Max Nordau

Un típico judío asimilado

Max Simon Nordau nació en 1849 en Hungría y falleció en 1923 en Francia. Su padre era un rabino ortodoxo aunque con tendencias modernistas, por lo que Max recibió una educación tradicional aunada con estudios seculares. A los dieciséis años se rebeló contra la autoridad paterna y la religión. Desde ese momento, fue un crítico severo y contundente de la religión en todas sus manifestaciones. Max Nordau se alejó del judaísmo y de todo ambiente judío. Se transformó en un exitoso crítico literario y periodista, polémico como pocos. Con lo que ganaba como periodista, se pagó sus estudios universitarios y así se recibió de médico. Como ya aclaré con otras personalidades históricas que hemos tratado, este blog trata de sionismo así que en el artículo de hoy vamos a dejar a un costado estas facetas de Nordau (que son muy interesantes y MUY polémicas) y vamos a enfocarnos en los aspectos que hacen al sionismo y, por extensión, al judaísmo de su pensamiento. Lo que menciono en el párrafo siguiente son solo retazos del pensamiento de Nordau, que nos permiten tener una visión más amplia y entender mejor de dónde surgen sus ideas sionistas.

Nordau era un materialista férreo: rechazaba todo tipo de idealismo, al que igualaba con la religión. Para él, religión significa superstición. O sea, Nordau es terminante: la religión es una pérdida de tiempo, una habladuría, un absurdo sinsentido. Y todo el que siga a una religión, sea cual sea esta, es un ignorante y un fabulador. En base a estas ideas, Nordau lanza un ataque fulminante contra el arte moderno (especialmente las vanguardias de principios del siglo XX), tratándolo de degenerado, antisocial y decadente. Irónicamente, estas ideas serían retomadas, en un contexto muy diferente y con un sentido contrario en muchos aspectos al original, por el nazismo. No quiero que piensen que Nordau era Nazi. Nada que ver. Pero sí era un alemán promedio de principios del siglo XX, alguien que no se consideraba judío bajo ningún punto de vista y que era un firme impulsor del asimilacionismo. Y como tal, sus ideas no eran demasiado diferentes de las del alemán promedio. Como dije anteriormente, no me quiero ir por las ramas. Lo importante es que Nordau a los dieciséis años se había rebelado contra el judaísmo y solo volvería al seno del pueblo judío por intermedio de Herzl y su sionismo político. Sumemos, a su vez, que Nordau, al ser una personalidad reconocida, le permitió al sionismo abrir muchas puertas. Por otro lado, el hecho de que sea médico nos permite entender algunas de sus ideas, como el “Judaísmo muscular”, y el uso relativamente frecuente del lenguaje de la medicina.

Herzl y Nordau

Escribí arriba que Nordau era un judío perfectamente asimilado a la cultura alemana. ¿Qué fue lo que le hizo cambiar de opinión y volcarse al sionismo? ¿Por qué decidió que valía la pena retornar a su pueblo de nacimiento, el pueblo judío? La respuesta es: lo mismo que a Herzl. ¿Qué fue? El antisemitismo y, más específicamente el caso Dreyfus. Por si no lo recuerdan, les comento brevemente que Alfred Dreyfus fue un militar francés de origen judío acusado falsamente de traición. El juicio se hizo famoso no solo porque los cargos eran mentira sino porque desató una violenta ola de antisemitismo en Europa, más concretamente en Francia. Quizás hoy, después de haber vivido la Shoá, ya no nos aparezca tan sorprendente, pero, para la época, fue un shock terrible. ¡Y en Francia, la meca de la Libertad, Igualdad y Fraternidad! O sea, el símbolo del Iluminismo, allí donde había ocurrido la Revolución Francesa, el país tolerante y democrático por excelencia, demostraba que el antisemitismo no solo no se había extinguido, sino que tenía buena salud y que amplias capas de la población de todas las clases sociales adherían al mismo. La cuestión es que para varios judíos, entre ellos Herzl y Nordau, el caso Dreyfus fue un quiebre en sus vidas: de repente, veían que la asimilación ya no era una opción válida porque el antisemitismo seguía allí pese a todos sus esfuerzos. Era hora de buscar otros caminos.

El caso Dreyfus afectó profundamente a Nordau. Y justo cuando no encontraba respuestas  para resolver el asunto apareció Herzl en su vida. ¿Cómo? Nordau era médico y Herzl fue a una consulta. Charlaron, Herzl le mencionó sus planes…y Nordau se enamoró de sus ideas. Desde ese momento, Nordau sería la mano derecha de Herzl y su principal seguidor. No mucho después se organizaría el Primer Congreso Sionista y Nordau sería elegido como máximo portavoz del movimiento. En calidad de tal, dio el discurso de inauguración de los primeros Congresos Sionistas.

Más todavía: es Nordau el que impulsó la misma idea de organizar congresos. ¿Por qué? Porque Nordau estaba convencido de que el sionismo tenía que ser un movimiento de masas. Contra Ajad Haam, Nordau argumenta que el sionismo no debe ser un movimiento elitista, dirigido por y hacia unos pocos elegidos sino que debe transformarse en patrimonio de todos los judíos. El mayor desacuerdo entre Nordau y Herzl es precisamente esto: mientras que Herzl era aristócrata y desconfiaba de la democracia y de las clases populares, Nordau afirmaba que había que dirigirse a todo el pueblo.  Esto quizás sea el aporte más importante de Nordau: el sionismo tiene que ser el representante de todo el pueblo judío, no solo de una parte del mismo. El movimiento sionista tiene la obligación de representar a todos, incluso a los judíos antisionistas. Y más importante: el sionismo implica que el judío se niega a ser conformista. En sus palabras:

Toda persona seria admite que nosotros (los sionistas) somos los representantes del pueblo judío (…) Antes del establecimiento del sionismo, los que se autodenominaban “representantes oficiales de la judería” aseguraban al mundo no judío que los judíos estaban felices y contentos. Se hizo tradición, especialmente en las últimas décadas, sonreír cada vez que vemos a un no judío.(…) Cuando un ministro o un gobernante cualquiera recibe a los “representantes oficiales de la judería” el cántico es siempre el mismo: “Estamos muy contentos bajo su gobierno, o bajo su administración, estamos eternamente agradecidos por su graciosa protección; le solicitamos humildemente que continúe tratándonos con la misma gracia y favor”.  Y así, no podemos culpar al gobierno cuando dice, con total buena fe: “¿De qué se quejan? ¿Acaso no estaban contentos? ¡Esto es nuevo! ¡Sus representantes siempre nos dijeron que estaba todo genial!” Afirmo que el sionismo hace un gran servicio para terminar con esta farsa de que estamos contentos y felices, para acabar con la comedia de la gratitud. Desde el principio, decimos a los gritos: “No estamos contentos; nuestra situación es muy mala; consideramos que nos tratan de manera despreciable y horrible; pensamos que es imperioso un cambio fundamental en nuestra situación” (…) Esto es, de hecho, un giro de 180 grados en la historia del pueblo judío.

O sea, el sionismo implica un cambio de actitud del judío: no dejarse avasallar por las autoridades no judías, no agachar la cabeza, no ser sumiso. No esperar favores sino actuar. Esta actitud permea a todos los judíos: el gran logro del sionismo es que se transformó en un movimiento que pertenece a todo el pueblo, no a un grupo de privilegiados ni a una élite.

La situación del judío en la Modernidad

Volvamos un paso atrás y preguntémonos: ¿por qué Nordau creía que el sionismo era necesario? ¿Qué problema viene a solucionar? Dijimos anteriormente que Nordau creía que el problema era el antisemitismo y que la solución era que los judíos formen su propio Estado. ¿Por qué? Para entender el razonamiento de Nordau, hay que hacer un poco de historia…(Aclaración: estoy simplificando y esquematizando, la historia judío es bastante más compleja que esto).

A lo largo de toda la Edad Media, los judíos vivieron en ghettos, enfrascados en su propio mundo, casi sin relación con el mundo exterior. Aclaremos que si bien nosotros tendemos a ver esta situación como negativa, no necesariamente fue así para los judíos medievales ni para sus pares gentiles: era una situación normal para ellos, quizás natural y hasta moral para sus parámetros. Nordau señala muy acertadamente que, para los judíos premodernos, el ghetto era un hogar, no una cárcel. Con el advenimiento de la Modernidad, esta situación se modificó: cayeron los muros del ghetto. Más todavía: el ghetto empezó a ser visto como una prisión, un lugar del que había que escapar, y no como un hogar ni una fortaleza que protegía al judío de las influencias negativas del exterior. Los judíos empezaron a integrarse en la sociedad europea. Esta integración no fue armónica y llevó a una intensa asimilación. Sin embargo, la sociedad europea no judía siguió marcando al judío asimilado como diferente y empezaron a surgir los prejuicios raciales. Recordemos que en la Edad Media el judío era discriminado por su religión: el criterio para decir que el judío era perverso, diabólico y todos los otros adjetivos negativos que se les ocurran era que estaba cegado por su fe. En cambio, en la Modernidad, el criterio es racial: el judío es malvado por algo que corre en su sangre. Para el hombre medieval, un judío que se convertía al cristianismo dejaba de ser judío; para un hombre moderno, el judío que se convierte al cristianismo sigue siendo judío.  En otras palabras, el antisemitismo medieval era religioso mientras que el antisemitismo moderno es racial. Esto crea una situación en la cual incluso los asimilacionistas más recalcitrantes siguen siendo vistos por el común de la gente como judíos. Y así, no hay escapatoria: el judío es judío porque es judío. No puede negar su propia identidad ni substituirla por otra. En base a esta situación, Nordau nos dice:

La Emancipación de los judíos no fue consecuencia de la convicción de que se había cometido una grave injusticia contra una raza, de que habían sido tratados horriblemente y que era hora de corregir una injusticia de miles de años; fue solamente el resultado del modo de pensar geométrico del racionalismo francés del siglo XIX. Este racionalismo se construyó a través de la pura lógica, sin tener en cuenta los sentimientos vivos y los principios de certeza de la acción matemática. La Emancipación de los judíos fue una consecuencia directa del método racionalista. La filosofía de Rousseau y los enciclopedistas llevaron a la declaración de los derechos humanos. A partir de ella, la lógica estricta de los hombres de la Gran Revolución dedujo la Emancipación judía. Formularon una ecuación: todo ser humano nace con ciertos derechos; los judíos son seres humanos; por lo tanto, los judíos nacen con ciertos derechos. De esta manera, la Emancipación de los judíos no se pronunció por un sentimiento de fraternidad hacia los judíos sino porque la lógica lo demandaba.

¿Qué nos quiere decir Nordau en este párrafo que citamos arriba? Que la Emancipación de los judíos europeos falló porque se anunció con hermosas palabras pero nunca se llevó a la práctica. No es cuestión de mala voluntad sino que la masa de los europeos odia a los judíos y no los quiere aceptar como sus iguales. No importa lo que dicen los papeles; en la práctica, el judío es visto como un apátrida, sospechado de doble lealtad, acusado de usurero, incriminado de diabólico e imputado de antisocial. En pocas palabras, en la medida que los sentimientos populares no acepten al judío, de nada valen los grandes gestos ni las muestras de buena voluntad. Curiosamente, Nordau pone como excepción a Inglaterra. Para él, es el único país en el que se dio una Emancipación armoniosa. ¿Por qué? Porque fue un proceso gradual, no un cambio abrupto. Recuerden las diferencias entre la Revolución Francesa y la Revolución Inglesa y entenderán a qué se refiere.

¿Cuáles son las opciones del judío frente a esta Emancipación fallida? Veamos sus palabras y analicemos:

Pienso con horror en el futuro desarrollo de esta raza de nuevos Marranos, que no se nutren de tradición alguna y cuya alma está contaminada de hostilidad hacia su propia y extraña sangre y cuyo respeto a sí mismos está destrozado; su siempre presente conciencia es una mentira fundamental.

Otros esperan por la salvación a través del sionismo, que no es para ellos el cumplimiento de las promesas místicas de las Escrituras sino el camino a una existencia en la cual los judíos encuentren finalmente las más elementales y sencillas condiciones de vida, que son cuestión, por supuesto, para todo judío de cualquier parte del mundo, a saber: una existencia social segura en una comunidad sustentable, la posibilidad de utilizar todos sus poderes para el desarrollo de sí mismos en vez del abuso de ellos para la supresión y falsificación de sí mismos.

Todavía otros, que se rebelan contra la mentira de los Marranos y que se sienten demasiado conectados a la tierra de su nacimiento, no entienden lo que el sionismo significa y se lanzan a los brazos de la revolución, con la indefinida esperanza de que ,con la destrucción de todo lo existente y la construcción de un nuevo mundo, el odio a los judíos no será uno de esos raros artículos que se transferirán del viejo al nuevo mundo.

Max Nordau visualiza tres reacciones frente a la situación del judío europeo moderno:

  • Nuevo Marranismo: que se forme un grupo de judíos asimilados pero rechazados por la sociedad, como ocurrió en España en la época de la Inquisición. Estos judíos no serán ni de aquí ni de allá, teniendo una identidad desgarrada y falta de contenido. Se bautizarían pero no por convicción sino para acceder a posiciones de renombre social, académicas, políticas, económicas o militares. Dentro de este grupo, Nordau incluye al Reformismo: para él, no es más que un paso hacia la asimilación.
  • Sionismo: que los judíos formen un Estado propio en el que determinen su propio destino, libre de interferencias externas.
  • Revolución: que los judíos luchen por una revolución, ya sea social, militar o política, con el afán de modificar de raíz la sociedad y con la esperanza de que esta acabe con el antisemitismo.

Evidentemente, Nordau critica la opción 1) porque le parece una catástrofe: los judíos ya no serían judíos serían un híbrido indefinido, que sufriría de graves problemas de identidad, sería discriminado y no podría integrarse ni desarrollarse a sí mismo. La opción 3) le parece una ilusión vana: no hay ningún tipo de seguridad de que sobrevenga una revolución. Y aunque ocurra, no hay por qué asumir que esta solucionará el racismo europeo ni el antisemitismo. La opción 2) es la que elige Nordau: el sionismo es el camino para el pueblo judío.

Los judíos de Occidente y Oriente

Nordau describe de la siguiente manera la situación del pueblo judío en el Primer Congreso Sionista:

En todo lugar en el que los judíos se han asentado en cantidades relativamente grandes, la miseria judía prevalece. No es la miseria ordinaria que es probablemente el destino de la humanidad. Es una miseria peculiar, que los judíos no sufren en cuanto seres humanos sino en cuanto judíos, y del que serían libres si no fuesen judíos.

Un hombre optimista, como verán…Como ya mencioné más de una vez en este blog, es importante contextualizar: en ese momento, sí, la situación del pueblo judío era desesperante. Hoy no somos conscientes de nuestra situación privilegiada: vivimos una época única en nuestra historia. Como judíos, tenemos comodidades materiales y un buen status socio-económico y no existen trabas legales demasiado graves. Pero esto no tiene muchos años. Cien años atrás, el pueblo judío parecía destinado a desaparecer. O a modificarse radicalmente, que es la propuesta de Nordau, obviamente.

La miseria del pueblo judío, según Nordau, es doble: hay una miseria material y otra moral. La primera se encuentra entre los judíos de Europa del Este, del Norte de África y de Medio Oriente; la segunda, en Europa Occidental. La primera es un problema económico: los judíos son pobres, sufren hambrunas, no tienen posibilidad de ascenso social y viven inseguros, acosados por pogroms. La segunda es un problema espiritual: el judío occidental ha perdido su propia identidad y desconoce y/o rechaza su propio judaísmo, el antisemita lo señala como diferente. El antisemitismo –esto es importante- es persistente e irracional y, como ya dijimos antes, surge como consecuencia de los fallos de la Emancipación.

Sionismo no es mesianismo

¿Cuál es la frontera que divide al sionismo del mesianismo? Habíamos visto con Rab Kook padre e hijo que esta frontera no siempre era clara y que podía llevar a graves conflictos. Nordau empieza uno de sus principales ensayos-un “Resumen del sionismo”, escrito en 1905- de manera similar a los rabinos Kook:

Sionismo es una palabra nueva para una cosa muy antigua, en el sentido de que meramente expresa la añoranza del pueblo judío por Sión. En realidad, mesianismo y sionismo fueron conceptos idénticos durante casi dos mil años y sería difícil, sin dobles sentidos ni sofismas, separar las plegarias en la liturgia judía que hablan de la llegada del Mesías prometido de las que hablan del no menos prometido retorno a nuestra tierra histórica. Estas plegarias eran entendidas literalmente por todos los judíos hasta hace pocas generaciones.

Pero, en realidad, Nordau toma una actitud opuesta a la de los rabinos Kook:

Pero el Nuevo sionismo, que es llamado político, se distingue del viejo sionismo mesiánico religioso en esto: en que repudia todo misticismo y no confía en que el retorno a la Tierra de Israel será por medio de milagros sino por nuestros propios esfuerzos.

Es decir, el gran logro del sionismo moderno es que elimina el elemento mesiánico, que, para Nordau, no es más que superstición. Recordemos que Nordau era un crítico duro e intransigente de toda forma de religiosidad: para él, mesianismo, superstición, religión y misticismo no son más que conceptos vacíos de contenido real, falsas máscaras, escudos de débiles e ignorantes. Y así, el sionismo moderno, al escindir el concepto de redención política del Mesías, es capaz de transformarse en un movimiento político concreto, con chances reales de triunfar. Ya no es más un ideal difuso, destinado a épocas futuras, sino un movimiento del aquí y ahora.

El sionismo político

Nordau es el representante más importante de lo que se dio en llamar sionismo político. Quizás más que Herzl incluso. El sionismo político proponía anteponer la búsqueda de adhesiones internacionales por encima del pionerismo (como propondría el sionismo práctico o jalutziano) o de la acción educativo (como diría el sionismo espiritual o cultural). O sea, el primer paso era la diplomacia: que la comunidad internacional, principalmente las potencias, reconozca el derecho del pueblo judío a un territorio. Solo posteriormente tiene que empezar el trabajo de colonización de ese territorio.

Noten que eludí mencionar que ese territorio deba ser la Tierra de Israel. Nordau fue el principal impulsor, junto a Herzl, del Plan Uganda: los británicos habían propuesto que el pueblo judío se asiente en Uganda en vez de la Tierra de Israel y Nordau fue uno de los más entusiastas defensores del plan durante el Sexto Congreso Sionista. Acá entramos en un problema: ¿Nordau consideraba que los judíos debían darse por satisfechos con Uganda y dejar de lado sus reclamos por la Tierra de Israel o era solamente un refugio temporal? Muchos de sus contemporáneos entendieron que estaba claudicando y lo consideraron un traidor. Según él mismo:

Una parte del Congreso pensó que significaba que el sionismo debía renunciar a sus esfuerzos para la adquisición de la Tierra de Israel y considerar el asentamiento en el Este de África como el objetivo final, y, lógicamente, se opusieron con la mayor vehemencia a esta supuesta alteración del plan original. Esta alteración, sin embargo, nunca se consideró. El Este de África británico no iba a tomar el lugar de la Tierra de Israel sino que iba a servir de refugio para aquellos judíos desafortunados que, bajo las condiciones horribles que les habían impuesto, ya no podían vivir en sus países de nacimiento a la espera de Palestina.

¿Es verdad esto que plantea o es una estratagema para volver a ganar apoyos luego de que su propuesta haya fallado? ¡Piensen que hasta intentaron asesinar a Nordau en pleno Congreso por su propuesta de Uganda! En lo personal –y esto no deja de ser mi apreciación personal-, creo que Nordau es sincero y, a la luz de los terribles acontecimientos de la Shoá, profético. Sin embargo, sí es cierto que Inglaterra hubiese tenido un excelente as de espadas a su favor de haberse aceptado la propuesta Uganda: seguir reclamando la Tierra de Israel luego de la concesión de Uganda hubiese sido bastante difícil. Y obviamente Uganda, más allá de que hubiese servido de refugio, no tiene ninguna conexión con el pueblo judío.

El episodio Uganda desgastaría enormemente a Nordau: sufriría un gradual ostracismo político y poco después se retiraría de las grandes planas del sionismo. Su último plan sería poco después de la Primera Guerra Mundial y sería un dramático giro con respecto a sus posiciones anteriores: un llamado a una inmigración masiva a la Tierra de Israel. ¿Qué proponía? Que 600.000 judíos vayan de Europa a Israel. ¿Por qué? Nordau veía acercarse una nueva ola imparable de antisemitismo. Si pensamos en lo que pasó durante la Segunda Guerra Mundial, no estuvo nada equivocado.

Judaísmo muscular

El último gran aporte de Max Nordau es un concepto que llamó “Judaísmo muscular”. En sus palabras (esto lo dijo en el Segundo Congreso Sionista):

Nosotros, los judíos, poseemos un don excepcional para la actividad física. Puede parecer paradójico porque nos hemos acostumbrado por generaciones a vernos en el espejo que nuestros enemigos construyeron para nosotros y descubrir todo número de defectos físicos. Es verdad que nuestros músculos están debilitados y que nuestras actitudes y posturas no siempre son satisfactorias pero cuando los judíos hagan deportes, sus defectos desaparecerán, su postura mejorará, sus músculos se harán fuertes y su salud general mejorará.

La historia de nuestro pueblo da cuenta de que alguna vez fuimos fuertes físicamente pero hoy no es el caso. Otros lograron degenerarnos físicamente. Llenaron el ghetto en la Edad Media de miedo, debilidad y zozobra. Nadie puede negarnos la actividad física necesaria para hacer nuestros cuerpos sanos nuevamente. Renovaremos nuestra juventud en nuestros años de vejez. Desarrollaremos pechos fornidos, brazos y piernas fuertes, una mirada ruda. Seremos guerreros. Lo que nos falta físicamente, lo desarrollaremos con ejercicio. Pero nuestra mejora de salud no es solamente en el cuerpo sino también en el espíritu: a más deporte, más confianza en nosotros mismos tendremos. ¡Larga vida a los deportes! Clubes deportivos judíos, avancen y crezcan.

¿Qué significa todo esto? Nordau piensa en Sansón, en el rey David y en todos los otros grandes héroes del Tanaj. ¿Cómo son descritos por el mismo texto? Como hombres fuertes, héroes vigorosos y valientes, llenos de energía y dispuestos para la batalla. Entonces, ¿por qué el judío hoy es asociado con un intelectual sin músculos, débil y enfrascado en los libros? Para Nordau, esto es una consecuencia del Galut (Exilio). Es importante entender que no es una metáfora sino que hay que entenderlo literalmente. Para Nordau, el judío tenía una contextura física determinada en la Antigüedad y la perdió por falta de actividad. Los músculos del judío se atrofiaron por la falta de ejercicio. Literalmente. El cuerpo judío degeneró. (Sí, ya sé, a nosotros nos suena extraño, quizás hasta ridículo, pero tomen en cuenta que Nordau no hace más que aplicar lo mejor de la ciencia de su época, al menos tal como él la entiende).Tanta actividad intelectual llevó al desprecio de lo material y, por añadidura, el cuerpo: hay que retomar esa antigua tradición de cultivar el ejercicio físico. Noten cómo Nordau no dice, como se piensa normalmente, que la gimnasia es cosa de los griegos y que el el cultivo de lo espiritual es lo que distingue al judío sino todo lo contrario: originalmente el judío cultivaba tanto lo espiritual como lo material. Es solo el desgarramiento provocado por el Galut el que llevó al desprecio al cuerpo. Vean, entonces, que Nordau no busca una síntesis judeo-griega sino, según él, retomar las tradiciones ancestrales del pueblo judío.

Ahora bien, el “Judaísmo muscular” no es unilateral: mezcla diversas ideas. Están el deporte, el guerrero, los músculos, la atrofia del Exilio, el ejercicio físico. Y como pasa muchas veces, diversas corrientes del sionismo tomarán una u otra de estas facetas del concepto. Pero antes de avanzar, aclaremos algo…

El “Judaísmo muscular” de Nordau no es un invento tan original como parece a primera vista. En realidad, no es más que una reutilización de un concepto del autor cristiano Thomas Collett Sandars: el “Cristianismo muscular”. Ojo, no se equivoquen: el giro particular que le da Nordau existe, y es que lo aplica a la situación particular del pueblo judío, enfatizando la idea de regeneración física y los antecedentes bíblicos del concepto.

Decía arriba que el “Judaísmo muscular” sería resignificado por diversas corrientes dentro del sionismo: para el revisionismo, significaba la creación de un nuevo judío, un guerrero poderoso(esto ya lo hablamos con Jabotinsky y Beguin, no voy a explayarme demasiado); para el sionismo socialista, la creación de un trabajador de la tierra fornido (para más información, vean la entrada de Syrkin y la de A. D. Gordon). Ya que estamos, si quieren ver la relación entre los dos “mitos” y su confluencia en una misma persona, vean la entrada dedicada a Trumpeldor.

La idea del “Judaísmo muscular” también está muy relacionada con Berdichevsky, un famoso escritor judío secular de principios del siglo XX, y su círculo de jóvenes nietzscheanos. Este grupo quebró fuertemente con la tradición judía, alabando los placeres del cuerpo, la disciplina militar, el mito y la fortaleza física. Hasta donde yo sé no hay relación directa entre Nordau y Berdichevsky pero sí se nota la influencia de Nietzsche en los dos y no creo que sea casualidad la semejanza entre los dos.

A todo esto agreguemos el orgullo que sienten actualmente los israelíes y los judíos del mundo por las Fuerzas de Defensa de Israel. Este orgullo de tener un ejército fuerte, potente y disciplinado tiene su génesis ideológico en Nordau. La idea de que el ejército no solo es una institución más del Estado sino que representa la resurrección del pueblo judío en su tierra, esa idea que se atribuye a Jabotinsky, tiene su prehistoria en Nordau.

Y terminemos diciendo que cuando vemos un equipo israelí de fútbol o a la selección israelí de básquetbol jugando un partido, estamos viendo en acción lo que decía Nordau. Cuando un atleta israelí compite en los Juegos Olímpicos, el “Judaísmo muscular” cobra vida. Y yendo más allá, podríamos decir que la red de Maccabi mundial o la actual FACCMA en Argentina son consecuencia directa de la visión de Nordau.

El rebelde, el profeta y el autoexiliado

Max Nordau es una personalidad fascinante. Su obra, aunque nos pueda parecer remanida en muchos pasajes, sigue siendo fresca. No hablo solo de sionismo, también me refiero a sus certeros ataques al arte moderno y a las formas de comportamiento en la civilización europea. Siempre teniendo en cuenta el contexto. Aclaro porque, fuera de contexto, Nordau puede parecer racista, xenófobo y discriminador. Y puede que lo haya sido, pero lamentablemente eso era moneda corriente en su época. No lo disculpo por eso, simplemente contextualizo.

Ya con respecto al sionismo, su aporte es fundamental: gracias a él, se transformó en un movimiento de masas y tomó una orientación democrático; fue él el que mejor definió la diferencia entre sionismo y mesianismo; fue él el que mejor expresó las inquietudes de los judíos asimilados que volvían al judaísmo vía el sionismo; fue él el que presentó el concepto del “Judaísmo muscular”. Y también fue él el que fallo miserablemente con el plan Uganda y terminó hundiendo su propia carrera política. También fue él el que no se terminó de reponer de la muerte de Herzl. Y fue también él el que nunca terminó de entender a Ajad Haam y su poderosa crítica cultural. De alguna manera, Nordau nunca terminó de entender la dimensión judía del sionismo.

En definitiva, Nordau es uno de esos grandes olvidados en los anales de la historia del sionismo. Ocupó un lugar clave en los primeros Congresos Sionistas y en la actividad diplomática y política del sionismo en sus comienzos pero, al ser el segundo de Herzl, fue opacado por este. Valga, pues, este artículo para reivindicar su aporte al sionismo.

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