Israel Eldad

Filósofo, militante y terrorista

Israel Eldad nació en Galicia, en territorio de la actual Ucrania, en 1910 y falleció en 1996 en Israel. Fue líder político, filósofo y comandante del grupo paramilitar Leji. Nació en el seno de una familia religiosa pero relativamente moderna y estudió filosofía en la Universidad de Viena y cursó la carrera rabínica (aunque no se recibió de rabino). Militante de Betar (la organización juvenil del movimiento revisionista, normalmente más combativa que el mismo partido y que el propio Jabotinsky), era representante del ala más dura y autoritaria. Era compañero y amigo de Beguin pero terminarían peléandose por disputas ideológicas: para Eldad, Beguin era un mal político que traicionó los ideales que él mismo profesaba. Ya en Israel, se uniría al Leji, una de las tres organizaciones paramilitares judías que luchaban contra el Mandato Británico (las otras dos eran la Haganá y el Irgún; más adelante veremos más detalles del tema). Tras el asesinato de Abraham Stern, pasaría a ser uno de los tres líderes del Leji (los otros dos eran Natan Yellin-Mor, futuro integrante del movimiento canaanita, e Itzjak Shamir, futuro primer ministro de Israel). El nombre original de Eldad era Israel Scheib pero, cuando empezó a militar en el Leji, tuvo que pasar a la clandestinidad y usó varios seudónimos: los más famosos de ellos fueron Sambatyon y Eldad. Fue el autor intelectual del asesinato de Folke Bernadott, mediador enviado por las Naciones Unidas para resolver el conflicto judeo-árabe en la Tierra de Israel: el Leji lo veía como un agente del imperialismo inglés y consideraba que estaba dilatando adrede  la creación de un Estado judío. Ya creado el Estado de Israel, se opuso al plan de partición y llamó a conquistar Jerusalén. Eldad se oponía a que Leji se una al recién creado ejército israelí. Sin embargo, Ben Gurión presionó para terminar con la actividad paramilitar y le ganó la pulseada a Eldad. En las primeras elecciones israelíes, los antiguos veteranos del Leji se presentaron en una lista denominada Reshimat Halojamim (“Lista de los luchadores”). Ganaron un solo asiento en la Kneset (parlamento) y, para colmo, Yellin-Mor, el líder de la lista, empezó a tomar una postura pro-soviética y mucho más izquierdista. Eldad se volvió cada vez más crítico del partido y acusó a Yellin-Mor de traidor. Al poco tiempo, Ben Gurión hizo echar a Eldad de su puesto como profesor: pensaba que era peligroso que este dé clases y enseñe su ideología. Eldad demandó a Ben Gurión y ganó el juicio pero el daño estaba hecho: a Eldad le resultaría extremadamente difícil volver a la docencia. Así, se dedicaría a escribir libros (una autobiografía, comentarios sobre la Perashat HaShavúa -porción semanal de la Torá-, panfletos incendiarios) traducir a Nietzsche al hebreo y a polemizar una y otra vez sobre diversos temas de actualidad política. Gracias a su labor como traductor y escritor, ganaría el premio Bialik, el premio de humanidades más importante de Israel. Luego de la Guerra de los Seis Días, sería uno de los principales exponentes de ארץ ישראל השלמה (“Eretz Israel HaShelemá”, Gran Israel). También fue de los primeros en criticar en actual status quo con respecto a הר הבית (“Har HaBait”, el Monte del Templo) y llamar a los judíos a subir al monte.

El fascismo

Digámoslo de una vez: Israel Eldad era fascista. No, no es que sus opositores lo acusaban de fascista. Era fascista: él mismo se definía como tal. Ya me imagino la sonrisita socarrona de algún lector antisionista: “¿vieron? ¡Yo les decía, el sionismo es fascista e imperialista!”. No, nene, no te adelantes: Eldad era fascista, sí, pero es una persona mal vista por la amplia mayoría de los israelíes. Incluso muchos de los que lo rescatan, no lo rescatan por esa faceta sino por otras. La ideología de Eldad es marginal y minoritaria (aunque sí es cierto que tuvo un cierto apogeo después de la Guerra de los Seis Días).

Muchos de ustedes estarán pensando: “Ah, un fascista, seguro que es una basura de persona. Un tipo despreciable”.

Y ahí respondo: “Esperen, vamos por partes. Veamos qué es el fascismo, contextualicemos y ahí hablamos”.

Ojo, que quede claro: el fascismo es una porquería. No vengo a justificar al fascismo ni a ningún otro tipo de autoritarismo. Eldad no me despierta demasiada simpatía tampoco. Pero es importante entender qué es el fascismo verdaderamente. Estoy de acuerdo: el fascismo es despreciable y el mundo estaría mucho mejor sin esta ideología. Sin embargo, la palabra “fascista” está cargada de significados equivocados: un fascista es autoritario, es verdad, pero no todo autoritario necesariamente es fascista; un fascista defiende la propiedad privada, cierto, pero no la pone como valor supremo; un fascista es anticomunista, por supuesto, pero no necesariamente es un conservador en términos sociales; un fascista es corporativista, obviamente, pero no por eso es un mafioso; un fascista alaba el uso de la fuerza bruta, sí, pero no todo patotero es fascista; un fascista es elitista, claro, pero no necesariamente racista ni cree en la nobleza de sangre; un fascista es nacionalista y muchas veces ultranacionalista, de eso no cabe duda alguna, pero no todo nacionalista es fascista; un fascista cree en un liderazgo personalista y mesiánico, desde ya que sí, pero no por eso acepta la escala actual de autoridad; un fascista admira la violencia, evidentemente, pero no es un anarquista sino todo lo contrario; un fascista admira el orden, naturalmente, pero no por eso el slogan “Orden y progreso” es necesariamente fascista.

Para orientarnos, una lista de características del fascismo:

  • Autoritarismo.
  • Estado como representación de la nación.
  • Totalitarismo.
  • Anticomunismo.
  • Antiliberalismo.
  • Militarismo.
  • Exaltación de las jerarquías.
  • Exaltación del orden.
  • Elitismo.
  • Liderazgo personalista y mesiánico.
  • Líder que surge del pueblo y ungido por el mismo como su salvador.
  • Corporativismo.
  • Unipartidismo.
  • Ultranacionalismo.
  • Economía dirigista.
  • Exaltación de la guerra y la violencia.

El fascismo ha caído en el descrédito -y con razón- hasta tal punto que los fascistas actuales buscan otros nombres más vendedores para ganar apoyos pero es importante tener perspectiva histórica y entender que, entre 1920 y el fin de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo fue una ideología política muy concreta y socialmente aceptada: no era un estigma ser fascista sino una alternativa válida. A grandes rasgos, había tres ideologías: comunismo, fascismo y liberalismo. Hoy pareciera que el liberalismo ganó la batalla (digo pareciera porque uno nunca sabe las vueltas de la historia) y tanto el comunismo como el fascismo solamente se sostienen en reductos marginales. Sin embargo, es fundamental entender algo: en 1930, el fascismo era una alternativa real de poder. Una alternativa a la que muchísima gente –incluidos grandes intelectuales- adherían: Mussolini era un líder admirado por muchas personas. Muchos veían en el fascismo el futuro: creían que el liberalismo ya no era una alternativa, que el comunismo era el fin del mundo y que el fascismo, una salvación. En pocas palabras, el fascismo era una ideología y práctica política con amplio apoyo popular.

Ojo, de nuevo: no estoy diciendo que el fascismo sea bueno ni que todo el mundo era fascista. Estoy diciendo que el fascismo era percibido por muchos como la forma de gobierno y de vida del futuro. Repito por si no quedó claro (ya me los imagino comentando y poniendo palabras en mi boca que no dije, sí, a ustedes les digo, a los que modero por escribir teorías conspirativas sin sentido y no saber argumentar con racionalidad): el fascismo fue, es y será una porquería. Es una ideología a la que hay que atacar: es demostrable que es perniciosa. El fascismo es inmoral.

Sin embargo, todo esto no quita lo fundamental: el fascismo fue una ideología válida. Está viva todavía. Es una realidad, nos guste o no.

Una última aclaración: el fascismo no es lo mismo que el nazismo. El nazismo es un tipo de fascismo pero no todo fascismo es nazi. ¿Cuál es la diferencia? En el nazismo, hay un componente racial fundamental: el nazi es racista porque piensa que hay razas superiores e inferiores, y, en base a esta suposición, desarrolla un programa político. El fascista no es racista: no distingue entre razas superiores e inferiores. ¿Esto quiere decir que el fascismo está bueno? No, es mejor que el nazismo (casi cualquier cosa es mejor que el nazismo) pero los dos son desastrosos e inmorales.

El fascismo judío

Israel Eldad era fascista. Les guste o no a sus defensores. Objetivamente. A diferencia de Jabotinsky, por ejemplo, o Beguin, que pueden gustar más o menos pero no eran fascistas. ¿Fascista? ¿Estás seguro? Citemos al propio Eldad:

La dictadura de Mussolini no era mala para los judíos italianos ni para el sionismo hasta ese último paso tonto e innecesario hacia lo que parecía ser el bando vencedor y su apoyo a la Alemania hitleriana (…). Una dictadura autoritaria es la solución y alternativa a la democracia raída.

Para Eldad, como verán, el fascismo italiano era un ejemplo a seguir. Lo que sí critica es la alianza de Mussolini con Hitler. De nuevo: vean que fascismo y nazismo no son lo mismo. Es obvio que un judío no puede ser nazi: incluso un judío que se odie a sí mismo no puede aceptar la teoría racista nazi porque implica suicidarse. En cambio, un judío puede ser fascista (no entro en el tema de si el judaísmo es democrático o no o si es compatible ideológicamente con el fascismo o el autoritarismo; lo que es claro es que ser fascista no es contrario con ser judío; en todo caso la contradicción pasa por ideales y valores).

¿Israel Eldad fue el primer o el único promotor de la idea de un fascismo judío? No. Lamentablemente no. Para entender a Eldad, hay que volver hacia atrás y ver un poco de historia…

Jabotinsky no fue fascista sino un liberal parlamentarista (hay un excelente ensayo de Eldad en el que justamente critica la lectura de ciertos sectores de la izquierda israelí que presentan a Jabotinsky como si fuese un fascista). Sin embargo, sí es verdad que quedó maravillado por ciertos aspectos del régimen de Mussolini en Italia, como el orden y la disciplina militar. Betar, la organización juvenil del movimiento revisionista, era mucho más militante que el propio Jabotinsky y más extremista. Muchos de sus militantes eran visceralmente anticomunistas y sentían el llamado a la violencia: era la hora de la espada. Consideraban que la única forma de lograr el objetivo de crear un Estado judío era mediante el uso de la fuerza. Esto ya lo vimos con Beguin pero nunca está demás repetirlo: Jabotinsky confiaba en la bondad última de los británicos y llamaba a la violencia de manera retórica, como una forma de modificar los valores del judío del ghetto; por el contrario, muchos de sus seguidores más jóvenes (Eldad entre ellos) entendieron esto de manera literal: había que ser violentos, era necesario transformarse en militares. Además, Betar era (y sigue siendo ahora, aunque menos que antes) muy verticalista: esta forma de organización del poder alentó la formación de cuadros disciplinados y líderes autoritarios.

El primero en hablar explícitamente del fascismo en términos positivos fue Abba Ajimeir: admiraba muchísimo al régimen fascista italiano y llamó a crear un movimiento ultranacionalista judío que luche contra el imperialismo británico de manera terminal y hasta el final. La concepción de Ajimeir surge de un desprecio profundo tanto del comunismo como del liberalismo. Esta ideología fue denominada “Maximalismo revisionista” y fue muy, muy minoritaria. Sin embargo, puede ser vista como antecedente del Leji y, en menor medida, del Irgún.

Todos estos son antecedentes pero Eldad es original en muchos de sus planteos. Es más, él mismo escribe explícitamente sobre Jabotinsky lo siguiente:

Jabotinsky exigió un ejército y una política ofensiva en vez de autocontención (con la limitación de no atacar mujeres ni niños y no atacar por la espalda) pero, a pesar de esto, nunca dejó de decir que había conciencia en el mundo y que este era un mundo de jueces y no de ladrones. En la Convención Mundial de Betar de 1938, le dijo nada más y nada menos que a Menajem Beguin: “…Y si no creés en esto, podés tirarte al río Vístula” (…) Jabotinsky rechazó sin ninguna vacilación, teórica o práctica, toda dictadura y todo tipo de totalitarismo. Esta es una verdad fundamental con respecto a sus enseñanzas y su carácter. Fue una personal muy individualista, casi un anarquista. “Cada persona es un rey”, decía Jabotinsky, y con esto se refería a una libertad interior, el libre albedrío. Incluso la disciplina que Jabotinsky tanto pregonaba era el resultado de la decisión libre del individuo en cuanto tal.

O sea, Jabotinsky fue un liberal convencido. Fue una persona que defendió la libertad y que creía firmemente en un régimen parlamentario. No fue, como lo presentan algunos de sus adversarios políticos e ideológicos, un fascista ni un autoritario sino todo lo contrario: Jabotinsky fue lo que podríamos denominar un liberal burgués.

Y acá la cosa se pone interesante y lo que viene de acá en adelante es la diferencia básica entre Eldad y Beguin: Eldad critica a Jabotinsky. Dice que sus ideas son ingenuas y que su cosmovisión es anacrónica. Mientras que Beguin siempre idealizó a Jabotinsky, Eldad dice que Jabotinsky fue un paso necesario pero al que hay que superar. No podemos confiar en la conciencia del mundo ni dejarnos seducir por promesas vanas de las potencias. No tenemos que pensar a la diplomacia como un juego de caballeros sino como una arena donde se definen intereses políticos y económicos. En pocas palabras, Eldad dice que Jabotinsky ya fue: sus propuestas son anacrónicas. ¿Cuándo llegó a esta conclusión? En la época de la lucha contra el Mandato Británico. Como comandante del Leji y uno de sus principales publicistas e ideólogos, Eldad llegó a la conclusión de que el sionismo político de Jabotinsky estaba muerto porque no era adecuado a los nuevos tiempos: las nuevas condiciones históricas (acentuación del colonialismo británico en la Tierra de Israel, surgimiento del nacionalismo árabe, estallido de la Segunda Guerra Mundial, destrucción de la judería europea por parte de la Alemania nazi) exigían un sionismo militar. Más fuerte todavía, Eldad llamó a dejar atrás al revisionismo: para él, el Leji tenía que ser un movimiento amplio y no suscribirse a un solo sector de la nación judía. Había que formar un movimiento, y no un partido. Si saben algo de historia argentina y del peronismo, entenderán a qué se está refiriendo Eldad.

Dijimos que Eldad era filósofo. ¿Cuál es la base filosófica de su fascismo? Sucintamente, Eldad era un admirador de Nietzsche. Es más, es el principal traductor de la obra nietzscheana al hebreo y ganó importantes premios por esta labor. Como sabrán los lectores que tengan unos mínimos conocimientos de filosofía, Nietzsche es un autor sumamente ambiguo y que ha dado pie a numerosas interpretaciones. Hablando desde el ámbito estrictamente político, hay lecturas nazis, fascistas, izquierdistas, socialistas, postmodernas, antiimperialistas, liberales y hasta anarquistas de su obra. Así, si les digo que Eldad admiraba a Nietzsche, eso no quiere decir necesariamente que su lectura era fascista. Para entender por qué digo que sí, que la lectura de Eldad era claramente fascista, habría que entrar a ver más en profundidad cuáles elementos de la obra nietzscheana se encuentran presentes y tienen peso en la de Eldad.

Eldad y Nietzsche

Arranquemos desde la base. Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán que nació en 1844 y falleció en 1900. Si hubiese que armar una lista de los cinco filósofos más influyentes de los últimos tres siglos, Nietzsche entra en la lista seguro. No voy a ponerme a explicar toda la filosofía nietzscheana porque no terminaría más y no es tampoco la idea del artículo. Voy a explicar de manera sucinta pero lo más clara posible los elementos del pensamiento de Nietzsche que más influyen en Israel Eldad.

Muchos académicos llaman a la filosofía de Nietzsche “Filosofía vital”. ¿Por qué? Porque pone por encima de todo a la vida. ¿Y qué significa esto? Que pone a lo concreto por encima de lo abstracto. A Nietzsche le interesa más la realidad cotidiana que los conceptos fríos de la filosofía racionalista. Simplificando a grosso modo, Nietzsche es conocido por ser el filósofo que puso el acento sobre la vida en vez de la obra filosófica. Dicho de otra manera, Nietzsche defiende vivir la vida: dejémonos llevar por el torbellino de la vida, no seamos filósofos encerrados en la torre de marfil, encasillados en categorías filosóficas de pensamiento sin relevancia práctica. En relación a esto, Nietzsche revaloriza lo corporal: el cuerpo, el hecho de ser personas de carne y hueso. Un ejemplo muy claro y revelador: Descartes dice “Pienso, luego existo”. Vean que, en Descartes (y toda la filosofía occidental hasta Nietzsche) el “Pensar” es lo que define al ser humano: “Pienso, luego existo”. Soy porque pienso, soy porque soy un animal racional. Nietzsche ataca esta premisa y argumenta que el hombre no es un ser racional y que el simple hecho de definir nuestra existencia en términos de pensamiento es un error fundamental: somos porque vivimos, no porque pensamos.

¿Y esto cómo se relaciona con Eldad? En que Eldad dice que hay que priorizar al pueblo judío concreto, con sus vicisitudes y su cotidianidad, por sobre el judaísmo abstracto y puro. Esto no quiere decir que Eldad no tenga ideas muy claras sobre lo que es el judaísmo, porque las tiene y las trataremos más adelante.

Otro elemento importante en la obra de Nietzsche es la Voluntad de poder. Para Nietzsche, el ser humano tiene un deseo insaciable de poder: siempre quiere más. Este concepto no se refiere solo al poder político: el hecho de desear una mujer o de querer tener más dinero o el mero hecho de querer permanecer vivo implican una Voluntad de poder. Vale decir: el ser humano es ambicioso.

Eldad toma este concepto y lo aplica al ámbito político: la Voluntad de poder de la nación es insaciable. La nación judía quiere la independencia política, y la va a alcanzar por cualquier medio posible. La nación judía quiere colonizar toda la Tierra de Israel, y lo va a lograr porque su voluntad es inigualable y poderosa.

Un tercer concepto en la obra de Nietzsche es el Súperhombre. Para Nietzsche, el ser humano tenía que superarse y formar una nueva especie: el Súperhombre. Este Súperhombre sería una persona que crea su propio sistema de valores más allá del bien y del mal en base a su propia Voluntad de poder. Un hombre que no se siente constreñido por las ataduras morales, intelectuales o estéticas y que rompe con los valores aceptados. Este concepto da pie a un llamado a la rebelión contra la sociedad y sus valores decadentes.

Esta idea del Súperhombre toma tres significados, algunos de ellos contradictorios, para Eldad:

  • Rebelarse contra el orden imperante.
  • Liderazgo fuerte.
  • No contenerse por razones morales.

El punto 1) se expresa claramente con el Leji: hay que rebelarse y golpear al Imperio Británico. Hay que demostrarle lo que valemos. Hay que superar al enemigo. Posteriormente, ya creado el Estado de Israel, Eldad sería uno de los mayores críticos del establishment político e intelectual, acusando a muchos referentes de incapaces, débiles e ingenuos. El punto 2) está obviamente relacionado con el tema del fascismo: el Súperhombre es el líder. Es un hombre que superó las trabas de la sociedad y se erigió como cabecilla indiscutido de un grupo o de la nación entera. Es el líder que es aclamado como tal por sus características sobresalientes. El punto 3) está también relacionado con la militancia política de Eldad: éste decía que el Leji era el único grupo del pueblo judío que estaba dispuesto a llevar la guerra de liberación nacional hasta las únicas consecuencias y soportar las penurias de esta, así como no detenerse frente a los obstáculos psicológicos, morales o utilitarios.

Nietzsche escribió un libro sobre la tragedia griega. Allí, explica que hay dos tipos de arte (o mejor dicho, dos principios en el arte): el dionisíaco (desenfrenado, arrítmico, irracional, asimétrico, romántico, oscuro, orgiástico, extático, decadente) y el apolíneo (racional, claro, rítmico, simétrico, armonioso). Justamente Nietzsche admira la capacidad de la tragedia griega para mezclar estos dos principios de manera orgánica. Por otro lado, Nietzsche pone a la poesía y al arte por encima de la razón, diciendo que hay que formar filósofos-poetas en vez de filósofos-científicos. Estas dicotomías llevan a algunos autores a postular que Nietzsche quiere una vuelta al mito: quiere retornar a esa vida mitológica de la Antigüedad.

Eldad también, bajo un ropaje racionalista, presenta una visión muy mitológica. Ya veremos más adelante los quiebres en el Leji y cómo de allí surgieron dos grupos bien diferenciados y extremistas: el canaanismo y el neo-sionismo. Es muy interesante cómo los dos grupos, tan diferente entre sí, tienen una base en común.

Antiimperialismo e imperialismo

El Leji se definía a sí mismo como un movimiento antiimperialista: su objetivo era derrocar al Mandato Británico en la Tierra de Israel e instaurar un Estado judío. Resulta interesante que el tema árabe no ocupaba un lugar demasiado destacado en el Leji y parece que muchos de sus líderes pensaban que, una vez derrocado el régimen colonial inglés, el conflicto judeo-árabe se solucionaría. De acuerdo a esta visión, el nacionalismo árabe era consecuencia de las provocaciones inglesas y no un desarrollo interno de la propia sociedad árabe. Cuando fue creado el Estado de Israel y estalló la Guerra de Independencia contra las naciones árabes, resultó obvio que esta visión era ingenua y peligrosa.

¿Qué decía Eldad? Este es un punto interesante. Eldad se definía como antiimperialista. También dijimos que estaba dispuesto a todo con tal de derrocar al Régimen Británico. Así, el Leji se transformó en una organización terrorista. Por supuesto, ellos se llamaban a sí mismos luchadores por la libertad. Consideraban que estaban en una guerra contra el Imperio Británico y todo era aceptable a sus ojos para ganar la guerra. Sin entrar a discutir si esto nos parece justo o correcto, quiero que noten algo: para Eldad, la lucha contra el Imperio Británico es, evidentemente, una lucha por la independencia nacional, pero también es una lucha contra el imperialismo. Es más, Eldad es extremista a más no poder en los alcances de esta lucha. Escribe que:

Si el Parlamento Británico, el Palacio de Buckingham o el Ministerio de Relaciones Exteriores no volaron por los aires, no es porque no queramos provocarlos o hacerlos enojar. Tampoco es porque tengamos miedo de las consecuencias. El problema es que nuestros muchachos en Londres no nos enviaron todavía ningún plan práctico, aunque están trabajando en ello y esperamos sus cartas y les estamos mandando explosivos a Inglaterra y Francia.

¿Eldad era un terrorista? Sin lugar a dudas. Y no, lector antisionista, no todos los sionistas son terroristas. De hecho, la amplia mayoría odia a Eldad. Y sí, Eldad estuvo en la cárcel por sus acciones.

Una gran paradoja en el pensamiento político de Eldad es que es antiimperialista pero…¡él mismo está convocando al pueblo judío a ser imperialista al conquistar toda la Tierra de Israel, sin importar si viven allí árabes (ya sean palestinos, jordanos o libaneses)! ¿Cómo se explica esta paradoja?

Sencillo: para Israel Eldad, el pueblo palestino no existe. Es un invento creado para expulsar a los judíos de Israel. La idea de que Palestina es un pueblo es una fantasía: los palestinos no tienen un territorio ni una lengua en particular, ni una cultura distintiva, ni una literatura propia, ni costumbres que los distingan de otros pueblos. Para Eldad, todo el mundo árabe es una gran nación: no hay palestinos, jordanos, libaneses, yemenitas ni sirios sino árabes, a secas. Las fronteras actuales de Medio Oriente son un invento de las potencias europeas y no reflejan la existencia de naciones sino los intereses de los colonizadores (¿notan el argumento antiimperialista?). A su vez, lo que molesta no es la existencia de un país llamado Israel sino que este sea un Estado judío. Si los árabes son todos una gran nación y los árabes no aceptan la existencia de un Estado judío, entonces no existe un “Conflicto israelí-palestino”: el conflicto es “Judeo-árabe”. ¿Ven la diferencia? El problema no es entre la nación israelí y la palestina sino entre judíos y árabes. Esto quiere decir que estamos frente a una situación muy complicada: el pueblo judío contra todos los árabes. ¿Cómo sobrevivir? La respuesta de Eldad es: prepararse para la guerra. Israel tiene que organizar toda su economía en base a esta premisa. ¿Esto fue aplicado alguna vez en la historia de Israel? Lo más cercano fue el gobierno de Itzjak Shamir, también comandante de Leji. Todos los expertos coinciden en señalar que el gobierno de Shamir fue un desastre y que no estuvo para nada a la altura de las circunstancias.

Eldad se opone a cualquier tipo de concesión territorial. Según él:

Hoy les das la Tumba de los Patriarcas, mañana toda la Tierra de Israel.

Quiero que noten que la justificación de Eldad es diferente a la de Rab Z. Y. Kook: mientras que Rab Kook hijo niega la posibilidad de concesiones territoriales por cuestiones normativas religiosas, Israel Eldad lo hace por razones prácticas. Si los árabes ven que el pueblo judío cede, van a exigir que ceda más. El resultado será la completa aniquilación del Estado de Israel, y, con él, el fin de la soberanía política del pueblo judío en su propio tierra.

Pero la cosa no se queda ahí: Eldad dice que Israel tiene que enzarzarse en una guerra de conquista contra los árabes para liberar los territorios de la Tierra de Israel que no son parte del Estado de Israel. Sin importar lo que digan la ley internacional ni las grandes potencias, Israel tiene que tener soberanía sobre toda la Tierra de Israel si quiere ser un país completo. Eldad está dispuesto a una guerra total contra los árabes. Hay un video en internet de un debate entre Yeshayahu Leibowtiz (referente de la izquierda más radical en términos territoriales) y Eldad (que representa precisamente lo opuesto, la derecha más radical en cuanto a territorios) . También hay una versión animada y muy corta con subtítulos en inglés. Lo más interesante del debate en cuanto al tema de hoy (porque, la verdad, el video es súper interesante y toca un montón de temas candentes y podría ser tema de uno o varios artículos por sí mismo) es que los dos parten de las mismas premisas: la existencia del Estado de Israel es una molestia para los árabes y mantener el status quo va a llevar a una guerra total contra todo el mundo árabe, no solo contra los palestinos. Así, Leibowitz dice que la solución es dividir la Tierra de Israel en dos (una parte para los palestinos, otra para los judíos), aún cuando esta división sea injusta, arbitraria y no deje a nadie contento; Eldad le retruca que eso no va a solucionar nada porque los árabes van a seguir atacando igualmente a Israel y que él no está dispuesto a aceptar ninguna división porque considera que la Tierra de Israel es la tierra del pueblo judío.

Eretz Israel Shelemá

Llegamos a uno de los conceptos fundamentales en la obra de Eldad: ארץ ישראל השלמה (“Eretz Israel HaShelemá”, La Tierra de Israel completa, muchas veces traducido como “Gran Israel”). Ya hablamos de este tema con Jabotinsky, con Beguin y con Rab Kook hijo. Es una de las banderas históricas del revisionismo: no partir la Tierra de Israel en dos y defender a toda costa el derecho del pueblo judío a su territorio. Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, lo que diferencia a Eldad de todas las otras personas que hemos mencionado en este blog es hasta dónde está dispuesto a llegar con tal de liberar toda la Tierra de Israel y por qué la quiere. Jabotinsky quería toda la Tierra de Israel pero también era un firme defensor del liberalismo: es probable que, si hubiese vivido en la época de la creación del Estado de Israel y hubiese visto las reacciones del mundo árabe y, específicamente, de los palestinos, habría aceptado la partición para evitar que el Estado judío se diluya por la cantidad de árabes viviendo dentro de Israel. Beguin siempre había sido un firme defensor de la indivisibilidad de la Tierra de Israel…hasta que fue Primer Ministro y firmó los Acuerdos de Camp David, por los que Israel se retiró del Sinai y muchos otros territorios (dicho sea de paso, Eldad criticó sin tregua a Beguin por esto y lo acusó de ser un traidor y haberse vendido al mejor postor, desechando todos sus ideales). Rab Z. Y. Kook también era un defensor firme de la indivisibilidad de la Tierra de Israel pero nunca presentó un programa político claro: el componente territorial estaba subyugado a su visión mesiánica y su negativa a ceder territorios no derivaba de cuestiones relativas a la seguridad sino de una ley religiosa.

Eldad, a diferencia de los tres antes mencionados, es totalmente consciente de las consecuencias de la liberación/colonización de la Tierra de Israel completa y está dispuesto a pagar el precio. ¿Cuáles son estas consecuencias?

  • La absorción dentro del Estado de todos los árabes que viven en ese territorio (varios millones).
  • La guerra que se desatará contra los países árabes.
  • Las acusaciones a nivel internacional contra Israel.

El punto 1) es algo de lo que hablamos varias veces en este blog: si varios millones de árabes se unen al Estado de Israel, en poco tiempo pasará a haber una mayoría árabe, que podrá definir el destino del país. Como consecuencia, el Estado de Israel no será un Estado judío sino árabe, sin importar lo que digan los papeles. Hay tres posibles soluciones, y todas son aceptadas por Israel Eldad (aunque veremos que algunas le parecen más interesantes que otras):

  1. Negarles ciertos derechos políticos a los árabes: que los árabes no voten, por ejemplo, haría que no tengan representación en la Kneset.
  2. Expulsar a los árabes: hacer que se vayan a Jordania, Líbano, Siria o cualquier otro país.
  3. Impulsar una inmigración masiva de judíos hacia Israel.

Como ven, la opción a) es absolutamente antidemocrática. A Eldad eso no le importa: pone al nacionalismo por encima de los valores democráticos. La opción b) es bastante problemática desde el punto de vista moral y, encima, muy compleja desde el punto de vista práctico: ¿cómo hacer que millones de árabes se vayan de un país? No es imposible pero sí complicado (y, por supuesto, moralmente reprobable). La opción c) es la más moral pero también es muy complicada: implica mantener la mayoría judía no mediante la disminución de la población árabe sino mediante el aumento de la judía. Ahora bien, la pregunta es: ¿los judíos que viven en la Diáspora están dispuestos a emigrar hacia Israel? Sí, quizás los judíos franceses estén sufriendo el antisemitismo y decidan que Israel es un destino deseable y quizás haya un número de personas ideológicamente motivadas que consideren que deben vivir en Israel pero… ¿qué hacer con todos los judíos que están cómodos en su país de origen, se sienten orgullosos de su patria y no están dispuestos a abandonar todo e irse a Israel? Eldad es terminante: los judíos deben vivir en Israel, no hay otra opción. Los judíos diaspóricos son cobardes que se niegan a enfrentar el desafío de la hora.

El punto 2) es evidente: si Israel intenta conquistar/liberar territorios en los que están asentados árabes, entonces los países árabes van a atacar a Israel. Eldad, a diferencia de Rab Z. Y. Kook, es totalmente consciente de esto y llama a prepararse para la guerra: la economía israelí, según él, debe girar en torno al esfuerzo bélico.

El punto 3) también me parece bastante evidente: si hoy Israel recibe críticas por la comunidad internacional, imagínense lo que ocurriría si Israel decidiese enzarzarse en una guerra deliberada contra el mundo árabe. Eldad, una vez más, es consciente de esto.

Miren esta cita de Eldad que resume perfectamente su visión sobre el tema:

Todos los responsables por la derrota y los errores deben hacerse a un lado. Eso en primer lugar. En segundo lugar, hay que pasar a una vida de trabajo y moderación, para que no dependamos tanto de las grandes potencias. Quien cree que todo se arregla con la renuncia a Eretz Israel Shelemá o a una Eretz Israel grande tiene que tener presente que la guerra de Yom Kipur no estalló por territorios. Si lo que importa son los territorios, ¿por qué estalló la guerra de 1948? Entonces no teníamos en nuestro poder ningún territorio y los judíos que fueron degollados en Jebrón durante los desmanes ni siquiera eran sionistas. Lo que se da aquí es una lucha por la supervivencia: o nosotros o ellos. Decir nosotros significa el dominio de Israel sobre Eretz Israel con fronteras estratégicas y geopolíticas amplias, con sus intereses económicos.

Es importante tener presente la diferencia de enfoque entre Israel Eldad y Rab Z. Y. Kook. Los dos quieren que el Estado de Israel expanda sus fronteras hasta ocupar toda la Tierra de Israel pero el motivo de por qué quieren esto es absolutamente distinto. Empecemos con lo que los une: los dos aceptan que la Tierra de Israel le pertenece al pueblo judío. Pero, ¿por qué? Para Eldad, Israel tiene que colonizar toda la Tierra de Israel porque esta es una unidad: las actuales fronteras de Medio Oriente son un invento de las grandes potencias europeas y, por ende, son totalmente arbitrarias. Las verdaderas fronteras son geográficas: ríos, montañas, etc. Se trata de una cuestión geográfica: poner una línea y decir “Acá Israel, allá Palestina, más allá Jordania” (que es lo que hicieron las grandes potencias cuando se decidió la partición de la Tierra de Israel) es una burla porque se crean fronteras artificiales sin sentido. Además, hay un tema de seguridad, que es lo que veíamos un párrafo más arriba: si hay fronteras claras, es más sencilla la defensa del país en caso de guerra. Para Rab Kook hijo, en cambio, se trata de un precepto religioso: colonizar la Tierra de Israel es una obligación porque nos lo comanda D-s. A Rab Z. Y. Kook no le importan la seguridad ni los límites naturales sino lo que él considera que es la voluntad Divina.

Para que resulte más clara la diferencia, veamos un caso paradigmático: הר הבית (“Har HaBait”, El monte del Templo). Según la Halajá, hay una prohibición de subir al Monte de Templo: como allí estaba emplazado el בית המקדש (“Beit HaMikdash”, Gran Templo), para pisar esa área hay que purificarse por medio de rituales que solo pueden hacerse con el Beit HaMikdash en pie. Como el Beit HaMikdash fue destruido en el año 70 D.C. y todavía no se reconstruyó, tenemos un nivel de impureza inevitable justamente porque el ritual necesario para purificarse no se puede hacer en las circunstancias actuales. ¿Hasta ahora estamos? En base a esto, prácticamente todos los פוסקי הלכות (“Poskei Halajot”, Legisladores religiosos judíos) hasta hace unos veinte o treinta años argumentaban que está prohibido subir al Monte del Templo. Además, el Estado de Israel sancionó una ley por la cual los musulmanes pueden subir al Monte del Templo pero no los judíos. De esta forma, los musulmanes pueden visitar Al-Aqsa y el Domo de la Roca pero los judíos no pueden visitar el lugar donde estaba el Beit HaMikdash. Resumamos:

  • Ley religiosa: nadie puede subir al Monte del Templo porque no tenemos el nivel de pureza necesario.
  • Ley estatal: los musulmanes pueden subir al Monte del Templo; los judíos, no.

Quiero que entiendan que estas dos leyes no son idénticas ni tienen las mismas motivaciones ni la forma de llegar a la ley es la misma. Para la Halajá, el problema es una cuestión religiosa y ritual; para la ley estatal, la permisión para los musulmanes y la prohibición para los judíos es una forma de evitar conflictos entre estos dos grupos, dándoles asimismo a los musulmanes la posibilidad de visitar lugares importantes para ellos (Al-Aqsa y el Domo de la Roca).

Para Rab Z. Y. Kook, los judíos no deben subir al Monte del Templo: la Halajá lo prohíbe y punto. Para Eldad, en cambio, los judíos deben subir al Monte del Templo porque es una forma de marcar territorio: es una manera de decirles a los musulmanes que estamos aquí y que ese territorio nos pertenece, les guste o no, y que aquí mandamos nosotros. Más allá de la diferencia en el resultado (uno prohíbe subir al Monte del Templo, el otro todo lo contrario), quiero que noten la diferencia de enfoque: en la base del análisis de Rab Z. Y. Kook, hay un precepto religioso, y este es inamovible; por el contrario, Eldad basa su análisis en cuestiones nacionalistas: no le importa lo que diga o deje de decir la Halajá. Más aún, Eldad llama abiertamente a desobedecer la ley estatal (que prohíbe a los judíos subir al Monte del Templo) para mostrarle al mundo árabe que eso es parte del territorio israelí y que ellos no son más que turistas: es una manera de marcar soberanía política sobre el terreno. Eldad, con su llamado a la desobediencia civil con respecto al Monte del Templo, sigue la línea que había empezado con la creación del Estado y la partición del Estado de Israel en dos (cuando, en un principio, se había negado a que el Leji se una al recién creado ejército de defensa israelí) y que se extiende hasta la retirada unilateral de Gaza (durante la cual muchos colonos, principalmente del movimiento sionista religioso, se negaron a cumplir las órdenes del Estado), pasando por los Acuerdos de Oslo (que terminaron con el asesinato de Itzjak Rabin).

Maljut Israel

Hay un concepto muy importante en el pensamiento de Eldad. Es מלכות ישראל (“Maljut Israel”, Reino de Israel). Si recuerdan el artículo sobre Rab Yehuda Amital, se acordarán que, en ese contexto, habíamos hablado de Maljut Israel. Bueno, olvídense. La idea de Rab Amital no tiene nada que ver con la de Eldad. ¿Qué significa en el contexto del artículo de hoy? Citemos directamente a Eldad:

Maljut Israel, la soberanía de Israel desde el Éufrates hasta el río de Egipto, no solo es posible sino también necesario e inevitable. Por otro lado, el actual Estado de Israel, con su régimen, fronteras y objetivos, no es una posibilidad sustentable a largo plazo. Si no sirve como base real para lograr el objetivo del Maljut Israel, entonces no es una realidad en absoluto.

Primeros tres puntos que podemos extraer de esta cita:

  • Soberanía sobre toda la Tierra de Israel.
  • El actual Estado de Israel es defectuoso y su único valor es que conduzca al Maljut Israel. Si no lo hace, será un rotundo fracaso.
  • Maljut Israel es una necesidad vital.

Citemos a Eldad nuevamente para ampliar la definición de Maljut Israel:

Maljut Israel incluye la combinación dinámica de estas tres revoluciones:

  • La evacuación del Exilio y el retorno de todo el pueblo judío a la Tierra de Israel. El pueblo judío es uno solo, una unidad, ya sea por su propia decisión o por factores externos, ya sea por necesidad o por razones de raza y sangre, ya sea por motu proprio o por decisión de los no judíos.
  • La liberación de toda la Tierra de Israel, de acuerdo a la promesa Divina, desde el Éufrates hasta el Nilo.
  • Retorno, renovación y renacimiento de los valores básicos del judaísmo, de acuerdo a los principios de la fe y la profecía, por intermedio de nuestros logros espirituales, para así desarrollar una cultura renovada a través de nuestras fuerzas interiores escondidas y reprimidas.

Fíjense que Eldad está totalmente en contra de la visión de Ajad Haam: el sionismo no tiene que crear un centro espiritual o cultural ni atraer solo a una élite religiosa, artística, científica o intelectual. El objetivo del sionismo es el retorno del pueblo judío a la Tierra de Israel, sin excepciones: todo el pueblo judío a toda la Tierra de Israel, para así instaurar un Estado glorioso, que signifique la restauración del honor del pueblo judío en su tierra. A su vez, el lenguaje religioso –Eldad habla de fe y profecía, de promesas Divinas y de fuerzas espirituales- parece llevarnos a creer que Eldad era un religioso ortodoxo. ¿Esto es así o no? Veamos…

La ortodoxia de Eldad

Israel Eldad es un caso especial y muy interesante para entender la diferencia entre el judaísmo israelí y el judaísmo diaspórico. Empecemos con un dato medio estúpido: Eldad no usaba Kipá. Sin embargo, sí comía Kosher y respetaba el Shabat de acuerdo a la Halajá. Entonces, la pregunta sigue en pie: ¿Eldad era un judío ortodoxo?

Para entender esto, habría que empezar a desandar el camino de por qué se dice que el judaísmo es una religión y qué significa exactamente eso de ser ortodoxo. Para entender bien a Eldad, con lo de hoy debería bastar. Si quieren algo más de detalle, hagan click en el link de arriba.

Empecemos con una obviedad: para la amplia mayoría de los judíos israelíes, el judaísmo no es una religión sino una nacionalidad (mientras que, para muchos judíos diaspóricos, la cuestión es justamente al revés). Ya hablamos un poco de esto con Hilel Kook. El tema es justamente que el judaísmo no es una religión ni una nación: es un híbrido. O mejor dicho, algo que no encaja en ninguno de estos dos moldes (“religión” o “nación”). ¿El motivo? Sencillo: “religión” y “nación” son términos del pensamiento occidental y cristiano, que hacen referencia a conceptos de esa civilización y que no tienen por qué aplicar a otras civilizaciones (y si no, piensen en el budismo o en el hinduismo y díganme si son una religión o no, o explíquenme si China es una nación o varias naciones o definan claramente la diferencia entre “árabe” y “musulmán” y háblenme de cómo las fronteras actuales de África y Asia corresponden a Estados-nación o a algún otro tipo de geopolítica). Si intentamos definir al judaísmo en los términos del cristianismo y buscamos sus dogmas, su Iglesia, sus curas, sus sacramentos y su jerarquía eclesiástica…¡Estamos en el horno! Y lo mismo nos pasa si intentamos definir al judaísmo en términos del nacionalismo moderno europeo.

Así que no, Eldad no era “religioso”, aunque sí cumplía muchos de los preceptos que denominamos religiosos a falta de otra palabra.

Y tampoco era “ortodoxo”. Este término hace referencia a un movimiento dentro del pueblo judío que surge en Alemania a mediados del siglo XIX  y que define al judaísmo como una religión (definición que, vimos recién, es inadecuada). Para colmo, “ortodoxo” significa, etimológicamente, “Pensamiento correcto”, dando a entender que hay pensamientos correctos y otros que no lo son, idea totalmente ajena al acervo cultural judío.

Y Eldad no era “ortodoxo”: no seguía el “Pensamiento correcto”. Nos puede gustar más o menos (y a mí no me gusta ni un poquito, la verdad sea dicha), pero Eldad no seguía al rebaño ni era un hombre de “Pensamientos correctos” sino todo lo contrario: era combativo e iconoclasta.

Pero más allá de todos estos divagues, lo más importante es que, para Eldad, los preceptos religiosos no tienen valor de por sí sino que son un atributo de la nacionalidad: le importa más el pueblo judío concreto y real que las cuestiones abstractas. No se olviden que Eldad es un nietzscheano.

Neo-sionismo y post-sionismo

Leji se dividiría en dos a poco de surgir el Estado de Israel: un bando, liderado por Israel Eldad, profundizaría el nacionalismo; el otro, liderado por Natan Yellin-Mor, profundizaría el antiimperialismo. Del bando nacionalista surgiría lo que se dio en llamar el Movimiento por Eretz Israel Shelemá y, luego, el neo-sionismo; del antiimperialista, el canaanismo y, más tarde, el post-sionismo.  Ya hemos hablado del error de muchas personas que piensan que el post-sionismo surge de la “Izquierda socialista” y de Avodá. Ahora le toca a otro malentendido: aquel que dicta que el movimiento por Eretz Israel Shelemá (la Tierra de Israel indivisa) surge del sionismo religioso.

No, el movimiento por Eretz Israel Shelemá surge del Leji, más específicamente de Israel Eldad. Es cierto que tomó apoyos del sionismo religioso (así como es cierto que el post-sionismo tomó apoyos del sionismo socialista) pero su origen no es el sionismo religioso sino el ultranacionalismo de una parte del Leji.

El neo-sionismo es un término que hace referencia a todo lo que hemos visto hasta ahora de Eldad: un sionismo que llama a conquistar toda la Tierra de Israel, que no cree en la cooperación con los árabes y descree del socialismo, que bebe de fuentes religiosos pero las reinterpreta desde un punto de vista nacionalista radical, que niega la existencia de un pueblo palestino y que interpreta todo el conflicto israelí-palestino como un choque judeo-árabe, que cree que toda oposición a su forma de entender el sionismo es antisemita y que exalta la violencia como forma de hacer política.

A partir de mediados de los 70, cuando llegó por primera vez al poder el Likud, y ni que hablar durante los períodos en los que Itzjak Shamir fue Primer Ministro, Eldad empezó a ser visto como la cumbre y el paradigma del sionista comprometido. Esto marca la temperatura del enorme vuelco cultural que se dio en Israel durante esa época, tal como lo hablamos en el artículo sobre Menajem Beguin. Pónganse en contexto: el mismo hombre que había sido expulsado de su trabajo como profesor por la mediación del Primer Ministro (Ben Gurión) por sus ideas peligrosas y extremistas, ahora era el que salía en todos los noticieros como una figura autorizada para hablar de política y actualidad. Eldad había pasado de ser un intelectual marginado a ser el ejemplo del intelectual comprometido con su tiempo. Obviamente esto puso en alerta a muchos intelectuales sionistas más moderados, que veían cómo el discurso sionista degeneraba hacia el extremismo, el ultranacionalismo y la ceguera chovinista. Así, muchos se sintieron en la obligación de demostrar que el sionismo de Eldad era una degeneración de los verdaderos y originales valores sionistas: el humanismo, el respeto por el otro, el rechazo de los fanatismos y el socialismo son valores que están presentes en la amplia mayoría de los primeros pensadores sionistas y que Eldad simplemente ignora o desprecia.

Las influencias de Eldad y su impacto

Eldad explícitamente menciona a sus influencias. Cito de su panfleto Israel: el camino a la Redención total:

Si el movimiento sionista hubiese seguido su curso, tal como lo señalaron Herzl, Nordau y Jabotinsky, un tercio del pueblo judío no hubiese sido destruido y la Tierra de Israel no hubiese sido dividida. (…) El único que verdaderamente comprendió lo que estaba ocurriendo en el Exilio, la Tierra de Israel y todas sus consecuencias fue Uri Zvi Greenberg. Pero claro, nadie le prestó atención a su “poesía emocional”.

Como pueden ver, hay una mezcla de autores políticos (Herzl, Nordau y Jabotinsky, de quienes ya hemos hablado) con artistas (Uri Zvi Greenberg, poeta que escribe sobre el renacimiento judío, la construcción del Tercer Beit HaMikdash y la restauración de la gloria de Israel). Eldad no menciona a ningún sionista socialista: para él, el verdadero sionismo es el suyo y el resto no son más que mezclas impuras y falsos remedios.

¿Cuál es la influencia de Israel Eldad? Su hijo, Arieh Eldad, fundó el partido político Otzmá Yehudit (Fuerza judía), y es uno de los referentes del Kahanismo en la actualidad. Es un partido político totalmente marginal, al punto de no tener representación en la Kneset. Otzmá Yehudit es un partido que pugna por el establecimiento de un Estado judío a lo largo de toda la Tierra de Israel, rechaza que vivan en él árabes y llama a expulsarlos, ya sea por medios violentos  o no violentos. De nuevo para los antisionistas que lean esto: Otzmá Yehudit es absolutamente MARGINAL. ¡No llega a tener a representación en la Kneset! ¡No es representativo de las autoridades israelíes ni del sionismo! Así que podríamos decir que Israel Eldad, a pesar de todo, sigue siendo un personaje extremista. Aunque es cierto que algunos lo admiran (y normalmente los que lo admiran son personas altamente ideologizadas), sigue siendo una figura periférica, que no cala hondo en lo profundo de la sociedad israelí por su extremismo y fanatismo.

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