Yosef Trumpeldor

Antes de empezar, quiero disculparme por la tardanza en subir esta entrada. Me hubiese gustado actualizar más seguido pero estuve bastante ocupado este último mes y medio. Si todo sale según lo planeado, tengo pensado subir esta semana (o la siguiente a más tardar) un artículo sobre Menajem Beguin y otra sobre Najman Syrkin. Voy a intentar mantener un ritmo más constante pero no quiero prometer nada. Ahora sí, estamos listo para empezar…

Héroe de guerra

Yosef Trumpeldor nació en Rusia en 1880 y falleció en 1920, asesinado por nacionalistas árabes. Trumpeldor fue militar y pionero: considerado un héroe de guerra por Rusia por su actuación en la Guerra Ruso-Japonesa (en la cual perdió su brazo izquierdo), con el paso del tiempo se fue transformando en un sionista convencido, al que aunaba un socialismo original de raíces tolstoianas.

Muriendo por la patria

Empecemos por el final: la muerte de Trumpeldor. Sé que no es el procedimiento normal a la hora de analizar el pensamiento de una persona, sus acciones y su influencia pero estamos ante una personalidad atípica y su muerte es la llave para entender no solo al propio Trumpeldor sino también mucha de su influencia posterior en el sionismo.

Decía al principio de esta entrada que Trumpeldor fue asesinado por nacionalistas árabes. En realidad, hay mucho más que eso en su muerte: fue asesinado en lo que es considerado por casi todos los historiadores como el primer brote de violencia en el conflicto judeo-árabe en la Tierra de Israel. Dicho de otra manera, su muerte no fue una más: es el punto en el cual se marca el comienzo de la escalada militar entre Israel y Palestina. Esto es importante: hasta 1920, no había habido resistencia violenta por parte de los árabes a la colonización judía. Como consecuencia, la autodefensa judía estaba relativamente desorganizada, era pequeña y se enfocaba en evitar saqueos de bandoleros.

El asesinato de Trumpeldor no fue una emboscada aislada o una pelea de bar. Todo lo contrario, Trumpeldor falleció en combate en lo que se llama la Batalla de Tel Jai. Este es el primer combate del que sepamos entre judíos y árabes por causas nacionalistas. Es probable que anteriormente haya habido trifulcas, peleas aisladas entre individuos o discusiones que terminaron a los golpes pero la Batalla de Tel Jai es el primer caso del que podemos hablar en el que un grupo de árabes y otro de judíos luchan por un territorio (en este caso, Tel Jai). Cabe aclarar que Trumpeldor no fue el único que murió en esta batalla: en total, ocho judíos y cinco árabes fallecieron en el transcurso de la lucha. El nombre de Trumpeldor sobresale entre todos por dos motivos: primero, porque ya era una personalidad conocida (y más adelante veremos exactamente porqué); segundo, porque era el comandante de las precarias tropas de autodefensa judías.

¿Qué era Tel Jai y cómo empezó la batalla? Tel Jai era un asentamiento judío en Galilea. Fue fundado por un pequeño grupo de judíos que se dedicaban a la agricultura. El asentamiento estaba cerca de Siria. En ese momento, Siria recién había sido fundada (de hecho, duraría unos pocos meses) y estaba en pleno conflicto con los franceses. Pero me estoy adelantando. Vayamos más lento porque si no, se nos mezcla todo y no se entiende nada.

Repasemos un poco de historia: el Imperio Otomano fue fundado en el año 1300 y fue el continuador tanto del Imperio Bizantino como del Imperio Selyúdica. O sea, estamos hablando de un imperio gigantesco, que llegó a abarcar Medio Oriente, el norte de África y parte de Europa. Para que dimensionen la importancia del Imperio Otomano para la historia mundial, solo recuerden que uno de los motivos que impulsaron a Colón a buscar un camino alternativo a las Indias (y así llegar a América) fue que los otomanos impedían el paso de los europeos por ruta marítima a las Indias. El Imperio Otomano fue prácticamente herido de muerte en la Primera Guerra Mundial, en la cual formó parte de la Triple Alianza. Seamos cortos: estaba en el bando del Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro. O sea, del bando perdedor. Y obviamente el perder la guerra le llevó a perder territorios y, hacia 1920, el Imperio Otomano estaba en decadencia. Su disolución final fue en 1923 producto de la Revolución de los Jóvenes Turcos. Ustedes se estarán preguntando: ¿y qué tiene que ver el Imperio Otomano con lo de Trumpeldor y la Batalla de Tel Jai? La respuesta es: todo. Precisamente porque la Batalla de Tel Jai se enmarca dentro de la Guerra Sirio-Francesa y ésta es consecuencia del desmembramiento del Imperio Otomano. Me explico: cuando el Imperio Otomano pierde la Primera Guerra Mundial, es obligado a entregar gran parte de sus territorios a las potencias ganadoras (principalmente a Francia y Gran Bretaña). Entre esos territorios se encuentran lo que es la actual Siria, Irak, Irán, Israel, Jordania, entre otros. O sea, las potencias europeas ganadoras se repartieron Medio Oriente. Paralelamente, empezaron a surgir los nacionalismos en los países árabes, lo cual, por supuesto, llevó a conflictos entre las potencias colonizadoras y los nacionalistas. Uno de estos conflictos fue la Guerra Sirio-Francesa. Siria se había constituido como una nación soberana e independiente pero no duró más que unos meses: los franceses colonizaron el país. Esto provocó la guerra.

Y ahora ustedes me dirán lo que ya me dijeron antes: ¿y qué tiene que ver con Tel Jai? Como dije antes, la Batalla de Tel Jai se enmarca dentro de la Guerra Sirio-Francesa. Tel Jai estaba cerca de Siria y la batalla empezó porque los árabes buscaban franceses infiltrados en los asentamientos judíos. Hay discusión entre los historiadores sobre si esta búsqueda de infiltrados era real o fue simplemente una excusa para atacar los asentamientos judíos. La cuestión es que los árabes atacaron, los judíos se defendieron por las armas y la batalla fue infernal. Entre los caídos, estuvo Yosef Trumpeldor.

Toda esta introducción es para remarcar que el hecho de que nosotros, retrospectivamente, marquemos al ataque y defensa de Tel Jai como el comienzo del conflicto armado entre árabes y judío en la Tierra de Israel no implica que haya sido percibido de la misma manera por sus contemporáneos. Todo lo contrario, por la gran mayoría de sus contemporáneos el ataque de Tel Jai fue visto como un ataque de bandoleros o ladrones árabes, un brote espontáneo de violencia tribal o incluso como un daño colateral de la Guerra Sirio-Francesa. Solamente el paso del tiempo nos da la perspectiva necesaria para decir que la batalla de Tel Jai significa mucho más que eso y que es ni más ni menos que el primer brote de violencia del largo conflicto entre Israel y Palestina.

Una historia popular cuenta que, antes de morir, Trumpeldor dijo una frase famosa: טוב למות בעד ארצנו(“es bueno morir por nuestra patria”). Imagínense la escena: en el medio del fragor de la batalla, el comandante, herido de muerte, rodeado por un médico y sus seguidores, siente que se le van las fuerzas y alcanza a sonreír y decir esa frase. Más poético, imposible. Esta escena es clave para entender a Trumpeldor y su significado para el sionismo y el moderno Estado de Israel. En ella se condensa perfectamente su figura. Ya volveremos a esto más adelante.

Quisiera detenerme en la frase que dice Trumpeldor antes de morir. Es hermosa, es poética…y es extraña. ¿Por qué digo esto? Porque un judío difícilmente hubiese dicho una cosa así antes del advenimiento del sionismo. La frase más común que dice un judío en su lecho de muerte es el שמע ישראל (“Shemá Israel”, Oye Israel…), la oración básica del credo judío, que pregona la unicidad de D-s y la importancia de rendirle culto. Trumpeldor, judío orgulloso de su identidad pero ciertamente indiferente a la religión y probablemente ignorante en materia de cultura judía, balbucea antes de morir una frase muy original. ¿O no? Lo cierto es que se parece demasiado a una frase famosísima de un poema del escritor romano Horacio: “Dulce et decorum est pro patria mori” (“Dulce y decoroso es morir por la patria”). Con menos concesiones poéticas -cosa entendible si atendemos a que estaba muriéndose en ese mismo momento-, Trumpeldor no está haciendo más que repetir esta frase. No tenemos forma de saber si Trumpeldor lo hizo de manera consciente o no -es más, tampoco podemos confirmar si verdaderamente dijo esta frase o no- pero lo que queda claro es que es, cuanto menos, atípico para un judío morir diciendo esas palabras. Más allá de Trumpeldor en sí mismo, es sintomático que el movimiento sionista haya aceptado y aplaudido esta frase: muestra a las claras el cambio de prioridades en la mentalidad judía en el último siglo y medio.

El soldado

¿Cómo llegó Trumpeldor al sionismo? Ya dijimos que había sido un héroe de guerra ruso. De hecho, fue el primer judío en recibir la medalla de la Cruz de San Jorge (la mayor condecoración militar en Rusia en ese momento). Su padre había sido cantonista. O sea, había sido obligado a ingresar al ejército de pequeño y había sido separado de su familia. El objetivo de este procedimiento era asimilar a los judíos que pasaban por esto (y en muchos casos se lograba el objetivo). Su posición económica era estable. Trumpeldor no tuvo educación judía y se identificaba como ruso. Y sin embargo, no era un ignorante de sus orígenes. A pesar de que su padre había sido arrancado del seno de su familia, legó a su hijo el orgullo de ser judío. Dicho de otra manera, no le dio educación judía y, en ese sentido, Trumpeldor era un ignorante del judaísmo; por otro lado, nunca negó su propio origen y le enseñó a Yosef a enorgullecerse de él. Así, cuando Trumpeldor hijo entró al servicio militar, su objetivo era demostrarle a los rusos que los judíos no eran cobardes, debiluchos ni inútiles. De allí su arrojo en la batalla y su persistencia en el combate. Así, uno podría decir que, aún siendo un judío perfectamente asimilado al ambiente ruso, nunca dejó de tener un resabio de identidad judía. Precisamente de ese resabio surgiría su sionismo y, con él, su deseo de emigrar a la Tierra de Israel para ayudar a la fundación de un Estado judío en ella.

Trumpeldor fue llevado cautivo por los japoneses en el medio de la guerra. En cautiverio, se hizo amigo de otros judíos también prisioneros: juntos reflexionaron sobre su posición como judíos y Trumpeldor se decidió a escribir y editar un periódico sobre asuntos judíos y sionismo. Fue en este momento que comenzó el gran giro en la vida de Trumpeldor: se convenció del sionismo y tomó la decisión de irse a vivir a la Tierra de Israel, que, como dijimos anteriormente, estaba bajo dominio otomano.

Ya liberado, decidió irse a vivir a la Tierra de Israel. Se unió al Kibutz Degania. Comenzada la Primera Guerra Mundial, tuvo que exiliarse a Egipto. Allí conoció a una persona de la que ya hablamos antes y que sería fundamental para su futuro: Zeev Jabotinsky. El fundador del sionismo revisionista también se había tenido que exiliar. Jabotinsky admiraba a Trumpeldor porque sintetizaba todo lo que esperaba del nuevo judío, aquel que conquistaría la Tierra de Israel: era un soldado ejemplar, un militar de carrera que había sido condecorado con los más altos honores y que, aún así, lejos de acomodarse en Rusia y dedicarse a disfrutar de su fama, se había dedicado al ideal sionista con fervor. Jabotinsky veía en Trumpeldor al ideal al que aspiraba: un hombre decidido, que empuñaba un arma si era necesario, un militar consumado pero, a la vez, un caballero con un alto sentido de la moral y buenos modales. Un hombre persistente que no había dudado en volver al campo de batalla a pesar de haber perdido un brazo. Un hombre duro que se había alistado voluntariamente para mostrarle al mundo que un judío podía ser valiente. En una palabra, un guerrero. Recíprocamente, Trumpeldor veía en Jabotinsky a un organizador nato, una persona decidida dispuesta a sacrificarse con tal de lograr el ideal sionista, un hombre con un sentido claro del deber y una visión realista y sincera. Así, los dos hombres se admiraban mutuamente. Es más, se hicieron grandes amigos.

Juntos idearon la que probablemente sea una de las mayores revoluciones que introdujo el sionismo en la historia judía: la Legión Judía. Esta Legión Judía era un batallón exclusivo de judíos que lucharía por la Triple Entente en la Primera Guerra Mundial dentro del ejército británico. A cambio del apoyo de los judíos, Trumpeldor y Jabotinsky exigían que Gran Bretaña se comprometa a entregar la Tierra de Israel al pueblo judío. Recordemos que, en ese momento, el Imperio Otomano controlaba todo Medio Oriente, incluida la Tierra de Israel. El Imperio Otomano formaba parte de la Triple Alianza, el bando contrario a la Triple Entente. El acuerdo era sencillo: yo te apoyo en la guerra contra los otomanos, que están usurpando el territorio que me corresponde por derecho; cuando termine la guerra y los invasores sean expulsados, dame el territorio a mí. Después de muchas ideas y vueltas, los británicos aceptaron el trato…para eventualmente no cumplirlo, transformándose ellos mismos en un poder colonial en Medio Oriente, junto con Francia principalmente. No quiero entrar en detalles porque no es el tema de hoy pero básicamente los ingleses no cumplieron su parte del trato, oprimiendo a árabes y judíos por igual hasta 1948.

No se puede menospreciar la importancia de la Legión Judía. Probablemente para muchos de nosotros sea una nimiedad o incluso una obviedad. No lo es. Quiero que entiendan que el último ejército judío organizado y reconocido como tal (o sea, como portavoz y representante del pueblo judío) había sido el de Bar Kojba. ¡Estamos hablando del 135 D.C.! El comienzo definitivo de la diáspora judía fue la derrota de la Rebelión de Bar Kojba contra los romanos. Por casi 2000 años, no hubo un ejército judío. La gran innovación de la Legión Judía es que fue la vuelta del pueblo judío al ámbito militar. Durante casi 2000 años, los judíos habían menospreciado el arte de la guerra y se habían intentado mantener al margen de los grandes conflictos bélicos. Ahora, de repente, surge la idea de que los judíos deben involucrarse nuevamente en los grandes conflictos para así torcer el rumbo de los acontecimientos y exigir algo a cambio. Más todavía, la Legión Judía fue ideada para mostrar a nivel grupal lo que Trumpeldor había mostrado a nivel individual: el judío puede ser un soldado ejemplar. Es así como la Legión Judía es el germen del moderno Tzahal (las Fuerzas de Defensa de Israel).

El pionero

Hasta ahora hablamos de Trumpeldor como soldado. Ahora nos vamos a enfocar en otro aspecto de su personalidad: el pionerismo.

Trumpeldor fue, como escribí anteriormente, un socialista convencido. Ahora bien, es importante destacar que no fue marxista bajo ningún punto de vista. Su socialismo partía del idealismo tolstoiano. Para resumir, la idea socialista de Tolstoi no parte, como la de Marx, del análisis socio-económico del modo de producción capitalista sino de una búsqueda espiritual.

El socialismo tolstoiano tiene su origen en la particular interpretación que hace Tolstoi del cristianismo. El punto de partida de esta interpretación es que el hombre es bondadoso por naturaleza; es la sociedad la que lo hace malvado. Por lo tanto, hay que modificar a la sociedad para propiciar un ambiente positivo para el ser humano. Hasta aquí nada diferente de cualquier otro pensador revolucionario, ya sea socialista o liberal: del mismo lugar parten Rousseau, Proudhon, Marx, Malatesta y muchos otros. Lo original en Tolstoi es el camino para modificar la sociedad: en vez de hacer hincapié en la revolución política o en la insurrección económica, se enfoca en la propia conducta del individuo. Más directo: la revolución que propone Tolstoi no es ni de arriba hacia abajo ni de abajo hacia arriba sino de adentro hacia afuera. Así, enuncia el principio de la no violencia: la revolución se da de manera pacífica (incidentalmente, esto influenció tanto a Luther King como a Gandhi, entre otros). Si es el individuo el que debe cambiar para que así cambie la sociedad y no viceversa, ¿qué debe hacer el individuo? Tolstoi propone una vida ascética, una dieta vegetariana y un duro trabajo de autodescubrimiento; lleva a un altar el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo y en este mandamiento basa su rechazo a toda forma de autoridad externa al individuo, incluyendo al Estado. Así, Tolstoi es un anarquista que preconiza el trabajo de la tierra y una férrea autodisciplina.

Estas ideas tolstoianas calan hondo en Trumpeldor (y otros sionistas socialistas, como ya veremos en otras entradas). Lo interesante es que Trumpeldor no replica mecánicamente el socialismo tolstoiano sino que le da su sello personal. Acepta sin concesiones la vida ascética, el socialismo anarquista, la importancia del trabajo y el contacto con la tierra y la naturaleza (hay una anécdota reveladora: cuentan que, al poco tiempo de llegar a Israel e instalarse en el kibutz, empezó a calzar zapatos incómodos con el fin de probarse a sí mismo que era capaz de esforzarse al máximo) pero simultáneamente rechaza, al menos en la práctica aunque no necesariamente en principio, la idea de la no violencia (de hecho, como ya dijimos anteriormente, Trumpeldor es militar de profesión) y el cristianismo de Tolstoi.

Dos mundos

Como pueden apreciar de lo que vimos hasta ahora, hay dos facetas en el sionismo de Trumpeldor. O si lo prefieren en otros términos, dos maneras de llegar al sionismo:

1)El orgullo judío, que se expresa mediante la idea del soldado judío.

2)El idealismo socialista, que se expresa en la experiencia kibutziana.

Estas dos facetas conviven en Trumpeldor y es imposible escindir una de la otra. Sin embargo, precisamente eso es lo que intentaron hacer tanto el bando socialista como el revisionista. Me explico: tanto unos como otros intentaron apropiarse de su legado y mostrar cómo sus ideales se acomodaban perfectamente a los de Trumpeldor. De esta manera, resaltaron una u otra de estas facetas a conveniencia. Para ilustrar esto con ejemplos concretos, veamos dos homenajes a Trumpeldor en el aniversario de su fallecimiento: uno es un discurso del año 1928 de Jabotinsky, líder y fundador del sionismo revisionista; el otro, un poema de Berl Katznelson, uno de los líderes principales del sionismo socialista.

Empecemos con el discurso de Jabotinsky. La idea principal de este discurso es rescatar la dimensión militar en la figura de Trumpeldor: fue, por sobre todas las cosas, un soldado. Empieza hablando del קדיש (“Kadish”, breve oración que se dice en recordación de familiares cercanos fallecidos) y dándole una interpretación personal, alejándolo del significado religioso original. Prosigue con la cita a continuación:

Entre los que recuerdan esta ocasión, se encuentran algunos de los oponentes más duros contra todo lo que tenga conexión con una espada, un arma y un revolver. Pero el nombre de Trumpeldor está especialmente conectado con estos instrumentos tan horribles. Es verdad, creó Ejalutz (nota mía: organización de tendencia sionista socialista cuyo principal objetivo era preparar a la juventud para que emigre hacia la Tierra de Israel) y esto es una gema resplandeciente en su corona, pero sería tonto negar que, en la memoria de las masas de nuestra nación, Trumpeldor es, en primer lugar, un soldado. La frase “héroe de Tel Jai” les resulta familiar, y es lo único que conocen muchos de ellos de Trumpeldor y la Legión Judía.

Fíjense cómo Jabotinsky subyuga la dimensión socialista a la militar. De hecho, acusa a los socialistas de distorsionar adrede el verdadero significado de la muerte de Trumpeldor y se presenta como el que está restaurando la figura de Trumpeldor y devolviéndolo a su lugar original. A estas palabras de Jabotinsky, hay que agregar que Betar, la organización juvenil del sionismo revisionista, es acrónimo de ברית יוסף תרומפלדור (“Brit Yosef Trumpeldor”, literalmente, “Pacto de Yosef Trumpeldor).

Ahora veamos lo que tiene para decirnos Katznelson. Transcribo su famoso Izkor, un poema en homenaje a los caídos en Tel Jai. Antes de leer el poema, tengan en cuenta que el Izkor es la tradicional oración que se dice en conmemoración de un ser querido fallecido. Katznelson la despoja de su contenido religioso y la reviste de los valores sionistas socialistas. Veamos:

Recuerda, pueblo de Israel, las almas puras de tus hijos e hijas:

Shniur Shaposhnik

Aharon Sher

Debora Drajler

Biniamin Munter

Zeev Sarf

Sara Chizik

Yaakov Tokar

Yosef Trumpeldor

Los fieles y valientes, gente de trabajo y paz, que fueron detrás del arado y sacrificaron sus vidas por el honor de Israel y la Tierra de Israel.

Recuerda Israel y sé bendecido en su descendencia, haz duelo por su gloria juvenil, su amado heroísmo, su voluntad santa y su sacrificio del alma que cayeron en la dura batalla.

No te calles ni te consueles ni termines el duelo hasta que llegue el día del asentamiento de Israel y sea redimida tu tierra robada.

El contraste con Jabotinsky es claro. Primero, Jabotinsky, liberal e individualista, se focaliza en Trumpeldor; Katznelson, fiel a su ideal socialista, menciona a todos los caídos, sin darle un lugar de preponderancia a Trumpeldor. Jabotinsky menosprecia la importancia del socialismo en Trumpeldor; Katznelson lo eleva como el ideal máximo en la vida. Jabotinsky no menciona el trabajo en la tierra; Katznelson específicamente nombra al arado como símbolo de la vida de estos héroes. Jabotinsky glorifica que los judíos hayan peleado y batallado hasta el final; Katznelson menciona la batalla pero no habla en ningún momento de las armas. Por supuesto, también hay puntos en común: los dos utilizan un lenguaje cercano a lo religioso a pesar de ser ateos o, al menos, agnósticos; los dos hablan de recuperar la Tierra de Israel; los dos llaman al pueblo a proseguir el sueño de los caídos.

Héroe nacional

La gran característica de Yosef Trumpeldor es que es una figura que es rescatada por todo el arco político sionista. Esto lo transforma en un verdadero héroe nacional, que traspasa partidismos y divisiones de todo tipo. Esto no implica que esté exento de críticas pero sí lo hace una personalidad peculiar.

Como ya vimos, es bastante seguro que Trumpeldor desconocía gran parte del legado religioso y cultural judío. Esto no impide reconocer que estaba orgulloso de su judaísmo y evidentemente pudo llevar a la práctica ese orgullo. Quizás lo que distinga a Trumpeldor de otras personas sea su constante activismo: desde Ejalutz hasta la Legión Judía, desde el Kibutz hasta la autodefensa, pasando por su trabajo como editor y su rol de líder y organizador.

Es por eso que Trumpeldor es un prócer nacional para el Estado de Israel. Para que puedan dimensionar la importancia de Trumpeldor, piensen que se estudia su vida y su heroica muerte en la escuela. Está a la altura de Belgrano, Bolívar o Washington: para el israelí promedio representa a la nación. Desde el punto de vista de la historiografía idealista, podríamos decir que es uno de esos hombres que hacen historia: uno de los “grandes hombres” que la definen y torcen el destino. Más sencillamente, es uno de esos personajes históricos que los libros de textoo elevan a un altar. Con esto no quiero menospreciar ni disminuir la importancia de la figura de Trumpeldor ni su sacrificio ni mucho menos su vida sino solamente contextualizar a la figura de Trumpeldor y entender que su importancia justamente sobrepasa a sí mismo y se transforma en símbolo de algo mucho más grande.

Trumpeldor fue fuente de inspiración para millones de judíos pioneros, socialistas, que fundaron Kibutzim y, simultáneamente, inspiró a otros tantos a rebelarse contra la autoridad británica y luchar por las armas contra la indiferencia y el antisemitismo. Esta doble faceta, como decíamos antes, es relevante y no puedo dejar de hacerla notar para que se entienda acabadamente a Trumpeldor.

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