Louis Brandeis

El “Abogado del pueblo”

Louis Brandeis nació en 1856 y falleció en 1941 en Estados Unidos. Fue un famoso abogado y miembro de la Corte Suprema de Estados Unidos. Conocido por su ideología progresista, fue el primer judío en formar parte de la Corte Suprema de Estados Unidos y una figura clave en el desarrollo del sistema legal y judicial de Estados Unidos. Si bien algunos reductos conservadores siguen rechazando su legado, es visto por la amplia mayoría de los estadounidenses como un abogado y juez ejemplar al punto de que se le endilga el mote de “Abogado del pueblo”.

Pero bueno, todo esto sería muy lindo pero no nos importaría demasiado si no fuese por un dato extra: Louis Brandeis fue un sionista convencido y uno de los principales líderes del sionismo norteamericano.

Melting pot

Louis Brandeis llegó al sionismo en su adultez. Había sido criado en una familia asimilada y totalmente integrada a la cultura estadounidense: si bien sabía que era judío y nunca lo negó, no parecía cambiarle demasiado este hecho. Brandeis era un patriota estadounidense y estaba enrolado de manera clara en la corriente progresista desde el punto de vista político: defendía a los pequeños y medianos comerciantes y a los obreros, fue el precursor del “Derecho a la privacidad”, apoyó el New Deal y a los demócratas e impulsó controles a los bancos para evitar despilfarros, abusos y malversaciones de fondos. Actuó como abogado en casos muy mediáticos y logró fallos muy favorables para las clases menos pudientes. Ya como miembro de la Corte Suprema, era parte del ala más izquierdista.

Al darse cuenta de la miseria de los judíos europeos, al ver la pobreza que los asolaba y el antisemitismo al que estaban expuestos, apoyó al sionismo. Brandeis ya era una persona famosa en Estados unidos y era reconocido como un activista progresista: su influencia era enorme y Brandeis supo aprovecharla para hacer crecer al movimiento sionista, movilizar a las bases y ganar apoyos.

Paremos un minuto. Quiero que noten algo: Brandeis llega al sionismo por el antisemitismo. Herzl o Jabotinsky, también. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: Herzl y Jabotinsky llegan al sionismo porque sufren en carne propia el antisemitismo; Brandeis, porque escucha del antisemitismo europeo. Quiero que vean la diferencia porque nos permite entender el enfoque de Brandeis y por qué es tan diferente de las otras personas que hemos visto hasta ahora: Brandeis nace, vive y muere en Estados Unidos. No sé si notaron que es la primera persona que aparece en este blog que nace y muere en un mismo país…y que no nace en Europa Oriental o Israel y muere en Israel. Dicho de otra manera, Brandeis es diferente a cualquier otra persona que hayamos visto en este blog por el contexto en el que se mueve: América, y no Europa; más específicamente, Estados Unidos, y no Alemania o Rusia.

¿Cuál es la característica distinta de Estados Unidos con respecto a Europa Oriental? Dos palabras: Melting pot. Crisol de razas, americanización, aculturación, y seguro que hay más sinónimos que no se me ocurren ahora. ¿Qué significa esto? Es un concepto básico de sociología a la hora de analizar a la sociedad estadounidense (y, de manera más abarcativa, a casi toda América): mientras que en Europa hay una tendencia a formar ghettos y a que cada comunidad se junte con los de su misma comunidad (los chinos con los chinos en el barrio chino, los judíos con los judíos en el barrio judío), en América hay una tendencia a la aculturación (o sea, a que los chinos se asimilen con los judíos, digamos). Piénsenlo con un ejemplo: en la Argentina, hay una enorme cantidad de descendientes de italianos. Ahora bien, ¿cuántos de estos se consideran italianos o les importa, aunque sea un poquito, el hecho de que sus abuelos hayan sido italianos? ¿Cuántos de estos descendientes de italianos se casan solamente con descendientes de italianos o mandan a sus hijos a colegios italianos? Eso es la aculturación: el hecho de que las distintas culturas de los inmigrantes se integran a la cultura nacional.

Para que entiendan la diferencia entre Europa Oriental y América, podemos pensarlo con un ejemplo: en 1910, un judío quiere entrar a la universidad. En Alemania, si lo ven Kipá o comiendo Kosher, lo van a ridiculizar y le vedarán la entrada a la universidad (recuerden que había cupos límites de cuántos judíos podían ingresar a los estudios superiores); en Estados Unidos, nadie le va a decir nada. Dicho de otra manera, para ser un buen alemán hay que asimilarse por completo y renunciar al judaísmo; para ser un buen estadounidense, hay que “americanizarse” pero no por ello renunciar al judaísmo. La asimilación de un judío estadounidense no es impuesta desde afuera: en todo caso, es una decisión de ese judío, a quien le parece que su judaísmo no es relevante.

Todo este choclazo es para que entiendan que el contexto en el que se mueve Louis Brandeis es diferente de lo que estuvimos viendo hasta ahora, y que este contexto es esencial para entenderlo cabalmente.

La crítica al Melting pot

Louis Brandeis, con todo su amor por Estados Unidos y patriotismo, entiende que el Melting pot tiene un fallo: la asimilación no es lo mismo que aculturación. El el caso de Estados Unidos es diferente al de Argentina (y casi toda América Latina). Y esa diferencia es que el Melting pot estadounidense funciona de manera diferente al de Argentina: mientras que en Argentina, las minorías culturales prácticamente desaparecen (los argentinos descendientes de italianos no se consideran italianos para nada), en Estados Unidos las minorías se culturalizan, se “americanizan” pero, en muchos casos, no dejan de estar relacionadas con su cultura original. Así, en Nueva York encontramos el barrio chino, el barrio italiano, el barrio judío, etc. No es un ghetto: no es que la sociedad circundante discrimine a los judíos, a los italianos o a los chinos sino que simplemente los chinos quieren estar cerca de otros chinos, los italianos, cerca de otros italianos y los judíos, cerca de otros judíos. Y esto sin perjuicio de su patriotismo: un estadounidense descendiente de italianos es un orgulloso patriota estadounidense. En palabras de Brandeis:

América (=Estados Unidos) siempre se declaró a favor de la igualdad de las nacionalidades y de la igualdad de los individuos. América (=Estados Unidos) siempre ha creído que cada raza tiene algo de valor específico para contribuir. América (=Estados Unidos) siempre creyó que en la diferenciación, no en la uniformidad, está el camino del progreso.

Dicho de otra manera, ser un buen estadounidense no implica romper con la cultura china o italiana o judía: Estados Unidos debe dar la oportunidad a las minorías culturales para que se desarrollen para así enriquecer al país. La grandeza de Estados Unidos, según Brandeis, radica precisamente en que permite que uno sea parte de la nación estadounidense sin necesidad de desvincularse de la cultura nacional de sus antepasados.

Brandeis conceptualiza esto de la siguiente manera:

La diferencia entre nación y nacionalidad es clara, pero no siempre se observa. La semejanza entre sus miembros es la esencia de la nacionalidad, pero los miembros de una nación pueden ser muy diferentes. Una nación puede estar compuesta por varias nacionalidades, y esto ocurre con algunas de las naciones más exitosas. Un ejemplo es la nación británica, que incluye a ingleses, escoceses, galeses e irlandeses, los franceses en Canadá, y, a lo largo del imperio, un montón de otras naciones. Otros ejemplos son Suiza, con sus secciones alemanas, francesas e italianas, Bélgica, compuesta por flamencos y valones, y Estados Unidos, que incluye prácticamente todas las nacionalidades blancas. La unidad de la nacionalidad es un hecho natural; la unificación dentro de una nación es el trabajo del hombre. La doctrina falsa de que nación y nacionalidad deben ser lo mismo es la causa de algunas de nuestras peores tragedias.

Louis Brandeis, entonces, es uno de los primeros críticos del Melting pot y propone una solución alternativa: el Salad Bowl (“Plato de ensalada”). La nación ideal no es aquella que diluye las identidades culturales distintivas de los distintos estratos de su población en un todo homogéneo (el Melting pot) sino aquella que da pie a esas identidades culturales para que se desarrollen y reproduzcan (el Salad Bowl).

Melting pot, Salad Bowl y los judíos

Podemos hacer una comparación rápida entre Hilel Kook y Louis Brandeis que nos va a ayudar a entender mejor qué nos está diciendo Brandeis. Hablo de Hilel Kook porque su pensamiento y su acción política se enmarca en un contexto similar al de Brandeis: Estados Unidos, y no Europa o Israel. Hilel Kook toma como paradigma el Estado-nación: a cada nación, un Estado, y cada Estado es una nación y nada más que una nación. Brandeis acepta esa premisa pero, al distinguir entre “nación” y “nacionalidad”, da vuelta la tortilla. Habíamos dicho que Hilel Kook distinguía entre el “judío” y el “hebreo”: el primero es una religión y el segundo, una nacionalidad. ¿Por qué? Porque quería evitar acusaciones de doble lealtad: un judío estadounidense, perfectamente integrado a la sociedad norteamericana, no tiene ningún motivo para irse a vivir a Israel ni para tener en cuenta los intereses de Israel a la hora de votar al presidente de los Estados Unidos porque Israel debe ser un Estado hebreo, no judío. En cambio, Brandeis dice que lo “judío” incluye elementos nacionales pero que eso no va en desmedro de su condición como estadounidense sino que le sirve para fortalecerse como tal. Mientras que para Hilel Kook la existencia de más de una nacionalidad dentro de un Estado es problemático, para Louis Brandeis es un signo de la grandeza de esa nación, que tiene la capacidad de mezclar diversas nacionalidades y culturas en su seno.

Vean que, para justificar la existencia de judíos fuera de Israel, Hilel Kook tiene que echar mano a un concepto creado ad hoc: hay “judíos” y hay “hebreos”. Tiene que escindir la identidad nacional de la identidad religiosa: para Hilel Kook, la religión judía es compatible con la ciudadanía estadounidense, pero no así la nacionalidad judía. Louis Brandeis, en cambio, no hace distinción alguna y entiende al judaísmo como una nacionalidad, y precisamente porque es una nacionalidad es que tiene que tener lugar en América: enriquece la cultura del país.

También podemos comparar el enfoque de Brandeis con el del reformismo clásico. Según Brandeis, dijimos, el judaísmo es una nacionalidad, y eso significa que hay que tratarlo como tal; según el reformismo clásico, el judaísmo no es una nación ni una nacionalidad sino una religión. Esto quiere decir que el reformismo clásico era absolutamente antisionista: consideraba que era un error que podía despertar el fantasma del antisemitismo. El ser judío, insistían los reformistas, es una identidad religiosa, y no nacional. Brandeis critica esta postura y da cuenta de que, efectivamente, el judaísmo tiene elementos religiosos pero es, fundamentalmente, una nacionalidad. Más todavía, Brandeis afirma categóricamente que el afirmar al judaísmo como una nacionalidad no agita el antisemitismo ni dirige el odio popular contra los judíos. Por el contrario, es un acto progresista y de avance social.

Si lo piensan en términos concretos, el planteo de Brandeis es absolutamente lógico: Estados Unidos es un centro fenomenal de la cultura judía. Más todavía, los judíos viven su judaísmo sin ningún tipo de complejo. Para el estadounidense promedio, el judaísmo es cool. Puede sonar gracioso que lo diga, pero lo judío está de moda. A diferencia de lo que pasaba en Europa, en Estados Unidos no hay un antisemitismo institucionalizado: no hay necesidad de esconder el judaísmo ni de ser tímidos con respecto a las manifestaciones culturales judías. Al contrario, el estadounidense promedio admira la cultura judía. Ojo, no digo que no hay antisemitismo de ningún tipo ni que no haya reductos antisemitas sino que, en general, estos son marginales y, más importante todavía, ese antisemitismo no está institucionalizado.

Para Brandeis, el problema es que el Estado reconoce los derechos individuales pero no los derechos colectivos. En sus propias palabras:

¿Por qué el liberalismo falló en eliminar el prejuicio antijudío? Porque el movimiento liberal no trajo todavía la libertad completa. Los países civilizados otorgan a los individuos igualdad ante la ley, pero todavía fallan en reconocer la igualdad de pueblos enteros o nacionalidades. Queremos proteger como individuos a aquellos que forman una minoría, pero no nos damos cuenta que esa protección no puede ser completo a menos que reconozcamos también la igualdad del grupo.

Los derechos colectivos

El problema judío, según Brandeis, es el problema básico a resolver:

Para nosotros, el problema judío significa lo siguiente: ¿cómo podemos asegurar que los judíos, vivan donde vivan, reciban los mismos derechos y oportunidades de los que disfrutan los no judíos? ¿Cómo asegurar la máxima contribución posible por parte de los judíos, sin obstáculos ni limitaciones artificiales? El problema tiene dos facetas: la del judío en cuanto individuo y la de los judíos en cuanto grupo.

¿Cuál es la solución?

Obviamente, ningún individuo debe ser privado, por el simple hecho de ser judío, de derecho alguno u oportunidad alguna a la que pueda acceder un no judío. Más aún, los judíos en cuanto grupo también deberían recibir los mismos derechos y oportunidades para vivir y desarrollarse como cualquier otro grupo de gente. El derecho al desarrollo de una parte del grupo es esencial para que los individuos alcancen el máximo de sus derechos ya que el individuo depende para su desarrollo y felicidad del desarrollo del grupo del que forma parte.

Uno podría argumentar: bueno, que los judíos se asimilen. ¿Por qué tengo que darles derechos en cuanto grupo diferenciado? ¿Qué los hace tan especiales? La respuesta de Brandeis es muy sencilla:

No se puede concebir la vida de un individuo alemán o francés y su crecimiento personal sin ningún tipo de relación con la vida y cultura alemana o francesa contemporánea. Y ya que la muerte no es una solución al problema de la vida, la solución del problema judío necesariamente involucra la existencia continuada de los judíos en cuanto judíos.

El sionismo según Brandeis

Entremos de lleno en el sionismo. Según Brandeis:

(El sionismo) no es un movimiento que busque llevar por la fuerza a todos los judíos del mundo a Palestina. En primer lugar, hay 14 millones de judíos en el mundo y Palestina no puede recibir más que a un tercio de ese número. En segundo lugar, no es un movimiento para expulsar a nadie de Palestina. Esencialmente, es un movimiento para darle al judío más, y no menos, libertad. Su objetivo es permitirle al judío ejercer el mismo derecho que ahora ejerce prácticamente cualquier otro pueblo en el mundo: darle la opción de vivir en la tierra de sus antepasados o en algún otro país.

Noten que, para Brandeis, tiene que haber dos opciones para el judío (y para cualquier otra nacionalidad):

  • Vivir en Israel (o sea, la tierra de los antepasados).
  • Vivir en otro país como minoría nacional (en Estados Unidos, en Inglaterra, en Argentina, en donde sea).

Fíjense que Brandeis defiende a la Diáspora judía: contra Israel Eldad o el propio Herzl, y del lado de Ajad Haam o Borojov, Brandeis está convencido de que la creación de un Estado judío en la Tierra de Israel no implica la desaparición de la Diáspora. Al contrario, la población judía israelí y la judía estadounidense deben influenciarse mutuamente y retroalimentarse.

Es más, si miramos las cosas desde la biografía de Brandeis, el sionismo es el motor de su judaísmo. A un nivel más general –esto es algo que hemos mencionado varias veces en este blog-, el sionismo es la fuente del judaísmo de muchísimos judíos que viven en la Diáspora: la identificación con lo judío pasa por el Estado de Israel (leer sobre la actualidad política o bélica de Israel en el diario, escuchar música israelí, bailar Rikudim , viajar a Israel de paseo, tener familia allá, etc).

El judío diaspórico y el sionismo

Decíamos que Brandeis considera que la Diáspora convivirá con la judería israelí, y que no hay contradicción entre una y otra. Se complementan y deben trabajar en conjunto. ¿Cuál es la labor del judío que vive en la Diáspora (y más específicamente, del judío estadounidense)?

Debemos liderar, vigorosa e intensamente, la lucha por la liberación. Reconozcamos que nosotros, los judíos, somos una nacionalidad específica, de la cual cada judío, sin importar su país o creencias, es una parte necesaria. Insistamos en que la lucha por la libertad no cesará hasta que nos sean concedidas igualdad de oportunidades como individuos y como grupo. Advertimos también que esta igualdad de oportunidades no será obtenida del todo hasta que, como a los miembros de otras nacionalidades, nos den la oportunidad de vivir en donde sea o de retornar a la tierra de nuestros antepasados.

Como ven, hay un doble sentido en el sionismo para Brandeis:

  1. Que los judíos puedan retornar a la Tierra de Israel.
  2. Que los judíos reciban igualdad de oportunidades tanto a nivel individual como grupal en el resto del mundo.

El punto 1. es el sentido clásico y más básico del término “sionismo”. El punto 2. es el aporte de Brandeis, y el que lo distingue: el sionismo no se acaba con el retorno de los judíos a la Tierra de Israel sino que incluye a todos los judíos, vivan donde vivan. El reclamo extendido del sionismo es que se les dé derechos nacionales a los judíos en todo el mundo: que se los reconozca como un grupo nacional diferenciado, como se los reconoce a los irlandeses, a los chinos o a los rusos. Vean, entonces, cómo Brandeis integra al sionismo en un esquema más grande, que incluye no solo los derechos nacionales a la Tierra de Israel sino los derechos nacionales per se. De esta manera, Brandeis imbrica al sionismo dentro de una matriz de pensamiento progresista: no se trata solo del reclamo nacional del pueblo judío sino de luchar a favor de la justicia en general, y de los derechos de todas las nacionalidades, no solo la judía.

Siguiendo con esta línea de pensamiento, Brandeis es uno de los grandes impulsores de la tradición progresista de los judíos americanos. En líneas generales, los judíos siempre hemos tenido una postura bastante progresista. Esto se ha modificado en los últimos años, especialmente en Estados Unidos, en donde los judíos, al haber escalado socialmente, se están alineado cada vez más con el conservadurismo republicano. Aunque en términos absolutos los judíos siguen siendo progresistas, sí es verdad que, en términos relativos, ha disminuido mucho la brecha entre la cantidad de conservadores y progresistas.

¿Doble lealtad?

Hay un problema básico con lo que hemos dicho de Brandeis hasta ahora: ¿qué pasa si los intereses de los judíos como grupo nacional se contradicen con los del país en el que viven? Digamos que tengo la opción de votar a dos candidatos presidenciales: A o B. Yo sé que A va a ser desastroso para el país, pero que ayudará a Israel; sé que B será un muy buen presidente, pero considero que va a empeorar las relaciones diplomáticas con Israel y eso perjudicará enormemente a Israel. Si voto a A, puedo ser acusado de doble lealtad: estoy dando más importancia al bienestar de Israel que al de mi país; si voto a B, voy a ser un buen patriota, a costa de perjudicar a mis compatriotas judíos. ¿Cómo resolvemos la contradicción? Veamos qué dice Brandeis:

No permitamos que ningún estadounidense imagine que el sionismo es inconsistente con el patriotismo. Las lealtades múltiples solamente son objetables si son inconsistentes (…) Cada estadounidense que ayuda al desarrollo de los asentamientos judíos en Palestina, aunque sienta que ni él ni sus descendientes nunca vivirán allí, será un mejor hombre y un mejor ciudadano. No hay contradicción entre la lealtad a los Estados Unidos y la lealtad a la judería. El espíritu judío, el producto de nuestra religión y experiencias, es esencialmente moderno y americano.

La verdad es que Brandeis es muy optimista. Desde mi lugar, pienso que su visión es ingenua y no concuerdo demasiado. Brandeis dice que no hay ni puede haber contradicción entre sionismo y el patriotismo norteamericano…y yo no estoy demasiado de acuerdo. Me resulta muy evidente que sí es posible la contradicción, aun cuando no sea frecuente ni usual, y el ejemplo que ponía arriba de votar al candidato A o a B es muy ilustrativo al respecto. Sin embargo, reconozcamos algo: la amplia mayoría de los judíos que viven en la Diáspora aceptan como válida la postura de Brandeis. Yo no termino de entender si es un convencimiento real, falta de profundidad intelectual o un sesgo ideológico. Sea como sea, Brandeis es el fundador de un tipo de sionismo muy usual: el del judío diaspórico que, sin intención de irse a vivir allí, defiende al Estado de Israel porque quiere apoyar a sus compatriotas judíos y porque está convencido de que eso es lo correcto.

Sionismo diaspórico

Y aquí entramos en un punto espinoso: el sionismo de Louis Brandeis es un sionismo diaspórico. ¿Por qué? Porque, como decíamos arriba, él es un tipo de sionista que, aunque comprometido con el establecimiento y fortalecimiento de Israel, no tiene ninguna intención de irse a vivir a Israel: está muy cómodo en Estados Unidos. Dicho de otra manera, él no se considera impelido a emigrar: su sionismo pasa por otro lado. Ben Gurión aborrecía a este tipo de sionista: lo veía como un hipócrita. Para Ben Gurión, el sionista del molde de Brandeis era una persona que se llenaba la boca hablando de Israel, del sionismo y de no sé cuántas cosas más pero que no ponía el cuerpo: se quedaba muy cómodo en su país de origen en vez de irse a romper el lomo a Israel para construir el país.

Sin embargo, no debemos deducir de esto que Brandeis llama a la parálisis. La verdad es justamente lo opuesto, y Ben Gurión no es del todo justo en sus apreciaciones: Brandeis llama al activismo político en apoyo al sionismo. Sí, es verdad, está muy cómodo en Estados Unidos y no tiene ningún interés en irse a vivir a Israel pero es una persona muy activa en términos de militancia política sionista. Brandeis tenía contacto con el presidente de Estados Unidos e hizo lobby a favor de la declaración Balfour y aportó enormes sumas de dinero para financiar la colonización de la Tierra de Israel.

Brandeis es el que crea el sionismo de molde estadounidense. El judío estadounidense promedio define su sionismo en términos de ser “Pro Israel” y de apoyar al Estado de Israel mediante la filantropía y el lobby político, pero no siente ningún tipo de obligación de emigrar hacia Israel. Al contrario, considera que su labor es necesaria y que Israel necesita de su apoyo.

El gran problema de la visión de Brandeis es la que señalaba en nombre de Ben Gurión arriba: incluso si el propio Brandeis fue una persona muy activa políticamente, su visión da lugar a la pasividad. Dono unos cuantos dólares a causas relacionadas con Israel y, de esta manera, limpio mi conciencia de ser un buen judío y un buen sionista. El gran problema del “Sionismo diaspórico” es ése: el hecho de que muchos judíos lo interpretan como un activismo muy esporádico. Recuerdo perfectamente que hace unos años leí un artículo que definía al sionismo de la siguiente manera: “Si usted lo primero que busca en el diario son las noticias sobre Israel, usted es sionista”. Esta definición de sionismo deriva del sionismo diaspórico de Brandeis. Es una derivación pobre y maltrecha, es cierto, y una mala caricatura, pero surge a partir de la visión de Brandeis.

Israel y la Diáspora

La postura de Ben Gurión es la reacción del israelí promedio. Te lo dice sin tapujos: “Si sos sionista, tenés que vivir en Israel. ¿Qué hacés perdiendo el tiempo en Estados Unidos, Argentina o Mongolia?”. A eso, el judío promedio del resto mundo le contesta: “Sí, yo soy sionista, súper sionista, tengo familia allá, escucho música israelí, estoy al tanto de todo lo relacionado con Palestina e Israel”. Como ven, es una conversación de sordos: estamos partiendo de dos definiciones diferentes de sionismo:

  • Sionismo israelí actual: emigración a Israel.
  • Sionismo diapórico actual: identificación con el destino de Israel.

Noten que el sionismo diaspórico actual que menciono no es exactamente el sionismo de Brandeis sino esa versión caricaturesca de la que hablábamos arriba: ese sionismo despojado del compromiso activo.

Ahora bien, olvidemos por un momento esto. Enfoquémonos en el sionismo activo de Brandeis. Podríamos definirlo como sigue.

  • Sionismo diaspórico de Brandeis: apoyo político y financiero a Israel.

Según Brandeis, entonces, la judería mundial tiene la obligación moral de apoyar política y financieramente al Estado de Israel. Y aquí entramos en un dilema: ¿cuál es el apoyo justo y necesario? Dicho de otra manera, ¿hasta qué punto los judíos del mundo deben apoyar a Israel? Ya dije más de una vez que muchos confunden apoyar al Estado de Israel con apoyar al gobierno de turno. Yendo más allá, la pregunta es más profunda: ¿qué tipo de relación se debe entablar entre Israel y la Diáspora? ¿Quién debe tomar la batuta y quién, servir de apoyo? ¿La relación tiene que ser simétrica o asimétrica? ¿Podemos hablar de una relación de igualdad cuando tenemos de un lado a un Estado y del otro, a organizaciones no gubernamentales? ¿Acaso la judería estadounidense, al hacer lobby a favor Israel y lograr el apoyo del gobierno estadounidense para algún nuevo proyecto israelí no está coartando la libertad de Israel e imponiéndole su propia visión del mundo? Es paradójico porque muchos judíos estadounidenses están convencidos de que el Estado de Israel solo sobrevive gracias a su apoyo, mientras que los israelíes son muy orgullosos y consideran que los judíos estadounidenses son una ayuda interesante pero que son personas cobardes sin el coraje necesario para emigrar de una vez por todas a Israel.

Hoy por hoy, los dos grandes centros de la cultura judía son Israel y Estados Unidos. Brandeis nos trae un sionismo que busca unir estos dos centros de manera armoniosa. Sin embargo, el verdadero alcance de su doctrina y cómo se implementa da pie a muchas polémicas.

Louis Brandeis es, sin lugar a dudas, el sionista estadounidense más importante de la historia. Su activismo inspiró a muchísimos judíos y no judíos y permitió al sionismo entrar en la escena política estadounidense. Él más que nadie es el responsable de haber dado visibilidad pública al sionismo en un momento que muchos judíos estadounidenses ni querían escuchar hablar del tema, convencidos de que era un sueño difuso e idealista. Hoy, Brandeis puede ser considerado el gran ideólogo del sionismo diaspórico, este sionismo de millones de judíos que, sin vivir en Israel, apoyan su derecho a la existencia y luchan por su permanencia como Estado judío.

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