Israel Eldad

Filósofo, militante y terrorista

Israel Eldad nació en Galicia, en territorio de la actual Ucrania, en 1910 y falleció en 1996 en Israel. Fue líder político, filósofo y comandante del grupo paramilitar Leji. Nació en el seno de una familia religiosa pero relativamente moderna y estudió filosofía en la Universidad de Viena y cursó la carrera rabínica (aunque no se recibió de rabino). Militante de Betar (la organización juvenil del movimiento revisionista, normalmente más combativa que el mismo partido y que el propio Jabotinsky), era representante del ala más dura y autoritaria. Era compañero y amigo de Beguin pero terminarían peléandose por disputas ideológicas: para Eldad, Beguin era un mal político que traicionó los ideales que él mismo profesaba. Ya en Israel, se uniría al Leji, una de las tres organizaciones paramilitares judías que luchaban contra el Mandato Británico (las otras dos eran la Haganá y el Irgún; más adelante veremos más detalles del tema). Tras el asesinato de Abraham Stern, pasaría a ser uno de los tres líderes del Leji (los otros dos eran Natan Yellin-Mor, futuro integrante del movimiento canaanita, e Itzjak Shamir, futuro primer ministro de Israel). El nombre original de Eldad era Israel Scheib pero, cuando empezó a militar en el Leji, tuvo que pasar a la clandestinidad y usó varios seudónimos: los más famosos de ellos fueron Sambatyon y Eldad. Fue el autor intelectual del asesinato de Folke Bernadott, mediador enviado por las Naciones Unidas para resolver el conflicto judeo-árabe en la Tierra de Israel: el Leji lo veía como un agente del imperialismo inglés y consideraba que estaba dilatando adrede  la creación de un Estado judío. Ya creado el Estado de Israel, se opuso al plan de partición y llamó a conquistar Jerusalén. Eldad se oponía a que Leji se una al recién creado ejército israelí. Sin embargo, Ben Gurión presionó para terminar con la actividad paramilitar y le ganó la pulseada a Eldad. En las primeras elecciones israelíes, los antiguos veteranos del Leji se presentaron en una lista denominada Reshimat Halojamim (“Lista de los luchadores”). Ganaron un solo asiento en la Kneset (parlamento) y, para colmo, Yellin-Mor, el líder de la lista, empezó a tomar una postura pro-soviética y mucho más izquierdista. Eldad se volvió cada vez más crítico del partido y acusó a Yellin-Mor de traidor. Al poco tiempo, Ben Gurión hizo echar a Eldad de su puesto como profesor: pensaba que era peligroso que este dé clases y enseñe su ideología. Eldad demandó a Ben Gurión y ganó el juicio pero el daño estaba hecho: a Eldad le resultaría extremadamente difícil volver a la docencia. Así, se dedicaría a escribir libros (una autobiografía, comentarios sobre la Perashat HaShavúa -porción semanal de la Torá-, panfletos incendiarios) traducir a Nietzsche al hebreo y a polemizar una y otra vez sobre diversos temas de actualidad política. Gracias a su labor como traductor y escritor, ganaría el premio Bialik, el premio de humanidades más importante de Israel. Luego de la Guerra de los Seis Días, sería uno de los principales exponentes de ארץ ישראל השלמה (“Eretz Israel HaShelemá”, Gran Israel). También fue de los primeros en criticar en actual status quo con respecto a הר הבית (“Har HaBait”, el Monte del Templo) y llamar a los judíos a subir al monte.

El fascismo

Digámoslo de una vez: Israel Eldad era fascista. No, no es que sus opositores lo acusaban de fascista. Era fascista: él mismo se definía como tal. Ya me imagino la sonrisita socarrona de algún lector antisionista: “¿vieron? ¡Yo les decía, el sionismo es fascista e imperialista!”. No, nene, no te adelantes: Eldad era fascista, sí, pero es una persona mal vista por la amplia mayoría de los israelíes. Incluso muchos de los que lo rescatan, no lo rescatan por esa faceta sino por otras. La ideología de Eldad es marginal y minoritaria (aunque sí es cierto que tuvo un cierto apogeo después de la Guerra de los Seis Días).

Muchos de ustedes estarán pensando: “Ah, un fascista, seguro que es una basura de persona. Un tipo despreciable”.

Y ahí respondo: “Esperen, vamos por partes. Veamos qué es el fascismo, contextualicemos y ahí hablamos”.

Ojo, que quede claro: el fascismo es una porquería. No vengo a justificar al fascismo ni a ningún otro tipo de autoritarismo. Eldad no me despierta demasiada simpatía tampoco. Pero es importante entender qué es el fascismo verdaderamente. Estoy de acuerdo: el fascismo es despreciable y el mundo estaría mucho mejor sin esta ideología. Sin embargo, la palabra “fascista” está cargada de significados equivocados: un fascista es autoritario, es verdad, pero no todo autoritario necesariamente es fascista; un fascista defiende la propiedad privada, cierto, pero no la pone como valor supremo; un fascista es anticomunista, por supuesto, pero no necesariamente es un conservador en términos sociales; un fascista es corporativista, obviamente, pero no por eso es un mafioso; un fascista alaba el uso de la fuerza bruta, sí, pero no todo patotero es fascista; un fascista es elitista, claro, pero no necesariamente racista ni cree en la nobleza de sangre; un fascista es nacionalista y muchas veces ultranacionalista, de eso no cabe duda alguna, pero no todo nacionalista es fascista; un fascista cree en un liderazgo personalista y mesiánico, desde ya que sí, pero no por eso acepta la escala actual de autoridad; un fascista admira la violencia, evidentemente, pero no es un anarquista sino todo lo contrario; un fascista admira el orden, naturalmente, pero no por eso el slogan “Orden y progreso” es necesariamente fascista.

Para orientarnos, una lista de características del fascismo:

  • Autoritarismo.
  • Estado como representación de la nación.
  • Totalitarismo.
  • Anticomunismo.
  • Antiliberalismo.
  • Militarismo.
  • Exaltación de las jerarquías.
  • Exaltación del orden.
  • Elitismo.
  • Liderazgo personalista y mesiánico.
  • Líder que surge del pueblo y ungido por el mismo como su salvador.
  • Corporativismo.
  • Unipartidismo.
  • Ultranacionalismo.
  • Economía dirigista.
  • Exaltación de la guerra y la violencia.

El fascismo ha caído en el descrédito -y con razón- hasta tal punto que los fascistas actuales buscan otros nombres más vendedores para ganar apoyos pero es importante tener perspectiva histórica y entender que, entre 1920 y el fin de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo fue una ideología política muy concreta y socialmente aceptada: no era un estigma ser fascista sino una alternativa válida. A grandes rasgos, había tres ideologías: comunismo, fascismo y liberalismo. Hoy pareciera que el liberalismo ganó la batalla (digo pareciera porque uno nunca sabe las vueltas de la historia) y tanto el comunismo como el fascismo solamente se sostienen en reductos marginales. Sin embargo, es fundamental entender algo: en 1930, el fascismo era una alternativa real de poder. Una alternativa a la que muchísima gente –incluidos grandes intelectuales- adherían: Mussolini era un líder admirado por muchas personas. Muchos veían en el fascismo el futuro: creían que el liberalismo ya no era una alternativa, que el comunismo era el fin del mundo y que el fascismo, una salvación. En pocas palabras, el fascismo era una ideología y práctica política con amplio apoyo popular.

Ojo, de nuevo: no estoy diciendo que el fascismo sea bueno ni que todo el mundo era fascista. Estoy diciendo que el fascismo era percibido por muchos como la forma de gobierno y de vida del futuro. Repito por si no quedó claro (ya me los imagino comentando y poniendo palabras en mi boca que no dije, sí, a ustedes les digo, a los que modero por escribir teorías conspirativas sin sentido y no saber argumentar con racionalidad): el fascismo fue, es y será una porquería. Es una ideología a la que hay que atacar: es demostrable que es perniciosa. El fascismo es inmoral.

Sin embargo, todo esto no quita lo fundamental: el fascismo fue una ideología válida. Está viva todavía. Es una realidad, nos guste o no.

Una última aclaración: el fascismo no es lo mismo que el nazismo. El nazismo es un tipo de fascismo pero no todo fascismo es nazi. ¿Cuál es la diferencia? En el nazismo, hay un componente racial fundamental: el nazi es racista porque piensa que hay razas superiores e inferiores, y, en base a esta suposición, desarrolla un programa político. El fascista no es racista: no distingue entre razas superiores e inferiores. ¿Esto quiere decir que el fascismo está bueno? No, es mejor que el nazismo (casi cualquier cosa es mejor que el nazismo) pero los dos son desastrosos e inmorales.

El fascismo judío

Israel Eldad era fascista. Les guste o no a sus defensores. Objetivamente. A diferencia de Jabotinsky, por ejemplo, o Beguin, que pueden gustar más o menos pero no eran fascistas. ¿Fascista? ¿Estás seguro? Citemos al propio Eldad:

La dictadura de Mussolini no era mala para los judíos italianos ni para el sionismo hasta ese último paso tonto e innecesario hacia lo que parecía ser el bando vencedor y su apoyo a la Alemania hitleriana (…). Una dictadura autoritaria es la solución y alternativa a la democracia raída.

Para Eldad, como verán, el fascismo italiano era un ejemplo a seguir. Lo que sí critica es la alianza de Mussolini con Hitler. De nuevo: vean que fascismo y nazismo no son lo mismo. Es obvio que un judío no puede ser nazi: incluso un judío que se odie a sí mismo no puede aceptar la teoría racista nazi porque implica suicidarse. En cambio, un judío puede ser fascista (no entro en el tema de si el judaísmo es democrático o no o si es compatible ideológicamente con el fascismo o el autoritarismo; lo que es claro es que ser fascista no es contrario con ser judío; en todo caso la contradicción pasa por ideales y valores).

¿Israel Eldad fue el primer o el único promotor de la idea de un fascismo judío? No. Lamentablemente no. Para entender a Eldad, hay que volver hacia atrás y ver un poco de historia…

Jabotinsky no fue fascista sino un liberal parlamentarista (hay un excelente ensayo de Eldad en el que justamente critica la lectura de ciertos sectores de la izquierda israelí que presentan a Jabotinsky como si fuese un fascista). Sin embargo, sí es verdad que quedó maravillado por ciertos aspectos del régimen de Mussolini en Italia, como el orden y la disciplina militar. Betar, la organización juvenil del movimiento revisionista, era mucho más militante que el propio Jabotinsky y más extremista. Muchos de sus militantes eran visceralmente anticomunistas y sentían el llamado a la violencia: era la hora de la espada. Consideraban que la única forma de lograr el objetivo de crear un Estado judío era mediante el uso de la fuerza. Esto ya lo vimos con Beguin pero nunca está demás repetirlo: Jabotinsky confiaba en la bondad última de los británicos y llamaba a la violencia de manera retórica, como una forma de modificar los valores del judío del ghetto; por el contrario, muchos de sus seguidores más jóvenes (Eldad entre ellos) entendieron esto de manera literal: había que ser violentos, era necesario transformarse en militares. Además, Betar era (y sigue siendo ahora, aunque menos que antes) muy verticalista: esta forma de organización del poder alentó la formación de cuadros disciplinados y líderes autoritarios.

El primero en hablar explícitamente del fascismo en términos positivos fue Abba Ajimeir: admiraba muchísimo al régimen fascista italiano y llamó a crear un movimiento ultranacionalista judío que luche contra el imperialismo británico de manera terminal y hasta el final. La concepción de Ajimeir surge de un desprecio profundo tanto del comunismo como del liberalismo. Esta ideología fue denominada “Maximalismo revisionista” y fue muy, muy minoritaria. Sin embargo, puede ser vista como antecedente del Leji y, en menor medida, del Irgún.

Todos estos son antecedentes pero Eldad es original en muchos de sus planteos. Es más, él mismo escribe explícitamente sobre Jabotinsky lo siguiente:

Jabotinsky exigió un ejército y una política ofensiva en vez de autocontención (con la limitación de no atacar mujeres ni niños y no atacar por la espalda) pero, a pesar de esto, nunca dejó de decir que había conciencia en el mundo y que este era un mundo de jueces y no de ladrones. En la Convención Mundial de Betar de 1938, le dijo nada más y nada menos que a Menajem Beguin: “…Y si no creés en esto, podés tirarte al río Vístula” (…) Jabotinsky rechazó sin ninguna vacilación, teórica o práctica, toda dictadura y todo tipo de totalitarismo. Esta es una verdad fundamental con respecto a sus enseñanzas y su carácter. Fue una personal muy individualista, casi un anarquista. “Cada persona es un rey”, decía Jabotinsky, y con esto se refería a una libertad interior, el libre albedrío. Incluso la disciplina que Jabotinsky tanto pregonaba era el resultado de la decisión libre del individuo en cuanto tal.

O sea, Jabotinsky fue un liberal convencido. Fue una persona que defendió la libertad y que creía firmemente en un régimen parlamentario. No fue, como lo presentan algunos de sus adversarios políticos e ideológicos, un fascista ni un autoritario sino todo lo contrario: Jabotinsky fue lo que podríamos denominar un liberal burgués.

Y acá la cosa se pone interesante y lo que viene de acá en adelante es la diferencia básica entre Eldad y Beguin: Eldad critica a Jabotinsky. Dice que sus ideas son ingenuas y que su cosmovisión es anacrónica. Mientras que Beguin siempre idealizó a Jabotinsky, Eldad dice que Jabotinsky fue un paso necesario pero al que hay que superar. No podemos confiar en la conciencia del mundo ni dejarnos seducir por promesas vanas de las potencias. No tenemos que pensar a la diplomacia como un juego de caballeros sino como una arena donde se definen intereses políticos y económicos. En pocas palabras, Eldad dice que Jabotinsky ya fue: sus propuestas son anacrónicas. ¿Cuándo llegó a esta conclusión? En la época de la lucha contra el Mandato Británico. Como comandante del Leji y uno de sus principales publicistas e ideólogos, Eldad llegó a la conclusión de que el sionismo político de Jabotinsky estaba muerto porque no era adecuado a los nuevos tiempos: las nuevas condiciones históricas (acentuación del colonialismo británico en la Tierra de Israel, surgimiento del nacionalismo árabe, estallido de la Segunda Guerra Mundial, destrucción de la judería europea por parte de la Alemania nazi) exigían un sionismo militar. Más fuerte todavía, Eldad llamó a dejar atrás al revisionismo: para él, el Leji tenía que ser un movimiento amplio y no suscribirse a un solo sector de la nación judía. Había que formar un movimiento, y no un partido. Si saben algo de historia argentina y del peronismo, entenderán a qué se está refiriendo Eldad.

Dijimos que Eldad era filósofo. ¿Cuál es la base filosófica de su fascismo? Sucintamente, Eldad era un admirador de Nietzsche. Es más, es el principal traductor de la obra nietzscheana al hebreo y ganó importantes premios por esta labor. Como sabrán los lectores que tengan unos mínimos conocimientos de filosofía, Nietzsche es un autor sumamente ambiguo y que ha dado pie a numerosas interpretaciones. Hablando desde el ámbito estrictamente político, hay lecturas nazis, fascistas, izquierdistas, socialistas, postmodernas, antiimperialistas, liberales y hasta anarquistas de su obra. Así, si les digo que Eldad admiraba a Nietzsche, eso no quiere decir necesariamente que su lectura era fascista. Para entender por qué digo que sí, que la lectura de Eldad era claramente fascista, habría que entrar a ver más en profundidad cuáles elementos de la obra nietzscheana se encuentran presentes y tienen peso en la de Eldad.

Eldad y Nietzsche

Arranquemos desde la base. Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán que nació en 1844 y falleció en 1900. Si hubiese que armar una lista de los cinco filósofos más influyentes de los últimos tres siglos, Nietzsche entra en la lista seguro. No voy a ponerme a explicar toda la filosofía nietzscheana porque no terminaría más y no es tampoco la idea del artículo. Voy a explicar de manera sucinta pero lo más clara posible los elementos del pensamiento de Nietzsche que más influyen en Israel Eldad.

Muchos académicos llaman a la filosofía de Nietzsche “Filosofía vital”. ¿Por qué? Porque pone por encima de todo a la vida. ¿Y qué significa esto? Que pone a lo concreto por encima de lo abstracto. A Nietzsche le interesa más la realidad cotidiana que los conceptos fríos de la filosofía racionalista. Simplificando a grosso modo, Nietzsche es conocido por ser el filósofo que puso el acento sobre la vida en vez de la obra filosófica. Dicho de otra manera, Nietzsche defiende vivir la vida: dejémonos llevar por el torbellino de la vida, no seamos filósofos encerrados en la torre de marfil, encasillados en categorías filosóficas de pensamiento sin relevancia práctica. En relación a esto, Nietzsche revaloriza lo corporal: el cuerpo, el hecho de ser personas de carne y hueso. Un ejemplo muy claro y revelador: Descartes dice “Pienso, luego existo”. Vean que, en Descartes (y toda la filosofía occidental hasta Nietzsche) el “Pensar” es lo que define al ser humano: “Pienso, luego existo”. Soy porque pienso, soy porque soy un animal racional. Nietzsche ataca esta premisa y argumenta que el hombre no es un ser racional y que el simple hecho de definir nuestra existencia en términos de pensamiento es un error fundamental: somos porque vivimos, no porque pensamos.

¿Y esto cómo se relaciona con Eldad? En que Eldad dice que hay que priorizar al pueblo judío concreto, con sus vicisitudes y su cotidianidad, por sobre el judaísmo abstracto y puro. Esto no quiere decir que Eldad no tenga ideas muy claras sobre lo que es el judaísmo, porque las tiene y las trataremos más adelante.

Otro elemento importante en la obra de Nietzsche es la Voluntad de poder. Para Nietzsche, el ser humano tiene un deseo insaciable de poder: siempre quiere más. Este concepto no se refiere solo al poder político: el hecho de desear una mujer o de querer tener más dinero o el mero hecho de querer permanecer vivo implican una Voluntad de poder. Vale decir: el ser humano es ambicioso.

Eldad toma este concepto y lo aplica al ámbito político: la Voluntad de poder de la nación es insaciable. La nación judía quiere la independencia política, y la va a alcanzar por cualquier medio posible. La nación judía quiere colonizar toda la Tierra de Israel, y lo va a lograr porque su voluntad es inigualable y poderosa.

Un tercer concepto en la obra de Nietzsche es el Súperhombre. Para Nietzsche, el ser humano tenía que superarse y formar una nueva especie: el Súperhombre. Este Súperhombre sería una persona que crea su propio sistema de valores más allá del bien y del mal en base a su propia Voluntad de poder. Un hombre que no se siente constreñido por las ataduras morales, intelectuales o estéticas y que rompe con los valores aceptados. Este concepto da pie a un llamado a la rebelión contra la sociedad y sus valores decadentes.

Esta idea del Súperhombre toma tres significados, algunos de ellos contradictorios, para Eldad:

  • Rebelarse contra el orden imperante.
  • Liderazgo fuerte.
  • No contenerse por razones morales.

El punto 1) se expresa claramente con el Leji: hay que rebelarse y golpear al Imperio Británico. Hay que demostrarle lo que valemos. Hay que superar al enemigo. Posteriormente, ya creado el Estado de Israel, Eldad sería uno de los mayores críticos del establishment político e intelectual, acusando a muchos referentes de incapaces, débiles e ingenuos. El punto 2) está obviamente relacionado con el tema del fascismo: el Súperhombre es el líder. Es un hombre que superó las trabas de la sociedad y se erigió como cabecilla indiscutido de un grupo o de la nación entera. Es el líder que es aclamado como tal por sus características sobresalientes. El punto 3) está también relacionado con la militancia política de Eldad: éste decía que el Leji era el único grupo del pueblo judío que estaba dispuesto a llevar la guerra de liberación nacional hasta las únicas consecuencias y soportar las penurias de esta, así como no detenerse frente a los obstáculos psicológicos, morales o utilitarios.

Nietzsche escribió un libro sobre la tragedia griega. Allí, explica que hay dos tipos de arte (o mejor dicho, dos principios en el arte): el dionisíaco (desenfrenado, arrítmico, irracional, asimétrico, romántico, oscuro, orgiástico, extático, decadente) y el apolíneo (racional, claro, rítmico, simétrico, armonioso). Justamente Nietzsche admira la capacidad de la tragedia griega para mezclar estos dos principios de manera orgánica. Por otro lado, Nietzsche pone a la poesía y al arte por encima de la razón, diciendo que hay que formar filósofos-poetas en vez de filósofos-científicos. Estas dicotomías llevan a algunos autores a postular que Nietzsche quiere una vuelta al mito: quiere retornar a esa vida mitológica de la Antigüedad.

Eldad también, bajo un ropaje racionalista, presenta una visión muy mitológica. Ya veremos más adelante los quiebres en el Leji y cómo de allí surgieron dos grupos bien diferenciados y extremistas: el canaanismo y el neo-sionismo. Es muy interesante cómo los dos grupos, tan diferente entre sí, tienen una base en común.

Antiimperialismo e imperialismo

El Leji se definía a sí mismo como un movimiento antiimperialista: su objetivo era derrocar al Mandato Británico en la Tierra de Israel e instaurar un Estado judío. Resulta interesante que el tema árabe no ocupaba un lugar demasiado destacado en el Leji y parece que muchos de sus líderes pensaban que, una vez derrocado el régimen colonial inglés, el conflicto judeo-árabe se solucionaría. De acuerdo a esta visión, el nacionalismo árabe era consecuencia de las provocaciones inglesas y no un desarrollo interno de la propia sociedad árabe. Cuando fue creado el Estado de Israel y estalló la Guerra de Independencia contra las naciones árabes, resultó obvio que esta visión era ingenua y peligrosa.

¿Qué decía Eldad? Este es un punto interesante. Eldad se definía como antiimperialista. También dijimos que estaba dispuesto a todo con tal de derrocar al Régimen Británico. Así, el Leji se transformó en una organización terrorista. Por supuesto, ellos se llamaban a sí mismos luchadores por la libertad. Consideraban que estaban en una guerra contra el Imperio Británico y todo era aceptable a sus ojos para ganar la guerra. Sin entrar a discutir si esto nos parece justo o correcto, quiero que noten algo: para Eldad, la lucha contra el Imperio Británico es, evidentemente, una lucha por la independencia nacional, pero también es una lucha contra el imperialismo. Es más, Eldad es extremista a más no poder en los alcances de esta lucha. Escribe que:

Si el Parlamento Británico, el Palacio de Buckingham o el Ministerio de Relaciones Exteriores no volaron por los aires, no es porque no queramos provocarlos o hacerlos enojar. Tampoco es porque tengamos miedo de las consecuencias. El problema es que nuestros muchachos en Londres no nos enviaron todavía ningún plan práctico, aunque están trabajando en ello y esperamos sus cartas y les estamos mandando explosivos a Inglaterra y Francia.

¿Eldad era un terrorista? Sin lugar a dudas. Y no, lector antisionista, no todos los sionistas son terroristas. De hecho, la amplia mayoría odia a Eldad. Y sí, Eldad estuvo en la cárcel por sus acciones.

Una gran paradoja en el pensamiento político de Eldad es que es antiimperialista pero…¡él mismo está convocando al pueblo judío a ser imperialista al conquistar toda la Tierra de Israel, sin importar si viven allí árabes (ya sean palestinos, jordanos o libaneses)! ¿Cómo se explica esta paradoja?

Sencillo: para Israel Eldad, el pueblo palestino no existe. Es un invento creado para expulsar a los judíos de Israel. La idea de que Palestina es un pueblo es una fantasía: los palestinos no tienen un territorio ni una lengua en particular, ni una cultura distintiva, ni una literatura propia, ni costumbres que los distingan de otros pueblos. Para Eldad, todo el mundo árabe es una gran nación: no hay palestinos, jordanos, libaneses, yemenitas ni sirios sino árabes, a secas. Las fronteras actuales de Medio Oriente son un invento de las potencias europeas y no reflejan la existencia de naciones sino los intereses de los colonizadores (¿notan el argumento antiimperialista?). A su vez, lo que molesta no es la existencia de un país llamado Israel sino que este sea un Estado judío. Si los árabes son todos una gran nación y los árabes no aceptan la existencia de un Estado judío, entonces no existe un “Conflicto israelí-palestino”: el conflicto es “Judeo-árabe”. ¿Ven la diferencia? El problema no es entre la nación israelí y la palestina sino entre judíos y árabes. Esto quiere decir que estamos frente a una situación muy complicada: el pueblo judío contra todos los árabes. ¿Cómo sobrevivir? La respuesta de Eldad es: prepararse para la guerra. Israel tiene que organizar toda su economía en base a esta premisa. ¿Esto fue aplicado alguna vez en la historia de Israel? Lo más cercano fue el gobierno de Itzjak Shamir, también comandante de Leji. Todos los expertos coinciden en señalar que el gobierno de Shamir fue un desastre y que no estuvo para nada a la altura de las circunstancias.

Eldad se opone a cualquier tipo de concesión territorial. Según él:

Hoy les das la Tumba de los Patriarcas, mañana toda la Tierra de Israel.

Quiero que noten que la justificación de Eldad es diferente a la de Rab Z. Y. Kook: mientras que Rab Kook hijo niega la posibilidad de concesiones territoriales por cuestiones normativas religiosas, Israel Eldad lo hace por razones prácticas. Si los árabes ven que el pueblo judío cede, van a exigir que ceda más. El resultado será la completa aniquilación del Estado de Israel, y, con él, el fin de la soberanía política del pueblo judío en su propio tierra.

Pero la cosa no se queda ahí: Eldad dice que Israel tiene que enzarzarse en una guerra de conquista contra los árabes para liberar los territorios de la Tierra de Israel que no son parte del Estado de Israel. Sin importar lo que digan la ley internacional ni las grandes potencias, Israel tiene que tener soberanía sobre toda la Tierra de Israel si quiere ser un país completo. Eldad está dispuesto a una guerra total contra los árabes. Hay un video en internet de un debate entre Yeshayahu Leibowtiz (referente de la izquierda más radical en términos territoriales) y Eldad (que representa precisamente lo opuesto, la derecha más radical en cuanto a territorios) . También hay una versión animada y muy corta con subtítulos en inglés. Lo más interesante del debate en cuanto al tema de hoy (porque, la verdad, el video es súper interesante y toca un montón de temas candentes y podría ser tema de uno o varios artículos por sí mismo) es que los dos parten de las mismas premisas: la existencia del Estado de Israel es una molestia para los árabes y mantener el status quo va a llevar a una guerra total contra todo el mundo árabe, no solo contra los palestinos. Así, Leibowitz dice que la solución es dividir la Tierra de Israel en dos (una parte para los palestinos, otra para los judíos), aún cuando esta división sea injusta, arbitraria y no deje a nadie contento; Eldad le retruca que eso no va a solucionar nada porque los árabes van a seguir atacando igualmente a Israel y que él no está dispuesto a aceptar ninguna división porque considera que la Tierra de Israel es la tierra del pueblo judío.

Eretz Israel Shelemá

Llegamos a uno de los conceptos fundamentales en la obra de Eldad: ארץ ישראל השלמה (“Eretz Israel HaShelemá”, La Tierra de Israel completa, muchas veces traducido como “Gran Israel”). Ya hablamos de este tema con Jabotinsky, con Beguin y con Rab Kook hijo. Es una de las banderas históricas del revisionismo: no partir la Tierra de Israel en dos y defender a toda costa el derecho del pueblo judío a su territorio. Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, lo que diferencia a Eldad de todas las otras personas que hemos mencionado en este blog es hasta dónde está dispuesto a llegar con tal de liberar toda la Tierra de Israel y por qué la quiere. Jabotinsky quería toda la Tierra de Israel pero también era un firme defensor del liberalismo: es probable que, si hubiese vivido en la época de la creación del Estado de Israel y hubiese visto las reacciones del mundo árabe y, específicamente, de los palestinos, habría aceptado la partición para evitar que el Estado judío se diluya por la cantidad de árabes viviendo dentro de Israel. Beguin siempre había sido un firme defensor de la indivisibilidad de la Tierra de Israel…hasta que fue Primer Ministro y firmó los Acuerdos de Camp David, por los que Israel se retiró del Sinai y muchos otros territorios (dicho sea de paso, Eldad criticó sin tregua a Beguin por esto y lo acusó de ser un traidor y haberse vendido al mejor postor, desechando todos sus ideales). Rab Z. Y. Kook también era un defensor firme de la indivisibilidad de la Tierra de Israel pero nunca presentó un programa político claro: el componente territorial estaba subyugado a su visión mesiánica y su negativa a ceder territorios no derivaba de cuestiones relativas a la seguridad sino de una ley religiosa.

Eldad, a diferencia de los tres antes mencionados, es totalmente consciente de las consecuencias de la liberación/colonización de la Tierra de Israel completa y está dispuesto a pagar el precio. ¿Cuáles son estas consecuencias?

  • La absorción dentro del Estado de todos los árabes que viven en ese territorio (varios millones).
  • La guerra que se desatará contra los países árabes.
  • Las acusaciones a nivel internacional contra Israel.

El punto 1) es algo de lo que hablamos varias veces en este blog: si varios millones de árabes se unen al Estado de Israel, en poco tiempo pasará a haber una mayoría árabe, que podrá definir el destino del país. Como consecuencia, el Estado de Israel no será un Estado judío sino árabe, sin importar lo que digan los papeles. Hay tres posibles soluciones, y todas son aceptadas por Israel Eldad (aunque veremos que algunas le parecen más interesantes que otras):

  1. Negarles ciertos derechos políticos a los árabes: que los árabes no voten, por ejemplo, haría que no tengan representación en la Kneset.
  2. Expulsar a los árabes: hacer que se vayan a Jordania, Líbano, Siria o cualquier otro país.
  3. Impulsar una inmigración masiva de judíos hacia Israel.

Como ven, la opción a) es absolutamente antidemocrática. A Eldad eso no le importa: pone al nacionalismo por encima de los valores democráticos. La opción b) es bastante problemática desde el punto de vista moral y, encima, muy compleja desde el punto de vista práctico: ¿cómo hacer que millones de árabes se vayan de un país? No es imposible pero sí complicado (y, por supuesto, moralmente reprobable). La opción c) es la más moral pero también es muy complicada: implica mantener la mayoría judía no mediante la disminución de la población árabe sino mediante el aumento de la judía. Ahora bien, la pregunta es: ¿los judíos que viven en la Diáspora están dispuestos a emigrar hacia Israel? Sí, quizás los judíos franceses estén sufriendo el antisemitismo y decidan que Israel es un destino deseable y quizás haya un número de personas ideológicamente motivadas que consideren que deben vivir en Israel pero… ¿qué hacer con todos los judíos que están cómodos en su país de origen, se sienten orgullosos de su patria y no están dispuestos a abandonar todo e irse a Israel? Eldad es terminante: los judíos deben vivir en Israel, no hay otra opción. Los judíos diaspóricos son cobardes que se niegan a enfrentar el desafío de la hora.

El punto 2) es evidente: si Israel intenta conquistar/liberar territorios en los que están asentados árabes, entonces los países árabes van a atacar a Israel. Eldad, a diferencia de Rab Z. Y. Kook, es totalmente consciente de esto y llama a prepararse para la guerra: la economía israelí, según él, debe girar en torno al esfuerzo bélico.

El punto 3) también me parece bastante evidente: si hoy Israel recibe críticas por la comunidad internacional, imagínense lo que ocurriría si Israel decidiese enzarzarse en una guerra deliberada contra el mundo árabe. Eldad, una vez más, es consciente de esto.

Miren esta cita de Eldad que resume perfectamente su visión sobre el tema:

Todos los responsables por la derrota y los errores deben hacerse a un lado. Eso en primer lugar. En segundo lugar, hay que pasar a una vida de trabajo y moderación, para que no dependamos tanto de las grandes potencias. Quien cree que todo se arregla con la renuncia a Eretz Israel Shelemá o a una Eretz Israel grande tiene que tener presente que la guerra de Yom Kipur no estalló por territorios. Si lo que importa son los territorios, ¿por qué estalló la guerra de 1948? Entonces no teníamos en nuestro poder ningún territorio y los judíos que fueron degollados en Jebrón durante los desmanes ni siquiera eran sionistas. Lo que se da aquí es una lucha por la supervivencia: o nosotros o ellos. Decir nosotros significa el dominio de Israel sobre Eretz Israel con fronteras estratégicas y geopolíticas amplias, con sus intereses económicos.

Es importante tener presente la diferencia de enfoque entre Israel Eldad y Rab Z. Y. Kook. Los dos quieren que el Estado de Israel expanda sus fronteras hasta ocupar toda la Tierra de Israel pero el motivo de por qué quieren esto es absolutamente distinto. Empecemos con lo que los une: los dos aceptan que la Tierra de Israel le pertenece al pueblo judío. Pero, ¿por qué? Para Eldad, Israel tiene que colonizar toda la Tierra de Israel porque esta es una unidad: las actuales fronteras de Medio Oriente son un invento de las grandes potencias europeas y, por ende, son totalmente arbitrarias. Las verdaderas fronteras son geográficas: ríos, montañas, etc. Se trata de una cuestión geográfica: poner una línea y decir “Acá Israel, allá Palestina, más allá Jordania” (que es lo que hicieron las grandes potencias cuando se decidió la partición de la Tierra de Israel) es una burla porque se crean fronteras artificiales sin sentido. Además, hay un tema de seguridad, que es lo que veíamos un párrafo más arriba: si hay fronteras claras, es más sencilla la defensa del país en caso de guerra. Para Rab Kook hijo, en cambio, se trata de un precepto religioso: colonizar la Tierra de Israel es una obligación porque nos lo comanda D-s. A Rab Z. Y. Kook no le importan la seguridad ni los límites naturales sino lo que él considera que es la voluntad Divina.

Para que resulte más clara la diferencia, veamos un caso paradigmático: הר הבית (“Har HaBait”, El monte del Templo). Según la Halajá, hay una prohibición de subir al Monte de Templo: como allí estaba emplazado el בית המקדש (“Beit HaMikdash”, Gran Templo), para pisar esa área hay que purificarse por medio de rituales que solo pueden hacerse con el Beit HaMikdash en pie. Como el Beit HaMikdash fue destruido en el año 70 D.C. y todavía no se reconstruyó, tenemos un nivel de impureza inevitable justamente porque el ritual necesario para purificarse no se puede hacer en las circunstancias actuales. ¿Hasta ahora estamos? En base a esto, prácticamente todos los פוסקי הלכות (“Poskei Halajot”, Legisladores religiosos judíos) hasta hace unos veinte o treinta años argumentaban que está prohibido subir al Monte del Templo. Además, el Estado de Israel sancionó una ley por la cual los musulmanes pueden subir al Monte del Templo pero no los judíos. De esta forma, los musulmanes pueden visitar Al-Aqsa y el Domo de la Roca pero los judíos no pueden visitar el lugar donde estaba el Beit HaMikdash. Resumamos:

  • Ley religiosa: nadie puede subir al Monte del Templo porque no tenemos el nivel de pureza necesario.
  • Ley estatal: los musulmanes pueden subir al Monte del Templo; los judíos, no.

Quiero que entiendan que estas dos leyes no son idénticas ni tienen las mismas motivaciones ni la forma de llegar a la ley es la misma. Para la Halajá, el problema es una cuestión religiosa y ritual; para la ley estatal, la permisión para los musulmanes y la prohibición para los judíos es una forma de evitar conflictos entre estos dos grupos, dándoles asimismo a los musulmanes la posibilidad de visitar lugares importantes para ellos (Al-Aqsa y el Domo de la Roca).

Para Rab Z. Y. Kook, los judíos no deben subir al Monte del Templo: la Halajá lo prohíbe y punto. Para Eldad, en cambio, los judíos deben subir al Monte del Templo porque es una forma de marcar territorio: es una manera de decirles a los musulmanes que estamos aquí y que ese territorio nos pertenece, les guste o no, y que aquí mandamos nosotros. Más allá de la diferencia en el resultado (uno prohíbe subir al Monte del Templo, el otro todo lo contrario), quiero que noten la diferencia de enfoque: en la base del análisis de Rab Z. Y. Kook, hay un precepto religioso, y este es inamovible; por el contrario, Eldad basa su análisis en cuestiones nacionalistas: no le importa lo que diga o deje de decir la Halajá. Más aún, Eldad llama abiertamente a desobedecer la ley estatal (que prohíbe a los judíos subir al Monte del Templo) para mostrarle al mundo árabe que eso es parte del territorio israelí y que ellos no son más que turistas: es una manera de marcar soberanía política sobre el terreno. Eldad, con su llamado a la desobediencia civil con respecto al Monte del Templo, sigue la línea que había empezado con la creación del Estado y la partición del Estado de Israel en dos (cuando, en un principio, se había negado a que el Leji se una al recién creado ejército de defensa israelí) y que se extiende hasta la retirada unilateral de Gaza (durante la cual muchos colonos, principalmente del movimiento sionista religioso, se negaron a cumplir las órdenes del Estado), pasando por los Acuerdos de Oslo (que terminaron con el asesinato de Itzjak Rabin).

Maljut Israel

Hay un concepto muy importante en el pensamiento de Eldad. Es מלכות ישראל (“Maljut Israel”, Reino de Israel). Si recuerdan el artículo sobre Rab Yehuda Amital, se acordarán que, en ese contexto, habíamos hablado de Maljut Israel. Bueno, olvídense. La idea de Rab Amital no tiene nada que ver con la de Eldad. ¿Qué significa en el contexto del artículo de hoy? Citemos directamente a Eldad:

Maljut Israel, la soberanía de Israel desde el Éufrates hasta el río de Egipto, no solo es posible sino también necesario e inevitable. Por otro lado, el actual Estado de Israel, con su régimen, fronteras y objetivos, no es una posibilidad sustentable a largo plazo. Si no sirve como base real para lograr el objetivo del Maljut Israel, entonces no es una realidad en absoluto.

Primeros tres puntos que podemos extraer de esta cita:

  • Soberanía sobre toda la Tierra de Israel.
  • El actual Estado de Israel es defectuoso y su único valor es que conduzca al Maljut Israel. Si no lo hace, será un rotundo fracaso.
  • Maljut Israel es una necesidad vital.

Citemos a Eldad nuevamente para ampliar la definición de Maljut Israel:

Maljut Israel incluye la combinación dinámica de estas tres revoluciones:

  • La evacuación del Exilio y el retorno de todo el pueblo judío a la Tierra de Israel. El pueblo judío es uno solo, una unidad, ya sea por su propia decisión o por factores externos, ya sea por necesidad o por razones de raza y sangre, ya sea por motu proprio o por decisión de los no judíos.
  • La liberación de toda la Tierra de Israel, de acuerdo a la promesa Divina, desde el Éufrates hasta el Nilo.
  • Retorno, renovación y renacimiento de los valores básicos del judaísmo, de acuerdo a los principios de la fe y la profecía, por intermedio de nuestros logros espirituales, para así desarrollar una cultura renovada a través de nuestras fuerzas interiores escondidas y reprimidas.

Fíjense que Eldad está totalmente en contra de la visión de Ajad Haam: el sionismo no tiene que crear un centro espiritual o cultural ni atraer solo a una élite religiosa, artística, científica o intelectual. El objetivo del sionismo es el retorno del pueblo judío a la Tierra de Israel, sin excepciones: todo el pueblo judío a toda la Tierra de Israel, para así instaurar un Estado glorioso, que signifique la restauración del honor del pueblo judío en su tierra. A su vez, el lenguaje religioso –Eldad habla de fe y profecía, de promesas Divinas y de fuerzas espirituales- parece llevarnos a creer que Eldad era un religioso ortodoxo. ¿Esto es así o no? Veamos…

La ortodoxia de Eldad

Israel Eldad es un caso especial y muy interesante para entender la diferencia entre el judaísmo israelí y el judaísmo diaspórico. Empecemos con un dato medio estúpido: Eldad no usaba Kipá. Sin embargo, sí comía Kosher y respetaba el Shabat de acuerdo a la Halajá. Entonces, la pregunta sigue en pie: ¿Eldad era un judío ortodoxo?

Para entender esto, habría que empezar a desandar el camino de por qué se dice que el judaísmo es una religión y qué significa exactamente eso de ser ortodoxo. Para entender bien a Eldad, con lo de hoy debería bastar. Si quieren algo más de detalle, hagan click en el link de arriba.

Empecemos con una obviedad: para la amplia mayoría de los judíos israelíes, el judaísmo no es una religión sino una nacionalidad (mientras que, para muchos judíos diaspóricos, la cuestión es justamente al revés). Ya hablamos un poco de esto con Hilel Kook. El tema es justamente que el judaísmo no es una religión ni una nación: es un híbrido. O mejor dicho, algo que no encaja en ninguno de estos dos moldes (“religión” o “nación”). ¿El motivo? Sencillo: “religión” y “nación” son términos del pensamiento occidental y cristiano, que hacen referencia a conceptos de esa civilización y que no tienen por qué aplicar a otras civilizaciones (y si no, piensen en el budismo o en el hinduismo y díganme si son una religión o no, o explíquenme si China es una nación o varias naciones o definan claramente la diferencia entre “árabe” y “musulmán” y háblenme de cómo las fronteras actuales de África y Asia corresponden a Estados-nación o a algún otro tipo de geopolítica). Si intentamos definir al judaísmo en los términos del cristianismo y buscamos sus dogmas, su Iglesia, sus curas, sus sacramentos y su jerarquía eclesiástica…¡Estamos en el horno! Y lo mismo nos pasa si intentamos definir al judaísmo en términos del nacionalismo moderno europeo.

Así que no, Eldad no era “religioso”, aunque sí cumplía muchos de los preceptos que denominamos religiosos a falta de otra palabra.

Y tampoco era “ortodoxo”. Este término hace referencia a un movimiento dentro del pueblo judío que surge en Alemania a mediados del siglo XIX  y que define al judaísmo como una religión (definición que, vimos recién, es inadecuada). Para colmo, “ortodoxo” significa, etimológicamente, “Pensamiento correcto”, dando a entender que hay pensamientos correctos y otros que no lo son, idea totalmente ajena al acervo cultural judío.

Y Eldad no era “ortodoxo”: no seguía el “Pensamiento correcto”. Nos puede gustar más o menos (y a mí no me gusta ni un poquito, la verdad sea dicha), pero Eldad no seguía al rebaño ni era un hombre de “Pensamientos correctos” sino todo lo contrario: era combativo e iconoclasta.

Pero más allá de todos estos divagues, lo más importante es que, para Eldad, los preceptos religiosos no tienen valor de por sí sino que son un atributo de la nacionalidad: le importa más el pueblo judío concreto y real que las cuestiones abstractas. No se olviden que Eldad es un nietzscheano.

Neo-sionismo y post-sionismo

Leji se dividiría en dos a poco de surgir el Estado de Israel: un bando, liderado por Israel Eldad, profundizaría el nacionalismo; el otro, liderado por Natan Yellin-Mor, profundizaría el antiimperialismo. Del bando nacionalista surgiría lo que se dio en llamar el Movimiento por Eretz Israel Shelemá y, luego, el neo-sionismo; del antiimperialista, el canaanismo y, más tarde, el post-sionismo.  Ya hemos hablado del error de muchas personas que piensan que el post-sionismo surge de la “Izquierda socialista” y de Avodá. Ahora le toca a otro malentendido: aquel que dicta que el movimiento por Eretz Israel Shelemá (la Tierra de Israel indivisa) surge del sionismo religioso.

No, el movimiento por Eretz Israel Shelemá surge del Leji, más específicamente de Israel Eldad. Es cierto que tomó apoyos del sionismo religioso (así como es cierto que el post-sionismo tomó apoyos del sionismo socialista) pero su origen no es el sionismo religioso sino el ultranacionalismo de una parte del Leji.

El neo-sionismo es un término que hace referencia a todo lo que hemos visto hasta ahora de Eldad: un sionismo que llama a conquistar toda la Tierra de Israel, que no cree en la cooperación con los árabes y descree del socialismo, que bebe de fuentes religiosos pero las reinterpreta desde un punto de vista nacionalista radical, que niega la existencia de un pueblo palestino y que interpreta todo el conflicto israelí-palestino como un choque judeo-árabe, que cree que toda oposición a su forma de entender el sionismo es antisemita y que exalta la violencia como forma de hacer política.

A partir de mediados de los 70, cuando llegó por primera vez al poder el Likud, y ni que hablar durante los períodos en los que Itzjak Shamir fue Primer Ministro, Eldad empezó a ser visto como la cumbre y el paradigma del sionista comprometido. Esto marca la temperatura del enorme vuelco cultural que se dio en Israel durante esa época, tal como lo hablamos en el artículo sobre Menajem Beguin. Pónganse en contexto: el mismo hombre que había sido expulsado de su trabajo como profesor por la mediación del Primer Ministro (Ben Gurión) por sus ideas peligrosas y extremistas, ahora era el que salía en todos los noticieros como una figura autorizada para hablar de política y actualidad. Eldad había pasado de ser un intelectual marginado a ser el ejemplo del intelectual comprometido con su tiempo. Obviamente esto puso en alerta a muchos intelectuales sionistas más moderados, que veían cómo el discurso sionista degeneraba hacia el extremismo, el ultranacionalismo y la ceguera chovinista. Así, muchos se sintieron en la obligación de demostrar que el sionismo de Eldad era una degeneración de los verdaderos y originales valores sionistas: el humanismo, el respeto por el otro, el rechazo de los fanatismos y el socialismo son valores que están presentes en la amplia mayoría de los primeros pensadores sionistas y que Eldad simplemente ignora o desprecia.

Las influencias de Eldad y su impacto

Eldad explícitamente menciona a sus influencias. Cito de su panfleto Israel: el camino a la Redención total:

Si el movimiento sionista hubiese seguido su curso, tal como lo señalaron Herzl, Nordau y Jabotinsky, un tercio del pueblo judío no hubiese sido destruido y la Tierra de Israel no hubiese sido dividida. (…) El único que verdaderamente comprendió lo que estaba ocurriendo en el Exilio, la Tierra de Israel y todas sus consecuencias fue Uri Zvi Greenberg. Pero claro, nadie le prestó atención a su “poesía emocional”.

Como pueden ver, hay una mezcla de autores políticos (Herzl, Nordau y Jabotinsky, de quienes ya hemos hablado) con artistas (Uri Zvi Greenberg, poeta que escribe sobre el renacimiento judío, la construcción del Tercer Beit HaMikdash y la restauración de la gloria de Israel). Eldad no menciona a ningún sionista socialista: para él, el verdadero sionismo es el suyo y el resto no son más que mezclas impuras y falsos remedios.

¿Cuál es la influencia de Israel Eldad? Su hijo, Arieh Eldad, fundó el partido político Otzmá Yehudit (Fuerza judía), y es uno de los referentes del Kahanismo en la actualidad. Es un partido político totalmente marginal, al punto de no tener representación en la Kneset. Otzmá Yehudit es un partido que pugna por el establecimiento de un Estado judío a lo largo de toda la Tierra de Israel, rechaza que vivan en él árabes y llama a expulsarlos, ya sea por medios violentos  o no violentos. De nuevo para los antisionistas que lean esto: Otzmá Yehudit es absolutamente MARGINAL. ¡No llega a tener a representación en la Kneset! ¡No es representativo de las autoridades israelíes ni del sionismo! Así que podríamos decir que Israel Eldad, a pesar de todo, sigue siendo un personaje extremista. Aunque es cierto que algunos lo admiran (y normalmente los que lo admiran son personas altamente ideologizadas), sigue siendo una figura periférica, que no cala hondo en lo profundo de la sociedad israelí por su extremismo y fanatismo.

Aaron David Gordon

El trabajador incansable

Aaron David Gordon nació en Rusia (hoy Ucrania) en 1856 y falleció en la Tierra de Israel en 1922. Es uno de los principales ideólogos del sionismo socialista y fundador de הפועל הצעיר (“Hapoel HaTzair,“El obrero joven”, partido político sionista socialista no marxista). Gordon nació en una familia relativamente acomodada y recibió una educación religiosa tradicional. A los 18 años, fue llamado a servir en el ejército ruso. Su familia, como era habitual, intentó por todos los medios posibles que sea eximido. Gordon se negó en rotundo a no cumplir su deber como ciudadano y se alistó en el ejército. Sin embargo, terminó por ser rechazado por sus malas aptitudes físicas. Ya con esta anécdota estoy adelantando dos temas que veremos más a fondo: su inquebrantable moral y las habilidades físicas. Se casó joven y tuvo siete hijos, cinco de los cuales fallecieron en su niñez. Esto –creo que ni hace faltar mencionarlo- afectó muchísimo a Gordon. Trabajó más de 20 años como empleado de rango alto pero no soportaba esa vida acomodada y burguesa. A los 48 años, se fue a vivir a la Tierra de Israel. Unos años después, le siguieron su esposa, quien fallecería a los pocos meses, y su hija (su otro hijo no, por divergencias ideológicas). Ya en la Tierra de Israel, hizo del trabajo manual y agrícola un modo de vida y la fuente de su sustento material y espiritual. Se transformó de manera involuntaria en un ejemplo para la joven población judía que emigraba a la Tierra de Israel: era un anciano de barba larga venerado como maestro y educador y trabajador incansable.

Vivencia y conciencia

Para entender cabalmente el sionismo de A. D. Gordon, hay que tener una visión general de su cosmovisión. Hay dos conceptos en especial que son claves: חוויה (“Vivencia”, “Experiencia”) y הכרה (“Conciencia”). Como fue el caso de Rab Abraham Isaac Kook, es imprescindible entender bien los conceptos fundamentales: si los entienden, todo se hace más llevadero. Si no, la cosa se complica y es muy fácil enredarse y no entender demasiado de lo que estamos hablando. Si ven que machaco muchas veces sobre lo mismo, no es porque sea divertido: repito para clarificar(me). Vamos nomás…

Para Gordon, hay dos formas de relacionarse con el mundo: una es la חוויה y la otra, la הכרה. Las vamos a traducir provisoriamente como “Vivencia” y “Conciencia” respectivamente. Más adelante, profundizaremos en el significado etimológico de cada una de estas palabras. ¿Qué son la “Vivencia” y la “Conciencia”? Citemos a Eliezer Schweid, un filósofo israelí. En La nacionalidad y el vínculo con el individuo y la humanidad (del libro Fuentes del pensamiento judío contemporáneo 4; aclaración importante: estoy citando directamente de una traducción al español porque no encontré el original en hebreo) escribe:

Comencemos con la “conciencia”. A. D. Gordon comprende en ella todos los modos de aprehensión externa del hombre: la sensación, la imagen, la sensación interna y el pensamiento conceptual. Todo lo que nosotros sabemos sobre nuestro mundo y sobre nosotros es obra de la conciencia, a la que A. D. Gordon equipara con el lado transparente de un espejo, el mismo que capta en sí imágenes de la realidad expuesta frente a él. Valgámonos del ejemplo del espejo para pasar de la conciencia a la “vivencia”: el espejo tiene también un lado opaco que no se refleja en el lado transparente, pero que le da transparencia. Tampoco la conciencia humana puede aprehender el “yo” cognoscitivo a pesar, y precisamente por ello, de ser el “yo” sujeto de la conciencia. O dicho con mayor claridad: podemos saber mucho sobre nosotros mismos, pero entonces aparecemos ante nuestra conciencia como objetos exteriores a ella, mientras que el “yo cognoscitivo” como tal es sujeto y no objeto, y por tanto la conciencia no puede aprehenderlo. Más aún: incluso lo que aparece ante la conciencia como objeto no es sino reflejo de cosas. Su concretividad no se da a la conciencia.

Si saben algo de filosofía, puede que hayan entendido. Si no, estarán mirando la pantalla con cara de sorpresa, esperando que venga alguien y les traduzca el chino básico que acaban de leer. Para las personas filosóficas: sí, Gordon leyó a Kant y a Schopenhauer. Para los que sepan de pensamiento judío: sí, Gordon está claramente influenciado por el Jasidismo. Para los que sigan pensando que estoy hablando en chino pero esta vez mandarín: tranquilos, ya explico (o lo intento, por lo menos).

¿Qué es la “Vivencia”? Es la revelación del fluir infinito en sí mismo. ¿Qué es la “Conciencia”? Es el paso de algo finito a algo finito hasta el infinito.

Traducción: “Vivencia” y “Conciencia” son dos modos que tiene el individuo de relacionarse con el mundo. En la “Vivencia”, la persona se ve a sí misma como parte de la naturaleza: el mundo es un continuo infinito. No hay límites ni fronteras ni separación: la naturaleza y yo somos uno. Me veo como parte del mundo y de la naturaleza, estas no son algo separado ni ajeno. Este modo de relacionarse es inclusivo: somos todos uno. Vos, yo, él, la naturaleza, el mundo formamos un todo unificado. En la “Conciencia”, el hombre se ve a sí mismo como un ente separado de la naturaleza: yo soy yo, vos sos vos, él es él, la naturaleza es la naturaleza. Yo soy un ser independiente: hago lo que quiero, no estoy atado a la naturaleza. La conciencia secciona la realidad: focaliza en una parte y no en otra.

Veamos un ejemplo. Imaginemos un árbol. Según la “Conciencia”, vemos un árbol y no otro: fragmentamos y nos enfocamos en este árbol en particular que tenemos frente a nosotros. No podemos ver todo el contexto: nuestra percepción (vista, oído, audición, tacto y olfato) es finita. No podemos más que relacionarnos con ese árbol en particular. Según la “Vivencia”, en cambio, el árbol forma un continuo con la naturaleza: está insertado en una totalidad más abarcativa. Ese árbol está relacionado con el de más allá y también con aquella planta y con aquel ciervo que corre a lo lejos y con la casa de madera que asoma entre la arboleda y con nosotros mismos: no puedo disociar un elemento del otro porque están intrínsecamente relacionados.

Y ahora ustedes se estarán preguntando: ¿Y de dónde surge la “Vivencia”? Dijimos que la “Conciencia” surge de los cinco sentidos pero… ¿La “Vivencia? La respuesta de Gordon es: intuición. No es una sensación (=no viene de los sentidos) sino que surge de manera impulsiva. No se puede explicar racionalmente. Se puede describir pero no explicar. No es emocional tampoco. Es anterior a toda sensación. Es natural, está insertada en nuestra propia naturaleza como seres humanos.

Y acá es importante hacer un parate: A. D. Gordon era profundamente religioso. No, no en términos institucionales (no respetaba la Halajá). Era una persona mística pero no en el sentido de dejarse llevar por trances ni éxtasis sino en que veía a la realidad como un todo orgánico, unido de manera armoniosa, y buscaba fundirse en esa armonía. Era lo que hoy llamaríamos una persona espiritual.

¿Religión? ¿Espiritualidad? ¡Pero si ni mencionamos a D-s! Otro punto importante. Gordon cree fervientemente en D-s. Pero el suyo no es un D-s trascendente sino inmanente: no solo está en la naturaleza sino que es la naturaleza. Es un D-s más cercano al de Spinoza que al de la tradición judía, aunque con una salvedad fundamental: su relación con D-s no pasa por lo racional. Dicho en otras palabras, Gordon es panteísta: cree que el mundo es D-s y D-s, el mundo. Acá podemos encontrar la influencia de Goethe: D-s como el cosmos, como una realidad que todo lo abarca, una fuerza universal. Es interesante porque, de acuerdo a esta concepción, D-s no es el D-s de la historia: no es el D-s de Abraham, Itzjak y Yaakov ni el que reconforta a los caídos; no es el D-s de los humildes ni el de las grandes gestas; no es el D-s que está al lado del pueblo judío en todo momento y lugar. Dicho de otra manera, D-s no es una fuerza histórica sino cósmica: está en todos lados, no se identifica con un pueblo en particular ni solamente con la historia humana. Retomaremos esto en el contexto del tema del pueblo elegido.

Volvamos al tema de la “Vivencia” y la “Conciencia”. Analicemos brevemente el origen etimológico de las palabras hebreas que utiliza Gordon para estos dos conceptos: חוויה y הכרה.

Estamos traduciendo חוויה como“Vivencia” pero, en hebreo moderno, esta palabra normalmente significa “Experiencia”. En este caso, me parece que la traducción “Vivencia” es adecuada porque, si lo tradujese como “Experiencia”, daría a entender que surge de la experiencia personal y eso es justamente lo opuesto de lo que Gordon quería decir. Es importante esto: “Vivencia” no significa para Gordon la vivencia personal ni nuestra narrativa de vida sino algo que está más allá y que nos excede como individuos. ¿Estamos? En realidad, la cosa es bastante más compleja: Gordon utiliza esta palabra como artefacto lingüístico. Entonces, ¿de dónde surge la palabra חוויה? Es una mezcla de la palabra חיים (“Jaim”, Vida) con la palabra הויה (“Ser”, “Existencia”, “Entidad”). La חוויה, si lo quieren pensar así, es una fuerza vital del ser.

Pero no terminamos con esta palabra.. Hay más todavía. Según el paper “Loving Kindness and Truth Meet”: The Weaving Together of Caring (Love) and Law within Marpeh—An Israeli CPE Program de Einat Ramon (pueden buscarlo en internet por Google y descargarlo):

Gordon inventó el término Javaiá, que deriva del nombre de la primera madre de la historia humana según la Biblia Hebrea, Eva, Javá en hebreo. Javaiá, según Gordon, es nuestra capacidad preceptual primordial de sentirnos “abrazados por la madre”, y, por lo tanto, unidos con y parte de un todo mayor que puede ser el vientre, nuestra familia, comunidad, pueblo y el mundo (en ese orden). Javaiá es un sentimiento intuitivo que surge del sentido de conexión profunda con nuestra identidad histórico-religiosa sin necesidad de ser demasiado específicos acerca de leyes y declaraciones de fe. Javaiá es una capacidad espontánea a través de la cual nos conectamos con el pueblo y D-s.

La הכרה es la “Conciencia”. Esta palabra viene del verbo להכיר (“Conocer”). Se podría traducir también como “Reconocimiento” pero esta traducción trae reminiscencias a la teoría platónica del conocimiento que prefiero dejar de lado para evitar malentendidos.

Ya vimos que mediante la “Vivencia” nos relacionamos con la naturaleza como un todo continuo y que mediante la “Conciencia” nos percibimos como separados de la naturaleza. Vimos también que la “Vivencia” surge de la intuición natural y que la “Conciencia” surge de los sentidos. Ahora veamos cómo se ponen en práctica estos dos modos de relacionarse con el mundo. Es decir, cuáles son sus formas institucionalizadas.

Para Gordon, la familia, la tribu o comunidad, la nación y la humanidad tienen como fuente la “Vivencia”: son formas intuitivas y naturales de relacionarse entre los seres humanos. En cambio, el partido político, la clase social, el sindicato y la asociación profesional, entre otros (en resumen: todos los que no sean los que incluimos en la lista de arriba cuando hablamos de la “Vivencia”) tienen su fuente en la “Conciencia”: son formas sociales, artificiales si se quiere. No es que sean malas. Al contrario, en ciertos momentos son necesarias pero no son orgánicas como las que surgen de la “Vivencia”; además, tienen límites, a diferencia de las que surgen de la “Vivencia”, que son infinitas.

La “Vivencia” se relaciona con la naturaleza de manera pacífica: quiere contemplarla, verla tal cual es y dejarse llevar. En cambio, la “Conciencia” quiere explotar la naturaleza y dominarla: quiere trabajarla y transformarla para así adaptarla y amoldarla a su gusto. En pocas palabras, la “Vivencia” es pacífica y pasiva; la “Conciencia”, conquistadora y activa.

Pero mucho ojo, no puede existir una sin la otra: las dos son necesarias para percibir a la realidad como un cosmos (o sea, como un todo unificado). La “Vivencia” sin “Conciencia” es un fluir sin sentido, una cosa amorfa: el ser humano es un inútil que se queda mirando la vida pasar y que no mueve un dedo ni para satisfacer sus necesidades más básicas. La “Conciencia” sin “Vivencia” es un aparato vacío, forma sin sustancia, instituciones sin contenido; es el ser humano explotando a la naturaleza porque sí, simplemente para sacar ganancia o como deporte. Solamente en la comunión armoniosa entre estas dos formas de relacionarse con la realidad surge la aprehensión correcta del mundo.

La nación como relación orgánica y natural

Dijimos que la familia, la tribu o la comunidad, la nación y la humanidad nacían de la “Vivencia”, mientras que el resto de las relaciones interpersonales tenían su origen en la “Conciencia”. ¿Cuál es la diferencia práctica entre estas dos categorías? Las que surgen de la “Vivencia” son orgánicas y naturales: también son eternas, infinitas y fluidas. Las que surgen de la “Conciencia” son limitadas y artificiales: surgen de la inventiva humana y son creaciones sociales. También son limitadas y partidistas: dividen a la naturaleza del ser humano y a los seres humanos entre sí.

En base a esto, podemos hacer dos preguntas:

  • Si las que surgen de la “Conciencia” se caracterizan por ser finitas, limitadas y separatistas, mientras que las de la “Vivencia” son infinitas, ¿cómo es que Gordon incluye a la familia, la comunidad y la nación dentro de la “Vivencia”? Se entiende perfectamente que incluya a la humanidad porque esta no tiene límites: incluye a todos los seres humanos pero…¿por qué a los otros grupos? ¿Acaso una nación o una familia no tienen un límite, aunque más no sea numérico?
  • Incluso si asumimos que la distinción de Gordon es correcta, ¿cuál de los grupos que surgen de la “Vivencia” es el más importante?

La respuesta a 1) está en la misma pregunta. Presten atención a cómo formulé la pregunta y qué habíamos dicho antes de la “Vivencia”. ¿Releyeron los últimos dos párrafos? Vamos de nuevo:

Dice la pregunta: “Si las que surgen de la Conciencia se caracterizan por ser finitas, limitadas y separatistas, mientras que las de la Vivencia son infinitas…”

Habíamos dicho antes: “Las que surgen de la Vivencia son orgánicas y naturales: también son eternas, infinitas y fluidas”

Es verdad, son infinitas y eso nos podría predisponer a pensar en la humanidad como un todo pero también son orgánicas y naturales: para Gordon, es un hecho evidente que no requiere mayor análisis el hecho de que la familia es la unidad básica de la sociedad y que la comunidad o tribu y la nación son orgánicas. ¿Por qué? Porque los hombres se organizan de manera natural a través de estas formas. Esto no quiere decir que toda nación ni que toda comunidad ni que toda familia tome las mismas formas institucionales: una nación puede tener un régimen político, social y económico u otro pero eso no modifica su estatus como nación.

Podemos agregar un dato más: para Gordon, la nación está por encima del individuo, la familia y la comunidad. Esto es fácil de entender desde el simple punto de vista numérico: si hago bien a una nación, hago el bien a mayor cantidad de personas que si hago el bien solo a mi familia. Perfecto, ¿no? Sin embargo, Gordon también arguye que la nación es más importante que la humanidad. No me malinterpreten: no es que Gordon diga que los intereses de la nación estén por encima de los de la humanidad. Veremos más adelante que piensa exactamente lo contrario. Lo que quiero decir es que, para Gordon, la humanidad está formada por naciones. ¿El motivo? Que nos resulta más fácil identificarnos con la nación que con la humanidad como un todo: un japonés se identifica más fácilmente con el sufrimiento de otro japonés que con el sufrimiento de un italiano. No es que este japonés sea malvado o no tenga desarrollada la empatía sino que, al compartir una cultura (una lengua, un territorio, un modo de pensar y sentir; en pocas palabras, un modo de vida) con el japonés que sufre, es más probable que se identifique con este. Pero, ¿acaso uno no puede argumentar usando esta misma línea de pensamiento que uno se identifica naturalmente más con el sufrimiento de un familiar que con el de un compatriota que vive a miles de kilómetros de distancia y al que ni siquiera conoce? ¿No es natural que me identifique más con mis padres que con un argentino cualquiera? ¡Obvio que sí! Entonces, ¿por qué la nación está por encima del individuo o de la familia? Justamente porque la familia está incrustada en la nación: no nacimos en un vacío sino en una cultura dada. Esa cultura es nacional: el modo de vida que nos inculca nuestra familia está tomado en gran parte del ámbito cultural en el que se mueve.

¿Estamos hasta ahora? Si no entendieron algo, relean los últimos párrafos. Pueden preguntar también si tienen alguna duda. Es importante porque ahora vamos a aplicar este bagaje conceptual al análisis que hace Gordon de la situación del pueblo judío y las soluciones que ofrece.

La nación judía y el Galut

El problema de la nación judía en el גלות (“Galut”, Diáspora, Exilio) es la disociación entre Vivencia y Conciencia. Dicho de otra manera, la divergencia entre el sentimiento natural de unión nacional y la falta de medios (culturales, productivos, sociales, políticos, económicos, etc) que expresen esta unión. En palabras de A. D. Gordon:

Nuestra falta de raíces, de nuestra patria natural, de la Tierra de Israel, y la esclavitud junto a las persecuciones en el Exilio, que actuaron sobre nosotros y nos alejaron de toda naturaleza, de toda vida natural, de todo trabajo productivo, nos transformaron en un pueblo parasitario: un pueblo desnutrido, sin vida, tanto en alma como en cuerpo, tanto en lo material como en lo espiritual. Falla nuestro cuerpo, nuestra materia, nuestra economía y nuestro espíritu. Nuestro ser nacional, nuestro yo nacional, se nutre en el Exilio solo de migajas del pasado y de mesas ajenas.

¿Ven la Vivencia y la Conciencia? La Vivencia es “nuestro ser nacional, nuestro yo nacional”: es irrefutable, está ahí. Los judíos son judíos porque son judíos: hay una nación judía, que está enlazada entre sí por una soga infinita. Sin embargo, esta nación adolece: está de capa caída, desnutrida, fallida y lastimada. El Galut es una situación que corroe las formas económicas, políticas y sociales de la nación judía.

¿Cómo corregir esta situación anómala? ¿Cómo hacer que el judío deje de ser improductivo y pasivo? ¿Cómo transformarlo? La respuesta es: volver a la patria ancestral, la Tierra de Israel. Eso es lo que hace a Gordon sionista. Hasta aquí nada nuevo ni original. Sin embargo, Gordon agrega un elemento que sí es original y que es su sello personal: el trabajo.

Una religión del trabajo

Pero no cualquier trabajo. No. Gordon no está hablando de formar obreros judíos (si así fuese, estaría emparentado con Borojov) sino trabajadores rurales y manuales: gente que trabaje la tierra de manera ardua y laboriosa (sí, se parece a Syrkin en esto y también, en menor medida, a Trumpeldor). Gente que se rompa la espalda arando, sembrando y cosechando. La corrección del Galut, para Gordon, es volver al trabajo productivo, y esto significa volver al trabajo en la tierra. En sus palabras:

Buscamos la vida, ni más ni menos, una vida que surja de la fuente de vida, de la naturaleza de nuestra tierra, tanto el sustento del cuerpo como del alma. La fuerza esencial y el sustento de lo Alto de la fuente de vida. Venimos a nuestra tierra a purificarnos en la tierra natural, de la que nos nutrimos. Alimentarnos desde la raíz con el alimento de la tierra, respirar el aire y reforzar nuestro espíritu con sus rayos de luz. Si otros pueblos, que viven en sus tierras respectivas, pueden vivir como viven, nosotros, a los que nos cortaron las raíces, estamos obligados a conocer la tierra y adoptarla, porque venimos a purificarla, a conocer y entender las ramas del árbol y a regarlo y hacer crecer sus frutos.

Como ven, el tema de la relación con la naturaleza está presente: es un tema que recorre la obra de Gordon de punta a punta. Gordon no habla de la industria ni del comercio: no parece ser consciente de los cambios económico-sociales de los últimos dos siglos. No menciona a las ciudades e idealiza al campo. Por esto, uno se puede preguntar legítimamente: ¿dónde está la Modernidad? ¿Dónde está el capitalismo? Dicho de otra manera, ¿Gordon no es un ingenuo al pensar que se puede construir un país en base a la relación con la tierra? ¿No es injusto pensar que el único trabajo productivo es el trabajo agrícola? Mi respuesta es que sí, Gordon es injusto e ingenuo: su relación con la Modernidad, principalmente con el aspecto económico de la Modernidad, es problemática. Como en la amplia mayoría de los pensadores que vimos y veremos en este blog, su sionismo es una respuesta a la situación del judío moderno. Su reacción es negativa: rechaza la Modernidad. Es un idealista. Y ése es justamente su punto débil pero también su principal fortaleza: Gordon es un símbolo de muchos judíos que llegaban a la Tierra de Israel en busca de una relación orgánica con la tierra, jóvenes hartos de las grandes ciudades y de la opresión en los países europeos, jóvenes que añoraban trabajar la tierra para redimir sus almas y la de su pueblo.

Cultura y trabajo, la espiritualidad de Gordon

Ya hablamos de la “Religión del trabajo”, esa tendencia de Gordon a idealizar el trabajo rural. Pero hay más todavía: Gordon pone al trabajo en el centro de su filosofía. Lo recubre de un aureola mística. Gordon no era una persona que cumplía Mitzvot pero nunca dejó de tener un enorme sentido de la religiosidad: reemplazó al cumplimiento de Mitzvot (que para él era una reliquia de tiempos pasados y no era más que un ritual osificado) por el trabajo paciente y delicado. Sus contemporáneos concuerdan en sus impresiones: todos quedaban asombrados al ver a aquel hombre mayor trabajando sin descanso. Para Gordon, la Halajá estaba atrasada porque expresaba un judaísmo estancado: no era más que una manifestación del espíritu atrofiado del pueblo judío en el Galut.

Sin embargo, uno podría preguntarse: ¿el trabajo es capaz de ser la fuente de toda cultura? Dicho de otro modo, ¿es posible que la cultura judía nazca del trabajo? ¿Acaso una cultura –cualquiera sea ésta- se nutre exclusivamente (o, por lo menos, principalmente) del trabajo? Es verdad, el trabajo es parte de la cultura, eso es indiscutible pero…¿Es la fuente principal de la misma? Como decíamos antes, hay una idealización gigantesca del trabajo.

Judíos y árabes

Podría resumir la posición de A. D. Gordon en una frase: los árabes son buenos y los judíos somos buenos así que vamos a convivir felizmente. Sin embargo, ustedes saben que a mí me gusta escribir así que vamos a ver las cosas con más profundidad y claridad…

Con su énfasis en el trabajo, A. D. Gordon es uno de los principales ideólogos de un concepto que se popularizó en su época: el trabajo hebreo. ¿Qué es esto? Que los judíos contraten a judíos, no a árabes. ¿Por qué? Hay dos motivos, uno positivo y otro negativo:

  • No darles trabajo a los árabes porque son nuestros enemigos: nos atacan y quieren nuestra destrucción así que, como represalia, no hay que contratarlos como empleados.
  • Los judíos tienen que darle trabajo a otros judíos porque para eso emigran a la Tierra de Israel: para hacer trabajo productivo. Si llegasen personas ricas e invirtiesen grandes sumas de dinero y contratasen árabes como mano de obra (porque les sale más barato), entonces no tendría sentido que los judíos vayan a la Tierra de Israel.

Como se podrán imaginar de acuerdo a lo que vimos hasta ahora, Gordon está de acuerdo con el segundo motivo pero no con el primero. Para él, los judíos tienen que reencontrarse con la tierra mediante el trabajo: si se dedican al comercio, por ejemplo, entonces su llegada a la Tierra de Israel es inútil y es una pérdida de tiempo porque no están corrigiendo los defectos del judío galútico.

¿La idea del trabajo hebreo funcionó? Sí, pero con ciertas limitaciones. Es verdad que se transformó en una bandera de muchos pioneros pero también esto tuvo su contrapartida: por un lado, los costos de producción aumentaron porque los judíos eran trabajadores más calificados y no estaban dispuestos a cobrar el mismo sueldo que los árabes, que eran bastante ignorantes (no quiero ser grosero: estoy hablando de hace cien años atrás y sí, nos guste o no, los árabes que vivían en la Tierra de Israel eran vistos por casi todo el mundo, incluido el mundo árabe, como personas poco cultas; pasaron cien años y no estoy diciendo que esto siga siendo así); por otro lado, muchos árabes veían cómo crecía la economía del país pero ellos no tenían más trabajo y rebrotaron los saqueos y ataques a las colonias judías.

¿La idea del trabajo hebreo quedó en el pasado? Hoy, en Israel, algunos grupos ideologizados toman como bandera no contratar árabes musulmanes o no comprarles productos en sus negocios para expresarles repudio y rechazo o simplemente para ayudar a progresar a un compatriota judío en vez de a un árabe. Este boicot no está institucionalizado ni mucho menos: son personas individuales que prefieren comprarle a un compatriota en vez de a alguien a quien no perciben como tal. En mi caso, intento no comprarles a los árabes si puedo evitarlo (así como intento hacer lo propio con mercancías producidas en condiciones ilegales, en talleres clandestinos de trabajo esclavo). A su vez, muchas instituciones, principalmente del movimiento sionista religiosa, no contratan empleados árabes musulmanes pero no esto no tiene nada que ver con un tema ideológico sino con una cuestión de seguridad: después de la masacre de Mercaz HaRav, se decidió no contratar musulmanes para evitar atentados.

Pero volvamos a Gordon. Decíamos que fue uno de los principales ideólogos del trabajo hebreo pero no hay que interpretar esta posición desde un lugar racista sino todo lo contrario: surge de una posición positiva con respecto al lugar que debe ocupar el trabajo en la vida judía.

Gordon también trató el tema del conflicto judeo-árabe en la Tierra de Israel. Veamos lo que escribe en su ensayo “La nación y el trabajo”:

¿Y los árabes? (….) Aquí la voz conductora no es la fuerza del puño (…) Aquí hablan otras fuerzas, fuerzas que tienen un timbre y un heroísmo cósmicos. Y las palabras son escuchadas, en especial cuando encierran una verdad cósmica. Esto es lo más importante para nosotros. La verdad es el cimiento de nuestro mundo. (….) La verdad es más fuerte que el amor. Y no solo en las relaciones entre el hombre y su semejante es grande el poder de la verdad sino también en las relaciones entre los pueblos. “No levantará ningún pueblo su espada”, sentencia la verdad, y si el amor no lo cumplió, vendrá la verdad a hacerlo. Por fuerza de la verdad encontraremos el camino para una vida en común con los árabes y para un trabajo asociado con ellos, para el bien de las dos partes. Debemos estar animados por el heroísmo, un heroísmo superior. No debemos humillarnos ni ensoberbecernos delante de los árabes. Debemos ser gente de verdad y justicia por nosotros mismos y no por ellos, y toda prédica en esta materia de buenas relaciones con los árabes inspirada por una concepción particular ajustada a estos, no tiene cabida. Nuestras relaciones deben ser buenas y rectas con todo hombre. (….) Y si ellos irán por otros caminos, si usarán la fuerza del puño y la mentira, podrán ciertamente causarnos daño pero no podrán desviarnos de nuestro rumbo ni nosotros lo abandonaremos.

O sea, hay que ser justos y rectos con los árabes pero no para sacar un beneficio sino porque es la forma correcta: no lo hacemos para caerles bien, lo hacemos porque es lo que hay que hacer. Si ellos, de todos modos, nos quieren atacar, debemos estar preparados para soportar estoicamente los sufrimientos: la espada y el látigo no son instrumentos judíos. Gordon es intransigente con respecto a esto: verdad y justicia ante todo. Hay que ser pacientes, en algún momento los árabes abrirán los ojos y verán que el sionismo es justo por naturaleza y estarán dispuestos a aceptarnos. Verán que el destino de los judíos y los árabes está unido inexorablemente y se acabarán los problemas.

En relación con todo esto, podemos mencionar el tema del “Pueblo elegido”. Para Gordon, la idea de que D-s eligió a un pueblo y lo elevó por encima del resto de la humanidad es absurda e injusta. Sin embargo, Gordon no rechaza de plano la idea del “Pueblo elegido” sino que la amolda para que encaje dentro de su sistema. El pueblo judío tiene una misión: transmitir la verdad y la justicia entre los pueblos (si esto les suena a Martin Buber o incluso a Rab Kook o a Rab Amital, no se equivocan). En este sentido, el pueblo judío es el “Pueblo elegido”. Sin embargo, falta la otra parte: el pueblo judío es el “Pueblo elegido” porque tiene una misión, sí, pero, en realidad, esto es así porque todos los pueblos son “Pueblos elegidos”. Es decir, cada pueblo tiene una misión única y específica: todos son “Pueblos elegidos” porque solamente ellos –y ningún otro- pueden cumplir esa misión que les es encomendada. Esto también lo podemos relacionar con el concepto de D-s de Gordon: una fuerza cósmica, que se encuentra en la naturaleza. Para Gordon, D-s no es una personalidad sino una fuerza así que no puede ser que elija a un pueblo por encima de otro porque no tiene afectos (no siente amor ni odio) pero sí es lógico suponer que haga que a cada pueblo le corresponda un lugar diferente en el orden cósmico natural.

El estilo de Gordon

Si leen a Gordon en hebreo, notarán que su estilo es poético y casi místico. Es repetitivo: da vueltas sobre lo mismo, repite las mismas palabras una y otra vez. Apela más a las emociones que a la razón. Muchas veces no argumenta sino que se deja llevar por la música de la poesía. Está muy influenciado por Schopenhauer y Tolstoi y tiene ciertas cosas del existencialismo. Por otro lado, utiliza palabras sencillas y un lenguaje claro: es poético, sí, pero no farragoso. No es estridente sino calmo, aunque sí enfático. Una de las características más importantes de los escritos de Gordon quizás sea el hecho de que fue el primer pensador que integró su sionismo dentro de un sistema filosófico amplio, que abarca a toda la naturaleza.

La influencia de A. D. Gordon

Gordon fue muy influyente en su época: era visto como un ejemplo viviente del trabajo hebreo y del esfuerzo por construir una patria en la Tierra de Israel. También era educador pero nunca recibió dinero por ese trabajo porque era contrario a sus ideales percibir un sueldo por enseñar. A pesar de que no fue un político profesional, sí fue un militante activo y uno de los fundadores de Hapoel HaTzair. En su época, fue muy influyente pero luego empezó a ser visto como un dinosaurio, cuyas ideas intelectuales, y principalmente sus acciones prácticas, eran anticuadas y poco adecuadas a los nuevos tiempos.

Hoy en día, Gordon es considerado uno de los principales pensadores sionistas y un precursor. Algunos filósofos y escritores destacan su pensamiento y varios intelectuales intentan rescatar sus ideas. Sin embargo, es muy difícil encontrarle herederos que sigan sus ideas al pie de la letra, y ni que hablar si hablamos solamente en términos políticos. Lo cierto es que es difícil armar un programa político realista a partir de sus ideas. Puede servir como inspiración pero es más un profeta que un político.

Por otro lado, Gordon, con su énfasis en la interrelación entre el individuo y la naturaleza, puede ser visto como uno de los primeros pensadores judíos ecologistas. Así, algunos académicos lo destacan como un precursor de la ecología y una de las fuentes principales a la hora de desarrollar una teología judía ecologista.

A su vez, si tomamos como válido lo que dijimos sobre la relación entre la Javaiá y Javá, entonces las cosas se ponen interesantes: si esta teoría es cierta, entonces A. D. Gordon hace del principio femenino uno de los ejes centrales de su filosofía. Si esto es así, podemos pensar en Gordon como un precursor del feminismo.

Ya que estamos hablando de intelectuales termino este artículo con un párrafo del discurso Escritores y obreros de Gordon, que pronunció cuando se fundó אגודת הסופרים (“Agudat HaSofrim”, Congreso de Escritores). Es un hermoso alegato contra el intelectual encerrado en su torre de marfil:

No existe ningún lazo orgánico entre los escritores y los obreros. Pareciera que para los obreros lectores no hay escritores, escritores que levanten la antorcha de las ideas y de la poesía e iluminen así la difícil senda del trabajo, o que creen ideas y un tipo de poesía que no surgen fácilmente del trabajo. La mayoría de los escritores se mantiene apartado de los obreros. En mi opinión, aun aquellos que se encuentran más cerca no levantan la antorcha de los ideales del trabajo, principalmente porque no viven esos ideales.