Rabí Biniamin

Escritor religioso

Rabí Biniamin es el seudónimo de Yeoshua Radler-Feldman. Nació en 1880 en Galicia, Ucrania,y falleció en 1957 en Israel. Fue escritor, crítico literario, periodista, editor y activista político. Fue miembro del partido Mizraji (el órgano principal del sionismo religioso) y fundador de Brit Shalom (movimiento político que pugnaba por el establecimiento de un Estado binacional). En el orden estrictamente literario, Rabí Biniamin es una persona clave en el desarrollo de la moderna literatura hebrea: editó folletos, revistas literarias y periódicos políticos. Rabí Biniamin fue amigo de Jaim Brener y Shmuel Agnon y, en calidad de crítico literario, uno de los primeros en llamar la atención sobre sus obras. Además, tradujo a varios escritores al hebreo, como Walt Whitman, y escribió sobre ellos. Como escritor, nos dejó obras que merecen ser releídas.

Y sin embargo, ya saben que los que nos importa en este blog es el sionismo, no la literatura. Ya dijimos que Rabí Biniamin fue activista político y a eso nos vamos a dedicar hoy.

Pero se pueden preguntar ustedes: ¿por qué Rabí Biniamin? ¿Qué tiene de especial? ¿Por qué escribir sobre él?

Quizás se acuerden que en el artículo sobre Rab Abraham Itzjak Kook, casi sobre el final, escribí sobre cómo la figura de Rab Kook había eclipsado a muchos otros: hay un terrible malentendido por el cual muchos piensan que Rab Kook fue un luchador solitario, incomprendido, que iba contra la corriente y que no tenía ningún tipo de apoyo. También escribí sobre cómo Rab Kook era tan importante que terminaba por ocupar todo el espacio del debate dentro del sionismo religioso: todo hay que justificarlo en él. Si decimos A, es porque Rab Kook hubiese dicho A; y si decimos B, es porque Rab Kook hubiese dicho B. Dicho de otra manera, Rab Kook es percibido como el gran líder del sionismo religioso y como su gran ideólogo. Mencionamos, en este contexto, que algunos estaban poniendo en tela de juicio esta situación y argumentaban que la influencia de Rab Kook era excesiva y que era hora de buscar otros próceres, otras figuras y otros paradigmas. Esto no quiere decir que haya que menospreciar a Rab Kook: al contrario, uno puede apreciar la profundidad, coherencia y originalidad de su obra pero tener en cuenta, paralelamente, que no es el único paradigma. Podemos imaginar a Rabí Biniamin como una de estas figuras alternativas a Rab Kook.

En su momento, cuando hablamos de Rab Zvi Yehuda Kook y Rab Yehuda Amital, vimos que estábamos frente a dos lecturas de la obra de Rab Abraham Itzjak Kook. Ahora, retrocediendo un paso hacia atrás, nos vamos a parar en un contemporáneo de Rab A. I. Koook que nos propone un camino alternativo.

La Shoá y Al-domi

Rabí Biniamin fue a los judíos de la Tierra de Israel lo que Hilel Kook a los judíos de Estados Unidos: una persona que se comprometió a fondo para salvar a los judíos europeos de la Shoá…y que fracasó en el intento. Como Hilel Kook, Rabí Biniamin fundó un grupo, que fue minoritario y que no llegó a tener demasiada influencia, para alertar al mundo de la Shoá. Como Hilel Kook, su esfuerzo terminó en fracaso. Sin embargo, no llevemos la analogía demasiado lejos: si bien podemos trazar paralelos entre uno y otro, la militancia de Hilel Kook y Rabí Biniamin fue totalmente independiente entre sí.

Rabí Biniamin fundó, junto a otros intelectuales que vivían en la Tierra de Israel, el grupo Al-domi (“No se callen”). Fue un grupo pequeño (no más de treinta miembros) pero que incluía a intelectuales de la talla de Shmuel Iosef Agnon, Shmuel Hugo Bergman, Iosef Klausner, Rab Itzjak Herzog, Martin Buber, Yehuda Leib Magnes y Henrietta Szold. O sea, estamos hablando de personalidades gigantescas: hombres y mujeres de sobrada trayectoria. En la primera carta abierta del grupo (30 de diciembre de 1942) proclaman:

¡A todos!

Por este medio el grupo Al-domi en Jerusalén anuncia que ha comenzado a operar en diferentes direcciones. A pesar de todos nuestros temores y dudas, si hay una oportunidad en mil o en diez mil de salvar a aquellos que son enviados a la muerte, no debemos escatimar ningún esfuerzo en el intento. ¡Judíos de todas las clases, dondequiera que estén! ¡Organícense inmediatamente! ¡No debemos perder ni un minuto en cautas demoras! Estamos preparados para enviar representantes e información cuando y donde sean requeridos.

R.B., en nombre del grupo Al-domi en Jerusalén.

¿Cuáles eran los objetivos de Al-domi?

  • Alertar a los judíos de Israel sobre la Shoá.
  • Alertar a los judíos de fuera de Israel sobre la Shoá.
  • Ganar adhesiones políticas e intelectuales para detener la Shoá.
  • Rescatar a los judíos europeos.
  • Investigar la Shoá y su alcance.
  • En un futuro, enjuiciar a los responsables de la Shoá.
  • Concientizar al Ishuv sobre la Shoá.

Las primeras dos cosas de la lista se resuelven con propaganda: folletos, cartas abiertas y proclamas que muestren al mundo lo que está ocurriendo con los judíos europeos. El tercer punto es cuestión de diplomacia, y obviamente está relacionado con el cuarto: Rabí Biniamin y su grupo se pusieron en contacto con los líderes del Ishuv (la población judía en la Tierra de Israel de aquella época) y con líderes sionistas como Jaim Weizmann para presionar a los Aliados para que bombardeen las vías de tren que llevaban a los judíos a los campos de concentración y de exterminio y para que ayuden a que los judíos a escapar de Europa. También intentaron ganar el apoyo de intelectuales no judíos para que alerten al mundo del peligro del nazismo. El quinto punto es interesante: adelanta lo que sería el Iad Vashem, un museo y archivo que se encarga de documentar la Shoá y educar a la población en general sobre este período oscuro en la historia de la humanidad. El sexto punto también es un antecedente de los juicios de Núremberg y el juicio a Eichmann.  El séptimo punto es menos concreto y más abstracto: se refiere no a que el mundo sepa de la Shoá (eso serían los tres primeros puntos) sino a que los judíos internalicen lo que significa para su propio pueblo. Dicho de otra manera, no se refiere al salvataje de los judíos europeos sino a un movimiento interno: los judíos tienen que concientizarse de lo que está pasando, y eso implica cambiar hábitos, modos de pensar y prioridades. Al-domi propuso, por ejemplo, que todo el Ishuv haga duelo por un período de tiempo indefinido: que no se toque música ni que se baile. Al ver que la gente hacía caso omiso a la propuesta, Al-domi reformuló la idea: durante un año, un día a la semana se dedicaría al duelo, pero el resto de la semana seguiría su curso normalmente. Una vez más, la propuesta fue desoída. Vean que aquí no se trata de una acción que vaya a ayudar a los judíos europeos (eso sería ganar apoyo político y financiero, negociar con los Aliados, ganar la batalla contra el Eje, bombardear las vías del tren hacia los campos de exterminio o ayudar a los judíos a escaparse de Europa) sino una que ayude a digerir lo que está pasando: el duelo es una manera de reflexionar sobre la situación. Interiorizar la Shoá, y no solo luchar contra ella. Por supuesto que hay que intentar detenerlo, eso desde ya, pero, en vista de la situación, debemos empezar a concientizarla.

Rabí Biniamin se dedicó en cuerpo y alma a intentar impedir a la Shoá. En sus propias palabras:

Durante meses he evitado tratar cualquier otro tema. Día y noche escucho los gritos de mis hermanos y hermanas que extienden sus manos y piden ser salvados.

En relación con la concientización de la que hablábamos arriba, Rabí Biniamin atacó lo que él consideraba que era una relajación moral del Ishuv: alquileres caros a los judíos refugiados de Europa, especulación, poca ayuda para los judíos de Europa y la Unión Soviética, liderazgo con prioridades equivocadas y una población desordenada y poco cohesiva.

Al-domi era apartidario e incluía a sionistas revisionistas y socialistas, tanto religiosos como seculares, con la intención de ser lo más amplio posible. Sin embargo, es muy poco conocido (es más, yo lo conocí hace poco por un viejo articulo de la revista Rumbos n°17-18, “Al-domi”: los intelectuales judíos de Palestina y el Holocausto, 1943-1945, de Dina Porat) porque nunca terminó de ganar el apoyo masivo y terminó por ser relegado. ¿Qué pasó? ¿Por qué fracasó? Podríamos debatir largo rato el tema pero me parece que una explicación plausible es que Al-domi exigía atrasar la lucha política por la fundación del Estado de Israel y enfocarse exclusivamente en el rescate de los judíos europeos de las garras de los nazis: esto era inaceptable para muchos judíos, principalmente los que vivían en la Tierra de Israel, que consideraban que la creación de un Estado judío era urgente y que solo la existencia de tal Estado permitiría salvar a los judíos europeos. Incluso los que otorgaban un lugar fundamental a la lucha contra los nazis y al rescate de la judería europea consideraban que esto debía complementar la lucha por un Estado judío pero de ningún modo anularla o atrasarla. Menajem Beguin, por poner un ejemplo de alguien del que hemos hablado en este blog, pensaba que solo la existencia de un Estado judío podía poner a salvo a los judíos europeos: cualquier otro tipo de intento de rescate no era una solución sino una distracción y una pérdida de tiempo. Ojo, no es que los miembros de Al-domi no eran sionistas. Todo lo contrario. Sin embargo, estaban dispuestos a aplazar la lucha sionista en pos del rescate de los judíos europeos porque entendían que uno y otro problema no necesariamente estaban relacionados. En cambio, Beguin (o Ben-Gurión, ya que estamos) pensaban que la situación de los judíos europeos era consecuencia de la falta de un Estado judío y, que por lo tanto, el único remedio era seguir luchando por la creación del Estado de Israel. Rabí Biniamin es lapidario contra esta actitud, a la que tacha de negligente:

¡Ah! Qué bueno hubiera sido si Hitler, Goebbels y Göring hubieran caminado arrastrando sus piernas en la campaña asesina, como nuestros líderes (…) quienes se han demorado, retrasado y movido agónicamente despacio, como criaturas orgullosas que tenían todo el tiempo del mundo.

Por si todo esto fuera poco, Rabí Biniamin fue el que acuñó el término “Shoá” para hacer referencia al Holocausto nazi. Según esta nota:

La palabra “Shoá” en su sentido actual nació casi incidentalmente, en un artículo de Yeoshua Radler-Feldman (Rabí Biniamin) en el periódico Moznaim, en el otoño de 1939, en respuesta a los primeros capítulos de la novela “Huésped para una noche”, que S. I. Agnon había estado publicando en el suplemento literario de HaHaretz. La palabra “Shoá” aparecía dos veces en este artículo haciendo referencia a la reacción de los judíos de Palestina frente al Pacto Ribbentrop-Mólotov y la partición. El artículo echaba la culpa de la “Shoá” tanto a Hitler como a Stalin. Y, como el historiador israelí Mendel Piekarz escribió, había estado reclamando por años para reemplazar este sustantivo por algo más preciso. Aparentemente, había una intención clara al elegir una palabra general y neutral, y él mismo criticó vehementemente esto en un artículo famoso de HaHaretz 12 años después.

Mizraji

Acabamos de ver la primera base de Rabí Biniamin: la Shoá. Ahora vamos a la segunda: era un religioso sionista. Era militante de Mizraji y editó durante 25 años el periódico semanal HaHed, de tendencia sionista religiosa. Además, fue el primer editor de HaZofe, diario de tendencia similar. Dicho de otra manera, Rabí Biniamin fue un activista convencido del sionismo religioso: no cabe ningún tipo de duda de ello. Sin embargo, es evidente que su visión política es completamente diferente de lo que muchos asocian a este movimiento: mesianismo, militarismo, rechazo absoluto a ceder tierras por paz y radicalismo político. Como ya dije más de una vez, esas características no son patrimonio de todo el sionismo religioso sino de Rab Zvi Yehuda Kook: si bien es cierto que hoy Rab. Z. Y. Kook se erige como la principal figura del sionismo religioso y como el gran heredero de su padre, debemos entender que esto no hay por qué extrapolarlo hacia el pasado. Dicho de otra manera, que hoy partes significativas del sionismo religioso sean militaristas, mesiánicas y de ultraderecha no quiere decir que esto haya sido siempre así. De hecho, el sionismo religioso se caracterizó, en sus comienzos, por ser moderado. Me atrevería a decir que hoy en día también hay grupos muy amplios del sionismo religioso que son moderados. El problema es que el activismo y militancia de los grupos más radicales hace que sean mucho más visibles que los moderados.

Ahora bien, ¿esto quiere decir que Rabí Biniamin era un moderado? La respuesta es rotunda: no. Rabí Biniamin tenía una visión mesiánica y era extremista. Lo interesante es que era extremista en un sentido opuesto al de Rab Z. Y. Kook: era un extremista de izquierda, en vez de uno de derecha. Si Rab Z. Y. Kook llama a la Tierra de Israel indivisa y dice que todos (o casi todos) los medios  son válidos para alcanzar ese objetivo, Rabí Biniamin es un pacifista radical que rechaza todo tipo de guerra y que cree en la bondad innata del ser humano. Podríamos caracterizar, entonces, al sionismo de Rabí Biniamin como religioso, mesiánico y extremista, pero también como uno que se para contra el ultranacionalismo, el colonialismo y la guerra. A un nivel más general, también hay que decir que Rabí Biniamin no es un líder religioso (como lo son Rab Kook padre e hijo o Rab Yehuda Amital) sino un intelectual: es un escritor, editor y crítico literario. Por definición, es una persona abierta a la cultura.

Digo que Rabí Biniamin era extremista porque era un pacifista radical: detestaba la guerra. Si bien estoy de acuerdo en principio con que la guerra es horrible, me parece que hay que distinguir entre guerras necesarias y guerras innecesarias. Hay veces que es imperativo tomar las armas y luchar contra el enemigo. Por supuesto, esta distinción no siempre es clara y uno tiene que andar con muchísimo cuidado: la idea de que una guerra necesaria está justificada, pero eso nos puede llevar a catalogar como “necesaria” a una guerra que no lo es para así excusarnos a nosotros mismos. El límite, a veces, es muy fino y no es todo blanco o negro. Rabí Biniamin, al ser un literato antes que un hombre de política, tiende a ser bastante poético y dejarse llevar por las emociones: ve la guerra y las matanzas y su reacción es criticarlas. Es lógico: la guerra es repulsiva. La pregunta que nos debemos es: ¿en qué momentos una guerra es justa y en qué momentos, no? Pareciera que Rabí Biniamin piensa que era posible lograr los objetivos del sionismo sin guerras, y que estas son producto de excesos por parte nuestra. Escribe, por ejemplo:

Denominamos a la guerra contra ustedes, hermanos árabes, “Guerra de independencia”. Esto fue una mentira, y además una mentira hipócrita. No luchamos una guerra de independencia sino una de opresión: éramos personas libres antes de la guerra, y ahora, después de ella, nos transformamos en esclavos. ¿Esclavos de quién? Del Faraón más fuerte del mundo, del Satán, del Instinto Maligno…

Palabras intensas, ¿no? Noten el lenguaje religioso, el llamado a los “hermanos árabes”, la autocrítica. Vean algo importante: que el problema moral fundamental no es la opresión al árabe sino las consecuencias que esto acarrea para la situación espiritual del judío: Rabí Biniamin intenta empatizar con el árabe, pero lo que le interesa, más que la injusticia, es que esta injusticia provoca una distorsión moral en el pueblo judío. Esta crítica a la ocupación es común dentro de la izquierda israelí: no se trata solamente de que estemos oprimiendo a los palestinos, sino que esta situación repercute en el propio pueblo judío en Israel.

Pan-semitismo y Estado binacional

Rabí Biniamin acuñó el término “Pan-semitismo”: según él, judíos y árabes compartimos características, y debemos profundizar esta similitud y actuar en conjunto. Más todavía, el judío tiene que tomar al árabe como modelo para renovarse a sí mismo. Esto quizás a muchos les suene extraño pero no es muy diferente a lo que oímos seguido en nuestra realidad cotidiana: así como muchos hoy argumentan que la sociedad occidental debe ser el modelo para el judaísmo, Rabí Biniamin argumenta que el modelo debe ser la sociedad árabe. ¿Acaso esto quiere decir asimilarse a los árabes o a su cultura? No. Para nada. Es más, si me preguntan, me parece que el gesto de Rabí Biniamin es fruto de un exceso de optimismo y, en última instancia, una forma de mostrar su rechazo a la cultura europea (con su militarismo rampante, su decadencia cultural, su falta de rumbo, opresión y crisis espiritual; contextualicen: estamos hablando de la década de 1920, cuando Europa salía de la Primera Guerra Mundial y se encaminaba a la segunda. No digo que hoy la situación se parezca porque eso sería mentira).

En 1913, Rabí Biniamin escribió sobre la construcción del בית המקדש השלישי (“Beit HaMikdash HaShelishí”, Tercer Beit HaMikdash, Tercer Gran Templo de Jerusalén)…y escribió que tenía que ser un “Templo de la paz”, compartido por judíos, musulmanes y cristianos. Esta visión heterodoxa de la cuestión muestra voluntarismo y amor a la humanidad pero también un mesianismo clarísimo y bastante ingenuo. O sea, nadie discute que la idea de Rabí Biniamin es hermosa. La cuestión es si es viable y realista. Por otro lado, también podemos decir que, aunque no tengamos un “Templo de la paz”, el כותל המערבי (“Kotel HaMaaraví”, Muro de los lamentos) se acerca bastante a la idea que tenía en mente Rabí Biniamin: un espacio de oración, en el cual todas las personas, sin importar su religión, pueden expresarse. Podríamos plantearnos si es correcto que haya un lugar común entre todas las religiones o no: quizás es mejor que cada una rece por separado. ¿Acaso un punto de oración en común no diluye las diferencias que hacen a cada religión lo que es? Sea como sea, vemos una vez más que Rabí Biniamin es un utopista y piensa que todos somos, en el fondo, buenas personas.

Volvamos por un momento al tema del pan-semitismo. Cuando escribí sobre Aaron David Gordon, hablé sobre el trabajo judío: la idea de que los judíos debían contratar solo a judíos para así volver al trabajo productivo. Rabí Biniamin, haciendo uso de su idea del pan-semitismo, rechaza esta idea: para él, los judíos deben contratar árabes y los árabes, judíos, para estrechar relaciones y llegar a un entendimiento a través de la actividad en común. Vean que no se trata de una cuestión económica: no rechaza al trabajo judío porque sea poco eficiente o porque resulte más barato contratar árabes sino porque el trabajo en conjunto permite abrir puertas y mejorar los lazos comunitarios y religiosos.

Rabí Biniamin fue miembro fundador de Brit Shalom, una organización política que proponía como solución al conflicto judeo-árabe la creación de un Estado binacional. Entre sus miembros y activistas, se encontraban Martin Buber, Arthur Ruppin, Gershom Scholem, Hugo Bergmann, Henrietta Szold, Yehuda Leon Magnes y Hans Kohn. Como ven, se repiten muchos nombres de Al-domi (aunque no todos, principalmente porque Al-domi intentaba ser apartidario, mientras que Brit Shalom tomaba una posición política muy clara). Brit Shalom era un grupo pacifista. Si bien había diferencias entre sus miembros, la idea fundamental era que el objetivo del sionismo no era el establecimiento de un Estado judío al que emigrarían todos los judíos del mundo (a la manera de Israel Eldad) sino la formación de un centro cultural judío, que irradiaría su influencia al resto del mundo (a la manera de Ajad Haam). De esta manera, el aspecto político del sionismo quedaba subyugado a la cuestión cultural. Por otro lado, era un grupo de personas muy idealistas, que consideraban que las autoridades judías en la Tierra de Israel estaban siendo demasiado duras con los árabes. Para evitar la opresión de un pueblo contra otro, proponían un Estado binacional, compartido por árabes y judíos por igual.

Brit Shalom siempre estuvo en los márgenes y, a pesar de estar integrado por intelectuales de renombre, nunca llegó a calar hondo en la sociedad israelí ni árabe. Lo cierto es que fue un grupo influyente por las personas que lo apoyaban pero bastante poco eficiente en su militancia política: muchos lo ven como un grupo de idealistas alejados de la realidad. La buena voluntad de sus miembros no encontró eco del otro lado y terminó por ser un grupo absolutamente minoritario.

Retomando el tema del Estado binacional, cabe preguntarse: ¿cómo evitar que este Estado degenere en un Estado árabe, que oprima a los judíos? En el caso de Rabí Biniamin, parece que subestimó la cantidad de árabes que vivían en la Tierra de Israel: pensaba que eran menos de los que verdaderamente son.

Pero olvidemos este lapsus de ingenuidad y centrémonos en otra pregunta: ¿cuál es el fundamento ideológico de Rabí Biniamin para rechazar la partición de la Tierra de Israel y, paralelamente, creer en un Estado binacional, en vez de uno judío? La respuesta es: su creencia en la unidad absoluta de la realidad. Citémoslo:

…Arrepentimiento, retorno a la fuente de aguas vivas, a la fuente de verdad, al primer principio: todos los opuestos no son sino cisternas rotas que no llevan agua. Los opuestos, con toda su belleza, no sirven: son drogas tóxicas. La redención y la salvación no vendrán de allí.

El problema judeo-árabe es una instancia más de un marco general. Para toda persona honesta y amante de la verdad, no hay otro camino más que el retorno al primer principio, con todas las dificultades que esto acarrea. Así como es difícil para el fumador o el alcohólico dejar de fumar o tomar, también es difícil para las personas que fueron criadas desde su juventud en el principio de la Separación, retornar al principio sagrado de la Unidad. Es fácil profesar superficialmente el principio de la fraternidad y la igualdad cuando se trata de algo abstracto. Lo difícil es profesarlo cuando aparece de manera concreta en relación con hechos fundamentales en la forma de un hombre cuyo nombre es Mustafa o Ajmed, y que demanda iguales derechos que Iair o Izar, y cuando uno tiene el poder de negarle su derechos. Este es el obstáculo que debe superar el hombre, el pueblo y la generación: ésa es nuestra prueba. De esto depende la Redención.

Buber y Rabí Biniamin

Con todo lo que hemos dicho, uno estaría tentado a comparar a Rabí Biniamin con Martin Buber. La comparación no sería errada porque tienen muchísimos puntos en común: son hombres de cultura y humanistas, utópicos e idealistas, que apoyan un Estado binacional, que compartieron espacios políticos, que utilizan un lenguaje religioso y místico, que están fuertemente influenciados por la Cabalá y el jasidismo, que exigen de los judíos un comportamiento moral intachable y que ven al sionismo como un movimiento de renovación cultural y espiritual judía. Sin embargo, hay una diferencia fundamental, y que no hay que olvidarla: Buber era un anarquista religioso; Rabí Biniamin, no. No quiero que entiendan la idea de “anarquista religioso” en sentido peyorativo sino como una descripción de la filosofía religiosa de Buber: para él, las מצוות (“Mitzvot”, preceptos) son optativas. No se siente impelido a cumplir toda la תורה (“Torá”) ni a rezar tres veces por día o a cumplir שבת (“Shabat”) de manera estricta, tal como prescribe la הלכה (“Halajá”, corpus legal religioso tradicional judío). Martin Buber piensa que cada judío –cada persona, podríamos decir- debe hacer un examen personal honesto que lo lleve a decidir qué partes de la Torá le resulten relevantes para su vida y cuáles no. Por el contrario, Rabí Biniamin es un judío respetuoso de las Mitzvot, con una postura mucho más tradicional en este punto: para él, la Halajá es imperativa y concierne a todo judío.

Rabí Biniamin y Rab I. A. Kook

Y ahora, habiendo leído lo que escribí arriba, quizás estén tentados de comparar a Rabí Biniamin con Rab A. I. Kook. La comparación tampoco sería errada: comparten la visión religiosa, el mesianismo, la búsqueda de la unidad en lo diverso del universo, el lenguaje poético, el misticismo, la profundidad conceptual, el uso de la Cabalá y el ser judíos tradicionales, respetuosos y observantes de la Torá y las Mitzvot. ¿Qué los diferencia entonces? En primer lugar, la política: ya hemos hablado de cómo Rab I. A. Kook intentó mantenerse apartado de las intrigas políticas y erigirse como una figura por encima de las rivalidades partidarias; Rabí Biniamin, en cambio, fue militante de Mizraji y de Brit Shalom. Rabí Biniamin se enroló claramente en proyectos políticos bien definidos, y su figura está fuertemente atada a estos proyectos. Por eso, Rab Kook padre es admirado por casi todos, ya sean de derecha o de izquierda y religiosos o seculares, mientras que Rabí Biniamin es mucho más difícil de digerir para el que no comparte sus ideales. Por otro lado –y me parece que esto es mucho más significativo-, Rab Kook fue un educador, mientras que Rabí Biniamin fue un escritor. Rab Kook influyó directamente a muchas personas al enseñarles: les daba clases porque era su maestro. Rabí Biniamin escribía y su contacto con el público era más indirecto. En último lugar, Rab Kook tuvo un puesto de relevancia nacional: fue Gran Rabino. Rabí Biniamin tuvo puestos partidarios pero nunca llegó a un puesto en la gestión pública.

¿Un hombre sin legado?

Se podría argumentar que Rabí Biniamin no tiene legado: sus ideas prácticamente no tienen seguidores en la actualidad. Incluso muchos de los judíos religiosos y sionistas más izquierdistas parecen no conocer a Rabí Biniamin. Esto puede llevarnos a creer que hablar de él no es más que rescatar una curiosidad histórica en un trabajo de arqueología irrelevante.

Pero, ¿esto es así? Es verdad que Rabí Biniamin es un desconocido para el gran público. Sin embargo, me parece importante hablar de él por dos motivos: primero, porque nos muestra que el sionismo religioso no es, per se, ultraderechista (noten que fue miembro de Mizraji y editor de periódicos asociados con el movimiento durante muchísimos años y nadie lo acusó de ser un traidor por sus ideas pacifistas); segundo, porque algunos están intentando articular proyectos políticos basados en sus ideas. Son minoritarios, es cierto, y están lejos de ser relevantes a escala nacional, pero existen y no veo motivos para ignorarlos. . Otra persona que podemos relacionar con Rabí Biniamin por su enfoque del conflicto y las soluciones que ofrece es Rab Menajem Froman (que yo sepa, la influencia no es directa pero sí podemos trazar varios paralelos entre uno y otro).

Entonces, la respuesta a la pregunta “¿Rabí Biniamin es un hombre sin legado?” es: sí tiene legado. Es minoritario, está en los márgenes y difícilmente llegue a ser la visión dominante, pero está vivo y no hay que menospreciarlo.

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