Hilel Kook

Un sionista peculiar

Hilel Kook nació en 1915 en Rusia (hoy, Lituania) y falleció en  Israel en 2001. Vivió un tiempo muy corto en Polonia y muchos años en Estados Unidos (ya volveremos sobre el tema y veremos exactamente por qué). Hilel es sobrino de Rab Abraham Isaac Kook y primo de Rab Zvi Yehuda Kook. Sin embargo, su filosofía y militancia política están en las antípodas del pensamiento de su tío y de su primo. Educado de manera tradicional (es más, estudió en Mercaz HaRav, la yeshivá que fundó Rab A. I. Kook), en su juventud decidió rechazar el cumplimiento de Torá y Mitzvot. Cursó Estudios Judaicos en la Universidad Hebrea y allí se unió a un círculo de estudiantes del movimiento revisionista, que luego fundarían el Irgún. En 1937 viajó a Polonia, enviado por el Irgún para recaudar fondos para la causa. Allí conocería personalmente a Zeev Jabotinsky. En 1940, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, viajó a Estados Unidos, una vez más como enviado del movimiento (aunque esta vez de manera clandestina). Allí empezó a usar un seudónimo: Peter Bergson. Al día de hoy, en Estados Unidos es muchísimo más conocido por ese seudónimo que por su nombre real.  ¿Cuáles son los motivos de Hilel Kook para ponerse un apodo? Lo veremos más adelante en este artículo. Sigamos con esta brevísima biografía. En Estados Unidos, fundaría varias organizaciones relacionadas con el movimiento revisionista y con el Irgún pero que, con el paso del tiempo, adquirirían total independencia. A su vez, enterado de la Shoá, Hilel Kook haría campañas, marchas y lobby político para intentar salvar a la judería europea. Esto traería enormes polémicas. Poco antes de la fundación del Estado de Israel, volvería a la Tierra de Israel y formaría parte de la primera Kneset. Desencantado, se retiraría de la política y volvería a Estados Unidos. En 1968, retornaría una vez más a Israel y viviría allí hasta su muerte.

Como siempre digo, este blog habla de sionismo. Los detalles biográficos son importantes a ese efecto, no como datos anecdóticos. Eso quiere decir que no van a encontrar un detalle pormenorizado de la vida de Hilel Kook sino lo más relevante para entender su pensamiento político, específicamente su visión del sionismo. En este caso, van a encontrar que me voy a dedicar a su militancia en la época de la Shoá para salvar a la judería europea. Esto no lo hago solamente porque esté bueno hablar del tema sino porque su actitud está íntimamente relacionada con su sionismo.

Antes de empezar de una buena vez, una aclaración: voy a romper una de mis reglas de oro. Apenas empecé este blog escribí que:

Y otro detalle que creo que es relevante aclarar: siempre voy a intentar basarme en fuentes originales. O sea, si escribo sobre Herzl, por ejemplo, es porque leí todo lo que pude de Herzl, no solo cosas sobre Herzl. Y así con todos los políticos, autores, pensadores y activistas que vean en este blog.

Bueno, el pez por la boca muere. Por lo que yo sé, Hilel Kook no escribió ningún libro. Pude encontrar alguna que otra entrevista por internet. Sin embargo, el grueso de este artículo no proviene de lo que dijo Hilel Kook sino sobre lo que otros dijeron de él. Sí, hay citas, sí, encontré reportajes, sí, rebuscando aparece alguna nota escrita por él pero lo cierto es que el hecho de que Hilel Kook se haya retirado de la política en 1950 aproximadamente hace bastante complicada la compilación de fuentes. Para colmo, la amplia mayoría habla de su militancia para salvar a los judíos de la Shoá y ni siquiera toca (o lo hace de manera muy colateral) el tema del sionismo. Las dos fuentes principales que usé (no, no son las únicas ni por casualidad pero las otras son artículos o capítulos sueltos de libros que hablan de otros temas) son estos dos libros:

“The Bergson Boys” And the Origins of Contemporary Zionist Militancy”, de Judith Tydor Baumel

Liberal Nationalism for Israel: Towards an Israeli National Identity, de Joseph Agassi

Ahora sí, al tema…

La militancia durante la Shoá

Dijimos arriba que Hilel Kook empezó a militar políticamente en el revisionismo en la Tierra de Israel (en ese momento colonizada por el Imperio Británico). Era uno de los líderes del Irgún y, en calidad de tal, fue enviado a Polonia y luego a Estados Unidos para recaudar fondos y apoyo político para la causa. En Polonia conoció a Zeev Jabotinsky y a su hijo, Ari. Ari Jabotinsky se transformaría en uno de los amigos más cercanos de Hilel Kook. Esto es interesante como anécdota pero también cobra una dimensión política: Jabotinsky hijo formaría parte del círculo político de Hilel Kook y sería uno de sus apoyos más fuertes. Esto, sumado al hecho de haber conocido a Zeev Jabotinsky y haber estado con él prácticamente hasta su muerte, le permitía a Hilel Kook argumentar que sus posturas políticas hubiesen sido compartidas por Jabotinsky padre. Esto es discutible y no se puede zanjar el tema así nomás. Lo importante es que Hilel Kook siempre estuvo convencido de que nunca quebró con la tradición revisionista. En todo caso, fueron sus adversarios políticos dentro del movimiento los que malinterpretaron las enseñanzas de Jabotinsky.

Hilel Kook entró a Estados Unidos con un nombre falso: Peter Bergson. Durante su estadía en ese país, sería conocida por ese nombre. Al día de hoy ,los estadounidenses lo conocen más por ese seudónimo que por su nombre real. Y para colmo, lo conocen muchísimo más por su militancia durante la Shoá que por su visión del sionismo. Y eso los que lo conocen, porque Hilel Kook es una persona bastante poco conocida por el público. Ya veremos por qué…

Pero volvamos. No me quiero ir por las ramas ni adelantarme. ¿Por qué Hilel Kook usaba un seudónimo, Peter Bergson? Los historiadores y académicos señalan varias causas posibles:

  • Hilel Kook era un militante bastante conocido del sionismo revisionismo y era parte fundamental del Irgún. El gobierno británico perseguía a los miembros del Irgún por considerarlos rebeldes, subversivos y terroristas. Estados Unidos era y sigue siendo aliado de Gran Bretaña. Si Hilel Kook hubiese entrado a Estados Unidos con su nombre real, hubiera sido arrestado en el acto y probablemente deportado a Inglaterra.
  • Hilel Kook no quería que la gente confunda sus ideas con las de su tío, Rab Abraham Isaac Kook, y su primo, Rab Zvi Yehuda Kook. Para evitar malentendidos, usaba un seudónimo que lo distinguía claramente de estos familiares suyos.
  • Algunos pocos señalan que la distinción entre Hilel Kook y Peter Bergson es análoga a la distinción que encontramos en su pensamiento entre judíos y hebreos. Más adelante hablaremos de este tema en profundidad. En lo personal, esta hipótesis me parece bastante poco probable y tirada de los pelos.

Ya asentado en Estados Unidos, Hilel Kook fundaría cuatro organizaciones: American Comitee for Jewish Palestine (“Comité Americano para la Palestina Judía”), Comitee for The Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité para el Ejército Judío para los Judíos Palestinos y sin Estado”), Emergency Comitee for Rescue of the Jewish People of Europe (“Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío de Europa”) y Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). Estas organizaciones están relacionadas pero no son idénticas: no perseguían los mismos objetivos ni en ellas militaban las mismas personas. Algunas eran más ideológicas, otras más prácticas. Es muy importante remarcar que estas organizaciones no son una masa uniforme: no son todo lo mismo.  Como se podrán imaginar por los mismos nombres, tres de ellas están dedicadas al sionismo y una, al salvataje de los judíos europeos de las garras de los Nazis. Por ahora, enfoquémonos en esta última…

El Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío en Europa es una organización creada para lo que su propio nombre indica: salvar a los judíos europeos de la Shoá. Hilel Kook fue el primer judío en Estados Unidos que se organizó y militó activamente con el objetivo de rescatar a la judería europea. Apenas se enteró de la Shoá, puso manos a la obra. ¿Cuál era la solución que proponía Hilel Kook? Que los judíos europeos emigren a Estados Unidos y/o a la Tierra de Israel (en ese momento, aclaremos una vez más, bajo control británico).

Hasta acá todo bien, ¿no? Un hombre con ideales con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero con dotes de liderazgo indiscutibles y una visión clara. Un hombre al que todos deberían admirar, independientemente de compartir o no algunas, todas o ninguna de sus ideas, por haber sido el primero en la mayor comunidad judía no europea (Estados Unidos) en llamar la atención sobre la Shoá y movilizarse para salvar aunque sea a una parte de los judíos europeos.

Y sin embargo, no. La figura de Hilel Kook es MUY polémica. Hablar de Hilel Kook en relación con la Shoá es remover una herida gigante en la historia moderna del pueblo judío. Están los que lo aman y están los que lo odian: no hay punto medio. ¿Por qué? Y…básicamente, por la forma. O sea, la manera en la que militó Hilel Kook para salvar a los judíos europeos es polémica: están los que dicen que hizo lo que había que hacer y están los que lo critican duramente por ser un inconsciente y un aventurero que puso en peligro a la judería estadounidense. Un grupo afirma que Hilel Kook fue un vanguardista, que salvó a la mayor cantidad de judíos europeos posibles, y si no salvó más es por culpa de sus enemigos políticos, que lo boicotearon; el otro grupo acusa a Hilel Kook de haber desperdiciado tiempo y energía de manera equivocada y de haber hecho un montón de cosas sin ningún resultado real, lo que lo muestra como un líder pésimo. ¿Quién tiene razón? Probablemente la verdad esté en un punto medio: ni Hilel Kook fue el líder horrible que nos quieren mostrar sus adversarios ni la carmelita descalza que nos presentan sus admiradores.

¿Qué es lo que hizo Hilel Kook que causa tantas pasiones y tanto amor/odio? Hilel Kook se propuso salvar a la judería europea. Y para hacerlo, utilizó una táctica: propaganda masiva. Así de sencillo. Publicó cartas abiertas en los periódicos más importantes de Estados Unidos, organizó marchas (la más famosa es la llamada “Marcha de los rabinos” de 1943: más de cuatrocientos rabinos, la amplia mayoría de ellos ortodoxos, marcharon hasta la Casa Blanca y exigieron reunirse con Roosevelt, en ese momento presidente de los Estados Unidos), escribió obras de teatro (¡incluyendo una en la que actuó Marlon Brando!), reclutó artistas y escritores famosos de la época,movió contactos, realizó grandes demostraciones públicas. En pocas palabras, intentó ganarse a la opinión pública y presionó al gobierno estadounidense para que salve a los judíos europeos. Y precisamente ahí está el punto en el que se dividen sus admiradores y sus críticos…

¿Cuáles son las principales críticas que recibió (y recibe) Hilel Kook?

  • Agita el antisemitismo en Estados Unidos: con la ostentación de grandes manifestaciones y la publicación de cartas abiertas en los periódicos de tirada nacional, Hilel Kook provoca que los estadounidenses vean con recelo a los judíos, como si fuesen un grupo aparte.
  • El hecho de que haga todo esto a la luz del día, abiertamente, puede provocar que los judíos sean vistos como antipatriotas.
  • Hilel Kook no fue elegido por un órgano representativo del pueblo judío: es él y su grupito de amigos, no tiene el aval de un organismo oficial por detrás. O sea, no es un líder oficial del pueblo judío.
  • Su actividad es inútil y un desperdicio de energía: en vez de presionar al gobierno estadounidense, debería intentar salvar a los judíos europeos sin el intermedio del gobierno de EEUU.
  • La distinción que hace entre hebreos y judíos es falsa, y la utiliza solamente para lograr el apoyo de personas que están preocupadas por el futuro de la judería europea pero que no son sionistas.
  • Hilel Kook no logró salvar ni a un judío de la Shoá.

A estas objeciones, los seguidores de Hilel Kook responden:

  • Las tácticas de Hilel Kook son acordes a los tiempos que se vivían: había que agotar todos los medios posibles para salvar a los judíos europeos.
  • En la práctica, durante la Segunda Guerra Mundial, había cotas que limitaban el ingreso de judíos a Estados Unidos. En vista de esta situación, poco importa cómo sean percibidos los judíos: lo esencial es salvar a los judíos europeos, en peligro de extinción física.
  • Hilel Kook es el líder de varias organizaciones. ¿Qué importa si fueron fundadas por él o son preexistentes? Lo importante es su utilidad y su representatividad.
  • El gobierno de los Estados Unidos tiene mucha mayor capacidad que un grupo de individuos, por muy poderosos que sean estos, para salvar a los judíos europeos.
  • La distinción entre hebreos y judíos es fundamental en el pensamiento de Hilel Kook. Si no entendemos esta distinción, no entendemos nada de lo que dice Kook.
  • Gracias a la intervención de Hilel Kook y su grupo (Bergson Group, “El grupo de Bergson”; recuerden que Hilel Kook usaba el seudónimo Peter Bergson), se estableció el War Refugee Board (Junta para los Refugiados de Guerra). De esta manera, se salvó a entre cien mil y doscientos mil judíos y otras minorías amenazadas por los Nazis.

¿Quién tiene la razón? Como decía antes, probablemente la verdad esté en un punto medio. No cabe ninguna duda que la actividad de Hilel Kook no fue tan inútil como declaman sus detractores…pero también es obvio que el War Refugee Board fue instaurado por presiones que exceden a Hilel Kook. Pudo haber sido un factor coadyuvante e incluso importante y primario pero no el único.

Algunos también destacan el rol que jugó el Grupo de Bergson en el despertar político de los judíos estadounidenses. Si bien es verdad que los judíos de Estados Unidos se volvieron mucho más activos en términos políticos en la época de la Segunda Guerra Mundial (y ni que hablar en la Posguerra) con respecto a los años anteriores, me parece que rastrear este despertar solamente a Hilel Kook es una exageración sin fundamento. Me parece que es mucho más lógico hablar de que los cambios en la geopolítica mundial, la llegada de nuevos inmigrantes judíos políticamente comprometidos a Estados Unidos y una relativa seguridad en la situación judía en los Estados Unidos son factores mucho más concretos y comprobables que la presencia de Hilel Kook. Sí me parece lógico decir que el Grupo de Bergson se enmarca dentro de este contexto de toma de conciencia política de la comunidad judía estadounidense y que es una instancia más de un proceso más extenso y abarcativo.

El propio Hilel Kook no tiene pelos en la lengua y es muy (pero MUY, en serio) crítico de la inacción de los judíos, principalmente de sus líderes, durante la Shoá:

Los judíos reclaman: “¿por qué fueron asesinados seis millones de judíos y los gentiles callaron la boca?” Más bien deberíamos decir: “¡¿por qué nosotros no hicimos nada?!”

Polémico el señor, ¿no? Pero no se queda ahí:

Es muy importante que reconozcamos que todavía no dimensionamos la falta de reacción. ¡Sabían que los judíos estaban siendo asesinados! Pero no eran conscientes. Los judíos, especialmente los líderes judíos, que no cambiaron su rutina ni sus planes, ni en el área pública ni en el área privada, ni en ideales, ni en sionismo ni en sus ideas políticas, tienen que hacer mea culpa para así poder estar en paz consigo mismos y acusar al resto del mundo de la inacción de los dos lados. Si no hacemos esto, entonces nos chocamos contra la realidad: los judíos fueron asesinados por nada.

¿Por qué las palabras de Hilel Kook son tan duras? Ok, no tuvo tantos seguidores como le hubiese gustado. Ok, los líderes judíos le dieron la espalda. Ok, lo criticaron. Ok, minimizaron su figura. Pero…¿es para tanto?

La respuesta es: sí. Al menos si nos ponemos en el lugar de Hilel Kook. Lo cierto es que, dejando de lado las ideas políticas particulares y quedándonos con los hechos concretos, hay bastantes elementos para decir que algunos líderes judíos estadounidenses sabían de lo que estaba pasando y del genocidio sistemático de los judíos europeos…y decidieron no anunciarlo públicamente para no alarmar a la población. Hilel Kook tuvo el carisma suficiente para oponerse a semejante política y lanzarse a una aventura incierta, como lo era concientizar a la población sobre lo que verdaderamente estaba pasando y, a la vez, exigir al gobierno estadounidense que se haga cargo del problema y ayude a solucionarlo. Ahora bien, ¿era necesario tanto hincapié en la necesidad de que el gobierno estadounidense sea el que cargue la mayor responsabilidad? ¿No podrían haber salvado a los judíos europeos los particulares, sin intervención del Estado? Hilel Kook nos dice que eso es muy difícil y da dos motivos:

  • La capacidad de movilización del gobierno estadounidense es infinitamente mayor que la de cualquier particular, por más dinero y contactos que tenga. O sea, hay una cuestión de logística evidente: es más sencillo que sea Estados Unidos el que libere un campo de concentración a que lo haga un Schindler.
  • El gobierno estadounidense tiene la capacidad de presionar a Gran Bretaña. ¿Para qué? Si ya leyeron varios artículos en este blog, se imaginarán para qué. Sí, exacto, para que libere la inmigración a la Tierra de Israel. Recordemos: en ese momento, la Tierra de Israel estaba bajo Mandato Británico y la inmigración judía estaba controlada y regulada. En las condiciones de la Segunda Guerra Mundial, con la Shoá de por medio, esta situación era una locura, solamente entendible desde el punto de vista de mantener el poder colonial británico sobre el territorio de la Tierra de Israel pero absolutamente inmoral dadas las circunstancias en las que se encontraba la judería europea.

Como pueden ver, Hilel Kook piensa que hay dos destinos posibles para los judíos europeos: Estados Unidos o Israel. ¿Por qué? Dejémoslo para más adelante. Para entender eso, hay que entrar en la distinción entre hebreos y judíos y el tema da para mucho.

Ya para cerrar el tema de la Shoá, un comentario interesante. Hilel Kook se negaba rotundamente a llamar al genocidio de los judíos por parte de los Nazis “Holocausto”. Decía que esa era una palabra griega y que tenía una connotación religiosa, de sacrificio ritual, totalmente alejada de lo que había ocurrido. Prefería llamarlo directamente “Exterminio masivo”.

El batallón ausente

Dijimos que Hilel Kook se había instalado en Estados Unidos como enviado del Irgún. ¿Su objetivo? Lograr apoyo político, social y financiero para la causa y el movimiento. Para ello, fundó el Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). El comité era denominado amistosamente “El batallón ausente” por los militantes del Irgún: lo veían como parte integrante del movimiento, como un batallón que, en vez de estar en el campo de batalla, se dedicaba a la propaganda. Originalmente era el representante del Irgún en Estados Unidos. Sin embargo, con el paso del tiempo, el comité se independizaría y actuaría de manera cada vez más autónoma. Esto provocaría cortocircuitos y polémicas entre Beguin (el comandante del Irgún) y Kook (el líder del comité).

Esta independencia que les decía arriba la podemos ver en las posturas originales que fue tomando Hilel Kook (y, con él, el Hebrew Comitee for National Liberation): la distinción entre hebreos y judíos (sí, ya sé, ya la mencioné veinte veces a lo largo de este artículo; no nos apuremos, más abajo le voy a dedicar una buena cantidad de párrafos al tema), el llamado a un gobierno de transición en exilio, el intento de conformar un ejército judío y el contacto con Weizman quizás sean los más trascendentes.

Un ejército judío

Empecemos con el tema del ejército judío. Si recuerdan los artículos sobre Zeev Jabotinsky y Yosef Trumpeldor, seguro que se acuerdan de la Legión Judía. ¿Qué era? Eran batallones de judíos dentro del ejército británico. Estos batallones se formaron durante la Primera Guerra Mundial. La idea era sencilla: apoyar a los británicos para que estos expulsen a los otomanos de la Tierra de Israel y luego exigir que la Tierra de Israel sea devuelta al pueblo judío. Ya hablamos del significado histórico de la Legión Judía, de sus logros y de sus fracasos. No voy a entrar de nuevo en el tema. Lo importante es la idea: formar unidades de judíos dentro de un ejército nacional ajeno. Esta idea fue reflotada durante la Segunda Guerra Mundial pero la situación era bastante más compleja: si nos guiamos por el interés de expulsar a los británicos de la Tierra de Israel, habría que apoyar al bando contrario, a los Nazis, cosa totalmente inaceptable y ridícula (¡judíos apoyando en una guerra a los más grandes antisemitas de la historia!). Pero, a la vez, la opción contraria también es horrible: apoyar a los colonizadores de la Tierra de Israel (los británicos) para que no ganen los Nazis. O sea, dos opciones: o apoyamos a los Nazis o apoyamos a los que colonizan la Tierra de Israel. Las dos opciones, como ven, son malas. Sí, puestos a elegir, creo que todos nos inclinaríamos por apoyar a los británicos…¡pero eso implica darles carta blanca para que hagan lo que quieran en la Tierra de Israel! Esta disyuntiva era una de las grandes líneas divisorias entre la Haganá, el Irgún y el Leji. Hilel Kook tomaría una posición independiente.

¿Cuál es esa posición? Descartar de plano la idea de una Legión Judía. No necesitamos ser pequeñas unidades dentro de un ejército que nos es ajeno sino crear un ejército propio e independiente, un ejército judío. Con ese objetivo en mente, Hilel Kook fundó el Comitee for the Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité Para el Ejército Judio para los Judíos Palestinos y sin Estado). Una vez más, el nombre ya nos da la pauta de esa distinción de la que hablábamos entre judíos y hebreos (no se preocupen, ya vamos a llegar, todo a su tiempo).

¿Fue exitoso el plan de Hilel Kook? Y…su objetivo era bastante ambicioso: un ejército de doscientos mil judíos. Él calculaba que solo había unos cien mil capaces de formar parte de este ejército en la Tierra de Israel así que había que reclutar judíos de todas partes del mundo. Y en base a esto, llamaba a los judíos a establecerse en la Tierra de Israel. Por eso, apoyó y organizó la inmigración ilegal a la Tierra de Israel durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, compró armas y fue uno de los que organizó el viaje del Altalena, un barco lleno de armas que llegó a Israel en junio de 1948, poco después de la declaración de independencia del Estado de Israel. No voy a entrar en el tema (es largo y da para un artículo aparte) pero, para no dejarlos en la nada: Ben-Gurión interpretó que las armas del Altalena eran una violación de su autoridad como líder del naciente Estado de Israel, hubo una batalla en la costa y hundieron el barco de un cañonazo. ¿Resultado final? El Irgún, que hasta ese momento había mantenido su independencia como grupo paramilitar, se unió definitivamente a las Fuerzas de Defensa de Israel (el ejército oficial del nuevo Estado) y varios de los líderes del Irgún fueron arrestados, entre ellos Hilel Kook, que estuvo dos meses en la cárcel.

Weizman y Kook

Sigamos con las ideas originales de Hilel Kook. Habíamos hablado de su contacto con Jaim Weizman. Este último era uno de los líderes sionistas más reconocidos a nivel mundial. Vivía en Inglaterra y mantenía contacto con los líderes británicos. ¿Qué tiene entonces de original el contacto de Kook con Weizman? En resumidas cuentas, que Hilel Kook muestra su amplitud de miras. La amplia mayoría de los sionistas en la Tierra de Israel veían a Weizman como un lord inglés poco eficaz, un hombre muy capaz pero cuyas acciones políticas no llevaban a ningún lado. Weizman era un firme defensor del enfoque diplomático: creía que había que priorizar la diplomacia por sobre la inmigración o el asentamiento real y concreto en la Tierra de Israel. Estaba totalmente en contra de las actividades paramilitares en la Tierra de Israel contra los ingleses e intentó que los británicos acepten la creación del Estado de Israel por motu proprio. Esto era visto por la amplia mayoría de los judíos de la Tierra de Israel como una especie de derrotismo, un sionismo ingenuo: los británicos nunca se irían de la Tierra de Israel porque son buenos sino porque serían expulsados. Weizman era el símbolo de un sionismo remanido y poco práctico, que era mucho palabrerío pero llegaba a pocos resultados concretos. ¡Y viene Hilel Kook y dice que Weizman tiene que ser parte fundamental del nuevo Estado!

¿Qué está pasando? Y…que Hilel Kook no come vidrio. Sabe que Weizman es un hombre capaz, es consciente de sus contactos y entiende que es necesario formar una red de diplomacia que apoye al naciente Estado de Israel. Nadie mejor que Weizman, un científico y político reconocido en el mundo entero, para esa labor. Obviamente, esta movida política de Hilel Kook sería criticada por sus oponentes.

Gobierno de transición en el exilio

La tercera idea original de Hilel Kook es una que intentó llevar a la práctica y que fracasó estrepitosamente: crear un gobierno de transición en el exilio. O más precisamente, que el Hebrew Comitee for National Liberation se transforme en el gobierno en exilio de la nación hebrea de la Tierra de Israel. Este gobierno en exilio tiene que ser de transición. Es decir, tiene que ser el germen del cual surgirá el futuro gobierno del futuro Estado de Israel. Es evidente que Kook se basa en el ejemplo de otras naciones, principalmente europeas, cuyos líderes tuvieron que exiliarse durante la Segunda Guerra Mundial y que formaron gobiernos en el exilio para no dejar acéfala la conducción del país ni dar lugar a que sus adversarios ni enemigos tomen el poder.

¿Cuáles deberían ser las tareas de este hipotético gobierno en exilio?

  • Movilizar a la opinión pública para que apoye al futuro Estado de Israel.
  • Apoyar la rebelión armada de los grupos paramilitares hebreos (principalmente el Irgún) en la Tierra de Israel contra el Imperio Británico.
  • Rescatar a los judíos europeos de la Shoá.

La verdad sea dicha: este plan nunca se llevó a cabo. O mejor dicho, no tuvo éxito. Ni Hilel Kook ni nadie de su grupo fueron reconocidos como representantes de la nación hebrea ni como un gobierno en exilio ni nada que se le parezca.

Hebreos y judíos

Llegamos al núcleo del pensamiento de Hilel Kook. Si entienden los próximos párrafos, entienden prácticamente todo el pensamiento político de Hilel Kook. Si no, están en el horno: no van a comprender qué cuernos está queriendo decirnos. Para facilitarles el tema, voy a intentar ser lo más claro posible y me voy a explayar bastante. Voy a repetir más de una vez las ideas.

La base del pensamiento político de Hilel Kook es la distinción entre hebreos y judíos. ¿Qué significa? Que hay hebreos y que hay judíos. O mejor dicho, que un hebreo puede ser judío y un judío puede ser hebreo pero no necesariamente tiene que ser así: se puede ser hebreo pero no judío y se puede ser judío pero no hebreo.

Un trabalenguas, ¿no? Ya lo explico. Vamos por partes…

El Estado moderno occidental parte de un supuesto: que la nacionalidad es una cosa y que la religión es otra. ¿Un ejemplo? La Argentina es un país católico apostólico romano. Sin embargo, un argentino puede no ser católico: puede ser judío, musulmán, protestante, evangelista, budista, ateo, agnóstico o lo que sea. Y viceversa: que alguien sea católico no quiere decir que sea argentino (puede ser italiano, estadounidense, chileno, japonés, etc). La religión no está relacionada con la nacionalidad: van por carriles separados. Y esto es así porque la religión es un asunto privado, en el cual el Estado no tiene nada que ver. Digamos que el Estado es (o debería ser) neutro en el tema religioso.

¿Se entendió?

De nuevo: la nacionalidad no es la religión. Yo soy judío por religión y argentino por nacionalidad. No son dos atributos contradictorios sino complementarios. Si es así, arguye Hilel Kook, lo mismo es aplicable al judaísmo: hay una nación hebrea (nosotros podríamos decir: israelí) y una religión judía. Pueden coincidir (como muchas veces coincide que un argentino sea además católico) pero no necesariamente debe ser así: puede haber hebreos (=israelíes) musulmanes o cristianos y judíos estadounidenses o argentinos.

Antes de avanzar, hagamos un parate y expliquemos de dónde vienen las palabras “hebreo” y “judío”. Un poco de historia no viene mal, ¿no?

-A lo largo de casi todo el תנ”ך (“Tanaj”, Biblia Hebrea), la palabra עברי (“Hebreo”) se refiere al pueblo de Israel. Si prestan atención, verán que el término יהודי (“Judío”) no significa lo mismo que para nosotros: יהודי (“Judío”), en el contexto de la mayoría de los libros del תנ”ך, significa “proveniente de la tribu de יהודה (“Judá”)”. O sea, יהודי (“Judío”) no significa ni un pueblo ni una nación ni una religión sino una tribu, que forma parte de la nación hebrea. Otra palabra que designa a los hebreos es בני ישראל (“Hijos de Israel”).

-La primera vez que aparece el término יהודי (“Judío”) en el sentido de “perteneciente al pueblo judío” es en el libro de Ester: cuando se nos presenta a Mordejai (Mardoqueo), se nos dice que אִישׁ יְהוּדִי הָיָה בְּשׁוּשַׁן הַבִּירָה, וּשְׁמוֹ מָרְדֳּכַי בֶּן יָאִיר בֶּן שִׁמְעִי בֶּן קִישׁ אִישׁ יְמִינִי (“Había un hombre judío en Shushán la capital, y su nombre era Mordejai hijo de Shimi hijo de Kish, un hombre recto”) . Acá podemos ver cómo cambia el significado de la palabra יהודי (“Judío”): ya no hace referencia a una tribu sino a todo el pueblo. Si prestan atención, notarán que toda la historia de Ester transcurre…sí, adivinaron, en Persia. O sea, en el Exilio. Dicho de otra manera, la primera vez que se utiliza la palabra יהודי (“Judío”) para hacer referencia a todo un pueblo (o si lo prefieren, la primera vez que aparece el concepto de “pueblo judío” en oposición a “hebreos” o “Hijos de Israel”) es cuando los judíos son exiliados. De aquí podemos deducir que la palabra “judío” está asociada con el Exilio y la palabra “hebreo”, con la independencia política.

-Pero las cosas no son tan simples. El Targum Onquelos (la traducción más importante de la Torá al arameo), por ejemplo, traduce la palabra עִבְרִים (“Hebreos”) como יהוּדָאֵי (“Judíos”). O sea, ya en siglo 2 D.C, en la Antigüedad, los términos “hebreo” y “judío” su utilizan como si fuesen equivalentes.

– En base a esto, en el siglo XX, varios militantes del sionismo revisionista abocaron por el uso de la palabra “hebreo” en vez de la palabra “judío”: ahora que nuestro objetivo es la independencia política, aducían, ya no debemos ser más judíos, debemos ser hebreos. Era una forma de mostrar que el judío debía cambiar sus valores y volver a una existencia estatal.

Hasta acá estamos, ¿no?

Bueno, Hilel Kook toma el argumento revisionista y le da un giro particular: la distinción entre judío y hebreo no como una escala temporal (“Antes éramos judíos pero ahora que tenemos un Estado somos hebreos”) sino como una diferencia conceptual. A ver, ¿cómo lo explico?

Piénselo así: para Hilel Kook, el sionismo surge como una respuesta a la Modernidad occidental. No es un desarrollo interno del judaísmo sino una reacción a la falla de la Emancipación. ¿Qué falla? Sencillo: que los judíos europeos no fueron integrados a la sociedad europea. Son discriminados, acusados de apátridas, segregados en ghettos y considerados ciudadanos de segunda. Pero esta falla de la Emancipación no es universal: en América (Estados Unidos, Argentina, Canadá, Chile, México, Brasil, etc), los judíos no son discriminados. No digo que no puede haber un antisemitismo latente sino que no tiene un uso político: puede ser que alguno me grite “Judío de mierda, andate a tu país” cuando camino por la calle pero no deja de ser un insulto aislado. Yo, como judío argentino, tengo los mismos derechos y deberes que un ciudadano argentino cristiano, musulmán, hindú o budista. Dicho de otra manera, la situación de los judíos europeos es diferente de la de los judíos americanos. A partir de esto, Hilel Kook nos dice que hay dos dimensiones diferentes: una es del ser hebreo y otra del ser judío. La primera es nacional, la segunda es religiosa. Piénselo con distintos ejemplos:

  • Un judío argentino: es de religión judía y de nacionalidad argentina. ¿Por qué? Porque sigue la religión judía pero tiene la ciudadanía argentina.
  • Un judío que vive en Israel: es de religión judía y de nacionalidad hebrea (=israelí). Sigue la religión judía y tiene la ciudadanía hebrea (=israelí).
  • Un judío que vive en Alemania en la época de la Segunda Guerra Mundial: es de religión judía…¡pero no es alemán! No es alemán porque el Estado alemán no le da la ciudadanía alemana. Y encima, el pueblo alemán lo rechaza, segrega y desprecia (por no decir: lo asesina). O sea, esta persona de religión judía no puede ser alemana por más que quiera: es, indefectiblemente, hebrea. Es decir, no forma parte de la nación alemana sino de la nación hebrea. ¿Por qué? Porque no tiene nada que hacer en Alemania: se tiene que ir a la Tierra de Israel y formar parte de la nación asentada en ese territorio, la nación hebrea.
  • Un musulmán que vive en Israel: es de religión musulmana pero de nacionalidad hebrea (=israelí).

¿Notan que Hilel Kook distingue claramente entre dos dimensiones, la nacional y la religiosa? Bueno, la pregunta es: ¿esta distinción es real o es imaginaria? Dicho de otra manera, ¿realmente podemos separar entre el ser judío y el ser hebreo (=israelí) tan tajantemente? Mejor dicho, ¿esta división es real o artificial? Y asumiendo que sea real, ¿cuándo surge? ¿O siempre existió esta distinción y nunca nos habíamos dado cuenta?

Para Hilel Kook, esta distinción es un producto de la Modernidad occidental. Hasta el surgimiento de los Estados nacionales modernos, ser hebreo y ser judío era una misma cosa: el judaísmo englobaba elementos nacionales y religiosos. Con el advenimiento de la Emancipación, esto cambió. ¿Por qué? Porque cambió la forma de organización política de Occidente. Antes los Estados no eran nacionales: no existían los Estados-nación. Los Estados se formaban por las dinastías monarquías: si el rey de España se casaba con la reina de Francia, entonces Italia y Francia pasaban a ser un mismo Estado. Y si tenían tres hijos, podían decidir dividir este Estado en tres partes o darle todo al hijo mayor, etc. La cuestión es que los límites estatales no se relacionaban con los límites nacionales: eran cosas separadas. Uno de los aportes fundamentales del Iluminismo es la idea de que los Estados no surgen de sus gobernantes sino viceversa: los gobernantes surgen del Estado. O sea, para nosotros, un Estado no se forma o se desarma porque lo diga el presidente sino por la voluntad popular: cada nación tiene derecho a un Estado. Ése es el problema del judío europeo moderno: vive en un Estado que no es suyo. Pero, ¿qué pasa si se siente cómodo en un Estado, es bien recibido, tiene derechos y obligaciones como cualquier otro ciudadano y no es discriminado (como, de hecho, ocurre en América)? ¡Entonces ese Estado es suyo! ¿Se entiende la distinción?

A partir de esta situación, Hilel Kook dice lo siguiente:

Los judíos deben decidir qué son.

¿En qué sentido? Citemos a Joseph Agassi:

Hay que separar entre dos grupos ya existentes: la nación israelí, que adquirió libertad política y su expresión política en el Estado de Israel, y la fe judía, que es la fe mayoritaria en esa nación, pero que también la comparten personas que pertenecen a otras naciones.

Es importante destacar que la visión de Hilel Kook no es igual que la del canaanismo, más allá de la similitud semántica. No voy a ponerme a detallar el tema porque quiero dedicarle un artículo especial al canaanismo. Lo único que quiero aclarar es que el marco filosófico-político es muy diferente: en la base del pensamiento de Hilel Kook está la distinción de la filosofía política occidental moderna entre religión y nación y una postura liberal, mientras que el canaanismo tiene una base argumental anclada en la arqueología y ciertos resabios de pensamiento mítico. Por otro lado, Hilel Kook nunca llamó a que el Estado de Israel corte todo lazo con el judaísmo, como sí lo hicieron los cananeos, sino que su idea era distinguir entre los judíos que viven en Israel, por quienes el Estado de Israel tiene que preocuparse, y los que no, con quienes no debe tener relación. O sea, no es que Israel no pueda tener relación con los judíos pero esa relación no tiene que ser porque ellos sean judíos sino porque son hebreos (=israelíes). Recuerden: una persona puede ser hebrea (=israelí) y judía, aunque no es necesario que sea las dos cosas juntas.

La normalidad

Si me siguieron hasta acá, entonces ya saben que esta distinción entre hebreos (=israelíes) y judíos se funda en el liberalismo político occidental moderno. Para Hilel Kook, esto significa que Israel tiene que ser un Estado normal, igual que cualquier otro Estado occidental.

Y las preguntas obvias son: ¿quién dijo que eso es ser “normal”? ¿Quién determina la “normalidad”? ¿Por qué ser “normal” significa seguir el molde occidental? ¿Por qué es más “normal” un Estado-nación que un Estado plurinacional (como la ya extinta Unión Soviética o la actual China)? ¿Quién dijo que es tan sencillo distinguir entre la nacionalidad y la fe? ¿Es correcto el supuesto de que nación y religión no tienen nada que ver una con la otra?

Más específico: ¿es posible distinguir realmente entre el judío y el hebreo (=israelí)? Ok, asumamos que los judíos vivimos muy bien y sin problemas en la Argentina. ¿Quién dijo que esta situación va a ser eterna? Si llega al poder un gobierno antisemita, ¿Israel no debería recibirme con los brazos abiertos? O más, ¿no es artificial la división judío-hebreo? El judaísmo tiene elementos nacionales y religiosos, ¿acaso es legítimo cortarlo en dos y decir: “Esto es judío, esto es hebreo”? Si la amplia mayoría de los judíos que viven en la Diáspora en la actualidad basan su judaísmo no en prácticas religiosas sino en su apoyo y sentimiento de unidad con el Estado de Israel, sin que ello implique que quieran irse a vivir allá, ¿quién soy yo (o Hilel Kook) para decirles que no, que eso no es judaísmo? A un nivel más profundo, ¿no es una forma de asimilación el hecho de dar como válido el supuesto occidental de la distinción entre fe y nación?

Para que lo vean claro, pueden pensar a Hilel Kook en oposición a Rab A. I. Kook y Rab Z. Y . Kook. Para los últimos dos, la especificidad del Estado de Israel es fundamental: tiene que ser un Estado judío, tiene que estar abierto a los judíos de todo el pueblo, tiene que estar regido por la הלכה (“Halajá”, Ley judía),tiene que ser אור לגויים (“Luz para las naciones”). El hecho de que sea diferente a otros Estados no es una falla ni un error: es una bendición, es lo que tiene que ser. Para Hilel Kook, no: Israel tiene que ser un Estado normal, como cualquier otro, con una Constitución, regido por el derecho y no tiene ninguna misión especial.

Miren esta cita de Hilel Kook. Si no lo entienden con esto, no sé qué más decirles:

Israel es un ghetto judío con un ejército moderno.

La Constitución

Hilel Kook fue parte de la primera Kneset. Era del partido político Jerut, el mismo de Menajem Beguin. Era el representante de una línea interna opuesto al liderazgo de Beguin…Y perdió esa lucha política. La perdió de tal modo, y se sintió tan decepcionado por lo que pasó en la primera Kneset que decidió retirarse de la política y volverse a Estados Unidos. Según él, había que dejar que pase el temporal y esperar a la siguiente generación, que sería más lúcida. Se equivocó: Hilel Kook nunca volvería a la política. ¿Qué fue lo que pasó?

Originalmente, se convocó a la primera Kneset con el objetivo de dictar y dar sanción a una Constitución para el recién instaurado Estado de Israel. Sin embargo, no hubo quórum y, al día de hoy, Israel no tiene una Constitución. Tiene leyes fundamentales y un extenso código legislativo. Hay también tribunales de justicia seculares, que dependen del Estado. Pero no una Constitución. ¿Por qué? La respuesta usual es que los religiosos, principalmente los Jaredim, decían que la תורה (“Torá”) debía ser la Constitución del nuevo Estado. Ben-Gurión no quería confrontar con ellos y, en pos de la unidad nacional, postergó la sanción de una Constitución. Hilel Kook piensa que eso es mentira y que, en realidad, nunca hubo intención de sancionar una Constitución. Para él, desde el principio, por esa idea de la especificidad judía y del carácter judío del Estado de Israel (errónea, desde su punto de vista), no hubo voluntad política de tener una Constitución nacional. En sus palabras:

Por culpa de Ben-Gurión y Beguin, Israel es la única teocracia en el mundo que fue fundada por seculares.

Duro el hombre, ¿no Y polémico, por supuesto.

Para Hilel Kook, lo que había que fundar no era un Estado judío sino una República Hebrea de Palestina. “República” por la forma de organización política, “Hebrea” porque es de la nación hebrea (que no es lo mismo que el pueblo judío; la nación hebrea incluye judíos pero también musulmanes, cristianos, ateos, etc) y “Palestina” por el territorio geográfico en el que está emplazada. Una aclaración antes que salten los pro-Palestina ignorantes: “Palestina” SIEMPRE hizo referencia a un lugar geográfico y no a un pueblo. Esto cambió solamente a partir de la Guerra de Yom Kipur aproximadamente. Antes los árabes que vivían en Palestina eran eso: árabes. La nación palestina es un invento muy reciente. Ojo, con esto no digo que no tengan derechos nacionales ni nada por el estilo: que una nación sea joven no empequeñece ni agranda sus reclamos. Pero las cosas como son: no como vidrio (¡ni ustedes permitan que les hagan comer vidrio!).

Como se imaginarán, el modelo que tiene en mente Hilel Kook es el estadounidense: una nación en la que conviven personas de origen diverso y religiones varias. Todos (o la amplia mayoría de) los habitantes de Estados Unidos son patriotas y se sienten totalmente estadounidenses, sin desmedro de su religión. Aparte es un país que ama su Constitución (no, no digo que siempre la cumplan, sino que tienen un respeto visceral por ella). Israel tiene que ser, como Estados Unidos, una república democrática secular.

Un Estado, dos Estados, tres Estados

Hilel Kook originalmente sostenía que lo que él llamaba “República Hebrea de Palestina” tenía que ocupar toda la Tierra de Israel. ¿Qué pasa con los árabes que viven en esas tierras? Nada, son personas de religión musulmana y nacionalidad hebrea, que se integrarán sin problemas al nuevo Estado. ¿Y si son mayoría y se elige un presidente musulmán? No pasa nada, tendremos un presidente musulmán. Si el hombre es de nacionalidad hebrea, ¿qué importa si es musulmán, judío, cristiano o ateo?

Pero no, las cosas no son tan sencillas. E Hilel Kook era extremista y medio cabeza dura pero no tonto. Vio claramente que muchos árabes musulmanes no tenían ningún interés en formar parte de la nación hebrea: eran palestinos y tenían derecho a formar parte de la nación palestina. Así, cuando se anunció el plan de partición de la Tierra de Israel por parte de la ONU, Hilel Kook fue claro:

Si hacemos fracasar ahora el plan de partición, estaremos dañando el interés nacional.

Pero hay un problema más: existe un Estado jordano. ¿Existen los jordanos? O sea, ¿hay una nación jordana? Quizás, en realidad, jordanos y palestinos son lo mismo. O quizás no, quizás son diferentes. O quizás…Cito a Hilel Kook:

Hay un pueblo palestino. No veo razón alguna para seguir negando su existencia. Al mismo tiempo, Israel afirma que hay un pueblo jordano, pero no lo hay. En realidad, hay un Estado jordano y un pueblo palestino.

¿Entendieron algo? Explico: para Hilel Kook, está la nación hebrea (formada por judíos, musulmanes, etc). A su vez, hay una nación palestina (formada por aquellos árabes que viven en la Tierra de Israel pero que no se identifican como hebreos). El problema es que existe un Estado jordano pero ese Estado es espurio: no representa a ningún pueblo. Para Kook, Jordania no es más que un invento anacrónico de la dinastía hachemita.

¿Cuál es la solución?

Para llegar a una solución, solo puede haber dos entidades. No hay lugar en el territorio de Palestina para tres Estados. ¿Qué es más fácil: eliminar a Israel, destruir a todos los palestinos o cambiar el nombre de Jordania?

Por si son medio lerdos y no entienden las indirectas, la solución para Hilel Kook es obvia: cambiar el nombre de Jordania. Que se pase a llamar “República Palestina” o algo por el estilo y punto. Así, vamos a tener dos Estados nacionales:

  • Israel: Estado de la nación hebrea (=israelí).
  • Palestina: Estado de la nación palestina.

Por supuesto, Jordania va a desaparecer como tal porque no representa a una nación sino a una dinastía. Como no es un Estado-nación, no tiene razón de ser.

La pregunta que surge es: ¿esto verdaderamente soluciona el conflicto? Volviendo a lo que habíamos dicho antes, ¿es posible aplicar las categorías de la política europea occidental (“Estado-nación”) a una realidad tan diferente como la de Medio Oriente? A mí me parece que Hilel Kook acá no está haciendo más que jugar con las palabras: lo suyo es un hermoso juego semántico sin sentido real. ¿En serio los musulmanes que viven en Israel se contentarían? Creo que no, creo que muchos de ellos quisieran erigir un Estado musulmán, no vivir en uno secular. Y un problema fundamental: ¡Hilel Kook ignora que sean árabes! Para él hay palestinos y hebreos (=israelíes), judíos y musulmanes…¡pero no árabes! ¿Acaso que sean árabes no está relacionado con nada de esto? De nuevo: para mí, Hilel Kook está aplicando categorías conceptuales que funcionan muy bien en una parte del mundo en lugares donde no funcionan. Y el motivo es obvio: está queriendo universalizar premisas que no son universales. Es mentira que toda nación tenga un Estado y que todo Estado se corresponda con una nación. Quizás en un mundo de fantasía, ideal, sí sea así (y yo no sé si ése sea mi ideal pero eso es otro tema…) pero en la realidad cruda las cosas no son o blanco o negro: hay grises.

Post-sionismo

Esta parte final del artículo me encanta. ¿Saben por qué? Porque disipa tres malentendidos fundamentales:

  • Que el post-sionismo surge en la época de los Acuerdos de Oslo.
  • Que el post-sionismo es antisionismo con otro nombre.
  • Que el post-sionismo surge de la izquierda.

Hasta donde yo sé, el primero en utilizar el término “Post-sionismo” fue Hilel Kook. ¿Dónde? En un artículo en el Internacional Herald Tribune. ¿Cuándo? ¡En 1945! Sí, leyeron bien: ¡1945! ¿Estoy loco? Acá tienen la fuente: Struggle and Survival in Palestine/Israel (página 157).

Así que…

  • El post-sionismo no surge ni a palos en la época de los Acuerdos de Oslo. Surge cincuenta años antes, en 1945.
  • El post-sionismo no es antisionismo: nos puede gustar más o menos pero hay una diferencia fundamental entre uno y otro. Mientras que el antisionismo critica al sionismo de base y niega la existencia de elementos nacionales en el judaísmo, diciendo que la propia existencia del Estado de Israel es un error, el post-sionismo parte de reconocer los logros del sionismo: es verdad que hay elementos nacionales en el judaísmo, es un avance la existencia del Estado de Israel pero hay que profundizar la democracia, y eso solo se puede hacer dejando atrás al sionismo. Noten la diferencia: el antisionismo dice que el sionismo está mal de raíz; el post-sionismo reconoce al sionismo y su legitimidad pero dice que, para corregir sus deficiencias, hay que superarlo. (Aclaración: si alguien dijese que, en la práctica, post-sionistas y antisionistas terminan haciendo cosas parecidas, podría aceptarlo –aunque no lo comparto-. No quiero negar eso, lo que quiero resaltar es la diferencia conceptual básica entre una y otra idea: decir que un post-sionista es un judío que se odia a sí mismo o un judío antisemita es una estupidez grande como una casa).
  • El post-sionismo no surge de la izquierda. Al revés, ¡surge de “la derecha”! ¡Surge del revisionismo! No es solo Hilel Kook: también es Uri Avnery, Uzzi Ornan, Amos Kenan, Natan Yellin-Mor, Maxim Ghilan y varios más.

El hombre que fracasó

El gran problema de Hilel Kook es básico: fracasó. No importa si estamos de acuerdo o no, no importa si tiene razón o no, no importa si nos gusta o no. Su militancia para salvar a los judíos europeos de la Shoá, aunque loable, no cumplió sus propios objetivos. Sí, es verdad, sus admiradores dirán que lo boicoteó el establishment y que, aun así, salvó a cien mil o doscientos personas. Ok, lo tomo. ¡Pero no pudo salvar a los otros seis millones y medio! Su militancia dentro del revisionismo también terminó en fracaso: se retiró. Beguin le ganó la pulseada por el control del partido Jerut, que aglutinaba al Irgún, al Comité Hebreo para la Liberación Nacional y al antiguo partido revisionista, entre otras organizaciones revisionistas. Su intento de sancionar una Constitución para Israel terminó flotando en la nada. Su llamado a crear un gobierno en exilio, también. Hasta el Altalena fue hundido. A pesar de su importancia histórica, hoy en día es muy poco conocido y prácticamente ignorado.

No quiero decir con esto que Hilel Kook tenía razón o no. La razón no está dada por ser exitoso. Eso es obvio. Lo que digo es que Kook fracasó. Simplemente eso. Y ojo, eso no disminuye ni sus convicciones ni su esfuerzo ni sus ideales ni su militancia. Tampoco niega su inteligencia ni perspicacia. Pero sí explica por qué es tan poco conocido: no es que hay una conspiración para tapar su nombre. Es que terminó por fracasar. Nunca se asimiló al mainstream. Por eso hoy la mayoría de la gente no tiene ni idea de quién es.

Y justamente por eso es que escribo este artículo. Hilel Kook es una pieza fundamental para entender al Irgún y al revisionismo en general. Además, es muy interesante porque su figura atraviesa muchas problemáticas que encontramos en el sionismo: el nacionalismo y la religión, la especificidad de Israel, la relación entre Israel y sus vecinos, el post-sionismo, el problema constitucional en Israel, la democracia y la secularidad en Israel y muchos otros temas más.

¿Es actual? Totalmente. ¿Tiene razón? Eso ya está en cada uno. Lo que no me cabe la menor duda es que es interesantísimo y punzante. Solo por eso –porque nos hace ver las cosas desde otro lugar- vale la pena.

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