Rab Yehuda Amital

Un educador especial

Rab Yehuda Amital nació en 1925 en Rumania y falleció en 2010 en Israel. Fue rabino, educador y político. Fundador y ראש ישיבה (“Rosh Yeshivá”, líder espiritual, director) de Yeshivat Har Etzion, fue un influyente líder religioso y espiritual. Aunque originalmente asociado a Gush Emunim (el movimiento político fundado por los seguidores de Rab Zvi Yehuda Kook), sus posturas audaces y personales terminaron por alejarlo del grupo y lo impulsaron a tomar un camino diferente al de Rab Zvi Yehuda Kook. Normalmente, se ve a Rab Amital en contraposición a Rab Kook hijo: son dos lecturas de la vida y obra de Rab Kook padre. En este artículo voy a hacer eso mismo. A pesar de esto, no quiero dar lugar a malentendidos: no es que uno sea más fiel que otro a Rab Kook padre ni que una lectura sea más correcta que la otra. Se trata, por el contrario, de en dónde está puesto el foco.

La aclaración usual: este blog es sobre sionismo. La obra de Rab Yehuda Amital no se circunscribe al sionismo sino que es mucho más amplia. Sin embargo, acá no vamos a hacer un análisis filosófico de sus ideas ni una biografía que nos cuente su vida. El tema de hoy es: sionismo en el pensamiento de Rab Yehuda Amital. Como siempre, para entender su sionismo hay que entender también otras partes de su pensamiento pero no piensen que este artículo agota el pensamiento de Rab Amital.

Empecemos con una breve sinopsis biográfica. Rab Yehuda Amital nació en 1925 en Rumania, como vimos más arriba. Tuvo una educación judía tradicional, en un Jeider. Rab Amital fue víctima de la Shoá pero sobrevivió. No así su familia: sus padres y hermanos fueron asesinados. El lugar de la Shoá en el pensamiento de Rab Amital es fundamental. En otro orden de cosas, él mismo cuenta cómo uno de los pocos libros que pudo llevar al campo de concentración era un panfleto sobre el pensamiento de Rab Kook y cómo le ayudó a sobrellevar momentos duros y trágicos. Vean que la influencia de Rab Kook padre va más allá de lo ideológico: es personal y visceral. Ya terminada la Segunda Guerra Mundial, decidió irse a vivir a Israel. Estudió en Yeshivat HaDarom, una yeshivá  חרדית (“jaredit”, ultraortodoxa; o sea, “religiosa no sionista”) pero terminó decantándose por el sionismo religioso. Se transformó en un conocido líder del movimiento Gush Emunim. En 1968, poco después de la Guerra de los Seis Días, fue convocado para fundar y liderar una yeshivá en Gush Etzion, un asentamiento recién creado. Rab Amital aceptó y fundó Yeshivat Har Etzion, que hoy es la yeshivá sionista religiosa más grande de Israel. Llamó para que lo acompañe en el liderazgo a Rab Aharon Lichenstein y así formaron una sociedad que perduró durante 40 años, hasta sus respectivos fallecimientos. Fue uno de las mentes detrás de la idea de lo que es la Yeshivat Hesder (la combinación de yeshivá con servicio militar, más abajo lo explico). Como Rosh Yeshivá de Har Etzion, desarrolló una carrera educativa espectacular. Con el tiempo, se despegaría del mesianismo de Gush Emunim y, en 1988, fundaría Meimad, un partido político sionista religioso de centro-izquierda. En 1995, luego del asesinato de Itzjak Rabin, asumiría como ministro sin cartera del gobierno de Shimon Peres. Falleció en 2010.

El judaísmo

Antes de ir al tema del sionismo, empecemos con una pregunta que ya es un lugar común en la filosofía judía del siglo XIX, XX  y XXI: ¿qué es ser judío? Esta pregunta es uno de los ejes centrales del pensamiento judío de los últimos dos o tres siglos. En la respuesta a esta pregunta encontramos bien delimitadas las distintas posiciones de los distintos movimientos que surgieron en el seno del pueblo judío en los últimos años. Veamos, entonces, qué responde Rab Yehuda Amital…

Un judío completo es aquel al que le ordenan y cumple las מצות (“Mitzvot”, preceptos). Un judío consciente es aquel que, aunque no observa la תורה (“Torá”), es consciente de su existencia y se siente impelido por ella. Y todos aquellos a los que la Torá ordena sus Mitzvot son judíos, sean o no conscientes de su existencia.

La visión de Rab Amital, como ven, es tradicional:  el judaísmo –y, por extensión, la identidad judía- se constituye como tal solo por la Torá. La Torá nos ordena, comanda, exige: es esta exigencia la que forma al judío. Sin embargo, Rab Yehuda Amital señala con claridad una obviedad: la amplia mayoría del pueblo judío en la actualidad no cumple la Torá. Así, se forma una paradoja: el judío es judío por la Torá; pero muchos judíos ignoran o rechazan a la Torá. ¿De dónde surge este enredo?

El enredo surge de la doble faceta que tiene el ser judío:

  • Es judío el hijo de madre judía (o, en su defecto, aquel que hace una conversión válida). Así lo codifica la הלכה (“Halajá”, Ley judía). Esta faceta podríamos denominarla “étnica”.
  • Se es judío solo por la Torá. Así lo formulan los grandes filósofos medievales, como Rab Saadia Gaon o Rambam (Maimónides). Esta faceta podríamos denominarla “religiosa”.

La primera faceta es indiscutible en un encuadre halájico-normativo judío y Rab Yehuda Amital lo acepta como dado. La segunda faceta se entiende normalmente como que un judío es judío cuando cumple Torá y Mitzvot: una persona sin estos dos atributos no es judía. Rab Yehuda Amital saca a relucir su agudeza cuando interpreta esta faceta de una manera totalmente distinta: no es la observancia de la Torá lo que nos hace judíos sino el mismo hecho de que nos sea ordenado cumplirla. De nuevo: somos judíos solo por la Torá, sí, pero esto no significa que seamos judíos solamente cuando la cumplimos o porque la respetamos (o sea, no es que si no cumplimos Torá y Mitzvot, somos gentiles) sino que la Torá es la que determina la exigencia de mi propio judaísmo. O sea, sin Torá, no hay judaísmo porque sin Torá, no hay mandamiento: no hay exigencia de ser judío.

Piénsenlo así: una nación preexistente puede decidir escribir una Constitución para mantener el orden interno y un sistema legal justo. Pero otra opción es que la propia Constitución sea la que determine el carácter y forme a la nación misma: antes de la Constitución, la nación no existía; es solo gracias a esta que surge la nación. Imagen ahora que la Constitución del pueblo judío es la Torá y entenderán de qué estamos hablando: el pueblo judío se constituye como tal solo por la Torá. No por su observancia sino por su misma existencia. Ojo, no estoy diciendo con esto que Rab Amital menosprecie el cumplimiento de la Torá y las Mitzvot. Todo lo contrario, fue un judío respetuoso de las mismas durante toda su vida y un líder espiritual y religioso de primer orden. Lo que estoy diciendo es que Rab Amital busca un lugar, dentro de un marco tradicional, para los judíos que no cumplen Mitzvot y lo haya justamente en esta definición: sos judío porque lo dice la Torá, no porque la cumplas o no.

Rab Yehuda Amital señala también un dato muy interesante. La conversión más famosa en la historia del pueblo judío es la de Rut. ¿Cómo se convirtió? Cuando dijo estas palabras: “Tu pueblo será mi pueblo y tu D-s será mi D-s” (Rut 1:16). ¿Qué tiene de interesante esto? Descompongamos la frase en dos:

  • “Tu pueblo será mi pueblo”.
  • “Tu D-s será mi D-s”.

¡Primero viene la afiliación con el pueblo de Israel; solamente después el culto a D-s, con su consecuente unicidad y el rechazo de la idolatría! O sea, el estar unido al pueblo es anterior al culto a D-s: no es que, como consecuencia de que creo en D-s, creo en el pueblo judío sino que, como consecuencia de mi relación con el pueblo judío (relación que, ya lo explicamos antes, se funda en la Torá), creo en D-s.

Rab Amital señala un hecho evidente: podemos encontrar personas con un alto sentido de la moralidad que, sin embargo, se autoproclaman ateas o agnósticas. Es más, hay muchísimos ejemplos de personas que, siendo totalmente seculares, entregaron su vida por altos ideales éticos o por el pueblo judío, la Tierra de Israel o el Estado de Israel. Rab Amital no está dispuesto a negarles su judaísmo a estas personas sino todo lo contrario: son judíos, quizás no tan practicantes como me gustaría, pero judíos sin discusión.

Todo este viene a colación porque Rab Yehuda Amital es un firme defensor de la unidad del pueblo judío: no importa si sos religioso o secular, de izquierda o de derecha, matemático o futbolista. Tenemos que estar unidos. De hecho –esto lo veremos más adelante- una de las tareas que se cargó al hombro Rab Amital fue servir como puente entre el mundo religioso y el secular.

La Shoá

Rab Yehuda Amital fue sobreviviente de la Shoá, y esto ocupa un lugar clave en su pensamiento. Para Rab Amital, la Shoá es un hecho trascendente en la historia del pueblo judío. No es una persecución más en la larga cadena de antisemitismo que se extiende desde la Antigüedad ni un hecho accidental o desafortunado; tampoco es, tal como lo planteara Rab Z. Y Kook, un proceso de purificación espiritual para la llegada del משיח (“Mashiaj”, Mesías) ni un castigo por el sionismo o el antisionismo de ciertos sectores del pueblo judío; no es explicable solamente desde la lógica. ¿Qué es entonces la Shoá?

Se escuchan muchas ideas sobre la Shoá: algunos afirman que era el precio que el pueblo judío tenía que pagar para que se forme un Estado judío; otros dicen que el Estado de Israel es la recompensa divina por la destrucción que trajo la Shoá; incluso algunos argumentan que la Shoá era la única manera de que los judíos abandonen Europa y vayan a Israel. Estas son posturas que me resultan difíciles de sostener: me inspiran una reacción visceral, una aversión natural. No me importan tanto estas posturas como lo que revelan: una visión histórica y religiosa que ignora a la Shoá y la anula de nuestra memoria colectiva. Esto es muy peligroso.

Para Rab Amital, la Shoá es una constante: es un tema que vuelve una y otra vez en sus clases, charlas, conferencias y discursos. Y es curioso porque, en líneas generales, el israelí tiende a darle mucho menos importancia a la Shoá que el judío diaspórico. No quiero entrar a analizar las causas pero un motivo que me parece bastante lógico es que el judío israelí tiene una especie de respuesta a la Shoá o, si se quiere, puede incluirla en una narrativa con final feliz: pasó, nos asesinaron como corderos en un matadero y fue horrible pero terminamos creando un Estado, etc. En la conciencia israelí hay un cierto desprecio a las víctimas de la Shoá: se dejaron asesinar, no se defendieron, si se hubiesen ido de Europa a la Tierra de Israel antes del desastre…No digo que sea algo adrede ni consciente: está incrustado en el inconsciente colectivo. Si quieren decirlo así, hay un orgullo del tipo: “Esto a nosotros no nos va a pasar, tenemos un Estado y ejército, somos fuertes y estamos dispuestos a defendernos, no vamos a ser pasivos”. Rab Amital es muy crítico de esta actitud altanera y soberbia y de todo intento de explicar a la Shoá como parte de una teodicea: la Shoá es sencillamente inexplicable. Todo el que da razones para ella se pone en el lugar de D-s. Ojo, no es que no podamos analizar las causas históricas, sociales, económicas, psicológicas o hasta espirituales de la Shoá. Hacer esto está bien y es muy loable. Sin embargo, una cosa es buscar causas y otra muy diferente, justificar.

Rab Amital está convencido de que la Shoá está metida profundamente en la psique del judío moderno. En sus palabras:

La Shoá está impregnada en la conciencia de nuestro pueblo, aunque no nos demos cuenta. Veo esta influencia en cómo muchos se alejaron del judaísmo y también en la  תשובה (“Teshuvá”, retorno, arrepentimiento) de muchos en busca de sus raíces judías. En el extremismo también: en el Kahanaismo y en Shalom Ajshav. Pero también creo en la posibilidad de un cambio interno.

(Nota colgada: ya voy a escribir tanto de Meir Kahane como de Shalom Ajshav y los “movimientos de paz”; para un panorama general, acá tienen un artículo sobre Kahane y otro sobre Shalom Ajshav -Paz Ahora-).

A su vez, Rab Yehuda Amital rechaza terminantemente el uso político de la Shoá y el uso de terminología nazi como forma de crítica. El típico “Sos un nazi de mierda” para referirse a algún comentario racista o que tenga tintes autoritarios le parece horripilante. Dice así:

Cuando la gente usa palabra como “Auschwitz”, “Majdanek”o “Nazis” para describir otros fenómenos –sin importar lo serios que sean- veo una especie de desprecio a la Shoá. Si seguimos usando términos relacionados con la Shoá para referirnos al terrorismo, vamos a provocar que, en futuras generaciones, solamente los historiadores puedan diferenciar entre la Shoá y las guerras judías. Este lenguaje descuidado puede provocar que en un futuro el término “Shoá” sea un término general para cualquier desastre para el pueblo judío (…)  Cuando un judío usa contra otro judío términos relacionados con la Shoá, también la desprecia. Ya sea un izquierdista que llama a los soldados israelíes “Judeo-Nazis” o un derechista que le grita a un oficial de policía “S.S.” o “Gestapo”, los dos están despreciando a la Shoá. ¡Incluso si su intención es buena y en aras del cielo!

Yeshivat Hesder

Quizás la más importante creación de Rab Yehdua Amital sea la ישיבת הסדר  (“Yeshivat Hesder”). ¿Qué es? Es un sistema educativo que combina estudios en una yeshivá con el servicio militar. Hagamos un resumen de la situación global y después entremos al tema en sí…

En Israel, todo ciudadano (ya sea hombre o mujer) mayor de 18 años está obligado a hacer el servicio militar. Normalmente las mujeres hacen dos años y los hombres, tres. Hay algunas excepciones a la regla (la amplia mayoría de los ciudadanos israelíes árabes –aunque no todos- no se enlista en el ejército, por ejemplo, y, en algunas unidades, las mujeres hacen un servicio militar extendido) pero, para resumir, dejémoslo ahí. A su vez, los Jaredim (ultraortodoxos) se oponen a servir en el ejército por motivos religiosos: aducen que su misión es estudiar Torá, y que esto protege al pueblo judío, o bien argumentan que el ejército es un lugar peligroso desde el punto de vista espiritual. No quiero entrar a polemizar porque el tema es muy largo, muy complejo y muy urticante. Vayamos a lo importante: la ley israelí dice que si una persona está estudiando en una yeshivá, está exenta del servicio militar.

¿Hasta ahora vamos bien? A grosso modo (insisto que esto podría ser tema de un artículo aparte y que es una simplificación), tenemos dos grupos:

  • Los no religiosos: sirven en el ejército. El servicio militar es obligatorio.
  • Los religiosos: no sirven en el ejército.

Repito: es una SIMPLIFICACIÓN. No me salten a la yugular todavía.

¿Estamos?

No, no estamos nada. Esa simplificación está equivocada, es una falacia común pero estúpida. Es un mentira. En realidad, la cuestión es así:

  • Los que sirven en el ejército: casi todos los ciudadanos israelíes.
  • Los que no sirven en el ejército: casi todos los Jaredim (ultraortodoxos) (una minoría muy pequeña se enrola en batallones especialmente diseñados para este segmento de la población), israelíes árabes (una ínfima minoría lo hace pero, hablando desde las estadísticas, es irrelevante), objetores de conciencia (una minoría casi descartable), ciudadanos israelíes que viven fuera del país (digamos, un israelí que se fue de chico con su familia a vivir a Estados Unidos), personas con alguna discapacidad física o mental.

¿Por qué digo que la primera lista de dos grupos es una falacia y una mentira y está equivocada? Porque parte de un error imperdonable: dice que los “religiosos” no hacen el ejército. Y es mentira. Los que no sirven en el ejército no son los todos los “religiosos” sino solo los Jaredim (ultraortodoxos). Los Datiim Leumim (religiosos sionistas) SÍ sirven en el ejército. Es más, una proporción altísima de los cabecillas del ejército pertenece a este segmento de la población.

Ya me imagino tu cara: ¿Qué corno tiene que ver todo esto con Rab Yehuda Amital?

Respuesta: que Rab Yehuda Amital fue uno de los que diseñó y planificó el sistema por el cual se integran muchos Datiim Leumim al ejército. Si bien la mayoría hace el servicio militar de la manera usual (tres años), una cantidad bastante importante hace Yeshivat Hesder.

(Nota: sí, dejé de lado a las mujeres a propósito. Muchas mujeres Datiot (religiosas sionistas) hacen lo que se llama שירות לאומי -“Sherut Leumi”-, una especie de voluntariado social, en vez del ejército. ¡No todas, eh! Varias también se enrolan en el ejército).

¿Qué es una Yeshivat Hesder? Como dije antes, un programa que combina los estudios en una yeshivá con el servicio militar: se hace un año y medio de yeshivá, un año y medio de servicio militar y otros dos años más de yeshivá. En total, son cinco años en vez de tres pero, simultáneamente, solamente un año y medio de esos cinco son de servicio militar efectivo (contra los tres años usuales).

¿Y qué tiene de especial esto?

Dos cosas:

  • Permite que los Datiim Leumim se integren al ejército sin descuidar sus creencias ni prácticas religiosas.
  • Permite la creación de un tipo de yeshivá nueva, que surge con el moderno Estado de Israel: las Yeshivot Hesder. Estos yeshivot están armadas desde la base con la idea de que sus alumnos sigan este programa. O sea, su calendario académico está planificado en base a esto. Y más: como una Yeshivat Hesder apunta a un público específico (jóvenes que quieren conjugar su servicio militar con sus estudios religiosos), su currículum es muy diferente del de una yeshivá jaredí (cuyos alumnos no interrumpen sus estudios para servir en el ejercito).

Dicho de otra manera, no se trata solamente de integrar al sionista religioso sino también de crear un nuevo tipo de institución educativa acorde a las necesidades de la época.

Otro punto importante a tener en cuenta es que, de acuerdo a la ideología de la amplia mayoría de los Datiim Leumim, el servir en el ejército no es simplemente un deber civil o una obligación para con el Estado sino fundamentalmente un deber religioso: es una מצווה (“Mitzvá”, precepto, mandamiento). Es una obligación con el Estado, sí, pero también con todo el pueblo judío y con D-s mismo.

El significado del Estado de Israel

Habíamos dicho que Rab Yehuda Amital fue uno de los líderes de Gush Emunim. No un líder político sino uno de los ideólogos. O sea, una de las personas que inspiraban al movimiento. Uno de sus libros se llama המעלות ממעמקים (“HaMaalot MiMaamakim”, Los pasos o grados desde lo profundo; se refiere a levantarse cuando uno está alicaído, al crecimiento espiritual en la desesperación; es una cita textual del salmo 130). Este libro es una recopilación de artículos y discursos suyos y se publicó poco después de la Guerra de Yom Kipur. En él, encontramos la teología usual de Gush Emunim, que ya vimos cuando hablamos de Rab Kook hijo: el Estado de Israel es קדוש (“Kadosh”, santo, consagrado) y adelanta la Redención, estamos en אתחלתא דגאולה (“Principio de la Redención), es la época de ראשית צמיחת גאולתנו (“Comienzo del proceso de Redención”). Rab Amital muestra cómo se están cumpliendo las profecías de la Torá y se muestra exultante.

Con el paso del tiempo, Rab Amital iría moderando su discurso, rechazaría las implicaciones mesiánicas y defendería la existencia y el significado religioso del Estado de Israel no en términos de Redención mesiánica sino en términos de soberanía política e independencia. Hay un quiebre claro entre lo que leemos en HaMaalot MiMaamakim y lo que dice Rab Amital en la década de 1990.

¿O no?

La verdad, acá hay discusión y ni siquiera los alumnos de Rab Yehuda Amital se terminan de poner de acuerdo. Hay tres posturas con respecto a este quiebre en el pensamiento de Rab Amital:

  • Rab Amital tenía una visión mesiánica en la época de la Guerra de los Seis Días. Sin embargo, el curso de los acontecimientos (principalmente el shock que le supuso la muerte de varios de sus alumnos en sucesivas guerras) le hicieron cambiar su opinión y defender que el Estado de Israel tiene un significado religioso en términos de soberanía, independencia y קידוש השם (“Kidush Hashem”, Santificación de D-s) pero no tiene nada que ver con el משיח (“Mashiaj”, Mesías). Resumen: hay dos etapas en su pensamiento, una mesiánica y otra no.
  • Igual que la anterior pero agrega una tercera etapa, a partir de la década de 1990: en esta última etapa, Rab Amital rechaza todo valor religioso del Estado de Israel y lo defiende en términos pragmáticos y políticos pero no religiosos.
  • No existe ningún quiebre. El pensamiento de Rab Amital nunca cambió, simplemente se enfocó en uno u otro aspecto dependiendo de la época y lo que consideraba que era necesario enfatizar de acuerdo al momento histórico. Rab Yehuda Amital mismo defiende esta visión y dice que nunca pretendió extraer ninguna aplicación práctica ni política de la idea de que el Estado de Israel adelanta la Redención: para él, siempre se trató de una forma de expresar que D-s está detrás de este proceso histórico pero de ninguna manera quiso argumentar que esto había que interpretarlo literalmente.

¿Cuál de estas tres posturas es verdad? En lo personal, me parece que la segunda es bastante rebuscada y no la termino de entender. Me parece clarísimo que siempre Rab Yehuda Amital entendió a toda la realidad (y, por ende, al Estado de Israel) en términos religiosos o espirituales. Tal como vimos con Rab Kook padre, la cuestión pasa por la pregunta: ¿cuál es el significado profundo, oculto y espiritual de este fenómeno? De hecho, cita constantemente profecías de la Torá y dice explícitamente que se están cumpliendo, aunque afirme que nuestra época no es mesiánica. En cuanto a la primera y la tercera, me parece que la tercera tiene un ancho de espadas: es con la que se identifica Rab Amital. Pero tampoco las cosas son tan sencillas. Hay una anécdota genial con respecto a esto. Cito a Reuben Ziegler:

Diez años atrás, le presentaron a Rab Amital el manuscrito de un libro que alguien había escrito sobre su pensamiento. Le pregunté a alguien de confianza qué pensaba Rab Amital del libro. Me dijo: “No le gustó porque lo muestra como si hubiera cambiado sus ideas”. Se calló un segundo y agregó: “Pero entonces cambió de idea”.

Así que, ¿Rab Amital cambió o no cambió? Está en cada uno sacar sus propias conclusiones. Lo que resulta claro es que Rab Amital, incluso en sus libros y discursos más mesiánicos, rechazó siempre las visiones extremistas y tendió  a la moderación.

Ahora bien, si la justificación del Estado de Israel no es, tal como lo planteara Rab Z. Y. Kook, el mesianismo, ¿cuál es? Hay tres:

  • קידוש השם (“Kidush Hashem”, Santificación de D-s) .
  • פיקוח נפש (“Pikuaj Nefesh”, Peligro de vida)
  • מלכות (“Maljut”, Reinado, soberanía)

El punto 1) se refiere a lo siguiente: si la Shoá fue el mayor חילול השם (“Jilul Hashem”, Profanación de D-s) de la historia, la creación del Estado de Israel es el mayor קידוש השם: un pueblo se levanta después de la peor tragedia de la humanidad, después de un genocidio atroz y lunático, y funda y construye un Estado floreciente, pujante y poderoso. En palabras de Rab Amital:

Así como no hubo un Jilul Hashem como la Shoá, no hubo un Kidush Hashem como el establecimiento del Estado de Israel. No cabe ninguna duda que debemos agradecer por el Estado de Israel, incluso si no es la Redención Mesiánica.

El punto 2) es bien concreto: solamente si el pueblo judío está unido tiene posibilidades de sobrevivir. Más todavía: el Estado de Israel es un escudo que protege a los judíos de todo el mundo de las persecuciones y el antisemitismo. Es decir, el Estado de Israel tiene el valor práctico de salvar físicamente a los judíos. Paradójicamente, la propia existencia del Estado provoca una reacción en los árabes que lo circundan y esto causa que los judíos israelíes estén en peligro constante de guerra y, por ende, de muerte. En aras de salvar nuestras vidas, tenemos que unirnos todos los judíos, sin importar si somos religiosos, seculares, ateos, agnósticos o creyentes. Citemos a Rab Amital:

…Concierne al Estado de Israel, y esto tiene ramificaciones con respecto al tema de Pikuaj Nefesh. Si consideramos que Israel es un refugio para millones de judíos y que la supervivencia de esos judíos depende que haya paz y de la capacidad del Estado de Israel de derrotar a sus enemigos, y si estamos convencidos de que el establecimiento de un Estado judío y su supervivencia constituyen un Kidush Hashem, si el Estado de Israel nos resulta caro a nuestros ojos, si no nos contaminó la herejía jaredí, que excluye la mano Divina del proceso histórico que llevó al restablecimiento de un Estado judío y lo ve todo como si fuese un proceso humano en un cien por ciento, entonces tenemos que saber que el Estado de Israel solo puede perdurar si todos los sectores de la nación tienen buenas relaciones entre sí. Solamente si nos respetamos unos a otros como hermanos, sin importar nuestras respectivas ideologías, podemos mantener este Estado. De otra manera, estamos en peligro de destrucción.

El punto 3) es Maljut: soberanía política. En palabras de Rab Amital:

Maljut Israel significa la independencia política de Israel. Encontramos que este concepto tiene dos connotaciones. El primero se relaciona con la salvación de la nación y su seguridad, y el segundo con la posibilidad de un dominio de justicia y verdad. Ya hemos internalizado la idea de Maljut en el primer sentido. Para aquellos que sobrevivimos a la Shoá, la independencia política nos da una sensación de libertad; pero para aquellos que nacieron en el Estado, Maljut Israel significa principalmente la posibilidad de defendernos a nosotros mismos y de absorber grandes masas de inmigrantes. Sin embargo, todavía debemos internalizar el segundo sentido de la expresión (un dominio de justicia y verdad), que es el objetivo final. En el fondo, todavía no internalizamos correctamente el concepto mismo de Maljut Israel porque si así fuese, estaríamos obligados a preguntarnos: ¿por qué es significativo y valioso para nosotros?

Si lo piensan un poco, la idea es relativamente similar a la de Martin Buber. Con una salvedad fundamental: Buber parte de una visión religiosa pero no tradicional ni respetuosa de los preceptos tradicionales, mientras que Rab Amital es un rabino que podríamos denominar “ortodoxo” (sí, odio la palabrita esa pero bueno, simplifiquemos).

¿Hay algún antecedente para esta idea de soberanía política pero sin relación alguna con el mesianismo? Por supuesto, la dinastía hasmonea. O sea, los sucesos de Januca. Sínteticamente, pasó lo siguiente: los judíos hicieron una guerra, recuperaron la soberanía política, se reinstauró la monarquía, esta se corrompió y fue un rotundo fracaso a nivel espiritual-religioso. Y sin embargo, ¡festejamos Januca! ¿Por qué? Porque la propia soberanía es positiva en sí misma. Cito a Rab Amital:

Rambam (Maimónides) escribe que una de las razones para Januca es que “se restauró la soberanía judía por más de doscientos años” en la época de los hasmoneos. Y esto a pesar de que conocemos el bajo nivel moral de muchos miembros de esta dinastía. La Mishná nos enseña que el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) recitaba ocho bendiciones en Yom Kiput, de las cuales una es “Sobre Israel…”. La Guemará (Talmud) explica que esta bendición es “Sobre nuestra nación, Israel, que necesita ser salvada”. Rambam explica: “Su tema es que D-s debe salvar a Israel, y no dejarlo sin rey”. De nuevo: aunque sabemos qué tipo de reyes nos gobernaron en la época del Segundo Templo, y sabemos también de su bajo nivel moral y religioso, Rambam, sin embargo, afirma que la salvación de Israel se expresa en la soberanía y la monarquía.

La cuestión territorial

Rab Yehuda Amital fue uno de los pocos rabinos que apoyó los acuerdos de Oslo y llamó explícitamente a llegar a algún acuerdo de paz con los palestinos y los vecinos árabes de Israel. Más sorprendentemente, era un rabino sionista religioso. Y digo sorprendentemente porque normalmente se asocia al sionismo religioso con la derecha y un rechazo frontal y visceral a toda concesión territorial. Sin embargo, Rab Amital estaba dispuesto a ceder territorios a cambio de paz.

Su razonamiento es muy sencillo: tenemos dos preceptos uno frente al otro. Por un lado, el asentamiento en la Tierra de Israel y la soberanía sobre ella; por el otro, salvar vidas. Si llegar a un acuerdo de paz va a acabar con las guerras y, por lo tanto, salvará vidas, entonces está permitido y es un deber buscar un acuerdo. Dicho de otra manera, salvar vidas es más importante que asentarse en toda la Tierra de Israel.

Además tenemos que agregar otro problema asociado con la anexión de territorios: en muchos de ellos viven árabes. Así, si se les otorgan los derechos correspondientes (y Rab Amital nunca duda que deba ser así porque es un ferviente defensor de la democracia), habría una mayoría árabe en el Estado, lo que causaría que el gobierno no sea un gobierno con mayoría judía. El resultado de todo esto es que, más allá de lo que digan los papeles, el Estado de Israel ya no sería un Estado judío: sus gobernantes serían árabes, la mayoría de su población sería árabe, su cultura sería árabe. La única manera de evitar esto es ceder los territorios con alta densidad de población árabe.

Sin embargo, no tenemos que llevar las cosas demasiado lejos. Rab Amital no es un pacifista: no está en contra de cualquier guerra. No, hay guerras que son necesarias. No está dispuesto a perder la soberanía sobre toda la Tierra de Israel. Sobre una parte, sí, siempre y cuando haya posibilidades reales de paz, pero no más que eso. Dos ejemplos nos van a ayudar a entender su postura: apoyó los acuerdos de Oslo pero no la retirada de Gaza. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? Que los acuerdos de Oslo fueron eso: acuerdos. Es decir, hubo una negociación: Israel propuso A, Palestina retrucó B y cada parte se comprometió a hacer algo. En cambio, en el caso de la retirada de Gaza, esta fue unilateral: no hubo negociaciones ni compromisos. Fue algo así: “Bueno, gente, les regalo este pedazo de tierra porque soy bueno, hagan lo que quieran, chau”. Para colmo, para hacer eso, hubo que expulsar a miles de judíos que vivían en esas tierras. En pocas palabras, una cosa es un acuerdo con garantías y otra muy distinta, una retirada unilateral para ver qué pasa.

Hay límites también a lo que está dispuesto a renunciar Rab Amital en términos territoriales. Jerusalén, por ejemplo, no es negociable. En sus palabras:

La concesión de Jerusalén es imposible. Así como la vida de una persona no es un valor supremo y absoluto y hay algunas prohibiciones por las que debemos dar nuestras vidas antes que transgredirlas, lo mismo ocurre a nivel nacional: hay valores que la sociedad y el Estado deben sostener, sin importar el riesgo. (…) Una sociedad que valora “La santidad de la vida” por encima de todo, y que no incluye una “Vida de santidad” como valor supremo, está destinada a degenerar moralmente y corromperse. Lo mismo con respecto a la paz: a pesar de su gran importancia, no es un valor supremo ni absoluto ni exclusivo y hay cosas que no podemos sacrificar en aras de la paz.

Contra los mesianismos

Rab Amital argumenta que, en 1948, cuando se creó el Estado de Israel, lo que motivó al pueblo fue el anhelo de soberanía política, con la subsiguiente libertad y autonomía asociadas a ella. Solamente a partir de la Guerra de los Seis Días, en 1967, surge el mesianismo, la exaltación de los milagros y la idea de extender el dominio del Estado de Israel sobre toda la Tierra de Israel bíblica.

Rab Amital no solo ve mesianismo en el sionismo religioso. Para él, el mesianismo es la búsqueda de soluciones fáciles y simplistas, que eluden la realidad. Soluciones que no lo son porque pretenden acomodar la realidad a nuestros deseos o a nuestros conceptos o panorama mental. Escapismos, fugas de la realidad. En una entrevista, Yehuda Mirsky dice:

La noche de principios de 1983 en la que lo escuché criticar a Gush Emunim, Paz Ahora y Ariel Sharon como diversas formas de mesianismo fue uno de los momentos más formativos en mi vida.

Les soy sincero: la primera vez que leí esto (hace ya más de un año) pensé que Yehuda Mirsky exageraba. Pero no. Para nada. Miren esta cita del propio Rab Yehuda Amital, donde expande la idea:

Hoy hay tres tipos de mesianismo falso en la Tierra de Israel: Gush Emumin, Paz Ahora y Ariel Sharon. Vivimos en una realidad compleja y cada uno propone una respuesta sencilla y única: Gush Emunim ofrece fe, Paz Ahora ofrece buenas intenciones y Ariel Sharon ofrece fuerza. Ninguna de ellas es suficiente. Las tres son necesarias: necesitamos buenas intenciones y fe, y, cuando sea necesario, fuerza.

En pocas palabras, lo que rechaza de raíz Rab Amital es el escapismo: los “עכשוויים” (“Ajshavim”), como los que llama él. O sea, el “Lo quiero ahora y lo quiero ya” es un engaño: no hay atajos. La realidad no es blanco-negro, hay grises.

Un puente entre dos mundos

Rab Amital fue uno de los pocos líderes del sionismo religioso que salió a repudiar en el acto el asesinato de Itzjak Rabin. Dio un discurso muy fuerte, en el que acusó a sus colegas y compañeros de haber educado equivocadamente y de no haber condenado hechos e ideologías deplorables. Yeshivat Har Etzion, de la que él era Rosh Yeshiva, estuvo presente en el entierro de Itzjak Rabin. Fue una de las pocas instituciones del sionismo religioso que estuvo. La amplia mayoría, si bien repudió el asesinato del Primer Ministro, estaba feliz de que se hayan abortado los acuerdos de Oslo: consideraban que las concesiones territoriales eran equivocadas y ponían en peligro la integridad física y espiritual de los judíos y del Estado de Israel. Contra esta postura, Rab Amital aparece como un soplo de aire fresco, una voz rebelde incluso. (Ojo, no pensemos que es una voz única: la yeshivá fundada por él es la yeshivá sionista más grande de Israel).

Como un intento de bajar los decibeles (el clima político en Israel estaba MUY convulsionado y polarizado), Shimon Peres, sucesor de Itzjak Rabin como Primer Ministro, convocó a Rab Yehuda Amital y le dio un puesto como ministro sin cartera. Su función era unir lazos: ser un puente entre el mundo secular y el religioso y entre la derecha y la izquierda política.

Rab Amital era conocido como un moderado a nivel político y religioso y un apaciguador nato. Su postura conciliadora, sin embargo, no surge de una especie de inseguridad sino todo lo contrario: está convencido de su postura y eso le permite tener flexibilidad.

En relación con esto, Rab Amital desarrolla un concepto muy interesante: dice que si el antisemitismo ataca a todos los judíos sin distinción, así también tiene que haber אהבת ישראל (“Ahabat Israel”, Amor al pueblo judío) entre todos los judíos sin distinción.

Por otro lado, Rab Amital está en contra de la desobediencia civil como forma de protesta. En Israel, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha pugnan por la desobediencia civil: la extrema izquierda, contra la “Ocupación”, se niega a servir en el ejército en los “Territorios ocupados”; la extrema derecha se niega a seguir las leyes estatales cuando considera que son contrarias a la Torá (por ejemplo: durante el desmantelamiento de Gush Katif, hubo choques entre la policía y el ejército y algunos colonos, que se resistían a abandonar el lugar). Citemos a Rab Amital:

En la época de la Guerra del Líbano, aparecieron movimientos de izquierda como Iesh Gvul (“Hay límite”), que llamaban a desobedecer las leyes del Estado. Llamaban a rebelarse, y eso nos shockeó. Ahora, la derecha está repitiendo el mismo mensaje: llama a desobedecer órdenes y se niega a aceptar la decisión de la mayoría del gobierno.

Todo esto puede provocar, D-s no lo quiera, la destrucción del Estado. Todos tenemos derecho a protestar y hacer marchas. ¡Pero hay que respetar las decisiones de un gobierno elegido democráticamente! Aquel que niega esas decisiones, niega la soberanía judía, D-s no quiera. No importa si tienen razón o no. Ese es el poder de la soberanía. Espero y oro para que prevalezca el sentido común .

Rab Yehuda Amital y Rab Zvi Yehuda Kook

Una buena forma de entender la originalidad y el valor de Rab Amital es compararlo con Rab Kook hijo. Antes de empezar, una aclaración: muchas veces, se tiende a presentar a Rab Amital y a Rab Kook hijo como opuestos en todo sentido. Uno es el “superhéroe” y el otro, el “supervillano”. Ese tipo de presentación es muy simplista y me parece incorrecta. Si bien es obvio que sus pensamientos son muy diferentes, no creo en esas presentaciones maniqueas y veremos que también tienen varios puntos en común. Lo que sí es cierto es que Rab Kook hijo y Rab Amital representan dos lecturas muy diferentes de la obra de Rab Kook padre y dos formas muy distintas de relacionarse con diversos desafíos, como la existencia del Estado de Israel, el lugar de la democracia, el conflicto judeo-árabe y palestino-israelí, los compromisos territoriales, la relación entre los judíos religiosos y seculares, el lugar de la autonomía individual, el significado religioso de la soberanía política, la profecía, el significado de la Shoá y muchos otros temas más. Eso no quiere decir que sean opuestos en todo sentido.

El primer punto del que podemos hablar es la lectura de la obra de Rab A. I. Kook. Mientras que Rab Z. Y .Kook y sus alumnos hacen una lectura que enfatiza la importancia de la Tierra de Israel y su integridad, Rab Yehuda Amital pone el foco en la ética: la clave interpretativa de su lectura es la moral. Por otro lado, Rab Z. Y. Kook y sus seguidores tienen una visión idealizada de Rab A. I. Kook y lo ven como una especie de profeta, que no se equivocó: si dijo que el sionismo era el principio de la Redención, esto es literal y hay que entenderlo tal cual; por el contrario, Rab Amital afirma que Rab A. I. Kook fue un gran hombre pero un hombre al fin y al cabo: se pudo haber equivocado y eso no disminuye su grandeza. Así como Rabí Akiva pensó que Bar Kojba era el משיח (“Mashiaj”, Mesías) y, cuando la historia probó lo contrario, Rabí Akiva se retractó (y eso no hace que dejemos de verlo como uno de los más grandes sabios –sino el más grande- de la historia judía y de la humanidad), lo mismo deberíamos hacer con Rab A. I. Kook: pensó que el Mashiaj estaba a la vuelta de la esquina pero no era así. ¿Y cómo sabemos que el Mashiaj no está a la vuelta de la esquina? Porque hay dos hechos extremos e importantísimos que Rab A. I. Kook no previó: la Shoá y el conflicto judeo-árabe en Medio Oriente. A esto sumémosle los cambios tecnológicos de los últimos setenta u ochenta años y el abandono de la tradición judía por gran parte del pueblo judío. ¿Podría Rab A. I. Kook haber previsto estos cambios brutales? ¡No! Y que no los haya previsto no lo vuelve un falso profeta porque nunca fue un profeta, ni falso ni verdadero: fue una persona, muy sabia por cierto, pero persona al fin.

Otra diferencia interesante entre Rab Kook hijo y Rab Amital es la visión que tienen de la גאולה (“Gueulá, Redención): para Rab Kook hijo, Gueulá significa Redención Mesiánica; para Rab Amital, hay dos tipos de Gueulá, una completa, que es la Redención Mesiánica, y una incompleta (pero no por eso irrelevante ni mucho menos), que es la soberanía política. Mientras que Rab Kook hijo mezcla las dos, Rab Amital las separa: Rab Z. Y. Kook le exige al Estado de Israel que cumpla su misión mesiánica y que trabaje para adelantar la llegada del Mashiaj; Rab Amital no considera que el Estado de Israel tenga relación con el Mashiaj. Es un tipo de Redención, sí, pero no es la Redención Mesiánica final: la labor del Estado de Israel es ser un país moral, con justicia social, una economía saludable, etc. Todo esto trae aparejado un conflicto básico en el pensamiento de Rab Z. Y. Kook, que no existe en el de Rab Amital: la confusión entre el Israel ideal y el real. Es decir, adscribirle al Estado de Israel concreto las características de aquel que nos imaginamos como el ideal: pensar que Israel es un Estado perfecto por obra y gracia de D-s sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer.

Otra diferencia es cuál es la influencia de Rab Z. Y. Kook y de Rab Yehuda Amital en sus alumnos: a Rab Kook hijo se lo ve como una especie de profeta moderno (resulta muy interesante trazar este proceso y cómo llegó a su punto máximo luego de la Guerra de los Seis Días), mientras que todos rescatan la humanidad de Rab Amital, el que parezca un hombre común y corriente, sencillo y sin estridencias. Rab Amital siempre enfatiza la importancia de ser uno mismo y de no dejarse llevar por éxtasis místicos ni cosas por el estilo: que el desarrollo personal siga los tiempos de cada uno y no forzar las cosas.

Una diferencia más es cuál es el rol que asignan al Estado de Israel en la conformación de la nación judía. Mientras que Rab Z. Y. Kook lo interpreta en términos mesiánicos, como el marco para el fortalecimiento de la soberanía sobre toda la Tierra de Israel y como el impulsor de una Teshuvá nacional, Rab Yehuda Amital afirma que esas ideas, si bien son muy lindas e idealistas y que concuerda con ellas en principios, son erróneas: el Estado de Israel real y concreto no está impulsando este proceso; lo que sí es relevante, real y concreto es que hoy por hoy la amplia mayoría de los judíos se consideran a sí mismos judíos por su relación con el Estado de Israel. Pregúntenle a un judío חילוני (“Jiloni”, secular) que vive en Israel por qué es judío. Les va a contestar algo así como: “¡¿Cómo no voy a ser judío si hice el ejército y defiendo al único Estado judío del mundo, cómo no voy a ser judío si vivo en el único Estado judío, cómo no voy a ser judío, eh eh?!” Y pregúntenle a un judío que vive en la Diáspora por qué es judío. Muchos van a contestar algo como: “Obvio que soy judío, fui a visitar Israel cuando tenía dieciocho años, tengo familia allá, lo primero que leo del diario son las noticias de Israel, obvio, Israel es un país hermoso”. Rab Amital señala esto y dice: el Estado de Israel sostiene el lazo entre los judíos en cuanto individuos y su pueblo, es el puente entre el destino individual y el nacional. Es verdad, quizás debería también ser todo lo que dice Rab Kook pero, en la práctica, no lo es, y eso no quiere decir que sea superfluo: su función es vital para la supervivencia del pueblo judío.

A pesar de todas estas divergencias, también hay puntos en común. Los dos interpretan en términos religiosos y espirituales el proceso histórico de la conformación del Estado de Israel moderno; los dos son rabinos, líderes espirituales y educadores; los dos critican la apatía, la indiferencia, el individualismo extremo y la pasividad. En resumen, los dos ven la mano oculta de D-s en el Estado de Israel: los dos intentan dilucidar el valor religioso y metafísico de los sucesos históricos.

El legado de Rab Amital

El legado de Rab Yehuda Amital es inmenso. En términos educativos, es el fundador y fue uno de los líderes espirituales de Yeshivat Har Etzion, la Yeshivat Hesder más grande de Israel. Más todavía: es el mismo ideólogo de las Yeshivot Hesder, que son una de las instituciones educativas más originales del Estado de Israel. Como educador, es muy conocido por su flexibilidad pero también por decir lo que pensaba. Una de sus frases de cabecera es que él no quiere educar otros Yehuda Amital sino educar personas. Justamente esta idea de educar personas implica educar individuos independientes, pensantes por sí mismos. Y esto mismo es lo que causa que muchos de sus alumnos rechacen las ideas políticas de Rab Amital. Aun amándolo y respetándolo como su rabino y maestro, muchos no aceptan sus ideas políticas. Esto no es un problema: desde la postura de Rab Amital, es una bendición porque quiere decir que sus alumnos piensan por sí mismos. Sin embargo, es importante aclararlo porque tiene implicaciones prácticas: el legado espiritual y religioso de Rab Yehuda Amital tiene herederos. El político, también, pero muchos menos.

Por otro lado, Meimad, el partido político que fundó (las siglas corresponden a מדינה יהודית, מדינה דמוקרטית”, “Nación judía, nación democrática”), hoy es prácticamente irrelevante: es muy minoritario y casi no sacó votos en las últimas elecciones. Otro detalle a tener en cuenta es que, en la actualidad, Meimad tiene una postura bastante más izquierdista en términos territoriales: su actual líder, Rab Mijael Melchior, dice que hoy es posible llegar a un entendimiento con los palestinos, incluido Hamas. Esto creo que hubiese sido rechazado por Rab Amital pero obviamente es una opinión personal y habría que verlo más en profundidad. Como nota de color, Rab Melchior es noruego y creo que puede argumentarse de forma más que razonable que Meimad hoy está inspirado en buena medida por la socialdemocracia escandinava.

En definitiva, Rab Yehuda Amital es una persona fascinante. Un líder al que admiro y del que considero que tenemos mucho que aprender, sin importar si compartimos todas, pocas o ninguna de sus ideas políticas (que, creo yo, son solo una parte de su pensamiento, no lo único). Para cerrar, una última frase:

D-s nos prometió que el Estado de Israel no será destruida por los gentiles. Sin embargo, no podemos afirmar que no seremos los propios judíos quienes lo destruyamos, D-s no quiera. Existe esta posibilidad, y no por lo que hacen Neturei Karta o sus aliados, sino por nosotros mismos.

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Hilel Kook

Un sionista peculiar

Hilel Kook nació en 1915 en Rusia (hoy, Lituania) y falleció en  Israel en 2001. Vivió un tiempo muy corto en Polonia y muchos años en Estados Unidos (ya volveremos sobre el tema y veremos exactamente por qué). Hilel es sobrino de Rab Abraham Isaac Kook y primo de Rab Zvi Yehuda Kook. Sin embargo, su filosofía y militancia política están en las antípodas del pensamiento de su tío y de su primo. Educado de manera tradicional (es más, estudió en Mercaz HaRav, la yeshivá que fundó Rab A. I. Kook), en su juventud decidió rechazar el cumplimiento de Torá y Mitzvot. Cursó Estudios Judaicos en la Universidad Hebrea y allí se unió a un círculo de estudiantes del movimiento revisionista, que luego fundarían el Irgún. En 1937 viajó a Polonia, enviado por el Irgún para recaudar fondos para la causa. Allí conocería personalmente a Zeev Jabotinsky. En 1940, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, viajó a Estados Unidos, una vez más como enviado del movimiento (aunque esta vez de manera clandestina). Allí empezó a usar un seudónimo: Peter Bergson. Al día de hoy, en Estados Unidos es muchísimo más conocido por ese seudónimo que por su nombre real.  ¿Cuáles son los motivos de Hilel Kook para ponerse un apodo? Lo veremos más adelante en este artículo. Sigamos con esta brevísima biografía. En Estados Unidos, fundaría varias organizaciones relacionadas con el movimiento revisionista y con el Irgún pero que, con el paso del tiempo, adquirirían total independencia. A su vez, enterado de la Shoá, Hilel Kook haría campañas, marchas y lobby político para intentar salvar a la judería europea. Esto traería enormes polémicas. Poco antes de la fundación del Estado de Israel, volvería a la Tierra de Israel y formaría parte de la primera Kneset. Desencantado, se retiraría de la política y volvería a Estados Unidos. En 1968, retornaría una vez más a Israel y viviría allí hasta su muerte.

Como siempre digo, este blog habla de sionismo. Los detalles biográficos son importantes a ese efecto, no como datos anecdóticos. Eso quiere decir que no van a encontrar un detalle pormenorizado de la vida de Hilel Kook sino lo más relevante para entender su pensamiento político, específicamente su visión del sionismo. En este caso, van a encontrar que me voy a dedicar a su militancia en la época de la Shoá para salvar a la judería europea. Esto no lo hago solamente porque esté bueno hablar del tema sino porque su actitud está íntimamente relacionada con su sionismo.

Antes de empezar de una buena vez, una aclaración: voy a romper una de mis reglas de oro. Apenas empecé este blog escribí que:

Y otro detalle que creo que es relevante aclarar: siempre voy a intentar basarme en fuentes originales. O sea, si escribo sobre Herzl, por ejemplo, es porque leí todo lo que pude de Herzl, no solo cosas sobre Herzl. Y así con todos los políticos, autores, pensadores y activistas que vean en este blog.

Bueno, el pez por la boca muere. Por lo que yo sé, Hilel Kook no escribió ningún libro. Pude encontrar alguna que otra entrevista por internet. Sin embargo, el grueso de este artículo no proviene de lo que dijo Hilel Kook sino sobre lo que otros dijeron de él. Sí, hay citas, sí, encontré reportajes, sí, rebuscando aparece alguna nota escrita por él pero lo cierto es que el hecho de que Hilel Kook se haya retirado de la política en 1950 aproximadamente hace bastante complicada la compilación de fuentes. Para colmo, la amplia mayoría habla de su militancia para salvar a los judíos de la Shoá y ni siquiera toca (o lo hace de manera muy colateral) el tema del sionismo. Las dos fuentes principales que usé (no, no son las únicas ni por casualidad pero las otras son artículos o capítulos sueltos de libros que hablan de otros temas) son estos dos libros:

“The Bergson Boys” And the Origins of Contemporary Zionist Militancy”, de Judith Tydor Baumel

Liberal Nationalism for Israel: Towards an Israeli National Identity, de Joseph Agassi

Ahora sí, al tema…

La militancia durante la Shoá

Dijimos arriba que Hilel Kook empezó a militar políticamente en el revisionismo en la Tierra de Israel (en ese momento colonizada por el Imperio Británico). Era uno de los líderes del Irgún y, en calidad de tal, fue enviado a Polonia y luego a Estados Unidos para recaudar fondos y apoyo político para la causa. En Polonia conoció a Zeev Jabotinsky y a su hijo, Ari. Ari Jabotinsky se transformaría en uno de los amigos más cercanos de Hilel Kook. Esto es interesante como anécdota pero también cobra una dimensión política: Jabotinsky hijo formaría parte del círculo político de Hilel Kook y sería uno de sus apoyos más fuertes. Esto, sumado al hecho de haber conocido a Zeev Jabotinsky y haber estado con él prácticamente hasta su muerte, le permitía a Hilel Kook argumentar que sus posturas políticas hubiesen sido compartidas por Jabotinsky padre. Esto es discutible y no se puede zanjar el tema así nomás. Lo importante es que Hilel Kook siempre estuvo convencido de que nunca quebró con la tradición revisionista. En todo caso, fueron sus adversarios políticos dentro del movimiento los que malinterpretaron las enseñanzas de Jabotinsky.

Hilel Kook entró a Estados Unidos con un nombre falso: Peter Bergson. Durante su estadía en ese país, sería conocida por ese nombre. Al día de hoy ,los estadounidenses lo conocen más por ese seudónimo que por su nombre real. Y para colmo, lo conocen muchísimo más por su militancia durante la Shoá que por su visión del sionismo. Y eso los que lo conocen, porque Hilel Kook es una persona bastante poco conocida por el público. Ya veremos por qué…

Pero volvamos. No me quiero ir por las ramas ni adelantarme. ¿Por qué Hilel Kook usaba un seudónimo, Peter Bergson? Los historiadores y académicos señalan varias causas posibles:

  • Hilel Kook era un militante bastante conocido del sionismo revisionismo y era parte fundamental del Irgún. El gobierno británico perseguía a los miembros del Irgún por considerarlos rebeldes, subversivos y terroristas. Estados Unidos era y sigue siendo aliado de Gran Bretaña. Si Hilel Kook hubiese entrado a Estados Unidos con su nombre real, hubiera sido arrestado en el acto y probablemente deportado a Inglaterra.
  • Hilel Kook no quería que la gente confunda sus ideas con las de su tío, Rab Abraham Isaac Kook, y su primo, Rab Zvi Yehuda Kook. Para evitar malentendidos, usaba un seudónimo que lo distinguía claramente de estos familiares suyos.
  • Algunos pocos señalan que la distinción entre Hilel Kook y Peter Bergson es análoga a la distinción que encontramos en su pensamiento entre judíos y hebreos. Más adelante hablaremos de este tema en profundidad. En lo personal, esta hipótesis me parece bastante poco probable y tirada de los pelos.

Ya asentado en Estados Unidos, Hilel Kook fundaría cuatro organizaciones: American Comitee for Jewish Palestine (“Comité Americano para la Palestina Judía”), Comitee for The Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité para el Ejército Judío para los Judíos Palestinos y sin Estado”), Emergency Comitee for Rescue of the Jewish People of Europe (“Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío de Europa”) y Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). Estas organizaciones están relacionadas pero no son idénticas: no perseguían los mismos objetivos ni en ellas militaban las mismas personas. Algunas eran más ideológicas, otras más prácticas. Es muy importante remarcar que estas organizaciones no son una masa uniforme: no son todo lo mismo.  Como se podrán imaginar por los mismos nombres, tres de ellas están dedicadas al sionismo y una, al salvataje de los judíos europeos de las garras de los Nazis. Por ahora, enfoquémonos en esta última…

El Comité de Emergencia para el Rescate del Pueblo Judío en Europa es una organización creada para lo que su propio nombre indica: salvar a los judíos europeos de la Shoá. Hilel Kook fue el primer judío en Estados Unidos que se organizó y militó activamente con el objetivo de rescatar a la judería europea. Apenas se enteró de la Shoá, puso manos a la obra. ¿Cuál era la solución que proponía Hilel Kook? Que los judíos europeos emigren a Estados Unidos y/o a la Tierra de Israel (en ese momento, aclaremos una vez más, bajo control británico).

Hasta acá todo bien, ¿no? Un hombre con ideales con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero con dotes de liderazgo indiscutibles y una visión clara. Un hombre al que todos deberían admirar, independientemente de compartir o no algunas, todas o ninguna de sus ideas, por haber sido el primero en la mayor comunidad judía no europea (Estados Unidos) en llamar la atención sobre la Shoá y movilizarse para salvar aunque sea a una parte de los judíos europeos.

Y sin embargo, no. La figura de Hilel Kook es MUY polémica. Hablar de Hilel Kook en relación con la Shoá es remover una herida gigante en la historia moderna del pueblo judío. Están los que lo aman y están los que lo odian: no hay punto medio. ¿Por qué? Y…básicamente, por la forma. O sea, la manera en la que militó Hilel Kook para salvar a los judíos europeos es polémica: están los que dicen que hizo lo que había que hacer y están los que lo critican duramente por ser un inconsciente y un aventurero que puso en peligro a la judería estadounidense. Un grupo afirma que Hilel Kook fue un vanguardista, que salvó a la mayor cantidad de judíos europeos posibles, y si no salvó más es por culpa de sus enemigos políticos, que lo boicotearon; el otro grupo acusa a Hilel Kook de haber desperdiciado tiempo y energía de manera equivocada y de haber hecho un montón de cosas sin ningún resultado real, lo que lo muestra como un líder pésimo. ¿Quién tiene razón? Probablemente la verdad esté en un punto medio: ni Hilel Kook fue el líder horrible que nos quieren mostrar sus adversarios ni la carmelita descalza que nos presentan sus admiradores.

¿Qué es lo que hizo Hilel Kook que causa tantas pasiones y tanto amor/odio? Hilel Kook se propuso salvar a la judería europea. Y para hacerlo, utilizó una táctica: propaganda masiva. Así de sencillo. Publicó cartas abiertas en los periódicos más importantes de Estados Unidos, organizó marchas (la más famosa es la llamada “Marcha de los rabinos” de 1943: más de cuatrocientos rabinos, la amplia mayoría de ellos ortodoxos, marcharon hasta la Casa Blanca y exigieron reunirse con Roosevelt, en ese momento presidente de los Estados Unidos), escribió obras de teatro (¡incluyendo una en la que actuó Marlon Brando!), reclutó artistas y escritores famosos de la época,movió contactos, realizó grandes demostraciones públicas. En pocas palabras, intentó ganarse a la opinión pública y presionó al gobierno estadounidense para que salve a los judíos europeos. Y precisamente ahí está el punto en el que se dividen sus admiradores y sus críticos…

¿Cuáles son las principales críticas que recibió (y recibe) Hilel Kook?

  • Agita el antisemitismo en Estados Unidos: con la ostentación de grandes manifestaciones y la publicación de cartas abiertas en los periódicos de tirada nacional, Hilel Kook provoca que los estadounidenses vean con recelo a los judíos, como si fuesen un grupo aparte.
  • El hecho de que haga todo esto a la luz del día, abiertamente, puede provocar que los judíos sean vistos como antipatriotas.
  • Hilel Kook no fue elegido por un órgano representativo del pueblo judío: es él y su grupito de amigos, no tiene el aval de un organismo oficial por detrás. O sea, no es un líder oficial del pueblo judío.
  • Su actividad es inútil y un desperdicio de energía: en vez de presionar al gobierno estadounidense, debería intentar salvar a los judíos europeos sin el intermedio del gobierno de EEUU.
  • La distinción que hace entre hebreos y judíos es falsa, y la utiliza solamente para lograr el apoyo de personas que están preocupadas por el futuro de la judería europea pero que no son sionistas.
  • Hilel Kook no logró salvar ni a un judío de la Shoá.

A estas objeciones, los seguidores de Hilel Kook responden:

  • Las tácticas de Hilel Kook son acordes a los tiempos que se vivían: había que agotar todos los medios posibles para salvar a los judíos europeos.
  • En la práctica, durante la Segunda Guerra Mundial, había cotas que limitaban el ingreso de judíos a Estados Unidos. En vista de esta situación, poco importa cómo sean percibidos los judíos: lo esencial es salvar a los judíos europeos, en peligro de extinción física.
  • Hilel Kook es el líder de varias organizaciones. ¿Qué importa si fueron fundadas por él o son preexistentes? Lo importante es su utilidad y su representatividad.
  • El gobierno de los Estados Unidos tiene mucha mayor capacidad que un grupo de individuos, por muy poderosos que sean estos, para salvar a los judíos europeos.
  • La distinción entre hebreos y judíos es fundamental en el pensamiento de Hilel Kook. Si no entendemos esta distinción, no entendemos nada de lo que dice Kook.
  • Gracias a la intervención de Hilel Kook y su grupo (Bergson Group, “El grupo de Bergson”; recuerden que Hilel Kook usaba el seudónimo Peter Bergson), se estableció el War Refugee Board (Junta para los Refugiados de Guerra). De esta manera, se salvó a entre cien mil y doscientos mil judíos y otras minorías amenazadas por los Nazis.

¿Quién tiene la razón? Como decía antes, probablemente la verdad esté en un punto medio. No cabe ninguna duda que la actividad de Hilel Kook no fue tan inútil como declaman sus detractores…pero también es obvio que el War Refugee Board fue instaurado por presiones que exceden a Hilel Kook. Pudo haber sido un factor coadyuvante e incluso importante y primario pero no el único.

Algunos también destacan el rol que jugó el Grupo de Bergson en el despertar político de los judíos estadounidenses. Si bien es verdad que los judíos de Estados Unidos se volvieron mucho más activos en términos políticos en la época de la Segunda Guerra Mundial (y ni que hablar en la Posguerra) con respecto a los años anteriores, me parece que rastrear este despertar solamente a Hilel Kook es una exageración sin fundamento. Me parece que es mucho más lógico hablar de que los cambios en la geopolítica mundial, la llegada de nuevos inmigrantes judíos políticamente comprometidos a Estados Unidos y una relativa seguridad en la situación judía en los Estados Unidos son factores mucho más concretos y comprobables que la presencia de Hilel Kook. Sí me parece lógico decir que el Grupo de Bergson se enmarca dentro de este contexto de toma de conciencia política de la comunidad judía estadounidense y que es una instancia más de un proceso más extenso y abarcativo.

El propio Hilel Kook no tiene pelos en la lengua y es muy (pero MUY, en serio) crítico de la inacción de los judíos, principalmente de sus líderes, durante la Shoá:

Los judíos reclaman: “¿por qué fueron asesinados seis millones de judíos y los gentiles callaron la boca?” Más bien deberíamos decir: “¡¿por qué nosotros no hicimos nada?!”

Polémico el señor, ¿no? Pero no se queda ahí:

Es muy importante que reconozcamos que todavía no dimensionamos la falta de reacción. ¡Sabían que los judíos estaban siendo asesinados! Pero no eran conscientes. Los judíos, especialmente los líderes judíos, que no cambiaron su rutina ni sus planes, ni en el área pública ni en el área privada, ni en ideales, ni en sionismo ni en sus ideas políticas, tienen que hacer mea culpa para así poder estar en paz consigo mismos y acusar al resto del mundo de la inacción de los dos lados. Si no hacemos esto, entonces nos chocamos contra la realidad: los judíos fueron asesinados por nada.

¿Por qué las palabras de Hilel Kook son tan duras? Ok, no tuvo tantos seguidores como le hubiese gustado. Ok, los líderes judíos le dieron la espalda. Ok, lo criticaron. Ok, minimizaron su figura. Pero…¿es para tanto?

La respuesta es: sí. Al menos si nos ponemos en el lugar de Hilel Kook. Lo cierto es que, dejando de lado las ideas políticas particulares y quedándonos con los hechos concretos, hay bastantes elementos para decir que algunos líderes judíos estadounidenses sabían de lo que estaba pasando y del genocidio sistemático de los judíos europeos…y decidieron no anunciarlo públicamente para no alarmar a la población. Hilel Kook tuvo el carisma suficiente para oponerse a semejante política y lanzarse a una aventura incierta, como lo era concientizar a la población sobre lo que verdaderamente estaba pasando y, a la vez, exigir al gobierno estadounidense que se haga cargo del problema y ayude a solucionarlo. Ahora bien, ¿era necesario tanto hincapié en la necesidad de que el gobierno estadounidense sea el que cargue la mayor responsabilidad? ¿No podrían haber salvado a los judíos europeos los particulares, sin intervención del Estado? Hilel Kook nos dice que eso es muy difícil y da dos motivos:

  • La capacidad de movilización del gobierno estadounidense es infinitamente mayor que la de cualquier particular, por más dinero y contactos que tenga. O sea, hay una cuestión de logística evidente: es más sencillo que sea Estados Unidos el que libere un campo de concentración a que lo haga un Schindler.
  • El gobierno estadounidense tiene la capacidad de presionar a Gran Bretaña. ¿Para qué? Si ya leyeron varios artículos en este blog, se imaginarán para qué. Sí, exacto, para que libere la inmigración a la Tierra de Israel. Recordemos: en ese momento, la Tierra de Israel estaba bajo Mandato Británico y la inmigración judía estaba controlada y regulada. En las condiciones de la Segunda Guerra Mundial, con la Shoá de por medio, esta situación era una locura, solamente entendible desde el punto de vista de mantener el poder colonial británico sobre el territorio de la Tierra de Israel pero absolutamente inmoral dadas las circunstancias en las que se encontraba la judería europea.

Como pueden ver, Hilel Kook piensa que hay dos destinos posibles para los judíos europeos: Estados Unidos o Israel. ¿Por qué? Dejémoslo para más adelante. Para entender eso, hay que entrar en la distinción entre hebreos y judíos y el tema da para mucho.

Ya para cerrar el tema de la Shoá, un comentario interesante. Hilel Kook se negaba rotundamente a llamar al genocidio de los judíos por parte de los Nazis “Holocausto”. Decía que esa era una palabra griega y que tenía una connotación religiosa, de sacrificio ritual, totalmente alejada de lo que había ocurrido. Prefería llamarlo directamente “Exterminio masivo”.

El batallón ausente

Dijimos que Hilel Kook se había instalado en Estados Unidos como enviado del Irgún. ¿Su objetivo? Lograr apoyo político, social y financiero para la causa y el movimiento. Para ello, fundó el Hebrew Comitee for National Liberation (“Comité Hebreo para la Liberación Nacional”). El comité era denominado amistosamente “El batallón ausente” por los militantes del Irgún: lo veían como parte integrante del movimiento, como un batallón que, en vez de estar en el campo de batalla, se dedicaba a la propaganda. Originalmente era el representante del Irgún en Estados Unidos. Sin embargo, con el paso del tiempo, el comité se independizaría y actuaría de manera cada vez más autónoma. Esto provocaría cortocircuitos y polémicas entre Beguin (el comandante del Irgún) y Kook (el líder del comité).

Esta independencia que les decía arriba la podemos ver en las posturas originales que fue tomando Hilel Kook (y, con él, el Hebrew Comitee for National Liberation): la distinción entre hebreos y judíos (sí, ya sé, ya la mencioné veinte veces a lo largo de este artículo; no nos apuremos, más abajo le voy a dedicar una buena cantidad de párrafos al tema), el llamado a un gobierno de transición en exilio, el intento de conformar un ejército judío y el contacto con Weizman quizás sean los más trascendentes.

Un ejército judío

Empecemos con el tema del ejército judío. Si recuerdan los artículos sobre Zeev Jabotinsky y Yosef Trumpeldor, seguro que se acuerdan de la Legión Judía. ¿Qué era? Eran batallones de judíos dentro del ejército británico. Estos batallones se formaron durante la Primera Guerra Mundial. La idea era sencilla: apoyar a los británicos para que estos expulsen a los otomanos de la Tierra de Israel y luego exigir que la Tierra de Israel sea devuelta al pueblo judío. Ya hablamos del significado histórico de la Legión Judía, de sus logros y de sus fracasos. No voy a entrar de nuevo en el tema. Lo importante es la idea: formar unidades de judíos dentro de un ejército nacional ajeno. Esta idea fue reflotada durante la Segunda Guerra Mundial pero la situación era bastante más compleja: si nos guiamos por el interés de expulsar a los británicos de la Tierra de Israel, habría que apoyar al bando contrario, a los Nazis, cosa totalmente inaceptable y ridícula (¡judíos apoyando en una guerra a los más grandes antisemitas de la historia!). Pero, a la vez, la opción contraria también es horrible: apoyar a los colonizadores de la Tierra de Israel (los británicos) para que no ganen los Nazis. O sea, dos opciones: o apoyamos a los Nazis o apoyamos a los que colonizan la Tierra de Israel. Las dos opciones, como ven, son malas. Sí, puestos a elegir, creo que todos nos inclinaríamos por apoyar a los británicos…¡pero eso implica darles carta blanca para que hagan lo que quieran en la Tierra de Israel! Esta disyuntiva era una de las grandes líneas divisorias entre la Haganá, el Irgún y el Leji. Hilel Kook tomaría una posición independiente.

¿Cuál es esa posición? Descartar de plano la idea de una Legión Judía. No necesitamos ser pequeñas unidades dentro de un ejército que nos es ajeno sino crear un ejército propio e independiente, un ejército judío. Con ese objetivo en mente, Hilel Kook fundó el Comitee for the Jewish Army for Stateless and Palestinian Jews (“Comité Para el Ejército Judio para los Judíos Palestinos y sin Estado). Una vez más, el nombre ya nos da la pauta de esa distinción de la que hablábamos entre judíos y hebreos (no se preocupen, ya vamos a llegar, todo a su tiempo).

¿Fue exitoso el plan de Hilel Kook? Y…su objetivo era bastante ambicioso: un ejército de doscientos mil judíos. Él calculaba que solo había unos cien mil capaces de formar parte de este ejército en la Tierra de Israel así que había que reclutar judíos de todas partes del mundo. Y en base a esto, llamaba a los judíos a establecerse en la Tierra de Israel. Por eso, apoyó y organizó la inmigración ilegal a la Tierra de Israel durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, compró armas y fue uno de los que organizó el viaje del Altalena, un barco lleno de armas que llegó a Israel en junio de 1948, poco después de la declaración de independencia del Estado de Israel. No voy a entrar en el tema (es largo y da para un artículo aparte) pero, para no dejarlos en la nada: Ben-Gurión interpretó que las armas del Altalena eran una violación de su autoridad como líder del naciente Estado de Israel, hubo una batalla en la costa y hundieron el barco de un cañonazo. ¿Resultado final? El Irgún, que hasta ese momento había mantenido su independencia como grupo paramilitar, se unió definitivamente a las Fuerzas de Defensa de Israel (el ejército oficial del nuevo Estado) y varios de los líderes del Irgún fueron arrestados, entre ellos Hilel Kook, que estuvo dos meses en la cárcel.

Weizman y Kook

Sigamos con las ideas originales de Hilel Kook. Habíamos hablado de su contacto con Jaim Weizman. Este último era uno de los líderes sionistas más reconocidos a nivel mundial. Vivía en Inglaterra y mantenía contacto con los líderes británicos. ¿Qué tiene entonces de original el contacto de Kook con Weizman? En resumidas cuentas, que Hilel Kook muestra su amplitud de miras. La amplia mayoría de los sionistas en la Tierra de Israel veían a Weizman como un lord inglés poco eficaz, un hombre muy capaz pero cuyas acciones políticas no llevaban a ningún lado. Weizman era un firme defensor del enfoque diplomático: creía que había que priorizar la diplomacia por sobre la inmigración o el asentamiento real y concreto en la Tierra de Israel. Estaba totalmente en contra de las actividades paramilitares en la Tierra de Israel contra los ingleses e intentó que los británicos acepten la creación del Estado de Israel por motu proprio. Esto era visto por la amplia mayoría de los judíos de la Tierra de Israel como una especie de derrotismo, un sionismo ingenuo: los británicos nunca se irían de la Tierra de Israel porque son buenos sino porque serían expulsados. Weizman era el símbolo de un sionismo remanido y poco práctico, que era mucho palabrerío pero llegaba a pocos resultados concretos. ¡Y viene Hilel Kook y dice que Weizman tiene que ser parte fundamental del nuevo Estado!

¿Qué está pasando? Y…que Hilel Kook no come vidrio. Sabe que Weizman es un hombre capaz, es consciente de sus contactos y entiende que es necesario formar una red de diplomacia que apoye al naciente Estado de Israel. Nadie mejor que Weizman, un científico y político reconocido en el mundo entero, para esa labor. Obviamente, esta movida política de Hilel Kook sería criticada por sus oponentes.

Gobierno de transición en el exilio

La tercera idea original de Hilel Kook es una que intentó llevar a la práctica y que fracasó estrepitosamente: crear un gobierno de transición en el exilio. O más precisamente, que el Hebrew Comitee for National Liberation se transforme en el gobierno en exilio de la nación hebrea de la Tierra de Israel. Este gobierno en exilio tiene que ser de transición. Es decir, tiene que ser el germen del cual surgirá el futuro gobierno del futuro Estado de Israel. Es evidente que Kook se basa en el ejemplo de otras naciones, principalmente europeas, cuyos líderes tuvieron que exiliarse durante la Segunda Guerra Mundial y que formaron gobiernos en el exilio para no dejar acéfala la conducción del país ni dar lugar a que sus adversarios ni enemigos tomen el poder.

¿Cuáles deberían ser las tareas de este hipotético gobierno en exilio?

  • Movilizar a la opinión pública para que apoye al futuro Estado de Israel.
  • Apoyar la rebelión armada de los grupos paramilitares hebreos (principalmente el Irgún) en la Tierra de Israel contra el Imperio Británico.
  • Rescatar a los judíos europeos de la Shoá.

La verdad sea dicha: este plan nunca se llevó a cabo. O mejor dicho, no tuvo éxito. Ni Hilel Kook ni nadie de su grupo fueron reconocidos como representantes de la nación hebrea ni como un gobierno en exilio ni nada que se le parezca.

Hebreos y judíos

Llegamos al núcleo del pensamiento de Hilel Kook. Si entienden los próximos párrafos, entienden prácticamente todo el pensamiento político de Hilel Kook. Si no, están en el horno: no van a comprender qué cuernos está queriendo decirnos. Para facilitarles el tema, voy a intentar ser lo más claro posible y me voy a explayar bastante. Voy a repetir más de una vez las ideas.

La base del pensamiento político de Hilel Kook es la distinción entre hebreos y judíos. ¿Qué significa? Que hay hebreos y que hay judíos. O mejor dicho, que un hebreo puede ser judío y un judío puede ser hebreo pero no necesariamente tiene que ser así: se puede ser hebreo pero no judío y se puede ser judío pero no hebreo.

Un trabalenguas, ¿no? Ya lo explico. Vamos por partes…

El Estado moderno occidental parte de un supuesto: que la nacionalidad es una cosa y que la religión es otra. ¿Un ejemplo? La Argentina es un país católico apostólico romano. Sin embargo, un argentino puede no ser católico: puede ser judío, musulmán, protestante, evangelista, budista, ateo, agnóstico o lo que sea. Y viceversa: que alguien sea católico no quiere decir que sea argentino (puede ser italiano, estadounidense, chileno, japonés, etc). La religión no está relacionada con la nacionalidad: van por carriles separados. Y esto es así porque la religión es un asunto privado, en el cual el Estado no tiene nada que ver. Digamos que el Estado es (o debería ser) neutro en el tema religioso.

¿Se entendió?

De nuevo: la nacionalidad no es la religión. Yo soy judío por religión y argentino por nacionalidad. No son dos atributos contradictorios sino complementarios. Si es así, arguye Hilel Kook, lo mismo es aplicable al judaísmo: hay una nación hebrea (nosotros podríamos decir: israelí) y una religión judía. Pueden coincidir (como muchas veces coincide que un argentino sea además católico) pero no necesariamente debe ser así: puede haber hebreos (=israelíes) musulmanes o cristianos y judíos estadounidenses o argentinos.

Antes de avanzar, hagamos un parate y expliquemos de dónde vienen las palabras “hebreo” y “judío”. Un poco de historia no viene mal, ¿no?

-A lo largo de casi todo el תנ”ך (“Tanaj”, Biblia Hebrea), la palabra עברי (“Hebreo”) se refiere al pueblo de Israel. Si prestan atención, verán que el término יהודי (“Judío”) no significa lo mismo que para nosotros: יהודי (“Judío”), en el contexto de la mayoría de los libros del תנ”ך, significa “proveniente de la tribu de יהודה (“Judá”)”. O sea, יהודי (“Judío”) no significa ni un pueblo ni una nación ni una religión sino una tribu, que forma parte de la nación hebrea. Otra palabra que designa a los hebreos es בני ישראל (“Hijos de Israel”).

-La primera vez que aparece el término יהודי (“Judío”) en el sentido de “perteneciente al pueblo judío” es en el libro de Ester: cuando se nos presenta a Mordejai (Mardoqueo), se nos dice que אִישׁ יְהוּדִי הָיָה בְּשׁוּשַׁן הַבִּירָה, וּשְׁמוֹ מָרְדֳּכַי בֶּן יָאִיר בֶּן שִׁמְעִי בֶּן קִישׁ אִישׁ יְמִינִי (“Había un hombre judío en Shushán la capital, y su nombre era Mordejai hijo de Shimi hijo de Kish, un hombre recto”) . Acá podemos ver cómo cambia el significado de la palabra יהודי (“Judío”): ya no hace referencia a una tribu sino a todo el pueblo. Si prestan atención, notarán que toda la historia de Ester transcurre…sí, adivinaron, en Persia. O sea, en el Exilio. Dicho de otra manera, la primera vez que se utiliza la palabra יהודי (“Judío”) para hacer referencia a todo un pueblo (o si lo prefieren, la primera vez que aparece el concepto de “pueblo judío” en oposición a “hebreos” o “Hijos de Israel”) es cuando los judíos son exiliados. De aquí podemos deducir que la palabra “judío” está asociada con el Exilio y la palabra “hebreo”, con la independencia política.

-Pero las cosas no son tan simples. El Targum Onquelos (la traducción más importante de la Torá al arameo), por ejemplo, traduce la palabra עִבְרִים (“Hebreos”) como יהוּדָאֵי (“Judíos”). O sea, ya en siglo 2 D.C, en la Antigüedad, los términos “hebreo” y “judío” su utilizan como si fuesen equivalentes.

– En base a esto, en el siglo XX, varios militantes del sionismo revisionista abocaron por el uso de la palabra “hebreo” en vez de la palabra “judío”: ahora que nuestro objetivo es la independencia política, aducían, ya no debemos ser más judíos, debemos ser hebreos. Era una forma de mostrar que el judío debía cambiar sus valores y volver a una existencia estatal.

Hasta acá estamos, ¿no?

Bueno, Hilel Kook toma el argumento revisionista y le da un giro particular: la distinción entre judío y hebreo no como una escala temporal (“Antes éramos judíos pero ahora que tenemos un Estado somos hebreos”) sino como una diferencia conceptual. A ver, ¿cómo lo explico?

Piénselo así: para Hilel Kook, el sionismo surge como una respuesta a la Modernidad occidental. No es un desarrollo interno del judaísmo sino una reacción a la falla de la Emancipación. ¿Qué falla? Sencillo: que los judíos europeos no fueron integrados a la sociedad europea. Son discriminados, acusados de apátridas, segregados en ghettos y considerados ciudadanos de segunda. Pero esta falla de la Emancipación no es universal: en América (Estados Unidos, Argentina, Canadá, Chile, México, Brasil, etc), los judíos no son discriminados. No digo que no puede haber un antisemitismo latente sino que no tiene un uso político: puede ser que alguno me grite “Judío de mierda, andate a tu país” cuando camino por la calle pero no deja de ser un insulto aislado. Yo, como judío argentino, tengo los mismos derechos y deberes que un ciudadano argentino cristiano, musulmán, hindú o budista. Dicho de otra manera, la situación de los judíos europeos es diferente de la de los judíos americanos. A partir de esto, Hilel Kook nos dice que hay dos dimensiones diferentes: una es del ser hebreo y otra del ser judío. La primera es nacional, la segunda es religiosa. Piénselo con distintos ejemplos:

  • Un judío argentino: es de religión judía y de nacionalidad argentina. ¿Por qué? Porque sigue la religión judía pero tiene la ciudadanía argentina.
  • Un judío que vive en Israel: es de religión judía y de nacionalidad hebrea (=israelí). Sigue la religión judía y tiene la ciudadanía hebrea (=israelí).
  • Un judío que vive en Alemania en la época de la Segunda Guerra Mundial: es de religión judía…¡pero no es alemán! No es alemán porque el Estado alemán no le da la ciudadanía alemana. Y encima, el pueblo alemán lo rechaza, segrega y desprecia (por no decir: lo asesina). O sea, esta persona de religión judía no puede ser alemana por más que quiera: es, indefectiblemente, hebrea. Es decir, no forma parte de la nación alemana sino de la nación hebrea. ¿Por qué? Porque no tiene nada que hacer en Alemania: se tiene que ir a la Tierra de Israel y formar parte de la nación asentada en ese territorio, la nación hebrea.
  • Un musulmán que vive en Israel: es de religión musulmana pero de nacionalidad hebrea (=israelí).

¿Notan que Hilel Kook distingue claramente entre dos dimensiones, la nacional y la religiosa? Bueno, la pregunta es: ¿esta distinción es real o es imaginaria? Dicho de otra manera, ¿realmente podemos separar entre el ser judío y el ser hebreo (=israelí) tan tajantemente? Mejor dicho, ¿esta división es real o artificial? Y asumiendo que sea real, ¿cuándo surge? ¿O siempre existió esta distinción y nunca nos habíamos dado cuenta?

Para Hilel Kook, esta distinción es un producto de la Modernidad occidental. Hasta el surgimiento de los Estados nacionales modernos, ser hebreo y ser judío era una misma cosa: el judaísmo englobaba elementos nacionales y religiosos. Con el advenimiento de la Emancipación, esto cambió. ¿Por qué? Porque cambió la forma de organización política de Occidente. Antes los Estados no eran nacionales: no existían los Estados-nación. Los Estados se formaban por las dinastías monarquías: si el rey de España se casaba con la reina de Francia, entonces Italia y Francia pasaban a ser un mismo Estado. Y si tenían tres hijos, podían decidir dividir este Estado en tres partes o darle todo al hijo mayor, etc. La cuestión es que los límites estatales no se relacionaban con los límites nacionales: eran cosas separadas. Uno de los aportes fundamentales del Iluminismo es la idea de que los Estados no surgen de sus gobernantes sino viceversa: los gobernantes surgen del Estado. O sea, para nosotros, un Estado no se forma o se desarma porque lo diga el presidente sino por la voluntad popular: cada nación tiene derecho a un Estado. Ése es el problema del judío europeo moderno: vive en un Estado que no es suyo. Pero, ¿qué pasa si se siente cómodo en un Estado, es bien recibido, tiene derechos y obligaciones como cualquier otro ciudadano y no es discriminado (como, de hecho, ocurre en América)? ¡Entonces ese Estado es suyo! ¿Se entiende la distinción?

A partir de esta situación, Hilel Kook dice lo siguiente:

Los judíos deben decidir qué son.

¿En qué sentido? Citemos a Joseph Agassi:

Hay que separar entre dos grupos ya existentes: la nación israelí, que adquirió libertad política y su expresión política en el Estado de Israel, y la fe judía, que es la fe mayoritaria en esa nación, pero que también la comparten personas que pertenecen a otras naciones.

Es importante destacar que la visión de Hilel Kook no es igual que la del canaanismo, más allá de la similitud semántica. No voy a ponerme a detallar el tema porque quiero dedicarle un artículo especial al canaanismo. Lo único que quiero aclarar es que el marco filosófico-político es muy diferente: en la base del pensamiento de Hilel Kook está la distinción de la filosofía política occidental moderna entre religión y nación y una postura liberal, mientras que el canaanismo tiene una base argumental anclada en la arqueología y ciertos resabios de pensamiento mítico. Por otro lado, Hilel Kook nunca llamó a que el Estado de Israel corte todo lazo con el judaísmo, como sí lo hicieron los cananeos, sino que su idea era distinguir entre los judíos que viven en Israel, por quienes el Estado de Israel tiene que preocuparse, y los que no, con quienes no debe tener relación. O sea, no es que Israel no pueda tener relación con los judíos pero esa relación no tiene que ser porque ellos sean judíos sino porque son hebreos (=israelíes). Recuerden: una persona puede ser hebrea (=israelí) y judía, aunque no es necesario que sea las dos cosas juntas.

La normalidad

Si me siguieron hasta acá, entonces ya saben que esta distinción entre hebreos (=israelíes) y judíos se funda en el liberalismo político occidental moderno. Para Hilel Kook, esto significa que Israel tiene que ser un Estado normal, igual que cualquier otro Estado occidental.

Y las preguntas obvias son: ¿quién dijo que eso es ser “normal”? ¿Quién determina la “normalidad”? ¿Por qué ser “normal” significa seguir el molde occidental? ¿Por qué es más “normal” un Estado-nación que un Estado plurinacional (como la ya extinta Unión Soviética o la actual China)? ¿Quién dijo que es tan sencillo distinguir entre la nacionalidad y la fe? ¿Es correcto el supuesto de que nación y religión no tienen nada que ver una con la otra?

Más específico: ¿es posible distinguir realmente entre el judío y el hebreo (=israelí)? Ok, asumamos que los judíos vivimos muy bien y sin problemas en la Argentina. ¿Quién dijo que esta situación va a ser eterna? Si llega al poder un gobierno antisemita, ¿Israel no debería recibirme con los brazos abiertos? O más, ¿no es artificial la división judío-hebreo? El judaísmo tiene elementos nacionales y religiosos, ¿acaso es legítimo cortarlo en dos y decir: “Esto es judío, esto es hebreo”? Si la amplia mayoría de los judíos que viven en la Diáspora en la actualidad basan su judaísmo no en prácticas religiosas sino en su apoyo y sentimiento de unidad con el Estado de Israel, sin que ello implique que quieran irse a vivir allá, ¿quién soy yo (o Hilel Kook) para decirles que no, que eso no es judaísmo? A un nivel más profundo, ¿no es una forma de asimilación el hecho de dar como válido el supuesto occidental de la distinción entre fe y nación?

Para que lo vean claro, pueden pensar a Hilel Kook en oposición a Rab A. I. Kook y Rab Z. Y . Kook. Para los últimos dos, la especificidad del Estado de Israel es fundamental: tiene que ser un Estado judío, tiene que estar abierto a los judíos de todo el pueblo, tiene que estar regido por la הלכה (“Halajá”, Ley judía),tiene que ser אור לגויים (“Luz para las naciones”). El hecho de que sea diferente a otros Estados no es una falla ni un error: es una bendición, es lo que tiene que ser. Para Hilel Kook, no: Israel tiene que ser un Estado normal, como cualquier otro, con una Constitución, regido por el derecho y no tiene ninguna misión especial.

Miren esta cita de Hilel Kook. Si no lo entienden con esto, no sé qué más decirles:

Israel es un ghetto judío con un ejército moderno.

La Constitución

Hilel Kook fue parte de la primera Kneset. Era del partido político Jerut, el mismo de Menajem Beguin. Era el representante de una línea interna opuesto al liderazgo de Beguin…Y perdió esa lucha política. La perdió de tal modo, y se sintió tan decepcionado por lo que pasó en la primera Kneset que decidió retirarse de la política y volverse a Estados Unidos. Según él, había que dejar que pase el temporal y esperar a la siguiente generación, que sería más lúcida. Se equivocó: Hilel Kook nunca volvería a la política. ¿Qué fue lo que pasó?

Originalmente, se convocó a la primera Kneset con el objetivo de dictar y dar sanción a una Constitución para el recién instaurado Estado de Israel. Sin embargo, no hubo quórum y, al día de hoy, Israel no tiene una Constitución. Tiene leyes fundamentales y un extenso código legislativo. Hay también tribunales de justicia seculares, que dependen del Estado. Pero no una Constitución. ¿Por qué? La respuesta usual es que los religiosos, principalmente los Jaredim, decían que la תורה (“Torá”) debía ser la Constitución del nuevo Estado. Ben-Gurión no quería confrontar con ellos y, en pos de la unidad nacional, postergó la sanción de una Constitución. Hilel Kook piensa que eso es mentira y que, en realidad, nunca hubo intención de sancionar una Constitución. Para él, desde el principio, por esa idea de la especificidad judía y del carácter judío del Estado de Israel (errónea, desde su punto de vista), no hubo voluntad política de tener una Constitución nacional. En sus palabras:

Por culpa de Ben-Gurión y Beguin, Israel es la única teocracia en el mundo que fue fundada por seculares.

Duro el hombre, ¿no Y polémico, por supuesto.

Para Hilel Kook, lo que había que fundar no era un Estado judío sino una República Hebrea de Palestina. “República” por la forma de organización política, “Hebrea” porque es de la nación hebrea (que no es lo mismo que el pueblo judío; la nación hebrea incluye judíos pero también musulmanes, cristianos, ateos, etc) y “Palestina” por el territorio geográfico en el que está emplazada. Una aclaración antes que salten los pro-Palestina ignorantes: “Palestina” SIEMPRE hizo referencia a un lugar geográfico y no a un pueblo. Esto cambió solamente a partir de la Guerra de Yom Kipur aproximadamente. Antes los árabes que vivían en Palestina eran eso: árabes. La nación palestina es un invento muy reciente. Ojo, con esto no digo que no tengan derechos nacionales ni nada por el estilo: que una nación sea joven no empequeñece ni agranda sus reclamos. Pero las cosas como son: no como vidrio (¡ni ustedes permitan que les hagan comer vidrio!).

Como se imaginarán, el modelo que tiene en mente Hilel Kook es el estadounidense: una nación en la que conviven personas de origen diverso y religiones varias. Todos (o la amplia mayoría de) los habitantes de Estados Unidos son patriotas y se sienten totalmente estadounidenses, sin desmedro de su religión. Aparte es un país que ama su Constitución (no, no digo que siempre la cumplan, sino que tienen un respeto visceral por ella). Israel tiene que ser, como Estados Unidos, una república democrática secular.

Un Estado, dos Estados, tres Estados

Hilel Kook originalmente sostenía que lo que él llamaba “República Hebrea de Palestina” tenía que ocupar toda la Tierra de Israel. ¿Qué pasa con los árabes que viven en esas tierras? Nada, son personas de religión musulmana y nacionalidad hebrea, que se integrarán sin problemas al nuevo Estado. ¿Y si son mayoría y se elige un presidente musulmán? No pasa nada, tendremos un presidente musulmán. Si el hombre es de nacionalidad hebrea, ¿qué importa si es musulmán, judío, cristiano o ateo?

Pero no, las cosas no son tan sencillas. E Hilel Kook era extremista y medio cabeza dura pero no tonto. Vio claramente que muchos árabes musulmanes no tenían ningún interés en formar parte de la nación hebrea: eran palestinos y tenían derecho a formar parte de la nación palestina. Así, cuando se anunció el plan de partición de la Tierra de Israel por parte de la ONU, Hilel Kook fue claro:

Si hacemos fracasar ahora el plan de partición, estaremos dañando el interés nacional.

Pero hay un problema más: existe un Estado jordano. ¿Existen los jordanos? O sea, ¿hay una nación jordana? Quizás, en realidad, jordanos y palestinos son lo mismo. O quizás no, quizás son diferentes. O quizás…Cito a Hilel Kook:

Hay un pueblo palestino. No veo razón alguna para seguir negando su existencia. Al mismo tiempo, Israel afirma que hay un pueblo jordano, pero no lo hay. En realidad, hay un Estado jordano y un pueblo palestino.

¿Entendieron algo? Explico: para Hilel Kook, está la nación hebrea (formada por judíos, musulmanes, etc). A su vez, hay una nación palestina (formada por aquellos árabes que viven en la Tierra de Israel pero que no se identifican como hebreos). El problema es que existe un Estado jordano pero ese Estado es espurio: no representa a ningún pueblo. Para Kook, Jordania no es más que un invento anacrónico de la dinastía hachemita.

¿Cuál es la solución?

Para llegar a una solución, solo puede haber dos entidades. No hay lugar en el territorio de Palestina para tres Estados. ¿Qué es más fácil: eliminar a Israel, destruir a todos los palestinos o cambiar el nombre de Jordania?

Por si son medio lerdos y no entienden las indirectas, la solución para Hilel Kook es obvia: cambiar el nombre de Jordania. Que se pase a llamar “República Palestina” o algo por el estilo y punto. Así, vamos a tener dos Estados nacionales:

  • Israel: Estado de la nación hebrea (=israelí).
  • Palestina: Estado de la nación palestina.

Por supuesto, Jordania va a desaparecer como tal porque no representa a una nación sino a una dinastía. Como no es un Estado-nación, no tiene razón de ser.

La pregunta que surge es: ¿esto verdaderamente soluciona el conflicto? Volviendo a lo que habíamos dicho antes, ¿es posible aplicar las categorías de la política europea occidental (“Estado-nación”) a una realidad tan diferente como la de Medio Oriente? A mí me parece que Hilel Kook acá no está haciendo más que jugar con las palabras: lo suyo es un hermoso juego semántico sin sentido real. ¿En serio los musulmanes que viven en Israel se contentarían? Creo que no, creo que muchos de ellos quisieran erigir un Estado musulmán, no vivir en uno secular. Y un problema fundamental: ¡Hilel Kook ignora que sean árabes! Para él hay palestinos y hebreos (=israelíes), judíos y musulmanes…¡pero no árabes! ¿Acaso que sean árabes no está relacionado con nada de esto? De nuevo: para mí, Hilel Kook está aplicando categorías conceptuales que funcionan muy bien en una parte del mundo en lugares donde no funcionan. Y el motivo es obvio: está queriendo universalizar premisas que no son universales. Es mentira que toda nación tenga un Estado y que todo Estado se corresponda con una nación. Quizás en un mundo de fantasía, ideal, sí sea así (y yo no sé si ése sea mi ideal pero eso es otro tema…) pero en la realidad cruda las cosas no son o blanco o negro: hay grises.

Post-sionismo

Esta parte final del artículo me encanta. ¿Saben por qué? Porque disipa tres malentendidos fundamentales:

  • Que el post-sionismo surge en la época de los Acuerdos de Oslo.
  • Que el post-sionismo es antisionismo con otro nombre.
  • Que el post-sionismo surge de la izquierda.

Hasta donde yo sé, el primero en utilizar el término “Post-sionismo” fue Hilel Kook. ¿Dónde? En un artículo en el Internacional Herald Tribune. ¿Cuándo? ¡En 1945! Sí, leyeron bien: ¡1945! ¿Estoy loco? Acá tienen la fuente: Struggle and Survival in Palestine/Israel (página 157).

Así que…

  • El post-sionismo no surge ni a palos en la época de los Acuerdos de Oslo. Surge cincuenta años antes, en 1945.
  • El post-sionismo no es antisionismo: nos puede gustar más o menos pero hay una diferencia fundamental entre uno y otro. Mientras que el antisionismo critica al sionismo de base y niega la existencia de elementos nacionales en el judaísmo, diciendo que la propia existencia del Estado de Israel es un error, el post-sionismo parte de reconocer los logros del sionismo: es verdad que hay elementos nacionales en el judaísmo, es un avance la existencia del Estado de Israel pero hay que profundizar la democracia, y eso solo se puede hacer dejando atrás al sionismo. Noten la diferencia: el antisionismo dice que el sionismo está mal de raíz; el post-sionismo reconoce al sionismo y su legitimidad pero dice que, para corregir sus deficiencias, hay que superarlo. (Aclaración: si alguien dijese que, en la práctica, post-sionistas y antisionistas terminan haciendo cosas parecidas, podría aceptarlo –aunque no lo comparto-. No quiero negar eso, lo que quiero resaltar es la diferencia conceptual básica entre una y otra idea: decir que un post-sionista es un judío que se odia a sí mismo o un judío antisemita es una estupidez grande como una casa).
  • El post-sionismo no surge de la izquierda. Al revés, ¡surge de “la derecha”! ¡Surge del revisionismo! No es solo Hilel Kook: también es Uri Avnery, Uzzi Ornan, Amos Kenan, Natan Yellin-Mor, Maxim Ghilan y varios más.

El hombre que fracasó

El gran problema de Hilel Kook es básico: fracasó. No importa si estamos de acuerdo o no, no importa si tiene razón o no, no importa si nos gusta o no. Su militancia para salvar a los judíos europeos de la Shoá, aunque loable, no cumplió sus propios objetivos. Sí, es verdad, sus admiradores dirán que lo boicoteó el establishment y que, aun así, salvó a cien mil o doscientos personas. Ok, lo tomo. ¡Pero no pudo salvar a los otros seis millones y medio! Su militancia dentro del revisionismo también terminó en fracaso: se retiró. Beguin le ganó la pulseada por el control del partido Jerut, que aglutinaba al Irgún, al Comité Hebreo para la Liberación Nacional y al antiguo partido revisionista, entre otras organizaciones revisionistas. Su intento de sancionar una Constitución para Israel terminó flotando en la nada. Su llamado a crear un gobierno en exilio, también. Hasta el Altalena fue hundido. A pesar de su importancia histórica, hoy en día es muy poco conocido y prácticamente ignorado.

No quiero decir con esto que Hilel Kook tenía razón o no. La razón no está dada por ser exitoso. Eso es obvio. Lo que digo es que Kook fracasó. Simplemente eso. Y ojo, eso no disminuye ni sus convicciones ni su esfuerzo ni sus ideales ni su militancia. Tampoco niega su inteligencia ni perspicacia. Pero sí explica por qué es tan poco conocido: no es que hay una conspiración para tapar su nombre. Es que terminó por fracasar. Nunca se asimiló al mainstream. Por eso hoy la mayoría de la gente no tiene ni idea de quién es.

Y justamente por eso es que escribo este artículo. Hilel Kook es una pieza fundamental para entender al Irgún y al revisionismo en general. Además, es muy interesante porque su figura atraviesa muchas problemáticas que encontramos en el sionismo: el nacionalismo y la religión, la especificidad de Israel, la relación entre Israel y sus vecinos, el post-sionismo, el problema constitucional en Israel, la democracia y la secularidad en Israel y muchos otros temas más.

¿Es actual? Totalmente. ¿Tiene razón? Eso ya está en cada uno. Lo que no me cabe la menor duda es que es interesantísimo y punzante. Solo por eso –porque nos hace ver las cosas desde otro lugar- vale la pena.

Martin Buber

Filósofo y educador

Martin Buber nació en Alemania en 1878 y falleció en Israel en 1965. Es uno de los filósofos más importantes del siglo XX, tarea que complementó con las de editor, periodista, docente y escritor. Como veremos en este artículo, también fue una persona muy activa en términos políticos, específicamente en el movimiento sionista. Antes de avanzar, la aclaración usual: acá nos enfocamos en el sionismo. Buber es un pensador genial y podríamos pasarnos muchísimo tiempo analizándolo, criticándolo, admirándolo, disfrutándolo y/o destrozándolo. El tema del blog es acotado, y eso hace que el enfoque de este artículo también lo sea: vamos a hablar de sionismo. Voy a dar una introducción al pensamiento buberiano pero me voy a explayar específicamente en el tema del sionismo y lo que se relacione con el mismo. Si lo que buscabas era algo más general, hay muy buenos resúmenes de la filosofía buberiana dando vueltas por internet como este de la Enciclopedia Stanford de filosofía  (en inglés) y aplicaciones de su filosofía a algún tema puntual como este paper en castellano. Buscando por internet, no es difícil encontrar buenos textos sobre este pensador. Obviamente, como siempre, hay muchos textos poco claros, incompletos, densos, demasiado cortos o directamente malos y por eso lo mejor es remitirse a lo que dice el autor y no lo que otros interpretan así que les recomiendo leer los libros de Buber. Si no quieren/pueden comprarlos, supongo que será fácil conseguirlos por la red. Ahora sí, empecemos…

Los judíos alemanes

Decíamos que Buber es un filósofo y que nació en Alemania. O sea, es un filosófo judío alemán. Para que dimensionen la calidad y variedad del pensamiento judío alemán les tiro unos nombres al voleo: Moses Mendelsohn, Hermann Cohen, Walter Benjamin, Franz Rosenzweig, Erich Fromm. ¿Quieren que siga? Rab Isaac Breuer, Rab Shimson Rafael Hirsch, Leo Baeck. ¿Vamos por más? Guersom Scholem, Hannah Arendt, Leo Strauss. Y estoy mencionando solamente los primeros que me vienen a la mente sin pensarlo demasiado y con dos condiciones: que sean alemanes (porque hay muchos judíos austríacos o de los alrededores que estudiaban en Alemania) y que tengan obras enfocadas en el judaísmo. Si no, podríamos ampliar la lista e incluir a Theodor Adorno, Karl Marx o Viktor Frankl sacando la segunda condición o a Emanuel Lévinas, Yeshayahu Leibowitz, Rab Eliezer Berkovits, Rab Joseph Soloveitchik y Rab Abraham Joshua Heschel sacado la primera. ¡Y no estoy mencionando a todos sino solo los que me vienen a la mente! En pocas palabras, el ambiente intelectual judío en Alemania fue de gran efervescencia y para entender la filosofía judía de los siglos XIX y XX es fundamental leer a estos autores. Todo esto lo digo por dos motivos:

  • Para que contextualicen la obra de Buber.
  • Porque Buber es uno de los promotores de esta movida intelectual. De hecho, creó muchas instituciones educativas a lo largo de su vida y él mismo fue un educador muy influyente.

Martin Buber tuvo una infancia peculiar y fue criado por sus abuelos. Es más, su abuelo era un académico del Midrash y publicó ediciones críticas de muchos de ellos. Ya desde joven, Martin se interesó por la filosofía. Nietzsche lo impresionó profundamente, aunque luego rechazaría la filosofía nietzscheana de manera terminante. Es difícil resumir las influencias de Buber porque es muy original pero digamos lo siguiente: Buber tuvo una etapa en su juventud en la que se sintió muy atraído por el misticismo pero más tarde se transformó en un existencialista. Es más, quizás se puede decir que es EL existencialista judío por excelencia junto a Franz Rosenzweig.

Justamente es junto a Rosenzweig que Buber haría una de sus tareas más importantes: la traducción de la Torá al alemán. Su traducción es considerada como una de las mejores de todos los tiempos y fue muy influyente en su época, especialmente en círculos judíos.

Martin Buber también es conocido por haber sido el primero en recopilar las leyendas y enseñanzas jasídicas y exponerlas a un público amplio, tanto judío como no judío. Una de las principales influencias de Buber precisamente sería el pensamiento jasídico, al menos tal como él lo entendió. O sea, antes de Buber ya existían antologías jasídicas y obviamente los propios jasídicos conocían sus propias ideas pero sería Buber el que las llevaría a las universidades. Buber también se opondría al racionalismo exagerado y propondría al jasidismo como alternativa al racionalismo seco y árido.

Buber fue una persona profundamente religiosa y nos ha dejado una buena cantidad de escritos maravillosos sobre D-s, la tradición judía, el Tanaj, el judaísmo y muchos otros temas de índole similar. Sin embargo, no fue bajo ningún punto de vista un judío ortodoxo ni un judío tradicional y no cumplía (ni estaba interesado en cumplir) muchas Mitzvot. Su visión, aunque no antinómica, parte de la premisa de que el hombre debe decidir qué preceptos cumplir y cuáles no de acuerdo a un examen personal honesto: debe cumplir lo que lo interpela y lo que no, no. Esto lo pone en una situación peculiar: debido a que no acepta a las Mitzvot como obligatorias, muchos judíos que aceptan la Halajá como normativa lo ven como un hereje; por otro lado, al tener un pensamiento tan impregnado de religiosidad, a muchos judíos seculares les resulta difícil identificarse con su obra.

Una filosofía del diálogo

Una idea fundamental en Buber y que necesitamos tener en cuenta para entender su posición con respecto a muchísimas cuestiones, incluida la del sionismo y el problema árabe, es la del diálogo. Resumiendo (ya dije que esto es solo una introducción y que no quiero irme por las ramas), se puede decir que para Buber la verdad se encuentra en el diálogo. ¿Qué significa esto? Veamos…

En el pensamiento filosófico occidental tradicional, normalmente se considera que hay una verdad y que ésta es única y propiedad de uno: si yo pienso A y vos B o vos o yo tenemos razón pero es imposible que los dos tengamos razón al mismo tiempo. Es decir, o A es verdad o B es verdad pero no las dos. Para Buber, en cambio, ni yo ni vos somos propietarios de la verdad sino que la verdad se encuentra en un punto intermedio entre los dos y solo podemos alcanzarla mediante el diálogo. Buber asume que es posible que dos personas tengan razón pero no por eso tienen que estar de acuerdo. Al contrario, pueden estar en tensión una con la otra y estar totalmente en desacuerdo. Y sin embargo, de esa tensión puede surgir la verdad. La única condición es que haya un diálogo sincero y abierto.

Socialista utópico y comunidad

¿Se acuerdan que con Syrkin habíamos hablado del socialismo utópico? Con Buber tenemos que redoblar la apuesta. Buber no solo es un socialismo utópico: se declara orgullosamente como tal. Hay un libro excelente que se llama Caminos de utopía en el que Buber analiza la historia del socialismo utópico y va rescatando las ideas principales de distintos socialistas utópicos que le sirven para delinear su propia concepción.

Una vez más, podría explayarme largo y tendido, pero quiero ir al tema así que resumamos. Para Buber, el socialismo no significa la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción ni la revolución del proletariado ni el desarrollo de una sociedad sin diferencias de clase sino la instauración de un orden social basado en la comunidad. ¿Qué quiere decir esto? Digámoslo así: hay que desarrollar una sociedad que sea cooperativista tanto en el consumo como en la producción, pero no solamente porque esto permite justicia social sino, fundamentalmente, porque es la única manera de formar una sociedad de amigos. Para Buber, la célula económica básica tiene que ser la cooperativa porque permite la solidaridad entre sus miembros. Una vez más, noten la idea que subyace: el diálogo entre las personas, un diálogo honesto y abierto. Sin esto, de nada valen los cambios de dirigentes ni las mejoras sociales.

Buber es un crítico férreo del estatismo en todas sus vertientes y acusa a la Unión Soviética de implementar un socialismo distorsionado. Más aún: acusa a Marx de ser el culpable de esta distorsión al haber dado más importancia a la lucha por el poder político que al desarrollo concreto de cooperativas y otras células de regeneración económica de la sociedad. O sea, Marx, al subsumir todos los conflictos al juego político, termina por provocar un estatismo que, en vez de solucionar los problemas del capitalismo moderno, los agrava. Para Buber, la solución es la creación de un nuevo orden social basado en el cooperativismo voluntario. Las cooperativas, a su vez, tienen que unirse de manera orgánica en federaciones.

Es importante resaltar que Buber considera que la regeneración de la sociedad es una regeneración total: política y económica, sí, y social, por supuesto, pero también cultural y moral. Escindir un dominio del otro lleva a la fractura en la vida del hombre. Ya hablaremos más delante de esto cuando veamos la visión buberiana del Kibutz.

Pueblo, nación y nacionalismo

Antes de entrar de lleno en el tema del sionismo, hagamos una (no tan) breve introducción a las ideas buberianas de pueblo, nación y nacionalismo. Esto nos va a ayudar a entender plenamente el sionismo buberiano. Citemos textualmente las definiciones de estos tres términos (pueblo, nación y nacionalismo) del ensayo “Acerca de la idea nacional” y expliquemos:

…Siempre un pueblo se constituye a partir de una unidad de destino: cuando diversos grupos que constituyen una nueva entidad se funden y se fusionan, en ese momento aquellos elementos que el destino entrelaza. Esta nueva “personalidad” que a través de las generaciones vive y se desarrolla, como dijera Goethe, se mantiene gracias a la unidad de simiente que impera de allí en adelante.

¿Qué nos está diciendo Buber? Que un pueblo se conforma como tal por un grupo de personas que se ven unidas por un destino en común: yo, como judío, me identifico con el porvenir de todo el pueblo judío, no solo con el de mis familiares cercanos o de mis amigos. Pero hay más: esta unidad tiene que perdurar en el tiempo. Y la única manera que tiene de perdurar es mediante una unidad de simiente. O dicho de otra forma, mediante una continuidad biológica: evitando los matrimonios mixtos o, por lo menos, haciendo que los hijos de esos matrimonios mixtos sigan formando parte del pueblo y no se asimilen. Pero claro, la continuidad biológica es necesaria pero no suficiente: sin continuidad espiritual (o, si quieren despojar al término de connotaciones religiosas, sin continuidad cultural), de nada valen los matrimonios endogámicos. Esta continuidad espiritual es la actividad del pueblo: su forma de vida, su pensamiento, folklore, idioma, etc. Para resumir, digamos que Buber nos dice que un pueblo es un grupo de personas que se ven hermanadas por tener un pasado, presente y futuro en común y que el pueblo, para subsistir, tiene que tener una doble continuidad biológica y espiritual.

¿Qué es una nación según Buber?

Nación es aquella misma unidad captada como una separación activa y consciente. (…) Lo que determina y da forma a una nación es un cambio interno decisivo en el status adquirido, un cambio profundo en el modo en que un pueblo se concibe a sí mismo.

En pocas palabras, un pueblo está separado del otro. Estos pueblos se constituyen en naciones cuando son conscientes de esta separación y trabajan activamente para mantenerla y profundizarla. La diferencia entre pueblo y nación es muy simple: un pueblo no es consciente de la separación porque se separa intuitivamente; la nación sí, y consciente y deliberadamente se separa. Ahora, ¿esta separación entre las naciones no es tonta o directamente perjudicial? Si la humanidad es una sola, ¿por qué no formar una gran hermandad entre todos los seres humanos y dejar atrás las divisiones ocasionadas por la existencia de las naciones? La respuesta de Buber es tajante: cada nación tiene una misión o función específica. Es esa particularidad la que la distingue de las otras naciones. Recuerden: la nación se forma por un cambio interno, porque se modifica la manera en la que pueblo se ve a sí mismo. ¿Dos ejemplos? Uno es la Roma republicana: solamente con el advenimiento de la República, Roma es consciente de su orden, su fuerza y su función y justamente eso es lo específico de su nacionalidad. Otro es Francia luego de la Revolución Francesa: Francia alcanza su desarrollo como nación cuando defiende los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Quiero que noten que, para Buber, una nación no es una unidad arbitraria de individuos sino que cada nación representa una idea. Esa idea nacional es la semilla que la define como tal.

¿Qué es el nacionalismo, entonces?

En determinados momentos de la vida nacional, se pone de manifiesto un fenómeno conocido con el nombre de nacionalismo. Por naturaleza, es un signo de enfermedad. Del mismo modo que un órgano dentro del cuerpo comienza a llamar la atención desde el momento en que su funcionamiento no es normal, lo mismo sucede en este caso: el nacionalismo es, en su raíz, un sentimiento de carencia, falla o enfermedad, y el pueblo percibe en grado creciente la necesidad de reparar esa carencia, corregir ese defecto o curar dicha enfermedad. Entre esa función inmanente de la nación y su situación interna y externa se ha producido una contradicción, que afecta a la consciencia misma del pueblo; a la reacción espiritual que se produce en respuesta a esa contradicción la denominamos nacionalismo.

Lo que Buber nos está diciendo es lo siguiente: el nacionalismo es una reacción a un problema de la nación. Esta reacción no necesariamente es mala o buena: es un síntoma. Si una persona se enferma, su cuerpo reacciona con fiebre. La fiebre es un síntoma, no es la enfermedad en sí. De hecho, que tenga fiebre significa que el cuerpo está actuando contra la enfermedad. Sin embargo, también la fiebre es peligrosa: si no se le pone un límite, puede terminar siendo más dañina que la enfermedad que la ocasionó. Ahora imaginen que la fiebre es el nacionalismo y el cuerpo, la nación. Como podrán apreciar, no es que el nacionalismo (=fiebre) sea malo ni bueno de por sí: es bueno cuando cura la enfermedad de la nación (esa carencia, esa contradicción entre la situación interna y externa); es malo si traspasa esos límites y se transforma en amo y señor de la vida de la nación.

Para que lo vean de la manera más clara posible, vuelvo a citar a Martin Buber:

El pueblo es un fenómeno de vida, mientras que la nación es un fenómeno de conciencia y el nacionalismo es un fenómeno de conciencia exagerada.

Los dos tipos de nacionalismo moderno

Buber hace una breve historia del nacionalismo moderno: empieza diciendo las condiciones del mismo y habla de dos tipos de nacionalismo moderno: uno cultural y otro político.

Curiosamente, Buber menciona al Maharal de Praga (Rab Yehuda Loew) como antecesor de la idea nacional moderna  y lo cita para dar las características de la misma:

  • Libertad e independencia en la vida del pueblo.
  • Libertad de territorio.
  • Libertad de fe.

En pocas palabras, una nación necesita un territorio propio, una cultura propia y la libertad para definirse como desee.

Decíamos que Buber hablaba de dos tipos de nacionalismo moderno. El político lo rastrea a Jean-Jacques Rousseau y el cultural a Johann Gottfried Herder. El primero, más estrecho, asume que la nación es una unidad política y termina por poner por encima de todo a la nación y negar a las otras naciones; el resultado indefectible es el chauvinismo. ¿Por qué? Porque el individuo se subsume a la voluntad común del pueblo. Rousseau, según la lectura que hace Buber, llama a la creación de leyes patrióticas y una educación nacionalista más cercana a la propaganda que a un ejercicio reflexivo y crítico. Herder, más amplio, ve a la nación como una unidad cultural y a la cultura humana como la colaboración de las entidades nacionales creadoras. Así, la labor educativa es despertar esas fuerzas elementales de la nación que se encuentran en la literatura popular y en las leyendas, poemas y canciones folklóricas. Este enfoque, más amplio, se opone a la soberbia nacional porque no ve a la nación como un fin en sí mismo sino como parte de la humanidad: aporta su propia cultura a la cultura humana global.

Más allá de si Buber está en lo correcto en adscribir a Rousseau y a Herder uno y otro tipo de nacionalismo, lo importante es la distinción entre un nacionalismo político y otro cultural. Ya veremos cómo lo aplica al sionismo más adelante (si leyeron el artículo sobre Ajad Haam, ya se imaginarán por dónde viene la mano).

El sionismo buberiano

Ahora sí, con todo este bagaje previo, entremos de una vez en el sionismo. Buber fue uno de los grandes líderes del sionismo en Alemania: fundador de una base sionista en Leipzig y una unión de estudiantes judíos, líder de la Facción Democrática en el Quinto Congreso Sionista, director de Die Welt (el periódico oficial del movimiento sionista, fundado por Herzl), líder del judaísmo alemán, fundador de instituciones educativas para adultos. Como verán, la actividad de Buber es frenética. Lo más increíble es que sus ideales son claros y están presentes en todas sus actividades políticas: no hay una subyugación de los ideales a la realidad ni de la moral a la Realpolitik sino todo lo contrario.

Ahora, ¿por qué el sionismo es tan importante en la vida de Buber? Porque el sionismo es el cable a tierra, la conexión que encontró Buber con su propio pueblo. A los veinte años, cuando parecía que más se debilitaba su vínculo con el pueblo judío, Buber descubre el sionismo y, a través de él, abraza con todas sus fuerzas a su pueblo. Unos pocos años después, Buber conocería el Jasidismo y se enamoraría de él. Convencido de su importancia para la renovación del pueblo judío y de la humanidad en general, recopilaría sus enseñanzas y leyendas, las reescribiría y publicaría.

Detengámonos unos minutos en el Jasidismo. ¿Qué es? El Jasidismo es un movimiento dentro del judaísmo fundado por Baal Shem Tov a mediados del siglo XVIII que enfatiza la piedad devocional, el canto, el baile y la alegría como caminos para llegar a D-s. Se caracteriza por la existencia de liderazgos carismáticos y fuertemente personalistas: un Rebe con un grupo de seguidores incondicionales. Hoy en día, hay muchos grupos jasídicos. Los más conocidos son Jabad, Satmer, Gur y Breslov. El Jasidismo es un movimiento que ha ejercido y ejerce una profunda influencia en el judaísmo contemporáneo. Entonces, ¿qué es lo que hace tan especial a Buber por haber recopilado algunas de sus enseñanzas? En que fue el primero en llevar el Jasidismo hacia círculos no jasídicos. Ubíquense en la época: principios del siglo XX, racionalismo, industrialización acelerada. Los judíos alemanes se asimilaban a pasos agigantados. Los que no, adherían a visiones muy racionalistas. Para que se den una idea, los libros de historia de filosofía judía simplemente ignoraban a la Cabalá tachándola de superstición estúpida. Y de repente, ¡aparece Buber, un joven prometedor, un respetado filósofo y líder político excepcional que nos trae unos cuentos de esos jasídicos piadosos anacrónicos antirracionalistas! ¡Y es un éxito! ¿Qué está pasando? Buber es el que lleva el Jasidismo hacia los judíos asimilados y hacia el mundo no judío. Como decía antes, es el primero en llevar el Jasidismo a las universidades. Pero su enfoque no es el de un investigador académico: él quiere ver qué hay de relevante en el Jasidismo para el judío moderno, no hacer una investigación histórica. Buber, para resumir, toma orgullosamente una postura no racionalista y nos dice: no prejuzguemos, no neguemos una parte del legado judío porque no nos suena lindo. Entremos, zambullámonos en esos textos que nos parecen tan lejanos y encontraremos verdaderas gemas.

¿Por qué Buber es sionista? Si aplicamos las definiciones que vimos al principio de pueblo, nación y nacionalismo y asumimos que el sionismo es el nacionalismo judío, entonces llegamos a una conclusión: para Buber, la nación judía sufre de una enfermedad. Esa enfermedad tiene que ser curada. El sionismo, el nacionalismo judío, es la reacción a esa enfermedad. ¿Cuál es la enfermedad? Habíamos visto que es el desajuste entre la conciencia de la nación y su situación real. ¿Más concreto? La nación judía está decaída, su cultura está en capa caída y ya no tiene un centro vital. No hay un contenido judío en la vida del judío europeo promedio. Hay que renovar el judaísmo y a la nación judía.

Renacimiento judío

Esta renovación no es una Reforma a la manera del Reformismo que surgió en la judería alemana. No es un cambio en los rituales religiosos ni un cambio en el status político o civil del judío. Es mucho más profundo: es una renovación nacional-cultural (o lo que es lo mismo para Buber: espiritual).

El modelo de Buber es el Renacimiento italiano. Así, nos habla de un renacimiento que no se suscribe al ámbito político sino que abarca a la vida como una totalidad. En el ensayo “Humanismo hebreo y nacionalismo” escribe que el Renacimiento Italiano tuvo una visión maravillosa:

Afirmar al hombre y a la comunidad del hombre y la creencia que tanto los pueblos como los individuos podían renacer.

O sea, es posible renovarse y purificarse tanto a nivel individual como nacional. En el caso de la nación judía, esto implica romper con el Galut (Exilio) entendido no como una condición política sino como un modo de pensar y vivir. Pero no nos equivoquemos: Buber no es Max Nordau. Romper con el Galut es desatarse y dar rienda suelta a la creatividad cultural-espiritual de la nación judía. Es indispensable, sin embargo, que esta liberación no sea desproporcionada porque, en caso contrario, terminaría llevando a la opresión y a un falso triunfalismo.

El Renacimiento tiene que ser total y abarcar toda la vida, ser concreto, provocar que el individuo se una a la nación de manera orgánica. No puede ser apostado ni fingido. Tiene que ser real, claro y prístino. En palabras de Buber:

No estamos luchando meramente por un movimiento intelectual sino por un concepto que engloba toda la realidad de la vida. (…) Debemos alcanzar una finalidad más lejana: la transformación concreta de toda nuestra vida interior no nos es suficiente. Debemos luchar por nada menos que la transformación concreta de toda nuestra vida como totalidad. Este proceso de nuestro ser interior debe expresarse en el cambio de nuestro ser exterior: de la vida del individuo tanto como la de la comunidad. Y el efecto debe ser recíproco: el cambio externo debe estar reflejado en nuestro interior y debe renovarlo una y otra vez.

El Kibutz y la misión de la nación judía

¿Cuál es el cambio del ser exterior de la nación judía? Buber nos está diciendo que no alcanza con cambiar la autoconsciencia del judío: no basta con los ideales. Hay que actualizar esos ideales, llevarlos a la práctica. Hay que cambiar en lo concreto, no solo en lo abstracto. Ese cambio es la modificación de la sociedad por una más justa y equitativa. Dijimos al principio de este artículo que Buber era un socialista utópico y que escribió un libro en el que justamente rescata a los socialistas utópicos y los propone como una alternativa frente al marxismo.

A nivel de la nación judía, esto implica crear una sociedad ejemplar en la Tierra de Israel: una que señale al mundo el camino a seguir. Para Buber, como para Syrkin, el pueblo judío tiene que ser la vanguardia de un socialismo renovado, un verdadero socialismo que haga hincapié en la regeneración moral, social y económica de la sociedad. Dicho de otra manera, la nación judía tiene una misión específica: ser el portavoz del lema “Verdad y justicia entre las naciones”. Por eso, el sionismo no puede ser imperialista. Y, más importante todavía, no tenemos que dejar que sea percibido como tal. En sus palabras (del bosquejo de la propuesta que presentó Buber en el 12° Congreso Sionista):

En esta hora en que los representantes más conscientes del pueblo judío se reúnen por primera vez luego de ocho años de separación, nuevamente será afirmado ante las naciones occidentales que el vigoroso núcleo del pueblo judío está dispuesto a retornar a su antigua patria y construir allí una nueva vida basada en el trabajo independiente, el cual se desarrollará y perdurará como el elemento orgánico de una humanidad nueva.

¿Cuál es la célula socio-económica básica por la cual se regenerará la sociedad? La respuesta de Buber es: el Kibutz. No se trata solamente de que el Kibutz sea útil a los efectos del reasentamiento de la nación judía en la Tierra de Israel ni que sea una buena táctica que combine la agricultura con la colonización de la tierra. No, el Kibutz es mucho más: es la célula en la que se asienta el germen para el nuevo socialismo y, con él, la nueva humanidad. El Kibutz, esa cooperativa agraria de producción y consumo, tiene que ser una comunidad ejemplar, que influencie al mundo para que se vuelque hacia un auténtico socialismo basado en el cooperativismo.

Más todavía: para Buber, el Kibutz es la alternativa al estatismo soviético. Contra esa picadora de carne que es el estatismo, contra esa maquinaria estatal que subyuga todo al interés político, contra ese monstruo administrativo que consume a los soviéticos, contra ese falso socialismo que se disfraza como tal para ganar adhesiones, la nación judía tiene que construir una alternativa real y verdaderamente socialista y humanista: Israel tiene que ponerse a la vanguardia de un socialismo basado en el diálogo.

De esta manera, Israel tiene que transformarse en un puente entre Oriente y Occidente que una estos dos mundos tan dispares. El Kibutz, por su lado, tiene que ser un ejemplo de organización socialista porque reúne todas las características de una sociedad orgánica y organizada de manera voluntaria y cooperativa: contacto con la naturaleza, trabajo de la tierra, camaradería, buena voluntad y esfuerzo conjunto.

Humanismo Hebreo y Humanismo Bíblico

Este socialismo renovado no es ateo sino todo lo contrario: surge de una fe profunda en D-s. En palabras de Buber:

Los hombres bíblicos son pecadores como nosotros pero hay un pecado que ellos no cometen, nuestro pecado capital: no se atreven a confinar a D-s a un espacio circunscrito, o a una división de vida, a la “religión”. No tienen la insolencia de delimitar límites alrededor de los mandamientos de D-s y decirle: “hasta aquí eres soberano pero más allá de estos límites empieza la soberanía de la ciencia o de la sociedad o del Estado”.

Buber está criticando al secularismo de los últimos siglos, esa tendencia de la sociedad occidental a dividir entre los ámbitos sagrados y profanos, esa tendencia a decir: “en la sinagoga, D-s; en la universidad, el hombre”. No, nos dice Buber, todo es una unidad: no tenemos que vivir una vida desgarrada. Dividir los ámbitos es un error: si D-s está en todo, también está en la ciencia, también está en el Estado, también está en la casa. Ojo, Buber no es un fundamentalista: no es que nos dice que la Biblia es la Verdad revelada y que es inmutable y literalmente verdadera. No está arguyendo contra la Teoría de la Evolución o el Big Bang. Para nada, esos son temas que a Buber (¡y a cualquier pensador con dos dedos de frente!) no le interesan en lo más mínimo. Lo que nos está diciendo Buber es que la vida es una unidad. Ni más ni menos.

La Torá, para Buber, es una tradición lingüística: es un lenguaje, con todo lo que ello implica (un modo de pensar, una manera de expresarse, una forma de vida, un enfoque sobre cómo relacionarse con los otros, con D-s y con la sociedad como un todo; en pocas palabras, una cultura). Y la Torá –esto es fundamental- tiene valor normativo, no histórico ni nacional. No leemos la Torá porque nos cuenta anécdotas divertidas ni porque hace muchos años la escribió un grupo de judíos y tenemos que repetir como loros lo que ellos dijeron. Tampoco la leemos como documento histórico. La Torá debe ser leída con el objetivo de extraer enseñanzas prácticas: no tenemos que leerla con la mente puesta en aprender ni historia ni ciencia ni teología ni metafísica sino moral. Vean que este proceso no es automático ni implica repetir lo que hicieron nuestros abuelos porque así lo hicieron: no es tradición por la tradición misma. Al contrario, Buber argumenta que la Halajá no es vinculante: si uno es interpelado por ella, que la cumpla; si no, bienvenido sea. La cuestión central no es cumplir o no la Halajá sino hacer un examen sincero de uno mismo y cumplir solo aquellas partes que lo llaman a uno de manera personal. Uno debe recibir la tradición pero también tiene el derecho y el deber de criticarla y tomar aquellas partes que le resultan significativas, rechazando las que no lo son.

Un Estado binacional

Ya hablamos de que Buber se oponía terminantemente al imperialismo y a la opresión de un pueblo hacia otro en cualquiera de sus formas. En base a esto, Buber fue uno de los primeros sionistas en llamar la atención sobre el problema árabe en la Tierra de Israel: hay árabes viviendo allí y son un pueblo. Si no los tratamos con el debido respeto, se desatará un conflicto de proporciones incalculables. Habrá guerra y violencia por doquier. Y no solo eso: el pueblo judío estará oprimiendo a otro pueblo. Y si es así, evidentemente no estará cumpliendo con el objetivo de ser un ejemplo para el mundo

¿Cuál es la solución de Buber? Crear un Estado binacional conjunto entre la nación judía y la nación palestina. Este Estado binacional tiene que estar basado en la cooperación genuina y no en cálculos políticos fríos.

Pero entonces, ¿cómo hacer para que ese Estado se transforme en un centro de cultura judía y no en un Estado gobernado por los palestinos con una minoría judía? Buber llama a establecer junto a los árabes de la Tierra de Israel una cota mínima de inmigrantes judíos y a un mínimo entendimiento y respeto mutuo. Ya creado el Estado de Israel, llamó a la creación de una Confederación de Medio Oriente. Junto a algunos colegas, fundó una organización política, Brit Shalom, dedicada a reconciliar a árabes y judíos y a buscar vías de diálogo para solucionar el conflicto. Todos estos proyectos tuvieron un apoyo muy limitado tanto de parte de los judíos como de los árabes y fracasaron.

Buber polemiza con Ben Gurión. Dice, por ejemplo:

Sión es algo mucho más grande que un pedazo de tierra en Medio Oriente, o un Estado judío en ese pedazo de tierra. Sión implica una memoria, una exigencia, una misión. Sión es la roca fundamental, el lecho y la base del edificio mesiánico de la humanidad. El sionismo es el destino ilimitado del alma de la nación. (…) Detrás de todo lo que ha dicho Ben Gurión subyace, me parece, el deseo de que el factor político tenga supremacía sobre cualquier otro. Él es uno de los que propone ese tipo de secularización que cultiva sus pensamientos y sus visiones tan diligentemente que impide a los hombres oír la voz del D-s viviente. Esta secularización toma la forma de una politización exagerada. Esta politización de la vida aquí hiere al mismo espíritu. El espíritu, con todas sus visiones y pensamientos, desciende y se vuelve una función de la política.

En base a esto, algunos antisionistas han querido argumentar que Martin Buber es antisionista. Nada más lejano a la verdad. Este intento de apropiación de uno de los más destacados pensadores sionistas es una falta de respeto a su figura. Lo mismo podemos decir de diversos pensadores post-sionistas: su intento de apropiación de Buber es simplemente un despropósito. Como respuesta a esto les dejo un par de frases de Buber:

Si nos hubieran preguntando: “¿Están luchando por un país judío en Israel?” les hubiéramos respondido: “Estamos luchando por Sión, y para establecer a Sión deseamos la independencia de nuestro pueblo en nuestro país”. Aún hoy ,hay muchos sionistas que comparten este sentimiento, no solo entre los de más edad (…) Este cuasi-sionismo que lucha solo por poseer  un país ha conseguido su objetivo. Pero el verdadero sionismo, el amor a Sión, el deseo de establecer algo como “la ciudad de un gran rey”, “del rey”, es algo viviente y perdurable.

He aceptado al Estado de Israel como la forma de la nueva comunidad judía que ha surgido de la guerra. No tengo nada que ver con los judíos que creen que pueden oponerse a la forma que ha tomado la independencia judía en la práctica. El mandamiento de servir al espíritu, hemos de realizarlo hoy en este Estado, a partir de él.

 Herzl y Ajad Haam

Martin Buber tuvo una estrecha relación tanto con Herzl como con Ajad Haam. Con Herzl, por haber sido editor de Die Welt (el periódico que había sido fundado por el propio Herzl y que era la tribuna principal del sionismo). Con Ajad Haam, por haber sido el líder de la Facción Democrática, grupo interno dentro del movimiento sionista que reconocía a Ajad Haam como modelo y mentor espiritual.

Herzl era el gran líder del movimiento sionista. Buber lo veía como un Rebe moderno, y veía a sus seguidores como su corte de Jasidim. Esta analogía jasídica no es casual: denota la influencia del Jasidismo en Buber. Cuando Herzl propuso la creación de un Hogar judío en Uganda, Buber estuvo entre sus mayores detractores. Junto con sus compañeros de la Facción Democrática y muchos otros, se retiraron del recinto cuando se votó una resolución para enviar un grupo para que explore el territorio de Uganda. Herzl interpretó este gesto como desobediencia hacia su persona y una ofensiva contra su liderazgo. Más tarde, cuando Herzl publicó su libro Altneuland (La Vieja Nueva Patria), Ajad Haam lanzó un ataque furibundo contra su visión, acusándolo de asimilacionista y utópico y criticándole su falta de raíces y conocimientos judíos. Herzl  encomendó a Nordau escribir un artículo contra Ajad Haam y Nordau atacó sin piedad, poniendo en tela de juicio el liderazgo político y espiritual de Ajad Haam. Estas críticas recíprocas desencadenaron una reacción en cadena y salieron a relucir antiguas rivalidades y diferencias ideológicas en el seno del movimiento sionista. Como resultado, Herzl envió una carta a Buber en el que lo acusaba de traidor a la causa y se distanciaba de él y su facción.

La diferencia de fondo entre Buber y Herzl se puede ilustrar con una anécdota: en 1901, se reunieron los dos. Charlaron un rato. De repente, Herzl señaló un mapa orográfico de la Tierra de Israel y empezó a explicar el potencial económico del territorio: acá podemos construir industrias, por allá plantar naranjales; de aquí extraeremos energía, de más allá, agua potable. Buber, absorto, miraba asombrado. Para Herzl, la Tierra de Israel era un territorio más en el vasto planeta Tierra y había que explorar sus posibilidades técnicas y económicas; para Buber, la Tierra de Israel era la Tierra Prometida, Sión.

Muchos años después, Buber diría sobre Herzl que:

Lo venerábamos y lo amábamos pero una gran parte de su ser era ajeno a nosotros. Dicho en pocas palabras, el liberal Herzl no tenía nada que ver con nosotros.

Quizás recuerden que en el artículo sobre Beguin citamos a Israel Eldad diciendo algo similar sobre Jabotinsky. Salvando las distancias (que son abismales), estamos frente a un problema similar: la diferencia generacional, distintos grados de asimilación, distintas relaciones con la cultura europea, distintas prioridades, distintos enfoques. En definitiva, formas diferentes de vida.

Ya en su madurez, Buber conceptualizaría su relación con Ajad Haam y Herzl diciendo que el primero era un maestro mientras que el segundo era un líder. Cada uno tiene sus ventajas y desventajas pero los dos son necesarios. Herzl era un líder nato, cuya mayor debilidad era, paradójicamente, su mayor virtud: su personalismo. Este rasgo le permitió amasar una enorme popularidad y transformar al sionismo en un movimiento de masas. Si a eso le sumamos un optimismo innato, encontramos a un líder natural. Y sin embargo, es ese personalismo el que lo llevó varias veces a ser poco (o nada) democrático, a intentar aplastar el disenso interno y a ser poco tolerante frente a toda forma de crítica hacia su persona y su liderazgo. Por el contrario, Ajad Haam era mucho más reflexivo y calmo. Eso le permitía ser un gran mentor espiritual, un maestro. Y sin embargo, su falta de resolución y su poco carisma le impedían ser el líder. Lo más interesante es que Buber acepta a cada uno tal cual es y rescata lo positivo de los dos. A pesar de haber formado parte de la Facción Democrática, identificada con Ajad Haam, Buber no deja de reconocer los grandes logros de Herzl ni de criticar a Ajad Haam cuando lo considera necesario.

Un profeta

Martin Buber es uno de los más grandes pensadores judíos de la historia. Su sionismo es original: la idea del Renacimiento hebreo, el rescate del Jasidismo, la búsqueda de un socialismo genuino, la crítica a la politización exagerada y al nacionalismo como fin en sí mismo, el llamado a respetar los derechos del pueblo palestino, entre tantos otros temas, son de una actualidad alarmante.

Por otro lado, hay que decir que su desprecio de las Mitzvot y la Halajá puede resultar bastante problemático (pueden ver más sobre esto en el maravilloso debate que tiene con Rosenzweig) y su visión de un Estado binacional peca de ser ingenua. Además, a más de uno le podrá parecer que su idealización del Kibutz es bastante inocente y que su socialismo no se sostiene en nuestros días. También se lo puede criticar por partir de una visión bastante crédula de la naturaleza humana o por su uso del Jasidismo (algunos lo critican por tergiversarlo a su antojo y otros directamente por desenterrar una visión antirracionalista o, aunque sea, no racionalista). Sea como sea, nada de esto empaña ni la originalidad ni la profundidad ni la vigencia de su pensamiento.