las cosas tal cual son y los que lo acusan de doble estándar en este tema (los critica pero pide su dinero y acepta gustoso sus donaciones); algunos afirman que era un fascista por su énfasis en la importancia y omnipresencia del Estado y los que dicen que este énfasis en el Estado es fruto de las circunstancias históricas que le tocaron vivir, con la necesidad urgente de organizar la vida política en Israel; están los que lo acusan de expulsar a los árabes y de tratarlos como si fuesen ciudadanos de segunda y los que piensan que, por el contrario, fue demasiado blando con ellos y cedió demasiado y los que lo consideran un demócrata convencido; están los que lo ven como un líder personalista, que tendía a identificar al Estado consigo mismo, y los que lo ven como un genio político, que sabía delegar funciones; están los que piensan que era de izquierda y los que lo ven como un antecesor de la moderna derecha israelí; están los que lo ven como un traidor y los que lo ven como un hombres de ideales firmes y claros. Como ven, Ben Gurión despierta amores y odios. Y es lógico que así sea: es una personalidad clave para la historia judía del último siglo. Sin él, es difícil imaginarse al Estado de Israel: probablemente las cosas hubiesen sido muy distintas de no haber existido Ben Gurión. ¿Genio o hipócrita? Eso está en el juicio de cada uno.

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