Aaron David Gordon

El trabajador incansable

Aaron David Gordon nació en Rusia (hoy Ucrania) en 1856 y falleció en la Tierra de Israel en 1922. Es uno de los principales ideólogos del sionismo socialista y fundador de הפועל הצעיר (“Hapoel HaTzair,“El obrero joven”, partido político sionista socialista no marxista). Gordon nació en una familia relativamente acomodada y recibió una educación religiosa tradicional. A los 18 años, fue llamado a servir en el ejército ruso. Su familia, como era habitual, intentó por todos los medios posibles que sea eximido. Gordon se negó en rotundo a no cumplir su deber como ciudadano y se alistó en el ejército. Sin embargo, terminó por ser rechazado por sus malas aptitudes físicas. Ya con esta anécdota estoy adelantando dos temas que veremos más a fondo: su inquebrantable moral y las habilidades físicas. Se casó joven y tuvo siete hijos, cinco de los cuales fallecieron en su niñez. Esto –creo que ni hace faltar mencionarlo- afectó muchísimo a Gordon. Trabajó más de 20 años como empleado de rango alto pero no soportaba esa vida acomodada y burguesa. A los 48 años, se fue a vivir a la Tierra de Israel. Unos años después, le siguieron su esposa, quien fallecería a los pocos meses, y su hija (su otro hijo no, por divergencias ideológicas). Ya en la Tierra de Israel, hizo del trabajo manual y agrícola un modo de vida y la fuente de su sustento material y espiritual. Se transformó de manera involuntaria en un ejemplo para la joven población judía que emigraba a la Tierra de Israel: era un anciano de barba larga venerado como maestro y educador y trabajador incansable.

Vivencia y conciencia

Para entender cabalmente el sionismo de A. D. Gordon, hay que tener una visión general de su cosmovisión. Hay dos conceptos en especial que son claves: חוויה (“Vivencia”, “Experiencia”) y הכרה (“Conciencia”). Como fue el caso de Rab Abraham Isaac Kook, es imprescindible entender bien los conceptos fundamentales: si los entienden, todo se hace más llevadero. Si no, la cosa se complica y es muy fácil enredarse y no entender demasiado de lo que estamos hablando. Si ven que machaco muchas veces sobre lo mismo, no es porque sea divertido: repito para clarificar(me). Vamos nomás…

Para Gordon, hay dos formas de relacionarse con el mundo: una es la חוויה y la otra, la הכרה. Las vamos a traducir provisoriamente como “Vivencia” y “Conciencia” respectivamente. Más adelante, profundizaremos en el significado etimológico de cada una de estas palabras. ¿Qué son la “Vivencia” y la “Conciencia”? Citemos a Eliezer Schweid, un filósofo israelí. En La nacionalidad y el vínculo con el individuo y la humanidad (del libro Fuentes del pensamiento judío contemporáneo 4; aclaración importante: estoy citando directamente de una traducción al español porque no encontré el original en hebreo) escribe:

Comencemos con la “conciencia”. A. D. Gordon comprende en ella todos los modos de aprehensión externa del hombre: la sensación, la imagen, la sensación interna y el pensamiento conceptual. Todo lo que nosotros sabemos sobre nuestro mundo y sobre nosotros es obra de la conciencia, a la que A. D. Gordon equipara con el lado transparente de un espejo, el mismo que capta en sí imágenes de la realidad expuesta frente a él. Valgámonos del ejemplo del espejo para pasar de la conciencia a la “vivencia”: el espejo tiene también un lado opaco que no se refleja en el lado transparente, pero que le da transparencia. Tampoco la conciencia humana puede aprehender el “yo” cognoscitivo a pesar, y precisamente por ello, de ser el “yo” sujeto de la conciencia. O dicho con mayor claridad: podemos saber mucho sobre nosotros mismos, pero entonces aparecemos ante nuestra conciencia como objetos exteriores a ella, mientras que el “yo cognoscitivo” como tal es sujeto y no objeto, y por tanto la conciencia no puede aprehenderlo. Más aún: incluso lo que aparece ante la conciencia como objeto no es sino reflejo de cosas. Su concretividad no se da a la conciencia.

Si saben algo de filosofía, puede que hayan entendido. Si no, estarán mirando la pantalla con cara de sorpresa, esperando que venga alguien y les traduzca el chino básico que acaban de leer. Para las personas filosóficas: sí, Gordon leyó a Kant y a Schopenhauer. Para los que sepan de pensamiento judío: sí, Gordon está claramente influenciado por el Jasidismo. Para los que sigan pensando que estoy hablando en chino pero esta vez mandarín: tranquilos, ya explico (o lo intento, por lo menos).

¿Qué es la “Vivencia”? Es la revelación del fluir infinito en sí mismo. ¿Qué es la “Conciencia”? Es el paso de algo finito a algo finito hasta el infinito.

Traducción: “Vivencia” y “Conciencia” son dos modos que tiene el individuo de relacionarse con el mundo. En la “Vivencia”, la persona se ve a sí misma como parte de la naturaleza: el mundo es un continuo infinito. No hay límites ni fronteras ni separación: la naturaleza y yo somos uno. Me veo como parte del mundo y de la naturaleza, estas no son algo separado ni ajeno. Este modo de relacionarse es inclusivo: somos todos uno. Vos, yo, él, la naturaleza, el mundo formamos un todo unificado. En la “Conciencia”, el hombre se ve a sí mismo como un ente separado de la naturaleza: yo soy yo, vos sos vos, él es él, la naturaleza es la naturaleza. Yo soy un ser independiente: hago lo que quiero, no estoy atado a la naturaleza. La conciencia secciona la realidad: focaliza en una parte y no en otra.

Veamos un ejemplo. Imaginemos un árbol. Según la “Conciencia”, vemos un árbol y no otro: fragmentamos y nos enfocamos en este árbol en particular que tenemos frente a nosotros. No podemos ver todo el contexto: nuestra percepción (vista, oído, audición, tacto y olfato) es finita. No podemos más que relacionarnos con ese árbol en particular. Según la “Vivencia”, en cambio, el árbol forma un continuo con la naturaleza: está insertado en una totalidad más abarcativa. Ese árbol está relacionado con el de más allá y también con aquella planta y con aquel ciervo que corre a lo lejos y con la casa de madera que asoma entre la arboleda y con nosotros mismos: no puedo disociar un elemento del otro porque están intrínsecamente relacionados.

Y ahora ustedes se estarán preguntando: ¿Y de dónde surge la “Vivencia”? Dijimos que la “Conciencia” surge de los cinco sentidos pero… ¿La “Vivencia? La respuesta de Gordon es: intuición. No es una sensación (=no viene de los sentidos) sino que surge de manera impulsiva. No se puede explicar racionalmente. Se puede describir pero no explicar. No es emocional tampoco. Es anterior a toda sensación. Es natural, está insertada en nuestra propia naturaleza como seres humanos.

Y acá es importante hacer un parate: A. D. Gordon era profundamente religioso. No, no en términos institucionales (no respetaba la Halajá). Era una persona mística pero no en el sentido de dejarse llevar por trances ni éxtasis sino en que veía a la realidad como un todo orgánico, unido de manera armoniosa, y buscaba fundirse en esa armonía. Era lo que hoy llamaríamos una persona espiritual.

¿Religión? ¿Espiritualidad? ¡Pero si ni mencionamos a D-s! Otro punto importante. Gordon cree fervientemente en D-s. Pero el suyo no es un D-s trascendente sino inmanente: no solo está en la naturaleza sino que es la naturaleza. Es un D-s más cercano al de Spinoza que al de la tradición judía, aunque con una salvedad fundamental: su relación con D-s no pasa por lo racional. Dicho en otras palabras, Gordon es panteísta: cree que el mundo es D-s y D-s, el mundo. Acá podemos encontrar la influencia de Goethe: D-s como el cosmos, como una realidad que todo lo abarca, una fuerza universal. Es interesante porque, de acuerdo a esta concepción, D-s no es el D-s de la historia: no es el D-s de Abraham, Itzjak y Yaakov ni el que reconforta a los caídos; no es el D-s de los humildes ni el de las grandes gestas; no es el D-s que está al lado del pueblo judío en todo momento y lugar. Dicho de otra manera, D-s no es una fuerza histórica sino cósmica: está en todos lados, no se identifica con un pueblo en particular ni solamente con la historia humana. Retomaremos esto en el contexto del tema del pueblo elegido.

Volvamos al tema de la “Vivencia” y la “Conciencia”. Analicemos brevemente el origen etimológico de las palabras hebreas que utiliza Gordon para estos dos conceptos: חוויה y הכרה.

Estamos traduciendo חוויה como“Vivencia” pero, en hebreo moderno, esta palabra normalmente significa “Experiencia”. En este caso, me parece que la traducción “Vivencia” es adecuada porque, si lo tradujese como “Experiencia”, daría a entender que surge de la experiencia personal y eso es justamente lo opuesto de lo que Gordon quería decir. Es importante esto: “Vivencia” no significa para Gordon la vivencia personal ni nuestra narrativa de vida sino algo que está más allá y que nos excede como individuos. ¿Estamos? En realidad, la cosa es bastante más compleja: Gordon utiliza esta palabra como artefacto lingüístico. Entonces, ¿de dónde surge la palabra חוויה? Es una mezcla de la palabra חיים (“Jaim”, Vida) con la palabra הויה (“Ser”, “Existencia”, “Entidad”). La חוויה, si lo quieren pensar así, es una fuerza vital del ser.

Pero no terminamos con esta palabra.. Hay más todavía. Según el paper “Loving Kindness and Truth Meet”: The Weaving Together of Caring (Love) and Law within Marpeh—An Israeli CPE Program de Einat Ramon (pueden buscarlo en internet por Google y descargarlo):

Gordon inventó el término Javaiá, que deriva del nombre de la primera madre de la historia humana según la Biblia Hebrea, Eva, Javá en hebreo. Javaiá, según Gordon, es nuestra capacidad preceptual primordial de sentirnos “abrazados por la madre”, y, por lo tanto, unidos con y parte de un todo mayor que puede ser el vientre, nuestra familia, comunidad, pueblo y el mundo (en ese orden). Javaiá es un sentimiento intuitivo que surge del sentido de conexión profunda con nuestra identidad histórico-religiosa sin necesidad de ser demasiado específicos acerca de leyes y declaraciones de fe. Javaiá es una capacidad espontánea a través de la cual nos conectamos con el pueblo y D-s.

La הכרה es la “Conciencia”. Esta palabra viene del verbo להכיר (“Conocer”). Se podría traducir también como “Reconocimiento” pero esta traducción trae reminiscencias a la teoría platónica del conocimiento que prefiero dejar de lado para evitar malentendidos.

Ya vimos que mediante la “Vivencia” nos relacionamos con la naturaleza como un todo continuo y que mediante la “Conciencia” nos percibimos como separados de la naturaleza. Vimos también que la “Vivencia” surge de la intuición natural y que la “Conciencia” surge de los sentidos. Ahora veamos cómo se ponen en práctica estos dos modos de relacionarse con el mundo. Es decir, cuáles son sus formas institucionalizadas.

Para Gordon, la familia, la tribu o comunidad, la nación y la humanidad tienen como fuente la “Vivencia”: son formas intuitivas y naturales de relacionarse entre los seres humanos. En cambio, el partido político, la clase social, el sindicato y la asociación profesional, entre otros (en resumen: todos los que no sean los que incluimos en la lista de arriba cuando hablamos de la “Vivencia”) tienen su fuente en la “Conciencia”: son formas sociales, artificiales si se quiere. No es que sean malas. Al contrario, en ciertos momentos son necesarias pero no son orgánicas como las que surgen de la “Vivencia”; además, tienen límites, a diferencia de las que surgen de la “Vivencia”, que son infinitas.

La “Vivencia” se relaciona con la naturaleza de manera pacífica: quiere contemplarla, verla tal cual es y dejarse llevar. En cambio, la “Conciencia” quiere explotar la naturaleza y dominarla: quiere trabajarla y transformarla para así adaptarla y amoldarla a su gusto. En pocas palabras, la “Vivencia” es pacífica y pasiva; la “Conciencia”, conquistadora y activa.

Pero mucho ojo, no puede existir una sin la otra: las dos son necesarias para percibir a la realidad como un cosmos (o sea, como un todo unificado). La “Vivencia” sin “Conciencia” es un fluir sin sentido, una cosa amorfa: el ser humano es un inútil que se queda mirando la vida pasar y que no mueve un dedo ni para satisfacer sus necesidades más básicas. La “Conciencia” sin “Vivencia” es un aparato vacío, forma sin sustancia, instituciones sin contenido; es el ser humano explotando a la naturaleza porque sí, simplemente para sacar ganancia o como deporte. Solamente en la comunión armoniosa entre estas dos formas de relacionarse con la realidad surge la aprehensión correcta del mundo.

La nación como relación orgánica y natural

Dijimos que la familia, la tribu o la comunidad, la nación y la humanidad nacían de la “Vivencia”, mientras que el resto de las relaciones interpersonales tenían su origen en la “Conciencia”. ¿Cuál es la diferencia práctica entre estas dos categorías? Las que surgen de la “Vivencia” son orgánicas y naturales: también son eternas, infinitas y fluidas. Las que surgen de la “Conciencia” son limitadas y artificiales: surgen de la inventiva humana y son creaciones sociales. También son limitadas y partidistas: dividen a la naturaleza del ser humano y a los seres humanos entre sí.

En base a esto, podemos hacer dos preguntas:

  • Si las que surgen de la “Conciencia” se caracterizan por ser finitas, limitadas y separatistas, mientras que las de la “Vivencia” son infinitas, ¿cómo es que Gordon incluye a la familia, la comunidad y la nación dentro de la “Vivencia”? Se entiende perfectamente que incluya a la humanidad porque esta no tiene límites: incluye a todos los seres humanos pero…¿por qué a los otros grupos? ¿Acaso una nación o una familia no tienen un límite, aunque más no sea numérico?
  • Incluso si asumimos que la distinción de Gordon es correcta, ¿cuál de los grupos que surgen de la “Vivencia” es el más importante?

La respuesta a 1) está en la misma pregunta. Presten atención a cómo formulé la pregunta y qué habíamos dicho antes de la “Vivencia”. ¿Releyeron los últimos dos párrafos? Vamos de nuevo:

Dice la pregunta: “Si las que surgen de la Conciencia se caracterizan por ser finitas, limitadas y separatistas, mientras que las de la Vivencia son infinitas…”

Habíamos dicho antes: “Las que surgen de la Vivencia son orgánicas y naturales: también son eternas, infinitas y fluidas”

Es verdad, son infinitas y eso nos podría predisponer a pensar en la humanidad como un todo pero también son orgánicas y naturales: para Gordon, es un hecho evidente que no requiere mayor análisis el hecho de que la familia es la unidad básica de la sociedad y que la comunidad o tribu y la nación son orgánicas. ¿Por qué? Porque los hombres se organizan de manera natural a través de estas formas. Esto no quiere decir que toda nación ni que toda comunidad ni que toda familia tome las mismas formas institucionales: una nación puede tener un régimen político, social y económico u otro pero eso no modifica su estatus como nación.

Podemos agregar un dato más: para Gordon, la nación está por encima del individuo, la familia y la comunidad. Esto es fácil de entender desde el simple punto de vista numérico: si hago bien a una nación, hago el bien a mayor cantidad de personas que si hago el bien solo a mi familia. Perfecto, ¿no? Sin embargo, Gordon también arguye que la nación es más importante que la humanidad. No me malinterpreten: no es que Gordon diga que los intereses de la nación estén por encima de los de la humanidad. Veremos más adelante que piensa exactamente lo contrario. Lo que quiero decir es que, para Gordon, la humanidad está formada por naciones. ¿El motivo? Que nos resulta más fácil identificarnos con la nación que con la humanidad como un todo: un japonés se identifica más fácilmente con el sufrimiento de otro japonés que con el sufrimiento de un italiano. No es que este japonés sea malvado o no tenga desarrollada la empatía sino que, al compartir una cultura (una lengua, un territorio, un modo de pensar y sentir; en pocas palabras, un modo de vida) con el japonés que sufre, es más probable que se identifique con este. Pero, ¿acaso uno no puede argumentar usando esta misma línea de pensamiento que uno se identifica naturalmente más con el sufrimiento de un familiar que con el de un compatriota que vive a miles de kilómetros de distancia y al que ni siquiera conoce? ¿No es natural que me identifique más con mis padres que con un argentino cualquiera? ¡Obvio que sí! Entonces, ¿por qué la nación está por encima del individuo o de la familia? Justamente porque la familia está incrustada en la nación: no nacimos en un vacío sino en una cultura dada. Esa cultura es nacional: el modo de vida que nos inculca nuestra familia está tomado en gran parte del ámbito cultural en el que se mueve.

¿Estamos hasta ahora? Si no entendieron algo, relean los últimos párrafos. Pueden preguntar también si tienen alguna duda. Es importante porque ahora vamos a aplicar este bagaje conceptual al análisis que hace Gordon de la situación del pueblo judío y las soluciones que ofrece.

La nación judía y el Galut

El problema de la nación judía en el גלות (“Galut”, Diáspora, Exilio) es la disociación entre Vivencia y Conciencia. Dicho de otra manera, la divergencia entre el sentimiento natural de unión nacional y la falta de medios (culturales, productivos, sociales, políticos, económicos, etc) que expresen esta unión. En palabras de A. D. Gordon:

Nuestra falta de raíces, de nuestra patria natural, de la Tierra de Israel, y la esclavitud junto a las persecuciones en el Exilio, que actuaron sobre nosotros y nos alejaron de toda naturaleza, de toda vida natural, de todo trabajo productivo, nos transformaron en un pueblo parasitario: un pueblo desnutrido, sin vida, tanto en alma como en cuerpo, tanto en lo material como en lo espiritual. Falla nuestro cuerpo, nuestra materia, nuestra economía y nuestro espíritu. Nuestro ser nacional, nuestro yo nacional, se nutre en el Exilio solo de migajas del pasado y de mesas ajenas.

¿Ven la Vivencia y la Conciencia? La Vivencia es “nuestro ser nacional, nuestro yo nacional”: es irrefutable, está ahí. Los judíos son judíos porque son judíos: hay una nación judía, que está enlazada entre sí por una soga infinita. Sin embargo, esta nación adolece: está de capa caída, desnutrida, fallida y lastimada. El Galut es una situación que corroe las formas económicas, políticas y sociales de la nación judía.

¿Cómo corregir esta situación anómala? ¿Cómo hacer que el judío deje de ser improductivo y pasivo? ¿Cómo transformarlo? La respuesta es: volver a la patria ancestral, la Tierra de Israel. Eso es lo que hace a Gordon sionista. Hasta aquí nada nuevo ni original. Sin embargo, Gordon agrega un elemento que sí es original y que es su sello personal: el trabajo.

Una religión del trabajo

Pero no cualquier trabajo. No. Gordon no está hablando de formar obreros judíos (si así fuese, estaría emparentado con Borojov) sino trabajadores rurales y manuales: gente que trabaje la tierra de manera ardua y laboriosa (sí, se parece a Syrkin en esto y también, en menor medida, a Trumpeldor). Gente que se rompa la espalda arando, sembrando y cosechando. La corrección del Galut, para Gordon, es volver al trabajo productivo, y esto significa volver al trabajo en la tierra. En sus palabras:

Buscamos la vida, ni más ni menos, una vida que surja de la fuente de vida, de la naturaleza de nuestra tierra, tanto el sustento del cuerpo como del alma. La fuerza esencial y el sustento de lo Alto de la fuente de vida. Venimos a nuestra tierra a purificarnos en la tierra natural, de la que nos nutrimos. Alimentarnos desde la raíz con el alimento de la tierra, respirar el aire y reforzar nuestro espíritu con sus rayos de luz. Si otros pueblos, que viven en sus tierras respectivas, pueden vivir como viven, nosotros, a los que nos cortaron las raíces, estamos obligados a conocer la tierra y adoptarla, porque venimos a purificarla, a conocer y entender las ramas del árbol y a regarlo y hacer crecer sus frutos.

Como ven, el tema de la relación con la naturaleza está presente: es un tema que recorre la obra de Gordon de punta a punta. Gordon no habla de la industria ni del comercio: no parece ser consciente de los cambios económico-sociales de los últimos dos siglos. No menciona a las ciudades e idealiza al campo. Por esto, uno se puede preguntar legítimamente: ¿dónde está la Modernidad? ¿Dónde está el capitalismo? Dicho de otra manera, ¿Gordon no es un ingenuo al pensar que se puede construir un país en base a la relación con la tierra? ¿No es injusto pensar que el único trabajo productivo es el trabajo agrícola? Mi respuesta es que sí, Gordon es injusto e ingenuo: su relación con la Modernidad, principalmente con el aspecto económico de la Modernidad, es problemática. Como en la amplia mayoría de los pensadores que vimos y veremos en este blog, su sionismo es una respuesta a la situación del judío moderno. Su reacción es negativa: rechaza la Modernidad. Es un idealista. Y ése es justamente su punto débil pero también su principal fortaleza: Gordon es un símbolo de muchos judíos que llegaban a la Tierra de Israel en busca de una relación orgánica con la tierra, jóvenes hartos de las grandes ciudades y de la opresión en los países europeos, jóvenes que añoraban trabajar la tierra para redimir sus almas y la de su pueblo.

Cultura y trabajo, la espiritualidad de Gordon

Ya hablamos de la “Religión del trabajo”, esa tendencia de Gordon a idealizar el trabajo rural. Pero hay más todavía: Gordon pone al trabajo en el centro de su filosofía. Lo recubre de un aureola mística. Gordon no era una persona que cumplía Mitzvot pero nunca dejó de tener un enorme sentido de la religiosidad: reemplazó al cumplimiento de Mitzvot (que para él era una reliquia de tiempos pasados y no era más que un ritual osificado) por el trabajo paciente y delicado. Sus contemporáneos concuerdan en sus impresiones: todos quedaban asombrados al ver a aquel hombre mayor trabajando sin descanso. Para Gordon, la Halajá estaba atrasada porque expresaba un judaísmo estancado: no era más que una manifestación del espíritu atrofiado del pueblo judío en el Galut.

Sin embargo, uno podría preguntarse: ¿el trabajo es capaz de ser la fuente de toda cultura? Dicho de otro modo, ¿es posible que la cultura judía nazca del trabajo? ¿Acaso una cultura –cualquiera sea ésta- se nutre exclusivamente (o, por lo menos, principalmente) del trabajo? Es verdad, el trabajo es parte de la cultura, eso es indiscutible pero…¿Es la fuente principal de la misma? Como decíamos antes, hay una idealización gigantesca del trabajo.

Judíos y árabes

Podría resumir la posición de A. D. Gordon en una frase: los árabes son buenos y los judíos somos buenos así que vamos a convivir felizmente. Sin embargo, ustedes saben que a mí me gusta escribir así que vamos a ver las cosas con más profundidad y claridad…

Con su énfasis en el trabajo, A. D. Gordon es uno de los principales ideólogos de un concepto que se popularizó en su época: el trabajo hebreo. ¿Qué es esto? Que los judíos contraten a judíos, no a árabes. ¿Por qué? Hay dos motivos, uno positivo y otro negativo:

  • No darles trabajo a los árabes porque son nuestros enemigos: nos atacan y quieren nuestra destrucción así que, como represalia, no hay que contratarlos como empleados.
  • Los judíos tienen que darle trabajo a otros judíos porque para eso emigran a la Tierra de Israel: para hacer trabajo productivo. Si llegasen personas ricas e invirtiesen grandes sumas de dinero y contratasen árabes como mano de obra (porque les sale más barato), entonces no tendría sentido que los judíos vayan a la Tierra de Israel.

Como se podrán imaginar de acuerdo a lo que vimos hasta ahora, Gordon está de acuerdo con el segundo motivo pero no con el primero. Para él, los judíos tienen que reencontrarse con la tierra mediante el trabajo: si se dedican al comercio, por ejemplo, entonces su llegada a la Tierra de Israel es inútil y es una pérdida de tiempo porque no están corrigiendo los defectos del judío galútico.

¿La idea del trabajo hebreo funcionó? Sí, pero con ciertas limitaciones. Es verdad que se transformó en una bandera de muchos pioneros pero también esto tuvo su contrapartida: por un lado, los costos de producción aumentaron porque los judíos eran trabajadores más calificados y no estaban dispuestos a cobrar el mismo sueldo que los árabes, que eran bastante ignorantes (no quiero ser grosero: estoy hablando de hace cien años atrás y sí, nos guste o no, los árabes que vivían en la Tierra de Israel eran vistos por casi todo el mundo, incluido el mundo árabe, como personas poco cultas; pasaron cien años y no estoy diciendo que esto siga siendo así); por otro lado, muchos árabes veían cómo crecía la economía del país pero ellos no tenían más trabajo y rebrotaron los saqueos y ataques a las colonias judías.

¿La idea del trabajo hebreo quedó en el pasado? Hoy, en Israel, algunos grupos ideologizados toman como bandera no contratar árabes musulmanes o no comprarles productos en sus negocios para expresarles repudio y rechazo o simplemente para ayudar a progresar a un compatriota judío en vez de a un árabe. Este boicot no está institucionalizado ni mucho menos: son personas individuales que prefieren comprarle a un compatriota en vez de a alguien a quien no perciben como tal. En mi caso, intento no comprarles a los árabes si puedo evitarlo (así como intento hacer lo propio con mercancías producidas en condiciones ilegales, en talleres clandestinos de trabajo esclavo). A su vez, muchas instituciones, principalmente del movimiento sionista religiosa, no contratan empleados árabes musulmanes pero no esto no tiene nada que ver con un tema ideológico sino con una cuestión de seguridad: después de la masacre de Mercaz HaRav, se decidió no contratar musulmanes para evitar atentados.

Pero volvamos a Gordon. Decíamos que fue uno de los principales ideólogos del trabajo hebreo pero no hay que interpretar esta posición desde un lugar racista sino todo lo contrario: surge de una posición positiva con respecto al lugar que debe ocupar el trabajo en la vida judía.

Gordon también trató el tema del conflicto judeo-árabe en la Tierra de Israel. Veamos lo que escribe en su ensayo “La nación y el trabajo”:

¿Y los árabes? (….) Aquí la voz conductora no es la fuerza del puño (…) Aquí hablan otras fuerzas, fuerzas que tienen un timbre y un heroísmo cósmicos. Y las palabras son escuchadas, en especial cuando encierran una verdad cósmica. Esto es lo más importante para nosotros. La verdad es el cimiento de nuestro mundo. (….) La verdad es más fuerte que el amor. Y no solo en las relaciones entre el hombre y su semejante es grande el poder de la verdad sino también en las relaciones entre los pueblos. “No levantará ningún pueblo su espada”, sentencia la verdad, y si el amor no lo cumplió, vendrá la verdad a hacerlo. Por fuerza de la verdad encontraremos el camino para una vida en común con los árabes y para un trabajo asociado con ellos, para el bien de las dos partes. Debemos estar animados por el heroísmo, un heroísmo superior. No debemos humillarnos ni ensoberbecernos delante de los árabes. Debemos ser gente de verdad y justicia por nosotros mismos y no por ellos, y toda prédica en esta materia de buenas relaciones con los árabes inspirada por una concepción particular ajustada a estos, no tiene cabida. Nuestras relaciones deben ser buenas y rectas con todo hombre. (….) Y si ellos irán por otros caminos, si usarán la fuerza del puño y la mentira, podrán ciertamente causarnos daño pero no podrán desviarnos de nuestro rumbo ni nosotros lo abandonaremos.

O sea, hay que ser justos y rectos con los árabes pero no para sacar un beneficio sino porque es la forma correcta: no lo hacemos para caerles bien, lo hacemos porque es lo que hay que hacer. Si ellos, de todos modos, nos quieren atacar, debemos estar preparados para soportar estoicamente los sufrimientos: la espada y el látigo no son instrumentos judíos. Gordon es intransigente con respecto a esto: verdad y justicia ante todo. Hay que ser pacientes, en algún momento los árabes abrirán los ojos y verán que el sionismo es justo por naturaleza y estarán dispuestos a aceptarnos. Verán que el destino de los judíos y los árabes está unido inexorablemente y se acabarán los problemas.

En relación con todo esto, podemos mencionar el tema del “Pueblo elegido”. Para Gordon, la idea de que D-s eligió a un pueblo y lo elevó por encima del resto de la humanidad es absurda e injusta. Sin embargo, Gordon no rechaza de plano la idea del “Pueblo elegido” sino que la amolda para que encaje dentro de su sistema. El pueblo judío tiene una misión: transmitir la verdad y la justicia entre los pueblos (si esto les suena a Martin Buber o incluso a Rab Kook o a Rab Amital, no se equivocan). En este sentido, el pueblo judío es el “Pueblo elegido”. Sin embargo, falta la otra parte: el pueblo judío es el “Pueblo elegido” porque tiene una misión, sí, pero, en realidad, esto es así porque todos los pueblos son “Pueblos elegidos”. Es decir, cada pueblo tiene una misión única y específica: todos son “Pueblos elegidos” porque solamente ellos –y ningún otro- pueden cumplir esa misión que les es encomendada. Esto también lo podemos relacionar con el concepto de D-s de Gordon: una fuerza cósmica, que se encuentra en la naturaleza. Para Gordon, D-s no es una personalidad sino una fuerza así que no puede ser que elija a un pueblo por encima de otro porque no tiene afectos (no siente amor ni odio) pero sí es lógico suponer que haga que a cada pueblo le corresponda un lugar diferente en el orden cósmico natural.

El estilo de Gordon

Si leen a Gordon en hebreo, notarán que su estilo es poético y casi místico. Es repetitivo: da vueltas sobre lo mismo, repite las mismas palabras una y otra vez. Apela más a las emociones que a la razón. Muchas veces no argumenta sino que se deja llevar por la música de la poesía. Está muy influenciado por Schopenhauer y Tolstoi y tiene ciertas cosas del existencialismo. Por otro lado, utiliza palabras sencillas y un lenguaje claro: es poético, sí, pero no farragoso. No es estridente sino calmo, aunque sí enfático. Una de las características más importantes de los escritos de Gordon quizás sea el hecho de que fue el primer pensador que integró su sionismo dentro de un sistema filosófico amplio, que abarca a toda la naturaleza.

La influencia de A. D. Gordon

Gordon fue muy influyente en su época: era visto como un ejemplo viviente del trabajo hebreo y del esfuerzo por construir una patria en la Tierra de Israel. También era educador pero nunca recibió dinero por ese trabajo porque era contrario a sus ideales percibir un sueldo por enseñar. A pesar de que no fue un político profesional, sí fue un militante activo y uno de los fundadores de Hapoel HaTzair. En su época, fue muy influyente pero luego empezó a ser visto como un dinosaurio, cuyas ideas intelectuales, y principalmente sus acciones prácticas, eran anticuadas y poco adecuadas a los nuevos tiempos.

Hoy en día, Gordon es considerado uno de los principales pensadores sionistas y un precursor. Algunos filósofos y escritores destacan su pensamiento y varios intelectuales intentan rescatar sus ideas. Sin embargo, es muy difícil encontrarle herederos que sigan sus ideas al pie de la letra, y ni que hablar si hablamos solamente en términos políticos. Lo cierto es que es difícil armar un programa político realista a partir de sus ideas. Puede servir como inspiración pero es más un profeta que un político.

Por otro lado, Gordon, con su énfasis en la interrelación entre el individuo y la naturaleza, puede ser visto como uno de los primeros pensadores judíos ecologistas. Así, algunos académicos lo destacan como un precursor de la ecología y una de las fuentes principales a la hora de desarrollar una teología judía ecologista.

A su vez, si tomamos como válido lo que dijimos sobre la relación entre la Javaiá y Javá, entonces las cosas se ponen interesantes: si esta teoría es cierta, entonces A. D. Gordon hace del principio femenino uno de los ejes centrales de su filosofía. Si esto es así, podemos pensar en Gordon como un precursor del feminismo.

Ya que estamos hablando de intelectuales termino este artículo con un párrafo del discurso Escritores y obreros de Gordon, que pronunció cuando se fundó אגודת הסופרים (“Agudat HaSofrim”, Congreso de Escritores). Es un hermoso alegato contra el intelectual encerrado en su torre de marfil:

No existe ningún lazo orgánico entre los escritores y los obreros. Pareciera que para los obreros lectores no hay escritores, escritores que levanten la antorcha de las ideas y de la poesía e iluminen así la difícil senda del trabajo, o que creen ideas y un tipo de poesía que no surgen fácilmente del trabajo. La mayoría de los escritores se mantiene apartado de los obreros. En mi opinión, aun aquellos que se encuentran más cerca no levantan la antorcha de los ideales del trabajo, principalmente porque no viven esos ideales.

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